domingo, 11 de marzo de 2012

La televisión erosiona fácil y contundentemente la imagen de figuras públicas.

Vivimos en una época donde los personajes públicos tienen, muchas veces, imágenes negativas. Algunos de ellos parece no importarles, ya que su objetivo era lograr “un minuto de fama”. Lo cierto es que la televisión manipula las imágenes de las personas, “vendiendo” algo que es casi siempre falso. A continuación, publico reflexiones sobre el tema.



La televisión tiene una gran capacidad para revelar y denunciar errores y arbitrariedades de los gobernantes. Pero también la tiene para lastimar e incluso destruir famas públicas de manera en ocasiones gratuita. Si alguien en televisión dice mentiras acerca de un personaje político y si esas acusaciones son falsas, por mucho que el afectado se esfuerce para aclarar tales infundios la duda habrá quedado sembrada entre los televidentes.

Las calumnias pueden propalarse en cualquier medio de comunicación. Pero dichas en un formato en donde son tan frecuentes los veredictos tajantes, apoyados sólo en afirmaciones retóricas pero no necesariamente acreditados con pruebas, las imputaciones falsas pueden tener credibilidad para muchas personas. Con la misma facilidad con que hay quienes dicen que tal actriz de telenovela se pinta el cabello o que aquel futbolista se compró un Ferrari aunque ninguna de esas dos afirmaciones sea cierta, en ocasiones hay quienes acusan a personajes políticos de acciones que nunca cometieron.

La mala fama que los propios políticos se han encargado de cultivar y que parece endémica en todo el mundo, juega en contra de su credibilidad. Pero la televisión, sobre todo cuando difunde contenidos relacionados con los asuntos públicos, refuerza esos prejuicios contra la clase política. Su tarea debería ser informar con precisión, debatir a partir de hechos y argumentos y contribuir de esa manera a la decisión razonada de los ciudadanos.

Qué hacer.
Lo primero que los ciudadanos pueden hacer es tomar en cuenta la información de varios medios de comunicación cuando quieren tener una apreciación completa de los asuntos públicos. Por lo general, si no es en otra televisora, el personaje público afectado por lo que se dice de él en un canal de televisión podrá difundir su propia versión en la radio o en un periódico. Lo segundo sería tomar con precaución las afirmaciones ligeras, que a veces en televisión parten de la confusión entre la información y el espectáculo. Lo tercero sería que los afectados por versiones incompletas o falsas le reclamaran a la televisión espacio para hacer aclaraciones. Pero ese es otro tema y de él nos ocuparemos más adelante.

Extraído de
Televisión y educación para la ciudadanía

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