jueves, 19 de febrero de 2009

Peligro de la generación interactiva

En la investigación sobre jóvenes y medios de comunicación se aprecia un notable interés por los contenidos a los que se ven expuestos y que son consumidos por este público. Por otra parte, abundan las investigaciones en torno a los efectos, tanto positivos como negativos, que pueden derivarse del uso de distintos medios de comunicación.

Este interés por los efectos se remonta a los comienzos de la radio durante los años de 1930 en EE.UU., tal y como explica Kundanis. Ya por entonces una asociación de padres de Nueva York acusó a un programa, Ether Bogeyman, de provocar pesadillas en los pequeños. Desde entonces, el debate en torno a los efectos de los medios en los niños se ha sucedido. En la década de 1950, con la llegada de la televisión, el interés se centra en dos tipos de contenidos: violencia y sexo.

De hecho, la preocupación por estos dos aspectos se prolonga hasta nuestros días, como veremos a lo largo de este apartado. Aunque se trata de dos asuntos diferenciados, muy comúnmente «contenidos» y «efectos» van de la mano. Así, es habitual el tratamiento de determinados contenidos (muy especialmente el sexual y el violento) de una manera directamente relacionada con los efectos que pueden producir sobre la audiencia.

Una evidencia de ello es el informe presentado por Livingstone y otros en 2007. Cuando los autores realizan una clasificación de los peligros que puede entrañar Internet para los jóvenes, una de las categorías que presentan es la de «riesgos de contenido».A lo largo de estas páginas, se intentará reflejar el estado de la investigación en torno a ambos conceptos, aunque a menudo será difícil separar el uno del otro.

Para empezar, podemos encontrar algunos análisis de contenidos que buscan plasmar la realidad de un medio y de lo que a través de él se ofrece y representa. Algunos ejemplos son el trabajo realizado por García y otros (2004), que se centra de forma especial en la programación infantil televisiva de España, incluida la publicidad. Los autores realizan un estudio empírico y un análisis de contenidos de la programación de las distintas cadenas de ámbito nacional español. Orientan su trabajo a conocer cuestiones como si los programas son vistos por el grupo de edad al que se dirigen, si los niños ven programas destinados a adultos, el papel que juegan las figuras masculina y femenina en ellos o si hay un exceso de carga publicitaria.

También encontramos trabajos centrados en la imagen que se representa de la juventud a través de los medios (Von Felitzen y Carlsson, 1999), o en los valores que transmite la publicidad a los jóvenes (Sánchez, 2004). No obstante, si hay un tema de destacada recurrencia en la investigación reciente sobre la materia, es el que tiene que ver con los riesgos que presentan las tecnologías, y que son de varios tipos: de contenido, de contacto, de privacidad, comerciales y para la salud. De todos ellos, los que más han centrado la atención de los investigadores son los riesgos de contenido, con una especial referencia a la violencia y al sexo.

En cuanto a la violencia, existen numerosos estudios centrados en su presencia en distintos medios, y en su influencia sobre las conductas agresivas de este público. Al hablar de violencia, resulta necesario considerar una serie de premisas antes de realizar cualquier tipo de valoración. En primer lugar, hay que tener en cuenta la naturaleza del medio con el que nos enfrentamos. No es lo mismo la violencia en la televisión, de la que el menor es un mero receptor pasivo, que la violencia en un videojuego, en el que el joven participa activamente y que puede tener altas dosis de realismo.

También habrá que considerar qué justifica la presencia de imágenes o actitudes violentas en los medios: puede ser violencia gratuita o, por el contrario, enmarcada en un contexto determinado.

Además, también influirá la existencia de algún tipo de mediación (fundamentalmente familiar) en el momento de consumir violencia, que puede ayudar al joven a interpretar lo que ve de una manera adecuada. Por lo tanto, la violencia se puede dar en circunstancias muy diversas que harán que sus efectos, si es que los hay, no tengan por qué ser iguales.

Wartella (1996) habla de la violencia como de uno de los dos temas –junto con la comercialización – que más preocupan en cuanto a los efectos que puede tener la televisión, y vincula estos efectos a los contenidos, tal y como apuntábamos al comienzo. Otros trabajos, como el de Von Feilitzen y Carlsson (2000), se refieren de un modo especial a la violencia en el videojuego, y parten de la siguiente afirmación: se sabe que a muchos niños y adolescentes les gustan los juegos violentos, pero se conoce poco acerca de los contenidos y la influencia que pueden ejercer estos juegos.

