jueves, 23 de junio de 2011

LA TELEVISIÓN, ILUSIÓN DE PARTICIPACIÓN

LA TELEVISIÓN, MEDIO TESTIMONIAL
Cada medio de comunicación tiene su propia naturaleza. En el caso de la televisión la fuerza de la imagen hace que sea, sobre todo un medio testimonial. El ojo de la cámara da testimonio de lo que ocurre, pero no explica por qué ocurre. En el espectador se crea la ilusión de una participación emotiva en los acontecimientos, especialmente en aquellos que alcanzan la categoría de grandes acontecimientos mediáticos, sobre todo si comportan retransmisiones en directo. Bodas reales, guerras, catástrofes, olimpiadas, elecciones, entierros de mandatarios, partidos de fútbol... pueden sentar a la audiencia ante el televisor durante horas. Se tendrá al final la sensación de haberse sido partícipe de un acontecimiento histórico —si es un partido de fútbol se tratará siempre del partido histórico... de la última semana—.

A partir de estos datos el profesor Sartori, uno de los teóricos más brillantes de la ciencia política, ha desarrollado su teoría del homo videns. Como el propio título indica, para el profesor italiano la aparición de la televisión y las sucesivas formas de vídeo-ver están produciendo una mutación antropológica: el homo sapiens se está convirtiendo en homo videns. El razonamiento es que la televisión destruye la capacidad de abstracción,
«... la televisión invierte la evolución de lo sensible en inteligible y lo convierte en el ictu oculo, en un regreso al puro y simple acto de ver... produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender».

Pero lo más importante es que
«... la televisión no sólo es un instrumento de comunicación; es también, a la vez, “paidía”, un instrumento “antropogenético”, un medium que genera un nuevo ánthropos, un nuevo tipo de ser humano».

Este nuevo ser humano es el vídeo-niño, educado en y por la televisión, que ha perdido su capacidad de razonamiento, un ser reblandecido por la televisión, adicto de por vida a los video-juegos.

Ninguna evidencia empírica fundamenta tan radical crítica. Me parece que esta tesis es una de esas intuiciones unilaterales, que quizá no resistan la crítica científica, pero que abren caminos de reflexión, de manera que, pasado un tiempo, la tesis es abandonada, pero muchas de sus afirmaciones fructifican en verdades plenamente aceptadas. Que la televisión no sea un medio discursivo no quiere decir que su influencia haga perder a las nuevas generaciones —ciertamente muy influenciadas desde la niñez por el medio— su capacidad de abstracción y pensamiento racional. El lenguaje audiovisual aporta otra dimensión de la realidad y una de las consecuencias que puede obtenerse de la crítica de Sartori es la necesidad de educar en la lectura crítica de los mensajes audiovisuales.

En lo que a nosotros nos ocupa, a la abstracción —o mejor a los por qués y para qués— ha de llegarse a través de la palabra, pero siempre partiendo del valor testimonial de las imágenes. Además, pueden crearse mensajes con alto grado de abstracción (por ejemplo para explicar el contenido de una sentencia, un acuerdo de paz o un tratado internacional) utilizando los recursos que nos ofrece la infografía y la imagen virtual. Aquí la palabra se hace de nuevo escrita, pero con la brevedad conminatoria del rótulo, del título, del enunciado. La contextualización de las imágenes por unos u otro medios es una de las obligaciones ineludibles del periodista.



Extraído de
Palabra e imagen en la información internacional
Rafael DÍAZ ARIAS
Documentación de las Ciencias de la Información
2001, número 24, 269-281

jueves, 16 de junio de 2011

LA MIRADA DE UN NIÑO: EL VALOR DE LA PALABRA Y EL VALOR DE LA IMAGEN

LA MIRADA DE UN NIÑO: EL VALOR DE LA PALABRA Y EL VALOR DE LA IMAGEN
¿Vale una imagen más que mil palabras?. Para responder a esta pregunta insto a visionar cualquier información audiovisual sin el comentario sonoro del periodista. La mayoría de las crónicas que emiten nuestros telediarios resultarían incomprensibles para la mayoría de los españoles. Pero a veces las imágenes hablan por sí mismas...

