domingo, 2 de junio de 2013

Educación del telespectador

Queremos una escuela activa, que permita ver el mundo desde una postura crítica, descartando actitudes que naturalizan injusticias, entonces ¿Qué actitud debe tomar frente a la televisión? ¿Debemos considerarla como un “simple entretenimiento”? ¿O más bien tiene gran influencia en todos nosotros?



La educación del telespectador, en un contexto de escuela activa y crítica, se fundamenta en las nuevas corrientes de investigación de la recepción. No puede entenderse una formación crítica de los telespectadores en las aulas si no partimos de un modelo de escuela crítica y activa, pero tampoco podrán desarrollarse estrategias didácticas rigurosas si no se parte de propuestas investigativas que surjan del conocimiento de los complejos procesos que los televidentes ponen en marcha en su interacción con el medio televisivo. La investigación nos conduce, por ello, a la necesidad de fomentar un espíritu crítico en el análisis de los mensajes televisivos, en la línea planteada por Piette en su trabajo doctoral Éducation aux médias et fonction critique, aplicado al campo de la recepción comunicativa, ha sido defendido en múltiples foros internacionales. La UNESCO, en su ya clásico texto L´éducation aux médias, alude a la trascendencia de conjugar el sentido crítico y el gusto por la comunicación.

Percepción, análisis y lectura crítica del medio televisivo
Las cuestiones de la percepción televisiva, esto es, de qué y cómo se aprende de la televisión, han generado interesantes teorías y líneas de investigación sobre los niveles de aprendizaje que la televisión genera a partir de su percepción. Especialmente quisiéramos destacar los clásicos trabajos de Gavriel Salomon para el que la extracción de la información se realiza a través de una negociación activa de los códigos del mensaje. Los niveles de atención, comprensión y comportamiento están sujetos a la edad y la experiencia así como otros factores que permiten una compleja evolución de la actividad sensor-motorica, los estímulos verbales y visuales y las habilidades perceptivas y emotivas.

Nuestro entendimiento del lenguaje de la televisión depende en parte, como apunta Greenfield, del conocimiento que se tenga sobre el código simbólico del medio. Así sugiere esta autora que «aprender a descifrar los símbolos del filme o de la televisión es algo similar a aprender a leer. Las capacidades que ello exige no son tan especializadas como las que se precisan para leer la palabra escrita, pero no obstante son considerables».

Coincidimos con San Martín, cuando manifiesta que «la exposición al propio medio no basta para que se desarrollen capacidades particulares; es decir, hay que generar en el alumno capacidades cognitivas para leer y entender los mensajes». Por ello, la escuela tiene que asumir responsabilidades para preparar a los alumnos a la lectura de las imágenes, para comprender esos mensajes.

Siguiendo a Krasny, y dado que los medios activan procesos mentales particularizados, es necesario plantearse el desarrollo de las habilidades que potencien lo que este autor denomina la «literidad visual», esto es, «la habilidad de leer en las imágenes, la vivacidad de su propia imaginería, su capacidad de memorizar imágenes y generar imágenes por sí mismos, su sentido de la belleza». Y como ya hemos indicado, para ello es fundamental la intervención de la institución escolar. Chalvon, Corset y Souchon apuntan que es «en la escuela donde se debería sobre todo aprender a ver la televisión. Y en primer lugar, a analizar sus códigos, ya que se trata de reconsiderar todo lo que las emisiones de televisión dan como natural y evidente, lo 'inverosímil' en que construyen sus sistemas de signos y que ellos contribuyen de esta forma a difundir y a imponer. La finalidad es llegar a una lectura consciente de las imágenes, donde lo implícito esté explícito».

Educar a ver la televisión: el telespectador activo
Desde distintos sectores sociales se ha defendido en los últimos años la necesidad de educar a las nuevas generaciones a ver la televisión como una tarea inaplazable. Así, desde las propias instancias políticas, se ha afirmado que «es fundamental formar telespectadores que no sean crédulos ante los mensajes que emite la televisión, que no la divinicen ni tampoco la satanicen. En una palabra, que sepan usarla, desentrañar sus lenguajes y convivir con ella desde la crítica y la libertad» (Alborch).

Esta preocupación social e investigadora por la audiencia ha impulsado con ímpetu la necesidad de formar telespectadores, educándolos a ver la televisión desde el aula y del hogar. Ya desde una óptica escolar, la clásica obra de Chalvon, Corset y Souchon, El niño ante la televisión, proponía que «la mejor solución es la formación del telespectador propuesta desde la escuela. No tanto para intentar utilizar la televisión como un medio de expresión, sino para educar la mirada del telespectador». Y añaden que «una mejor comprensión de la actitud del joven telespectador debe desembocar en una práctica que podría consistir en formar un telespectador activo [...]. Este hecho es nuevo y señala un cambio de actitud frente a la televisión [...].

Es necesario superar, por tanto, el papel de simples receptores pasivos, ya que se pretende ser usuario no sólo de un producto terminado, sino también en proceso de elaboración.

Para ello, es necesario desarrollar propuestas concretas que superen el nivel de los deseos y elaboren pautas de acción. Apunta Aguilar que «necesitamos instrumentos que nos ayuden a reflexionar de manera crítica sobre nuestra práctica de espectadores». En este sentido, quisiéramos brevemente destacar algunos trabajos que consideramos de notable interés en esta línea.

Greenfield recoge algunas experiencias de lo que «se puede hacer en las escuelas», a través de cursos sobre la crítica de la televisión, desarrollados en diferentes universidades americanas, «con la finalidad de animar a los niños a establecer sus propios juicios respecto a la realidad de lo que ven en la pequeña pantalla». En esta línea, también las experiencias de Dorr y sus colaboradores demostraron que el trabajo para desarrollar posturas más críticas ante la televisión tiene repercusiones en las pautas de visionado de los niños y, sin duda, influyen en hacerlos unos telespectadores más activos.

Bazalgette propone cuestiones relacionadas con el cómo funcionan los medios, cómo producen significados, cómo están organizados y cómo el público les da sentido; esto es, las áreas que ya hemos mencionado en el capítulo primero de este trabajo: las agencias de los medios, sus categorías, sus técnicas, sus lenguajes, sus públicos y sus representaciones.

También en el texto de Chalvon, Corset y Souchon se afirma que con la educación del telespectador en el aula «no se trata de adquirir el conocimiento necesario de las diferentes teorías sobre los procesos de comunicación y los modos específicos de su expresión audiovisual, sino de permitir al telespectador dominar mejor su práctica. Para ello propone reflexionar sobre las condiciones de la recepción televisiva con un conjunto amplio de actividades e interrogantes que «deberían llevar al joven a descubrirse a sí mismo».



Autores:
Aguaded Gómez, José Ignacio y Díaz Gómez, Rocío:
"La formación de telespectadores críticos en educación secundaria",
en Revista Latina de Comunicación Social 63. La Laguna (Tenerife)
Dr. José Ignacio Aguaded Gómez
Profesor del Departamento de Educación Universidad de Huelva (UHU).
Lic. Rocío Díaz Gómez
Doctoranda del Departamento de Educación. Universidad de Huelva (UHU), España

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