En la revisión bibliográfica de Wartella y otros (2000) también se aborda la cuestión de la violencia. Se trata de un repaso de la investigación de la última década del siglo XX sobre la relación de los niños con las nuevas tecnologías. En ella se abordan temas habituales como el consumo de estos medios (acceso, uso…), el desarrollo social o el aprendizaje. También se habla de contenidos violentos y agresivos en dichos medios (especialmente los videojuegos) y de las consecuencias perjudiciales que pueden tener sobre la conducta de los niños. Los autores consideran el videojuego como el medio más potente en este aspecto, aunque también citan otros como la televisión.

Resulta complicado dar una respuesta certera a la pregunta de si la violencia genera comportamientos agresivos. En la investigación se encuentran opiniones enfrentadas, y aunque algunos afirman que parece haber indicios de que sí hay una relación entre violencia y agresividad, todavía merece la pena ser prudentes a la hora de hacer una valoración. Según Valkenburg (2004: 56-57), prácticamente todos los meta-análisis realizados demuestran que los contenidos violentos en los medios generan conductas agresivas o influyen negativamente en el sujeto, aunque también destaca que la violencia es sólo uno de los múltiples factores que pueden desembocar en dicha agresividad. Gentile y Anderson (2003) reconocen como vigentes los cuatro efectos de la violencia en los medios de los que hablaban Donnerstein, Slaby y Eron en 1994: el efecto agresor, el efecto víctima,el efecto testigo/espectador y el efecto apetito. El efecto agresor implica que la exposición a la violencia genera más agresividad. El efecto víctima supone que ante tal cantidad de violencia la persona se siente más vulnerable e indefensa,lo que puede llevar a tomar medidas de protección (como ir armado). El efecto testigo conlleva que al acostumbrase a ver la violencia, en cierta medida, nos insensibilizamos ante ella. Por último, el efecto apetito tiene como consecuencia que ante la violencia, se despierta el hambre de más violencia.

Se puede hablar de un acuerdo consistente entre los investigadores sociales en torno a la idea de que una exposición prolongada a la violencia en los medios puede conducir a la agresividad en los individuos. De hecho, la violencia en los medios es uno de los muchos factores que pueden llevar a la agresividad, pero también puede tener efectos positivos, tal y como demostró un experimento realizado con estudiantes de California, en el que la guía ejercida por un grupo de educadores desembocó en una menor agresividad (Strasburger).

Además de la violencia, un segundo aspecto que ha centrado el interés de numerosos autores a la hora de abordar los efectos de los medios, es el de los contenidos sexuales. El sexo ha estado presente de forma predominante en la televisión, aunque ahora Internet es una ventana mucho más directa a un sinfín de contenidos sexuales, pederastas y pornográficos. También se pueden encontrar referencias sexuales, aunque en mucha menor medida, en los videojuegos. Se puede constatar como un hecho que hoy en día los menores de edad están expuestos a una gran cantidad de contenidos sexuales en múltiples soportes. Así lo reconocen algunas de las investigaciones más recientes

Dada la situación descrita, es natural que exista un notable interés por conocer los efectos de estos contenidos en los jóvenes menores de edad. Aunque se ha afirmado comúnmente que la investigación en este sentido es escasa, sí que parecen entreverse algunas consecuencias. Abunda la presentación de relaciones sexuales de todo tipo fuera del matrimonio (o de contextos de amor), hecho que puede desencadenar en una permisividad sexual mayor entre la juventud. En este sentido, el mayor peligro de esta permisividad radica en cuestiones como embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual. Algunas de las formas de combatir estos problemas tienen que ver con la responsabilidad de programadores y anunciantes, que deben transmitir mensajes más precisos y saludables, no utilizar el sexo a toda costa y, en definitiva, colaborar en la educación en la materia.

Además de la violencia y el sexo, contenidos predominantes en la investigación, estos autores hablan de otro tipo de contenidos que pueden tener efectos nocivos sobre los jóvenes. Así, en primer lugar hablan de las drogas, dentro de las que se incluye el tabaco o el alcohol. También preocupa todo lo relacionado con la alimentación y los desórdenes alimenticios (anorexia, bulimia), directamente vinculados a los cánones de belleza que se transmiten a través de los medios de comunicación hoy en día. Estas cuestiones tienen una singularidad: su presencia se da de un modo especial en la publicidad. De hecho, abundan los trabajos referidos en concreto a la publicidad de tabaco o de alimentos, y a los efectos que pueden tener en la joven audiencia. Aunque la investigación científica tiene todavía ciertas carencias, sí que hay algunas evidencias de que la publicidad de tabaco y alcohol es un factor significativo en el consumo que los adolescentes hacen de estas dos drogas, tal y como afirman Strasburger y Wilson .