Tomaré como ejemplo una crónica de Liana de las Heras que, visualmente, se basaba en un rodaje efectuado en las calles de la capital de Macedonia, Skopje, pocos días después de iniciados los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia, en un momento en que la huida de los albano-kosoves hacia los países vecinos estaba en el momento más alto. Para cualquier espectador español esta crónica sin el comentario de la informadora no hubiera tenido significado alguno. Difícilmente podría adivinarse donde esta rodada; se trata de unas imágenes neutras que sólo por la interpretación de la periodista cobran sentido. Esta es una de las tareas de los informadores audiovisuales: hacer hablar a las imágenes. En aquellos primeros días de la guerra una de las incógnitas era la deriva que pudiera seguir Macedonia y por eso, aprovechando un día en el que no había ningún elemento nuevo en el éxodo de los albano-kosovares, nuestra compañera decidió explicar la diversidad étnica de Macedonia y para ello escogió la división de la ciudad de Skopje, usando como eje central el puente sobre el río Vardar (los puentes, siempre tan cargados de simbolismo) que une lo que el río separa, una ciudad relativamente moderna de una ciudad todavía con ambiente otomano y presencia mayoritaria albanesa.

Pero esa crónica tenía una imagen con propio significado, una imagen que valía mil palabras. En medio de ese puente se encontraban dos niños mendigos, uno de unos 6 años, que cuidaba a otro de no más de dos, mientras jugueteaba con un zapato viejo. Esa imagen de los dos niños mendigos en el centro del puente tenía un valor que trasciende al del argumento de la crónica. Y al menos para una espectadora esta imagen significó algo muy personal.

Atender el teléfono cuando termina el telediario es como jugar a la ruleta rusa. A veces las protestas son justificadas, razonadas y educadas, pero más frecuentemente responden al deseo del espectador de desfogar su mal humor porque para eso les han convencido que paga la televisión pública con sus impuestos, lo que es, cuando menos, incierto. Pero este sería otro tema. La realidad es que aquella tarde nadie reaccionó. Al día siguiente atendí una llamada de una señora madura. Quería saber que había sido de aquellos niños. En la mirada del mayor adivinaba una inteligencia natural no atrofiada todavía por la miseria. Durante toda la noche la mirada de aquel niño le había atormentado. Quería saber algo más de él y nos pedía que informaramos a alguna organización humanitaria de su existencia. Me confesó que había vivido en América Latina y que sabía lo que era la miseria, pero que aquella mirada le había movido por dentro. Pero esta señora había vinculado esta imagen con las terribles del éxodo que se producía por aquellas fechas. Ella había visto a este niño cuidando del pequeño en el centro de un campo de refugiados y había deducido que se trataba de huérfanos perdidos en el caos de la huida. Sin embargo el resto de los datos que ofrecía no dejaban lugar a dudas: la fecha de emisión y sobre todo el detalle del niño jugueteando con el zapato viejo. Desgraciadamente tuvimos que informarla de que era un niño gitano, seguramente con padres, que se dedicaba a la mendicidad en Skopje, como podría hacerlo en Madrid o Segovia y que difícilmente su caso sería atendido por unas organizaciones humanitarias, desbordadas por los refugiados. La imagen tenía una fuerza que capturó la atención y la compasión de aquella mujer, pero quizá por ello ya no atendió al contenido de la crónica. Suplantó la contextualización que efectuaba la periodista por su propia contextualización: aquel niño gitano, aquella mirada, condensaba para esta espectadora el drama de los albano-kosovares.

Palabra e imagen tienen cada cual su valor y su poder. Meses después, bastó que Vicente Romero anunciara en Radio Nacional la emisión de una crónica en el siguiente telediario en la que se mostraría la situación de varios miles de gitanos perseguidos por los albano-kosovares y dejados de la mano de todas las organizaciones humanitarias, para que antes de que la crónica se emitiera recibiéramos ya las llamadas de responsables de organizaciones como Cruz Roja, indicándonos que se habían tomado ya las primeras medidas para resolver el caso. En este supuesto había bastado una palabra de denuncia. En otro caso no fue necesaria la denuncia. Cuando nuestra compañera Liana de las Heras mostró en una crónica a la joven Vesa, una chica macedonia aquejada de un linfoma curable fuera de su país, llovieron las llamadas dispuestas a hacerse cargo del caso. Finalmente un particular corrió con los gastos del traslado y el hospital público de Bellvitge con los del tratamiento.

Palabra e imagen son poderosos reflejos de una realidad que difícilmente se deja atrapar. Nuestra palabra es la palabra hablada o, mejor leída. Una palabra expresiva, pero no tan reflexiva como la palabra escrita para ser mentalmente leída. Si la poesía, la palabra en definitiva, es un arma cargada de futuro, la imagen audiovisual es el espejo en el que nos reconocemos para poder mirar hacia adelante. La palabra habla más al intelecto, la imagen audiovisual, la imagen especular, nos crea en cambio una ilusión de participar emotivamente en los acontecimientos. El reto de la información audiovisual es dar el peso que las palabras, las imágenes y los sonidos deban de tener para que el espectador alcance a comprender el mundo en el que vive.



