lunes, 1 de octubre de 2012

Conclusiones sobre el uso de la televisión por los niños

Existe un ampio consenso sobre la existencia de aspectos negativos en el uso irrestricto de la televisión, aunque en algunos casos se le asigne algún valor positivo, si la controlamos. Las siguientes conclusiones sobre sus efectos son extraídas de un trabajo que sostiene posiciones afines con un uso restringido del medio, destacando algunos aspectos favorables.

Evitando intencionadamente ofrecer una visión catastrofista sobre los efectos de la misma, innegablemente la televisión ha pasado a ser un elemento que forma parte de la cotidianeidad de las personas y que constituye una de las formas más usuales de pasar los momentos de ocio. La discusión pública sobre los efectos de la televisión en la infancia, apoyada por numerosas investigaciones, realizadas fundamentalmente en los primeros años de aparición del medio, se ha centrado en el perjuicio que implicaba. Ha sido así acusada de estimular la violencia y el consumismo, de transmitir estereotipos sexistas, de potenciar la pasividad mental, etc. Esos efectos están allí, sin embargo es interesante destacar dos aspectos, corroborados por la nueva investigación sobre el tema, que de alguna forma matizan estas afirmaciones:

1. La influencia que un medio ejerce sobre el receptor depende, no tanto del contenido del medio como del contexto de recepción de los mensajes. Destaca aquí la importancia de las actitudes familiares frente a la televisión y de la enseñanza que la escuela pueda aportar para decodificar los mensajes ofrecidos y ser críticos frente a lo que ven, escuchan o leen.

2. Casi como un corolario de lo anterior debemos afirmar que lo que los niños/as obtienen de la televisión depende en gran medida de lo que ellos/as traen a ésta. Los niños/as no se sientan pasivamente y absorben cualquier cosa sin un cuestionamiento e interpretación, sino que seleccionan activamente lo que ven para satisfacer necesidades y disposiciones y colocan sus propios significados en el contenido de la programación. La naturaleza y dirección del impacto de la TV es determinada y limitada por los motivos que los niños tienen para ver y por su entendimiento e interpretación de lo que es mostrado en TV.

Podemos así concluir que la TV no es invariablemente mala para los niños/as. El balance de opinión ha sido reconducido al menos en parte enfatizando algunas de las cosas buenas que pueden extraer los niños/as tras un adecuado uso de la misma.

1. En principio la TV proporciona una diversidad de experiencias y conocimientos que podrían no estar disponibles para ellos a través de otras fuentes. Pero debemos destacar que la amplia gama de experiencias vicarias que el medio televisivo ofrece, siendo importante y necesaria no puede en modo alguno sustituir la experiencia directa, por lo cual padres/madres y escuela deben ofrecer al niño otro tipo de experiencias (el juego, la comunicación ya sea entre iguales o con los adultos, las salidas al campo, el contacto con la naturaleza, el conocimiento y cuidado de los animales y las plantas, la experiencia deportiva, las posibilidades de expresión creativa, pintar, cantar, interpretar, etc.) La TV tiene que ser una de las formas de usar el tiempo libre pero no puede ser la única. Si el niño/a tiene otras opciones elegirá mejor aquello que realmente le interesa ver.

2. La TV tiene también un efecto liberador; catártico, de las emociones permitiendo al niño/a elaborar sus conflictos y sus tensiones internas liberándolas por medio de la identificación y la proyección.

3. Lo TV posee un gran potencial para desarrollar actitudes pro-sociales. Aunque gran número de investigaciones se ha centrado en los efectos negativos que ver televisión podía tener sobre aspectos poco deseables de la conducta como la violencia, recientes estudios demuestran que la TV puede ayudar también al desarrollo de conductas socialmente deseables, como el aprender a compartir, conseguir autodominio, etc.

4. La TV puede estimular también habilidades para conversar; el juego imaginativo, el desarrollo de inferencias lógicas, el entendimiento de historias y la comprensión de dilemas humanos.

Los efectos tanto positivos como negativos de la TV pueden depender también del tipo de programa y de la forma de realización del mismo. Algunos programas están hechos para informar, educar, mientras otros tienen como objeto entretener Pero no siempre los programas se sitúan confortablemente en esas categorías. Los programas de entretenimiento pueden excitar, embelesar, mover y divertir pero también pueden cultivar el conocimiento de aspectos de la vida, influir en las creencias y valores, proveer indicaciones sobre cómo tratar los problemas personales y sociales. Es decir mientras el número de programas destinados a educar es notablemente reducido es innegable el efecto educativo de los programas destinados a divertir. De allí la importancia de enseñar a niños/as y jóvenes a ser espectadores críticos. La escuela tiene la irrenunciable tarea de educar en valores, y tiene los instrumentos para hacerlo en las llamadas áreas transversales donde puede analizar los contenidos violentos de la TV en la «Educación para la paz», combatir el consumismo
y la absorción acrítica de los mensajes publicitarios en «la educación para el consumo», analizar los estereotipos sexuales, raciales, o de cualquier tipo en la «educación para la igualdad», etc. Si la educación ha de partir de lo que el niño/a conoce y vive, que mejor forma que traer la televisión a la escuela para discutir y comentar sus contenidos.

Si aceptamos el hecho de que los niños/as no usan la TV de cualquier modo sino selectivamente y que son, por sí mismos capaces de cuestionar y criticar debemos comprender que estas facultades pueden ser apoyadas a través de la enseñanza de la visión crítica de la TV. Coincidimos con aquellos autores que señalan la deseabilidad de que los/as niños/as aprendan en la escuela algunas cosas sobre cómo ver la TV y cómo comprender el medio.

El desarrollo de estas destrezas debería ser incorporado como una parte importante del desarrollo cognitivo y emocional.


Extraído de
Revista Complutense de Educación
1998, vol. 9. ni 2:41-77
El mundo de la televisión
Diana García Corona
Profesora Departamento MIDE. Facultad de Educación
Universidad Complutense de Madrid
Ana Isabel Martín Ramos
Licenciada en Ciencias de la Educación

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