Con todo, hay que tener en cuenta que los medios y las nuevas tecnologías pueden presentar más peligros además de los derivados del contenido (como los violentos y los sexuales, ya citados).

De este modo, el informe presentado por Livingstone y otros (2007) en torno al proyecto EUKidson line habla de tres tipos de riesgos más, aparte de los de contenido: riesgos de contacto, riesgos comerciales y riesgos de privacidad.

• Los riesgos de contacto surgen de la comunicación interpersonal a través de las TIC. Los jóvenes mantienen diálogos con amigos y compañeros a través de herramientas como el Messenger, pero también cabe la comunicación con personas anónimas para ellos. Una herramienta comúnmente empleada son los salones de chat, en los que pueden encontrar individuos con fines de lo más perverso (pederastas, pedófilos, etc.).De ahí que exista un notable interés por conocer la naturaleza de los contactos que establecen los jóvenes a través de las nuevas tecnologías. Este interés pasará por saber si han conocido a extraños a través de Internet y si han quedado físicamente con ellos alguna vez.
También si se han sentido acosados en determinadas ocasiones, de qué manera y cómo han reaccionado ante dicho acoso, entre otras cuestiones.
• Los riesgos de privacidad hacen referencia de forma concreta a la invasión de la intimidad de una persona. Dicha invasión se puede producir mediante la petición o uso fraudulento de nuestros datos personales (por ejemplo para el envío de mensajes no deseados o spam), o por la actuación de delincuentes informáticos, también denominados crackers, que pueden acceder y manipular el contenido de nuestro ordenador de forma indeseable.
• Los riesgos comerciales, por último, son los derivados de la actividad publicitaria y mercantil que se da a través de la Red. Estos riesgos son los que menos atención han recibido hasta el momento, según expone el informe. Sin embargo, no por ello son menos importantes. Pueden presentarse a la hora de realizar transacciones comerciales (en las que haya fraude), o de lanzar mensajes publicitarios engañosos. Además, también están los campos de las descargas ilegales (de música, videos, programas informáticos…) o del juego en red.

De entre las conclusiones a las que llega el informe, cabría destacar la necesidad de conocer en profundidad la forma de reacción de niños y padres ante dichos peligros. Es necesario saber cómo perciben los riesgos de las TIC y si se toma algún tipo de medida preventiva, entre otras cuestiones.

Finalmente, existe un último tipo de peligros que pueden derivarse del uso de los medios, y que son los que atañen a la salud. Valkenburg (2004) se refiere de modo concreto al videojuego, y habla de los efectos físicos como una posible consecuencia.

Estos efectos irían desde lo que denomina «Nintendonitis» (dolores constantes en algunas zonas como la muñeca o el codo, debido al uso excesivo) a los ataques epilépticos. También Wartella y otros (2000) se refieren de un modo concreto al videojuego, y recogen los principales efectos debatidos en la investigación. Estos son los ataques epilépticos, la adicción (y las consecuencias que la rodean: cambios de humor, recaídas, abandono, etc.), o el sedentarismo. A pesar de que presentan algunos trabajos, los autores concluyen que no hay un cuerpo investigador suficiente como
para establecer conclusiones. Y en la misma línea va lo expuesto por Strasburger y Wilson (2002), quienes además ven la necesidad de distinguir al «jugador de alto riesgo», de forma que la responsabilidad de los posibles efectos del videojuego no recaiga exclusivamente en el medio. Se trata de una realidad poliédrica, ya que ese riesgo alto puede venir dado por diversos factores: las características personales del jugador, la cantidad de tiempo que utiliza el medio, su entorno familiar (favorable o no a que juegue), entre otras.

Además de EUKidson line, se han destacado al comienzo del epígrafe dos proyectos especialmente centrados en los riesgos que presentan las TIC para la juventud: SAFT y el Eurobarómetro. SAFT tuvo como campo de estudio cinco países (Noruega, Dinamarca, Islandia, Suecia e Irlanda). Recoge información sobre el consumo de las TIC y hace referencia a diversos riesgos, aparte de a los de contenido: privacidad e información personal, amenazas y abusos on line o el establecimiento de contactos a través de la Red. Asimismo, el Eurobarómetro 2007 dedica buena parte de su contenido a los riesgos en torno a dos tecnologías concretas: Internet y el teléfono celular. Presenta información relevante y tratada con suficiente profundidad: se estudian cuáles son los principales peligros o riesgos que encuentran los niños al utilizar estas herramientas, qué medidas adoptan para protegerse y cómo afecta todo ello al uso de dichas tecnologías. Respecto a Internet, los jóvenes entrevistados citan varios miedos a potenciales problemas, desde los que afectan directamente a su ordenador o su navegación, hasta los que pudieran dañar su integridad psicológica ó física. También citan peligros como la descargas ilegales, la adicción o el fraude on line. En cuanto al celular, los peligros vislumbrados son la recepción de mensajes o llamadas desagradables, las radiaciones que pueden afectar a la salud, el robo o la propia navegación por Internet a través de este aparato.