Extraído de
Palabra e imagen en la información internacional
Rafael DÍAZ ARIAS
Documentación de las Ciencias de la Información
2001, número 24, 269-281

jueves, 9 de junio de 2011

Las abuelas tenían razón

Las abuelas tenían razón: "los chicos crecen cuando duermen"
Estudios científicos no sólo avalan el viejo dicho popular, sino que también demostraron que los que no duermen bien tienen baja talla.

Cargando, aguarde un momento...
Los padres suelen preocuparse más por la alimentación de los chicos porque creen que ese es el camino que los ayuda a crecer. Pero dejan de lado un aspecto no menos importante: el buen dormir de los hijos, ya que el crecimiento depende la calidad y la cantidad de descanso. Las investigaciones científicas han confirmado que las abuelas tenían razón: los chicos crecen cuando duermen.

El sueño tiene varias fases. En una de ellas -llamada fase de sueño lento- se producen los sueños propiamente dichos. Durante ese momento, el organismo humano secreta la hormona del crecimiento, tan importante para el crecimiento físico. En los niños, la secreción de hormona de crecimiento es mayor que en los adultos y, a partir de cierta edad, la concentración y secreción va disminuyendo. No obstante, la hormona de crecimiento mantiene un rol fundamental en el sueño aun en la edad adulta.

Como consecuencia, los niños que no disfrutan un sueño adecuado pueden presentar baja talla. Los que roncan y presentan pausas respiratorias y los que duermen suelen tener altura más baja que el resto.

"El sueño adquiere una importancia vital en chicos de todas las edades", señaló Jodi Mindell, que se especializa en psicología y medicina del sueño pediátrico en Estados Unidos. "Conseguir una noche completa de sueño ayuda a funcionar mejor, tanto en la escuelas como en el hogar. Es esencial para su felicidad y bienestar", agregó. La reducción de las horas del sueño en los chicos tiene varias causas. "Una de ellas es que los padres llegan tarde a la casa, por jornadas laborales largas. Y esto hace que los chicos se duerman más tarde. Lo ideal sería que los chicos cenen a las 20", comentó Mirta Averbuch, especialista en medicina del sueño de la Fundación Favaloro.

Viv
en en la PC
Otra
razón pasa porque los chicos tienen ofertas para quedarse despiertos más tiempo. Viven usando las consolas para jugar, las redes sociales en internet, el celular, y la televisión. Los chicos se van a la cama, pero siguen conectados por algunos de esos medios, sin control de los padres, quienes también están cansados de trabajar. Todo esto provoca que los niños se duerman muy tarde. Pero deben levantarse temprano para ir al colegio. Las familias, por lo general, desconocen las necesidades de horarios óptimos de sueño de los chicos, tan necesarios para el aprendizaje como para la salud integral de ellos.

Cuando empiezan a sufrir problemas de comportamiento o de bajo rendimiento escolar, los padres o los docentes mandan a los chicos a los psicólogos. Antes de tomar la decisión, deberían revisar si sus hijos están durmiendo las horas que necesitan según la edad, sostienen los expertos.

El problema del dormir en los chicos es una consecuencia de grandes cambios en la sociedad occidental también. Se sabe que en los últimos 50 años, se han perdido en promedio dos horas de sueño diario (incluyendo a los adultos), y de esta pérdida solo se puede recuperar un tercio.

El tiempo perdido se refleja en forma de somnolencia diurna, disminución de la atención y memoria, hiperactividad y detención del crecimiento en niños; depresión, alteraciones cardiovasculares, metabólicas, bajo rendimiento escolar y laboral.

"Estamos a tiempo de enfrentar el problema. Y podemos hacerlo con medidas de higiene para el sueño de los chicos y los adolescentes, que hoy duermen hasta seis horas menos de las recomendadas", reflexiona
Eduardo Borsini
, neumonólogo del Hospital Británico de Buenos Aires. ¿Higiene? "Sí, los chicos necesitan horarios fijos para irse a dormir, que se regule el horario de las discotecas y que no hagan actividad física dos horas antes de irse a la cama".


Fuente

jueves, 2 de junio de 2011

Aprender a ver televisión

Aprender a ver televisión
Enseñar a ver la televisión debe ser uno de los objetivos presentes en toda escuela. En este artículo se presenta un Manual de Educación para la Televisión que contiene una propuesta metodológica para lograr que los alumnos y alumnas puedan llegar a aprender a mirar y hacer un uso racional del medio televisivo, para lo que se considera indispensable la implicación de la escuela y la familia.

En virtud de que los niños permanecen más tiempo frente a la televisión que en la misma escuela, hemos diseñado un Manual de Educación para la Televisión con la finalidad de adiestrar a maestros, profesores, animadores culturales, entre otros, para que enseñen a niños y adolescentes en un método de lectura activa de la televisión, dentro del Sistema escolar formal.




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