lunes, 15 de octubre de 2012

Evite que su hijo se vuelva adicto a la televisión

El televisor no es un electrodoméstico más, ejerce una influencia que no podemos pasar por alto, y en muchos casos es una fuente de adicción ¿Qué roles cumple? ¿Qué efecto produce en los niños? ¿Existen límites? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué pautas son necesarias?

 

 

La televisión ejerce una fuerte influencia sobre los niños. Por eso, los padres deben fijar pautas para que la vean adecuadamente.

Algunos la tienen como principal medio de entretención. Otros, simplemente la ven como un electrodoméstico más y hay quienes la llaman “la caja tonta”. Sin embargo, es una realidad que la televisión se ha convertido en un ‘miembro’ más de la familia.
 

De ese modo, se ha vuelto niñera, compañera y hasta profesora de los niños, pues comparten con ella durante varias horas del día, hipnotizados por el derroche de colores, figuras y emociones. En ese sentido, hay un debate sobre si es adecuado que los pequeños vean televisión desde edades tempranas, fundamentado en que puede ser contraproducente para su desarrollo.

 
Por ejemplo, la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomienda que los niños menores de 2 años no vean televisión, porque ese tipo de conducta agrava las alarmantes tasas de obesidad infantil, entre otras cosas.

 
Al respecto, el neuropediatra Álvaro Izquierdo afirma que “la televisión no es mala, debe saber usarse”. Por eso, no es recomendable que se aísle a los niños de ella, sino, por el contrario, se vea de una manera dirigida para que los contenidos sean los adecuados y no perjudiquen su comportamiento. Actualmente, muchos programas son educativos y enseñan aspectos como los colores, las figuras y los idiomas. Además, existen colecciones en DVD que ayudan a aprender con ejercicios interactivos. “La ventaja de esto es que no es un maestro que repite una y otra vez en una clase magistral.

Esta es una forma más didáctica con sonidos, imágenes y juegos”, opina Izquierdo.

No obstante, este tipo de recursos deben darse en el momento apropiado, pues algunos padres presentan, a edades muy tempranas, estos programas a sus hijos con la intención de volverlos más inteligentes, sin tener en cuenta que un niño no va a aprender a tocar un instrumento musical con verlo en la televisión, y no es lo mismo armar un rompecabezas en video que con las manos.

 
Precisamente, parte del desarrollo del niño es la estimulación de la motricidad. Por eso, es importante que aprenda a agarrar las cosas con la mano, juegue con objetos o gatee antes de empezar a ver televisión. “No tiene sentido que se sienten frente al televisor antes del año de edad. Los colores los puede aprender con juguetes, pelotas, papeles, etc”, agrega el neuropediatra.

 
‘Esponjas’ receptoras
Los niños entre los 0 y 4 años aprenden rápidamente, sobre todo por medio de la imitación. Lo que ven y oyen lo ‘absorben’ fácilmente. Por eso, se debe tener cuidado con el tipo de programas que observan a diario.

 
Hay espacios ‘infantiles’ agresivos y violentos que incitan ese tipo de conductas en los menores, y ellos, sin saberlo, creen que son normales y permitidas. Según Germán Casas, psiquiatra infantil, “hay una serie de elementos en los medios de comunicación que han generado problemas en los niños, como la violencia y el sexo. Además, últimamente se han difundido conceptos de belleza corporal y delgadez, aumentando los trastornos alimentarios, como la anorexia infantil”.

 

Por ello, los padres deben dedicar tiempo a ver televisión con sus hijos para seleccionar el tipo de contenidos adecuados, más si se tiene en cuenta el déficit de programación infantil. “Aquí se piensa en comercializar y no en educar, y antes de las 5 de la tarde hay programas incorrectos para niños. No hay buena regulación con respecto a esto”, opina Izquierdo. Precisamente, la Comisión Nacional de Televisión (CNTV) establece que la franja infantil es de 4 a 5 de la tarde, de lunes a viernes, y de 8 a 10 de la mañana, los sábados. Así mismo, la familiar es de 6 de la mañana a 9:30 de la noche, todos los días.
 

El problema radica en que los niños ven televisión durante gran parte del día y no tienen un filtro que les indique lo apropiado, y se someten a las preferencias de la empleada del servicio o un hermano adolescente. “Los programas recomendados son aquellos con contenidos lúdicos, recreativos e ilustrativos, de acuerdo con el desarrollo de los niños”, sostiene Casas.