El Eurobarómetro 2007 estudia también las reacciones de los jóvenes ante la presentación de seis categorías de problemas, su grado de información respecto a ellos, así como sus formas de alerta. Estos problemas tienen que ver con:
• La veracidad de la información que encuentran en la Red.
• La posibilidad de encontrar contenido impactante.
• La posibilidad de establecer contactos peligrosos.
• El acoso.
• El engaño respecto a productos y servicios.
• Las descargas ilegales.

El informe concluye que el público juvenil reconoce muchos más peligros y más graves en Internet que en el teléfono celular. Resulta de especial interés, a nuestro modo de ver, que este informe hable de una homogeneidad apreciable entre todos los países estudiados en cuanto a la percepción de los riesgos por parte de los jóvenes.

Fuente
Coincidiendo con el Día Universal de la Infancia, se presentó el libro del Programa Generaciones Interactivas: La Generación Interactiva en Iberoamérica. Niños y adolescentes ante las pantallas (Ariel, Barcelona, 2008, 345 pp).
El informe, producido por el Grupo Generaciones Interactivas en Iberoamérica (Telefónica, Fundación Telefónica, Educared y la Universidad de Navarra) cubre el uso de internet, móviles, videojuegos y televisión entre niños y adolescentes en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela. El texto puede descargarse gratuitamente en http://www.ecuaderno.com/2008/11/20/la-generacion-interactiva-en-iberoamerica

viernes, 13 de febrero de 2009

27 Consejos para ver televisión


El siguiente texto me llegó por mail, sin identificar las fuentes, como me pareció interesante, decidí colocarlo en el blog.


Si los seguimos, lograremos que la televisión esté a nuestro servicio y no ser esclavos de ese medio de comunicación


La lectura de los 27 consejos nos hace reflexionar sobre el uso de la televisión. Si los seguimos, lograremos que la televisión esté a nuestro servicio y no ser esclavos de ese medio de comunicación.



1. Los padres debemos enseñar a nuestros hijos, tanto a ver espacios televisivos enriquecedores, como a no ver aquellos que puedan ser inconvenientes o que puedan afectarlos en su desarrollo integral como personas. Si los padres no enseñamos a ver televisión a nuestros hijos, ¿quién lo hará por nosotros?



2. Podemos enseñar a los hijos a que no hay que “ver televisión”, sino que ver programas de televisión. Así podremos desarrollar la capacidad de selección y de discriminación, que los habilitará para ver aquello que nos conviene y no mirar aquello que no nos conviene ver. Debemos preguntar a nuestros hijos ¿Qué programa quieren ver?, en lugar de ¿Quieren ver televisión?. No olvidemos que la televisión utilizada con el criterio de ayudar a la educación de los hijos puede ser una herramienta muy eficaz.



3. Para crear un criterio de selección al momento de ver televisión, es preciso evitar tener prendida la televisión cuando no hay nadie viendo un programa determinado. Siempre es positivo preguntarse: ¿Es necesario que en este momento esté prendido el televisor?. Cuantas veces la televisión permanece horas funcionando sin que nadie esté realmente viendo un programa determinado. Si la apagamos, cuando no es necesario que esté prendida, no solo ahorramos energía y dinero, sino que lo más importante, ganamos silencio y tiempo para nosotros mismos y para la familia.



4. Un buen modo de afirmar las ideas anteriores, es no tener a mano el control remoto. El “zapping”, o la costumbre de cambiar permanentemente de canal de televisión, es contrario al criterio de selección que debemos desarrollar en nuestros hijos. Por otro lado, “la lucha” por el control remoto muchas veces es injusta e inconveniente, ¿no sería preferible acordar de antemano el programa que queremos ver, para no ser esclavos del control remoto, que nos lleva por un vagabundeo interminable que no permite concentrarse ni entender ningún programa?. Si el “zapping” con el control remoto es inevitable, por que se está buscando qué ver, al menos es conveniente enseñar que todos tienen derecho a opinión, y que la selección del programa no es monopolio del mayor, el más fuerte o el dueño de la televisión, para así enseñarles a respetar los derechos y los gustos de cada uno de los miembros de la familia.



