domingo, 1 de julio de 2012

Integración de los Medios de Comunicación a la escuela bajo una concepción crítica

La televisión está, y reina. Compite con la escuela al momento de educar. Entonces ¿Qué debemos hacer desde las instituciones escolares? ¿Negar su existencia, y ser un consumidor más? O cuestionar su pretensión de ser una inocente “ventana al mundo”. Los siguientes párrafos nos traen una visión crítica del problema.



En relación con este tema de la integración de los medios de comunicación en la escuela desde un modelo crítico, hay que dejar constancia de un punto de partida que ha expuesto Pérez Tornero. “Una escuela situada al margen de los medios, que les diese la espalda, se condenaría a sí misma a sucumbir ante la televisión más adocenante. Una escuela que sólo sea crítica con ellos tiene la batalla de la influencia perdida. En cambio una escuela aliada críticamente con los mass-media tiene la posibilidad de conseguir sus propias finalidades; pero a condición siempre de desarrollar una educación activa y creativa ante los mismos medios de comunicación”.

La puesta en práctica del enfoque crítico -entendida la crítica como es obvio en sentido amplio, negativa o positiva- es recomendable en todas las áreas curriculares y en todas las etapas y niveles de enseñanza, pero en el caso que nos ocupa, el trabajo sobre y con medios y tecnologías de la información y la comunicación, no es sólo un ejercicio recomendable o complementario de otras enseñanzas y aprendizajes. El contenido y las herramientas de trabajo poseen una justificación propia en educación y exigen una mirada crítica.

Los medios de comunicación trabajan con los materiales más sensibles y más etéreos, pero al mismo tiempo más relevantes: valores, estereotipos, modelos, pautas de conducta... ofrecen un producto que tiene influencia en las formas de pensar y de actuar, en las formas de consumir los productos fungibles y las cosas físicas, materiales. Pero también en la construcción del mundo de lo simbólico, cuya trascendencia no se puede negar. 

En definitiva, pese a sus artificios (o quizá gracias también a ellos), los medios aportan una apariencia de naturalidad e incluso de neutralidad y transparencia, unos efectos de realidad, una forma de legitimidad mediante las autorreferencias abundantes, mediante la práctica ausencia de rectificaciones, con relatos contundentes, con simplificaciones en alguna medida, sólo en alguna medida, inevitables por motivos de espacio, tiempo, desconocimiento del emisor. 

A ello habría que añadir otros múltiples factores: percepción sensorial del receptor, fuerza emotiva de la imagen en movimiento, dificultad para procesar de forma fiable todos los estímulos, interés ideológico y / o económico, del medio y del periodista, prejuicios e ideas preconcebidas por parte del emisor y del receptor, la mitificación de la tecnología y sus fascinantes posibilidades y de los medios de comunicación más espectaculares, entre otros aspectos de similar índole. 

Por lo que se refiere al último punto, Jesús Martín Barbero ha observado: “El espacio de la televisión está dominado por la magia del ver: por una proximidad construida por un montaje no expresivo, sino funcional y sostenido en base a la “toma directa”, real o simulada. En la televisión la visión que predomina es la que produce la sensación de inmediatez, que es uno de los rasgos que hacen la forma de lo cotidiano. Y ello incluso en la publicidad, pues ella es la síntesis de la cotidianidad y el espectáculo, aunque ella viva en un equilibrio inestable que le da un aire transgresor. En la televisión nada de rostros misteriosos ni con demasiado encanto, los rostros de la televisión serán cercanos, amigables, ni fascinantes ni chabacanos. Proximidad de los personajes y los acontecimientos: un discurso que familiariza todo, que torna “cercano” hasta lo más distante y que se hace así incapaz de enfrentarse a los prejuicios más “familiares”. Un discurso que produce eso desde la forma misma en que organiza las imágenes: de manera que produzcan la mayor transparencia, o sea, en términos de simplicidad, claridad y economía narrativa”. 