 

Control remoto
La Academia Americana de Pediatría brinda una serie de consejos para que los padres aprendan a controlar la relación entre la televisión y los niños.

 
Ponga límites a la cantidad de tiempo que el niño pasa frente al televisor. Lo recomendable es una o dos horas diarias. Planifique con su hijo los programas que quiera ver y elíjalos. Conozca el contenido de los programas que ve su hijo y mantenga una supervisión constante. No le permita ver televisión durante las comidas. Es mejor fomentar la comunicación familiar. Saque el televisor del cuarto del niño. Incite a su hijo a leer, en vez de mirar televisión. Predique con el ejemplo y también reduzca sus horas frente al televisor. Entérese de los programas educativos que dan en los canales de televisión; así sabrá cuáles son los más adecuados para su hijo.
 

De tal palo…
Los padres deben incentivar al niño a realizar actividades lúdicas para alejarlo de la televisión, como la lectura y los deportes. Con ello, estimularán su desarrollo motor.

La mejor forma de hacerlo es dando ejemplo y para eso se deben evitar hábitos como ver televisión mientras se come o antes de dormir. Además, se aconseja sacar el televisor del cuarto de los pequeños.

 
Esencialmente, se debe eliminar la televisión de las actividades sociales de la familia y abrir espacios para actividades como la lectura.

 

 

 

Fuente
Elbebe.com

 

domingo, 14 de octubre de 2012

Características de la TV ¿Cómo la entienden los niños?

Muchas son las formas de caracterizar a la televisión, es importante comprender todo lo que la rodea, y los menores son los más afectados. En los siguientes párrafos se trata de verla desde el punto de vista de los niños ¿Cómo la entienden? ¿Qué significa para ellos?

 
 
Para comprender los efectos de la TV, debemos considerar algunas de sus características, como medio de contenido social. Los programas de TV ofrecen una cantidad de acciones, situaciones y sucesos sociales. Ellos son muy parecidos al mundo real en el que niños/as y adultos viven.

Una estrategia de investigación ha sido la clasificación de los programas de TV en agrupamientos basados en la audiencia objetivo, en la hora o día de la semana presentado, en el contenido general, o en las intenciones del productor. Varios estudios han usado clasificaciones tales como programas de niños/as, noticias, programas de sábado por la mañana, o programas educativos. Los análisis de contenido de esos agrupamientos han estado basados en personajes o sucesos, o, como discutieron Huston y Wright, sobre la aparición de varias características formales. Una investigación compara los programas del sábado por la mañana, programas educativos de día, y programas de TV de hora punta en una variedad de características formales.

La hipótesis de Dorr de que el niño/a pequeño representa a la TV como un aparato de personajes y sucesos no relacionados con contextos más amplios se corresponde con las conclusiones de Collins basadas en el análisis de la comprensión de los niños/as en edad escolar de los programas adultos de TV. Mientras los niños/as pequeños pueden recordar muchas acciones y sucesos individuales de un programa adulto de TV, «a menudo fallan en comprender las relaciones interescena». Por tanto, como un entendimiento conectado de los sucesos individuales y escenas de un programa de TV es necesario para un nivel adulto de comprensión, está implícito que tal comprensión es esencial para los juicios de la realidad de un programa de TV.

No sólo son los/as niños/as más pequeños/as quienes con menor probabilidad hacen inferencias relacionando las escenas relevantes, son también los/as que con mayor probabilidad proveen interpretaciones idiosincrásicas de los programas de TV basados en el limitado conocimiento del mundo con el cual interpretan los programas. Este conocimiento se supone que está fuertemente relacionado con el status socioeconómico familiar y otras características y valores. Una idea importante respecto a los procesos de comprensión de los niños/as procede de la observación de Collins de que los más pequeños aplican estereotipadamente su conocimiento de secuencias de sucesos comunes al interpretar un programa. Ellos, con menor probabilidad que los niños/as mayores, se dan cuenta de las desviaciones del programa de esas secuencias específicas del suceso.

La presentación del contenido de TV, a través de modos visuales y verbales, provee formas dobles para los/as niños/as de representar la información. Este sistema de símbolo visual y auditivo único explica parcialmente el atractivo y la comprensibilidad de la TV para los niños/as pequeños.