5. No es conveniente que nuestros hijos tengan un aparato de televisión en su habitación. Esta costumbre incentiva el aislamiento de nuestros hijos, provoca una adicción a la televisión y es contrario a la vida de familia. Tengamos presente que una adicción desordenada a la televisión impide el juego de nuestros hijos, el crecimiento de su creatividad y afecta inevitablemente la convivencia familiar.



6. Es siempre conveniente tener un horario preestablecido para ver programas de televisión. Como todas las cosas, la televisión tiene “su lugar” en la vida familiar, junto a otras actividades. En este punto debemos tomar conciencia que nuestro día sólo tiene 24 horas, y si le restamos el tiempo en que dormimos y trabajamos o estudiamos ¿cuánto tiempo libre nos queda?. ¿Es necesario dedicar el escaso tiempo libre que tenemos sólo a la televisión?. ¡Donde queda el tiempo para el juego, la amistad, la cultura, la imaginación y la convivencia familiar!



7. No usemos la televisión como una “niñera electrónica”, dado que ella no cuida verdaderamente a nuestros hijos, especialmente si los dejamos ver “lo que están dando”. Recordemos que la televisión, no puede dar cariño, ni es capaz de advertir a los niños de un eventual peligro. Cuando ambos padres trabajan, este criterio es especialmente importante.



8. No tengamos prendida la televisión cuando almorcemos o comamos en familia. Cuando se está juntos en familia, durante las comidas, toda nuestra atención debemos ponerla en compartir con nuestros hijos y cónyuge, cuidando ese verdadero tesoro que es estar juntos y con tiempo para conversar y conocernos mejor. No arruinemos o desperdiciemos los mejores momentos en familia “metiendo al medio” una intrusa como invitada principal, que obliga a ser vista y escuchada.



9. La capacidad de imitación que tiene el niño debemos orientarla hacia el conocimiento de personajes reales y ejemplares, por ejemplo deportistas, hombres ilustres, héroes de nuestra historia, personas destacadas en la ayuda a los demás, poetas, etcétera, y no hacia “héroes imaginarios”, “monstruos”, o personajes inexistentes. De esta forma, pondremos a su alcance las vidas de personas que han pasado haciendo el bien, y que merecen ser imitadas.



10. Los padres debemos tratar de acompañar a nuestros hijos a ver televisión. De esta forma podremos conocer verdaderamente los contenidos de los programas para tener juicios más apropiados al momento de emitir nuestra opinión sobre la televisión. Mirando televisión con ellos nos podremos dar cuenta de sus gustos o preferencias, y los efectos que los distintos programas pueden producir en cada uno de ellos.



11. Echarle la culpa a la televisión es la salida fácil. No conviene que los padres renunciemos a la posibilidad de que en la casa se vea siempre buena televisión, teniendo presente que en la programación de la televisión, si buscamos, podremos encontrar casi siempre buenos programas, y que nos corresponde a nosotros el deber y la responsabilidad de ser los principales formadores de nuestros hijos.



12. La experiencia demuestra que no es conveniente que los niños y jóvenes puedan ver el programa que se les antoje, sobre todo los más pequeños. Tampoco conviene dar por sentado que todos los programas llamados infantiles o de dibujos animados tienen un contenido adecuado para su edad.



13. Los padres debemos informarnos del contenido de los programas de televisión. Cualquier espacio que incluya sexualidad, violencia, maldad, permisividad, delincuencia, racismo, etcétera, no es apto para niños. Y los padres deben saberlo, y evitar que sus hijos los vean. Para lograr esto, se pueden consultar las guías de calificación de la programación de la televisión que se publican a instancias del Ministerio de Educación, del Consejo Nacional de la Televisión, y en revistas especializadas de educación de los hijos, como por ejemplo Hacer Familia o Educar.



14. Una vez informados del contenido de los programas de televisión respetemos la señalización de los programas infantiles: - para todo niño; - para niños mayores de 7 años; y para niños mayores de 12 años, establecida por los canales de televisión, y difundida tanto por el Ministerio de Educación como por el Consejo Nacional de Televisión, para el cuidado de los niños.



15. Hay que tener presente que los hijos deben aprender valores antes que nada en el ámbito de la familia. Cuidemos de explicar a nuestros hijos que los principios e ideales de los héroes o heroínas de la televisión son la mayoría de las veces son difíciles de aplicar en la vida diaria, donde a diferencia de la televisión, cada acto tiene un costo y una consecuencia positiva o negativa para ellos mismos.