A una idea similar cabría adscribir las palabras de Furio Colombo: “la televisión está en condiciones de crear un territorio propio distinto del territorio físico (país, nación), de fuerte lealtad e identificación (...) establece entre los hechos una meritocracia que no depende de la sustancia de ellos mismos, sino de la frecuencia y de la intensidad de las apariciones, de su exposición a las cámaras. Más exposiciones equivalen a más valor”.

Diversos autores, muchos de ellos pertenecientes a la línea de comunicación educativa de la tradición inglesa, “consideran que una de las grandes posibilidades de la educación en medios, reside en su cuestionamiento de los medios de comunicación en cuanto a las formas específicas que emplean para representar el mundo social e individual. Se parte de la consideración de dichos medios como sistemas de lenguaje que crean la realidad al representarla, mediante procesos específicos de selección y combinación de sus recursos técnicos y estilísticos. 

Los medios crean y recrean significados a través de prácticas de significación esencialmente ideológicas, y en interacción con las subjetividades socialmente conformadas de sus audiencias. El punto clave de este planteamiento es negar la aparente transparencia de los medios (especialmente de los audiovisuales, donde esta transparencia parece aún más creíble). 

La educación en medios se dirige precisamente hacia el desarrollo de habilidades y conocimientos que permitan comprender de qué manera los medios crean significados, para así cuestionar esta noción tan extendida que los concibe como “ventanas al mundo”.

En este mismo sentido se consideran valiosas las aportaciones que la educación en medios puede ofrecer al diseño curricular y la práctica educativa. La relación entre el currículum escolar y el mundo real se da también en términos de representación. El currículum ofrece una representación del mundo al alumno”. 

Dicha representación está basada en unos procesos de selección y combinación de conocimientos que son validados y organizados social y, por lo tanto, ideológicamente. 

“El conocimiento no sólo se construye socialmente, como lo afirmaron los sociólogos del conocimiento durante los setenta, también se le representa de ciertas formas. Estas formas deben ser sujetas a escrutinio crítico por parte de maestros y alumnos. Tampoco existe algo así como un currículum o una práctica pedagógica transparentes. Tana Wollen lo plantea de la siguiente manera: “maestro y medios son incapaces de presentar, simplemente, el mundo real a sus estudiantes; lo representan a través del lenguaje que emplean para explicarlo, las imágenes y ejemplos que usan para ilustrarlo, los ejercicios que diseñan para asegurarse de que sus representaciones son correctamente entendidas”. 

En este contexto es relevante que el potencial crítico de la educación en materia de comunicación y medios, no se vea frenado por una tendencia excesivamente tecnicista que ignore o descuide a la comunicación social como el fenómeno global e integral que constituye. 

Se defiende desde el enfoque crítico, por tanto, que todos los ingredientes de la información audiovisual, cuya consideración en sentido amplio abarca también a los mensajes publicitarios, contribuyen a la representación social de la realidad, a la construcción mediática de los acontecimientos y hasta de las opiniones, que no tienen por qué estar lejos necesariamente de lo original en su forma de presentación, más allá de lo consustancial a la intervención humana más “objetiva” y a la mediación técnica, pero pueden estarlo. No olvidemos, por ejemplo, que a veces en televisión una noticia editada desvirtúa totalmente una entrevista en bruto, al seleccionar totales (declaraciones a cámara) sacados de contexto, con lo que parece a ojos del espectador que se dice algo distinto o incluso contrario a lo que en realidad se dijo, sin que ni siquiera tenga para ello que haber mediado mala fe por parte quienes seleccionan la información y montan las imágenes.

De ahí también se deriva la necesidad de contar con un emisor y un receptor formado, desde la escuela y fuera de ella, en el espíritu crítico, la capacidad de análisis y comprensión, y el conocimiento siquiera básico de cómo funcionan la radio y la televisión, aspectos que hacen más libre, menos vulnerable al ciudadano frente a los medios de comunicación audiovisual y frente a sus semejantes. Lo que no es poco.







Extraído de
TESIS DOCTORAL
AUTOR: JUAN-FRANCISCO TORREGROSA CARMONA
DIRECTOR: DR. LUIS-MIGUEL MARTÍNEZ FERNÁNDEZ





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