En cuanto a los conceptos emergentes de los géneros de TV, parece que los/as niños/as diferencian clases y subgrupos de programación que son marcados por la forma y por el contenido. Ellos/as amplían su conocimiento de un tipo o género determinado al aprender su clasificación, su veracidad, su propósito, su audiencia objetivo, sus formas y formatos y su contenido típico. Los/as niños/as pequeños/as reconocen y usan los indicadores de forma y contenido que diferencian los géneros y el status de realidad de la TV.

A menudo la incapacidad del niño/a de comprender los sucesos representados es atribuida a la utilización de las técnicas de cámara y las manipulaciones de edición, conocidas como «montaje», más en concreto las características formales de producción de las que se compone (atributos de los programas que resultan de las técnicas de producción visuales y auditivas).

La mayoría de los programas de TV de mayor audiencia incorporan una cantidad considerable de montaje. Dada la frecuencia de tales técnicas, su uso e interpretación debe ser central para el procesamiento del niño/a pequeño del contenido de la TV. Muchos cambios de escena y acción deben ser integradas a través de esas transformaciones perceptuales para lograr una representación unificada de la narrativa de TV.

Tal «literatura del film» es gradualmente adquirida. Los niños/as preescolares comprenden más información traída a través del montaje de la que había sido previamente estimada. Alguna comprensión sustancial del montaje está ya establecida en niños/as preescolares. La investigación de Smith, Anderson y Fiseher, sin embargo, indica comprensión sustancial del contenido llevado a través de técnicas cinemáticas en niños/as de 4 años de edad. Ya que los productores de TV aparentemente introducen características formales para vehicular el contenido, este aspecto de la forma de TV debe ser explorado a fondo.

Huston y Wright han dirigido la atención a la posible importancia de las características formales de la TV en influenciar la atención, comprensión, y la estimulación. Al igual que Anderson y Lorch, se han movido desde modelos simples donde «las características formales atraen la atención con la memoria consiguiente» a formulaciones más complejas donde «las características formales desempeñan funciones de señalización» importantes para las estrategias de atención y comprensión.

Anderson y Lorch remarcan que no ha habido demostraciones de que las características formales atraigan la atención independientemente del contenido asociado. Huston y Wright se dieron cuenta de que las características formales pueden tener múltiples funciones en la organización de la
atención, la adquisición de información y los aspectos afectivos producidos por la visión de TV. La investigación sobre el procesamiento de TV por los/as niños/as pequeños/as ha verificado que ciertas características formales afectan a la atención de los/as niños/as y retención del contenido televisado.

La comprensión por los/as niños/as del contenido de la TV depende en parte del aumento de su independencia respecto a las demandas sensoriales y su familiaridad creciente con las características de producción formales de la TV que sirven para estructurar sus mensajes y señalar su contenido importante y merecedor de atención (Wright y Huston).


Extraído de
Revista Complutense de Educación
1998, vol. 9. ni 2:41-77
El mundo de la televisión
Diana García Corona
Profesora Departamento MIDE. Facultad de Educación
Universidad Complutense de Madrid
Ana Isabel Martín Ramos
Licenciada en Ciencias de la Educación



 

viernes, 5 de octubre de 2012

Agentes y contextos socializadores: el papel de la televisión


¿Cuáles son los agentes de socialización? ¿Es la televisión uno de ellos? ¿Engendra peligros? ¿Qué razones podemos esgrimir para prescindir de ella?



Toda persona que nace y co-existe junto a otras en el seno de una sociedad concreta, necesita de un proceso que le permita alcanzar la condición de “ser social”. Este proceso, que en su más amplio sentido denominamos “proceso de socialización”, no surge de la nada, antes bien, de una serie de propósitos previos que serán llevados a la práctica por los que aquí denominamos agentes/contextos de socialización o agencias/contextos socializadores.


Los agentes y contextos socializadores “son los encargados de satisfacer las necesidades del niño e incorporarlo al grupo social. Entre estos están determinadas personas, algunas instituciones, los medios de comunicación social y otros instrumentos” (Palacios, Marchesi y Coll). Tradicionalmente se ha entendido que la familia y la escuela eran las agencias socializadoras por excelencia, a través de las que el niño entraba en contacto con el mundo que le rodeaba, y en el que más tarde debería desenvolverse autónomamente. Estas dos agencias, junto a la importancia del grupo de iguales para la socialización y desarrollo de niños y adolescentes, han formado parte durante largo tiempo de diferentes estudios pedagógicos. Sin embargo, hoy habitamos un mundo en el que los medios de comunicación (concretamente la televisión) forman parte de la vida cotidiana de cualquier persona, prácticamente desde el momento de su nacimiento.