16. Con imaginación y creatividad los padres de familia podemos esforzarnos en buscar alternativas a la televisión, fomentando el deporte, las visitas a museos y parques naturales, las sesiones de teatro, la proyección de videos, las conversaciones familiares, las prácticas de acciones solidarias a favor de los demás, etcétera.



17. La “cultura de la imagen” debe llegar a los niños por medios que no sea exclusivamente la televisión. Enseñémosles a nuestros hijos que fuera de la pantalla existen los paisajes, las puestas de sol, los jardines, los museos y exposiciones, los libros, etcétera, que son infinitamente más bonitos y reales que lo que puedan ver en la televisión. En este mundo hay tanto que ver y que mirar, pero, es necesario que como padres lideremos este esfuerzo, no perdiendo la capacidad de admiración, para que nuestros niños sigan nuestro ejemplo.



18. Inevitablemente, y no obstante nuestros esfuerzos, habrá contenidos televisivos contrarios a nuestros valores, que nos parezcan inconvenientes o negativos para nosotros o nuestros hijos. Por ello fomentemos en familia el análisis crítico del contenido de los programas de la televisión. Para eso, acostumbremos a nuestros hijos a saber ver y distinguir lo bueno y lo malo que pueda contener un determinado programa de televisión.



19. Los padres tenemos que fomentar que los programas sean analizados y materia de conversación en reuniones de familia, por ejemplo en las comidas. Esto no solo enriquece la comunicación familiar, sino que es una excelente manera de conocer y dar un apoyo concreto a la educación de los valores de nuestros hijos. 2



0. Las familias, de a poco, pueden crear una videoteca con películas y documentales de interés para los niños, que contengan temas variados y entretenidos. Esta práctica no solo fomentará el gusto por la cultura y la entretención en familia, sino que les servirá para ir creando un criterio selectivo al momento de ver televisión.



21. Algunos comerciales pueden ser tan peligrosos como los malos programas de televisión. Los padres debemos estar muy atentos para que la televisión no convierta a nuestros hijos en personas superficiales o consumidoras de todo lo que se anuncia. La gran oferta de bienes que existe en la televisión puede ayudarnos a educar a nuestros hijos en un “consumo inteligente”, basado en la satisfacción de las reales necesidades, mas que la de los gustos. Nunca hay que hacer caso de la publicidad de juegos que inciten a la violencia, a la discriminación, y al racismo.



22. Los padres de familia, tenemos el derecho y el deber de iniciar a nuestros hijos en una positiva y prudente educación sexual, que evite que una imagen distorsionada del amor humano y del sexo les sea trasmitida a través de cualquier medio, y en particular los programas o avisos de la televisión.



23. No podemos dejar que nuestros hijos vean televisión de mala calidad. Si estos programas de televisión son vistos por nuestros hijos, confundirán la realidad con la ficción, se desorientarán y equivocarán al comprender y valorar el sentido de la vida. Transigir con la mala calidad de aquellos programas de televisión inadecuados para los niños, dejando que los vean, equivale a hacerse cómplice de lo que sabemos distorsiona los valores que le servirán de fundamento para el resto de su vida, y atenta contra los derechos de la infancia.



24. Hay que evitar a toda costa que el ver o no ver televisión se convierta para los niños en un premio o castigo.



25. Los padres de familia podemos organizarnos para exigir una televisión de calidad, especialmente en horarios infantiles. Las actitudes groseras, los hábitos y comportamientos antisociales, las obscenidades del lenguaje, la pérdida del sentido de la autoridad, la vulgaridad y la frivolidad, la apología subliminal o directa de conductas reprochables, la discriminación de la mujer o su utilización como objeto sexual y cualquier menosprecio a la vida humana, deben ser erradicados, especialmente de los espacios que tengan a los niños como destinatarios.



26. Ante una programación infantil con baja, discutible y reprobable calidad, los padres de familia tenemos la ineludible responsabilidad de poner en marcha una crítica constructiva, ejerciendo así nuestros derechos ciudadanos. Asimismo, y como contrapartida al esfuerzo realizado por muchos de quienes trabajan en el ámbito de la televisión, es conveniente incentivar una buena televisión, resaltando y difundiendo entre nuestros amigos los buenos programas de televisión.