En este sentido, debemos plantearnos una percepción más compleja de los medios de comunicación y la televisión como contextos socializadores. Estar atentos a la continua interacción entre televisión, familia, grupo de edad y procesos cognitivos individuales, pues generalmente se considera la televisión como una tecnología que viene de fuera y altera el contexto social tradicional, dificultando así un análisis más a fondo de la realidad social en que nos encontramos inmersos.



Así, de los medios de comunicación, la televisión es el más accesible para los niños, ya que está presente en la mayor parte de los hogares y no requiere de habilidades muy complejas para recibir la información, como sería, por ejemplo, leer. No pretendemos por ello negar la existencia y convivencia con el resto de medios, sino reflejar la importancia que la televisión ha adquirido en nuestras vidas, sobre todo por las razones que ahora señalamos: el volumen de horas diarias que niños y adolescentes le dedican; la consiguiente reducción de horas dedicadas a otras actividades (tanto escolares como extra-escolares), así como de la comunicación interpersonal; el gran impacto y seguimiento que genera en los menores; las preocupaciones a nivel social que se han ido generando debido al fuerte impacto anteriormente señalado; cotidianeidad: está totalmente integrada en la práctica totalidad de hogares, casi como un mueble más; accesibilidad: por ser un medio al que todos tenemos acceso y con el que convivimos a diario.



Sin duda, el papel de la televisión es destacable no sólo por su facilidad en el acceso sino sobre todo porque ejerce efectos sustantivos en la formación de los ciudadanos, en la configuración y transmisión de valores y actitudes. Es por ello que, hemos de hacernos conscientes de que junto a los beneficios aportados, también encierran ciertos peligros, efectos perniciosos que desde el mundo educativo hemos de considerar e intentar compensar. “La televisión no es sólo instrumento de comunicación; es también, a la vez, paideía, un instrumento “antropogenético”, un médium que genera un nuevo ánthropos, un nuevo tipo de ser humano” (Sartori).



En palabras de Pérez Tornero el ambiente televisión es un ámbito de existencia, un espacio en el que habitamos, construimos nuestra intimidad y nuestras relaciones sociales y se teje la socialidad. Del mismo modo, Levine, afirma que la televisión se constituye en experiencia cultural compartida, donde todos los miembros de nuestra sociedad (independientemente de su sexo, edad, religión, etc.) se unen alrededor de ella. En este sentido, se afirma que estamos en un nuevo periodo o etapa histórica llamada sociedad del conocimiento o de la información, donde ésta resulta determinante para la vida cotidiana, llegando a otorgar altas cotas de poder a quienes fácilmente acceden a ella. Así, a través de los medios de comunicación entramos en contacto con determinadas informaciones, realidades (objetivas o no) que de otro modo, probablemente, nunca llegaríamos a conocer.



Tal y como plantea Pérez Tornero, de alguna manera, los medios se encargan de la construcción de nuestra propia identidad, tanto personal como social. Así, quienes minimizan el efecto de los medios dejan de reconocer, al menos, cuatro hechos fundamentales que caracterizan nuestra época: su completa mediatización: trabajo, conocimiento e intelecto; crecimiento expansivo del tiempo concedido a los medios; potencia de la economía mediática; enormes transformaciones de tiempos y espacios. A este respecto hay autores que incluso dan razones para prescindir del medio televisivo, aunque con algunas reservas. En este sentido, encontramos interesante la aportación de Esparza al respecto, cuando plantea ocho razones para prescindir de la televisión, y alguna para conservar dicho medio:

1) La televisión se ha emancipado: varios años de intenso ejercicio comercial han hecho que la tv deje de estar sometida a criterios ajenos a ella misma.;

2) En la televisión, el medio es el mensaje;

3) El medio es también el masaje: la televisión envía sus contenidos a una velocidad que nuestro cerebro no siempre puede digerir;

4) El mensaje televisivo tiende al empobrecimiento constante: la competencia comercial se establece en torno al objetivo de eliminar cualquier esfuerzo intelectual del espectador;

5) Para adultos (con reservas): los niños experimentan con mayor intensidad que los adultos el “efecto masaje” de la televisión y la alteración del sentido de la realidad que la tele transmite;

6) La televisión ha fracasado como instrumento educativo;

7) La televisión ha fracasado como terreno específico de la creación artística: la deriva comercial ha hecho que el consumo predomine sobre la creación;

8) La televisión ha fracasado como estímulo a la participación de los ciudadanos en la vida pública: la tele no quiere ciudadanos (persona), quiere espectadores (cifra de share).



De uno u otro modo, consideramos necesaria la intervención pedagógica, a partir siempre del conocimiento del medio, de aquellos aspectos que le caracterizan y la influencia que puede ejercer. Como señala De Bofarull, las siguientes ideas responden a características de la televisión que es necesario tener presentes a la hora de trabajar con ella: la televisión informa, pero de manera fragmentada; cuando el niño regresa al mundo, choca con la vulgaridad de la rutina de cada día; la televisión no requiere concentración, sólo apertura a la misma; la televisión puede convertirse en el refugio del mal estudiante y acentuar su fracaso escolar; la televisión empobrece la expresión oral de modo evidente.


Desde nuestra perspectiva, la televisión se ha constituido en uno de los contextos de socialización con mayor fuerza. Función muy significativa que vienen a compartir en cierta medida con la institución familiar y la escolar, que antes representaban, junto al grupo de iguales, los contextos básicos de socialización. Sin duda, el estudio del papel de la televisión en sí y su influencia socializadora resulta ser una ardua tarea a la hora de abordarla, pues no podemos simplificarla a unos consejos o recetas sino que debemos ir más allá, orientando hacia la complejidad que encierra el propio medio. En este sentido, afirma McLuhan “es más factible “presentar” la televisión como una compleja gestalt de datos reunidos”.





Extraído de
CÁNOVAS LEONHARDT, Paz y SAHUQUILLO MATEO, Piedad (2008). La influencia del medio televisivo en el proceso de socialización de la infancia. En SÁNCHEZ PERIS, Francesc J. (Coord.) Videojuegos: una herramienta educativa del “homo digitalis”. Revista Electrónica Teoría de la Educación: Educación y Cultura
En la Sociedad de la Información. Vol. 9, nº 3. Universidad de Salamanca
http://www.usal.es/~teoriaeducacion/rev_numero_09_03/n9_03_leonhardt_sauquillo.pdf





P

lunes, 1 de octubre de 2012

Conclusiones sobre el uso de la televisión por los niños

Existe un ampio consenso sobre la existencia de aspectos negativos en el uso irrestricto de la televisión, aunque en algunos casos se le asigne algún valor positivo, si la controlamos. Las siguientes conclusiones sobre sus efectos son extraídas de un trabajo que sostiene posiciones afines con un uso restringido del medio, destacando algunos aspectos favorables.

Evitando intencionadamente ofrecer una visión catastrofista sobre los efectos de la misma, innegablemente la televisión ha pasado a ser un elemento que forma parte de la cotidianeidad de las personas y que constituye una de las formas más usuales de pasar los momentos de ocio. La discusión pública sobre los efectos de la televisión en la infancia, apoyada por numerosas investigaciones, realizadas fundamentalmente en los primeros años de aparición del medio, se ha centrado en el perjuicio que implicaba. Ha sido así acusada de estimular la violencia y el consumismo, de transmitir estereotipos sexistas, de potenciar la pasividad mental, etc. Esos efectos están allí, sin embargo es interesante destacar dos aspectos, corroborados por la nueva investigación sobre el tema, que de alguna forma matizan estas afirmaciones:

1. La influencia que un medio ejerce sobre el receptor depende, no tanto del contenido del medio como del contexto de recepción de los mensajes. Destaca aquí la importancia de las actitudes familiares frente a la televisión y de la enseñanza que la escuela pueda aportar para decodificar los mensajes ofrecidos y ser críticos frente a lo que ven, escuchan o leen.