27. El ejemplo es la herramienta más eficaz que tenemos los padres en nuestras manos. Si vemos mucha televisión, o postergamos nuestros deberes o actividades familiares o recreativas con nuestros hijos por ver televisión, o vemos televisión de mala calidad, ¿con qué criterio vamos a evitar que nuestros hijos vean aquellos programas negativos para ellos?

sábado, 7 de febrero de 2009

RIESGO DE DEPRESIÓN

Apáguele a su hijo la tele
  • Los niños que ven mucho la 'caja tonta' tienen más riesgo de depresión en el futuro
  • Los médicos deben preguntar cuánto tiempo pasan los jóvenes frente a la pantalla
PATRICIA MATEY

MADRID.- No sale bien parada casi nunca. Los distintos estudios científicos que evalúan el impacto que en los niños produce la excesiva exposición a la televisión determinan que la 'caja tonta' es una de las principales responsables de la obesidad, el sedentarismo, el comportamiento agresivo, la anorexia, la bulimia y la falta de horas de sueño. También es culpable, al parecer, de los síntomas depresivos que padecen muchos chicos y chicas cuando llegan a la juventud, tal y como acaba de reflejar una nueva investigación, dirigida por Brian Primack, de la Universidad de Pittsburgh, en Pensilvania (Estados Unidos).

"Existen muchos mecanismos diferentes por los que la exposición a los medios electrónicos (televisión, radio, videos o juegos de ordenador) puede influir en el desarrollo de depresión. Por ejemplo, los adolescentes que dedican un tiempo excesivo a ellos, pierden la oportunidad que tienen sus semejantes de dedicar tiempo a actividades sociales, intelectuales o deportivas que ejercen un papel protector frente a la enfermedad", reza el estudio, publicado en el último 'Archives of General Psychiatry'.

Otras vías por las que 'atontarse' ante la pequeña pantalla puede asociarse a un mayor riesgo depresión son "porque altera el sueño, necesario para el desarrollo emocional y cognitivo; porque muchos de los contenidos de la programación pueden causar ansiedad... o, simplemente, porque se exhiben mensajes que pueden engendrar una visión negativa y temerosa del mundo", recalcan los investigadores.

Para conocer mejor esos riesgos y cuál de los medios electrónicos tiene más impacto en la mente juvenil, los autores partieron del Estudio Longitudinal de la Salud de los Adolescentes (Add Health, sus siglas en inglés), que contó con 6.504 chicos y chicas que fueron entrevistados en sus casas y que 'confesaron' dedicar 5,68 horas diarias a los medios electrónicos (la mitad de este tiempo frente al televisor). Finalmente, seleccionaron a 4.142 participantes que no tenían depresión en 1995, cuando se inició el mencionado trabajo.

Siete años después, cuando los chavales ya tenían una media de 21 años, fueron sometidos a un chequeo (un cuestionario con 20 ítems para evaluar si tenían o no la enfermedad mental). De todos ellos, 308 (7,4%) desarrollaron síntomas depresivos. Tras analizar los datos, los investigadores encontraron que la exposición a la televisión y no al resto de medios es la que "más estrechamente se relaciona con la patología, sobre todo en el sexo masculino", determina el estudio.

Pasividad y ansiedad

"El mensaje de este trabajo es importante por varias razones. Porque constata que en los niños con cierta predisposición a sufrir depresión ver mucho la tele eleva su riesgo de desarrollarla y este hecho obedece, en parte, a que no hacen otras cosas, como salir con los amigos, que son comportamientos protectores. También porque ver la tele es una actividad pasiva. Lo máximo que se puede hacer es 'zapping' y no hay decisión sobre sus contenidos. Los adolescentes observan imágenes de cosas inalcanzables o se comparan con estereotipos, lo que les puede provocar ansiedad y frustración", destaca Celso Arango, jefe de la Unidad de Adolescentes del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

Tanto los autores del estudio como el experto madrileño defienden que pediatras y médicos de familia pregunten a los padres si sus hijos ven mucha televisión. En el caso de que la respuesta sea afirmativa "deberían someterlos a una evaluación con el fin de sopesar si su funcionalidad psicosocial es la adecuada, así como realizarles un chequeo sobre síntomas depresivos".

Es interesante observar que en el caso de las mujeres, "no se ha podido establecer esta asociación, tal vez porque mientras que ellas suelen recurrir más a los amigos, a los padres o a los profesionales, los chicos buscan distraerse (viendo la tele), cuando se están adaptando a un cuadro depresivo subyacente", recalcan los autores.

domingo, 1 de febrero de 2009

No analizar las imágenes te deja indefenso ante la manipulación

Reportaje a Mª Luisa Páramo, ex profesora de Comunicación Audiovisual, y Elena La Banda, directora de Muvies.