2. Casi como un corolario de lo anterior debemos afirmar que lo que los niños/as obtienen de la televisión depende en gran medida de lo que ellos/as traen a ésta. Los niños/as no se sientan pasivamente y absorben cualquier cosa sin un cuestionamiento e interpretación, sino que seleccionan activamente lo que ven para satisfacer necesidades y disposiciones y colocan sus propios significados en el contenido de la programación. La naturaleza y dirección del impacto de la TV es determinada y limitada por los motivos que los niños tienen para ver y por su entendimiento e interpretación de lo que es mostrado en TV.

Podemos así concluir que la TV no es invariablemente mala para los niños/as. El balance de opinión ha sido reconducido al menos en parte enfatizando algunas de las cosas buenas que pueden extraer los niños/as tras un adecuado uso de la misma.

1. En principio la TV proporciona una diversidad de experiencias y conocimientos que podrían no estar disponibles para ellos a través de otras fuentes. Pero debemos destacar que la amplia gama de experiencias vicarias que el medio televisivo ofrece, siendo importante y necesaria no puede en modo alguno sustituir la experiencia directa, por lo cual padres/madres y escuela deben ofrecer al niño otro tipo de experiencias (el juego, la comunicación ya sea entre iguales o con los adultos, las salidas al campo, el contacto con la naturaleza, el conocimiento y cuidado de los animales y las plantas, la experiencia deportiva, las posibilidades de expresión creativa, pintar, cantar, interpretar, etc.) La TV tiene que ser una de las formas de usar el tiempo libre pero no puede ser la única. Si el niño/a tiene otras opciones elegirá mejor aquello que realmente le interesa ver.

2. La TV tiene también un efecto liberador; catártico, de las emociones permitiendo al niño/a elaborar sus conflictos y sus tensiones internas liberándolas por medio de la identificación y la proyección.

3. Lo TV posee un gran potencial para desarrollar actitudes pro-sociales. Aunque gran número de investigaciones se ha centrado en los efectos negativos que ver televisión podía tener sobre aspectos poco deseables de la conducta como la violencia, recientes estudios demuestran que la TV puede ayudar también al desarrollo de conductas socialmente deseables, como el aprender a compartir, conseguir autodominio, etc.

4. La TV puede estimular también habilidades para conversar; el juego imaginativo, el desarrollo de inferencias lógicas, el entendimiento de historias y la comprensión de dilemas humanos.

Los efectos tanto positivos como negativos de la TV pueden depender también del tipo de programa y de la forma de realización del mismo. Algunos programas están hechos para informar, educar, mientras otros tienen como objeto entretener Pero no siempre los programas se sitúan confortablemente en esas categorías. Los programas de entretenimiento pueden excitar, embelesar, mover y divertir pero también pueden cultivar el conocimiento de aspectos de la vida, influir en las creencias y valores, proveer indicaciones sobre cómo tratar los problemas personales y sociales. Es decir mientras el número de programas destinados a educar es notablemente reducido es innegable el efecto educativo de los programas destinados a divertir. De allí la importancia de enseñar a niños/as y jóvenes a ser espectadores críticos. La escuela tiene la irrenunciable tarea de educar en valores, y tiene los instrumentos para hacerlo en las llamadas áreas transversales donde puede analizar los contenidos violentos de la TV en la «Educación para la paz», combatir el consumismo
y la absorción acrítica de los mensajes publicitarios en «la educación para el consumo», analizar los estereotipos sexuales, raciales, o de cualquier tipo en la «educación para la igualdad», etc. Si la educación ha de partir de lo que el niño/a conoce y vive, que mejor forma que traer la televisión a la escuela para discutir y comentar sus contenidos.

Si aceptamos el hecho de que los niños/as no usan la TV de cualquier modo sino selectivamente y que son, por sí mismos capaces de cuestionar y criticar debemos comprender que estas facultades pueden ser apoyadas a través de la enseñanza de la visión crítica de la TV. Coincidimos con aquellos autores que señalan la deseabilidad de que los/as niños/as aprendan en la escuela algunas cosas sobre cómo ver la TV y cómo comprender el medio.

El desarrollo de estas destrezas debería ser incorporado como una parte importante del desarrollo cognitivo y emocional.


Extraído de
Revista Complutense de Educación
1998, vol. 9. ni 2:41-77
El mundo de la televisión
Diana García Corona
Profesora Departamento MIDE. Facultad de Educación
Universidad Complutense de Madrid
Ana Isabel Martín Ramos
Licenciada en Ciencias de la Educación

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