¿Qué importancia tiene la imagen en la vida de un niño?
Elena La Banda. Los niños crecen delante del televisor, ven cine, videojuegos, están delante de un ordenador. Lo que ellos saben de la vida es gracias a este tipo de imágenes. Y lo que los demás saben de ellos se debe muchas veces a las imágenes que ellos mismos lanzan al mundo entero a través de internet.
Mª Luisa Páramo. Los alumnos nacen rodeados de imágenes y sonidos virtuales, pero como son tan cotidianos y tan naturales no se reflexiona sobre ellos. La asignatura de Comunicación Audiovisual permitía reflexionar sobre las influencias que los mensajes audiovisuales podían tener en nosotros y, al revés, las influencias que nosotros podríamos causar en otros con el uso de esas imágenes.

¿Qué peligros conlleva no educar en la imagen?
ELB. Un peligro muy evidente es que te puedes dejar manipular por las imágenes, en el sentido político, en el social, en el consumismo desaforado, que a veces tienen los jóvenes, que quieren comprar todo lo que ven en la televisión. Y también, el no ser capaz de reflexionar sobre tu propia vida –la imagen que das a los demás y la que tienes de los demás– o la influencia de los estereotipos en los jóvenes. No analizar las imágenes te deja indefenso ante la manipulación.

¿Te ayuda esta materia a ser más crítico?
MLP. Yo creo que la sociedad se divide entre informados y entretenidos. Y los informados saben diferenciar la propia información del entretenimiento. Ser críticos nos permite diferenciar, sobre todo cuando cada vez la información es más espectacular y el límite está cada vez más perdido y difuminado.

¿Conviene este tipo de Educación a políticos y medios de comunicación?
ELB. Están todos en el mismo bando. Conviene tener adocenada a la sociedad, entretenida y muy consumista. Llega un momento en que la televisión no es un medio de comunicación, sino un medio de consumo y de publicidad. La televisión se ha convertido en un gran tablón publicitario, que de vez en cuando emite algo de información o entretenimiento.

¿Qué ventajas tiene la asignatura, además de despertar el espíritu crítico?
ELB. Esta materia tiene la ventaja de ser muy creativa, frente a un sistema educativo repetitivo, en el que al alumno se le valora porque aprende unos conocimientos y los repite exactamente igual el día del examen. Cultura Audiovisual ofrece muchísimas posibilidades expresivas a los alumnos, ya que ellos hacen su propia película, construyen su guión, aprenden a trabajar en equipo, a organizarse, a dividirse las tareas, y todo esto les producía una satisfacción que no les da ninguna otra asignatura, en la que simplemente ellos memorizan, repiten y luego olvidan.
MLP. La asignatura permitía desarrollar al alumno sus propias facultades y buscar sus propios intereses, ya que daba cabida a todas las posibilidades de los Bachilleratos. Si el alumno se sentía más cómodo utilizando la tecnología, se les daba un poco más de margen en esta parte, de igual forma que al alumno de Humanidades que se decantaba más por el lado creativo.

¿Están los alumnos preparados para defenderse de las imágenes?
ELB. Los alumnos no saben diferenciar la realidad de la ficción. A nosotras mismas nos cuesta diferenciarlo. Para entender la información tendría que leerme varios periódicos al día, contrastar varios informativos audiovisuales y llegar a la conclusión de qué es realidad, entretenimiento y qué manipulación. Es muy complicado. Sin embargo, sí que se implantan otras nuevas materias de forma obligatoria en el Bachillerato, como Ciencias para el Mundo Contemporáneo.
ELB. Esto ocurre cuando un departamento o un grupo de facultades patalean por algo. Hemos pasado por un momento en que las asignaturas de ciencias habían quedado arrinconadas, y han decidido entonces implantar una asignatura de ciencias para todos, igual que tiene Historia todo el mundo. Intentan acallar un poco las voces que van surgiendo, pero siempre son parches, no creo que sea algo totalmente meditado.

¿Debería de existir profesorado especialista para impartir la materia?
ELB. Nunca ha habido profesores especialistas. Un departamento propone que le parece interesante dar esa materia, y somos los profesores de ese departamento quienes llevamos adelante el proyecto. Normalmente suelen ser personas muy motivadas y con mucho ánimo para sacarlo adelante. Pero supongo que a las administraciones educativas no les conviene tener profesores especialistas, siempre que puedan ahorrarse dinero. Como no es algo fijo, no se crea ningún departamento de Comunicación Audiovisual, igual que no se crea de Economía, y es una asignatura que se imparte.


Extraído de http://www.magisnet.com/articulos.asp?idarticulo=3785
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