jueves, 21 de febrero de 2013

Comer y ver la tele, una mala receta


Desde este blog sostenemos que “debe utilizarse la televisión como un electrodoméstico más”, sólo cuando se quiera ver algún programa, y luego mantenerlo apagado ¿Qué inconvenientes puede traer a la alimentación? En este sentido ¿Qué rol puede jugar la publicidad?
 


Esta costumbre favorece la elección de alimentos menos saludables y la ingesta de mayores cantidades
Utilizar la tele como aliado para lograr que niños y adolescentes coman no es buena idea. Es un recurso tramposo que reduce la alimentación a un papel secundario y fomenta hábitos poco saludables. Un estudio de la Universidad de Illinois (EE.UU.) asegura que la ingesta ante la pequeña pantalla, en el sofá del salón o en la mesa, favorece el incremento de la cantidad de comida y la reducción de su calidad.


Descontrol de cantidad y calidad
El momento de desayunar, comer, merendar y cenar puede resultar difícil, provocar estrés e, incluso, motivar peleas familiares. A menudo, estas situaciones son inevitables porque, como en toda adquisición de buenos hábitos, a comer se enseña y se aprende, una tarea que no es fácil. Comer bien, sano, es consecuencia de una buena educación y de cumplir con una serie de normas. Desterrar la tele es una. Y a tenor de las últimas investigaciones, una de las más básicas.

Uno de los perjuicios es el descontrol. Éste se evidencia en un estudio firmado por Brian Wansink, doctor del Departamento de Marketing y Ciencia Nutricional de la Universidad de Illinois (EE.UU.). En él, se analizan los factores ambientales que animan a un incremento de la cantidad de comida y definen el tipo de alimento. La evidencia científica asegura que tener la costumbre de comer delante de la televisión, se haga en un sofá o en una silla, en la cocina o en la sala, conduce a la elección de alimentos menos saludables y a la ingesta de mayores cantidades.

El experto incide en que alimentarse de manera inconsciente, mientras se presta poca atención y poco gusto por la actividad en sí, lleva a los adultos, niños y adolescentes a comer más y peor. En conclusión: es más sano y más sabroso no compatibilizar la comida con la televisión. Alimentarse es algo serio a lo que conviene prestar toda la atención.

La publicidad influye
Al peligro de ahondar en el sedentarismo si se tiene el mal hábito de ver durante muchas horas la televisión, se suma el riesgo de convertirse en un objetivo fácil para la publicidad, que se revela insana. EROSKI CONSUMER analizó desde un punto de vista dietético 6.300 anuncios emitidos en 12 cadenas de televisión y concluyó que los spots dirigidos al público infantil fomentan el consumo de productos que propician la obesidad.

De la publicidad que pueden ver los niños y adolescentes mientras comen y miran la tele, según se desprende del citado estudio, casi la mitad de los anuncios relacionados con alimentos no se pueden incluir en una dieta saludable. Es más, "predominan los anuncios de productos con demasiados azúcares y grasas, mientras que brillan por su ausencia los de verduras y frutas". En consecuencia, a los jóvenes televidentes les llega una información incoherente con los mensajes que el adulto, quien le procura la comida, le quiere transmitir. No considera atractiva la comida que tiene en el plato.

La publicidad que pueden ver los menores mientras comen y miran la tele agrupa alimentos que no pueden incluirse en una dieta saludable. Juan Madrid, experto especialista en endocrinología y nutrición del hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, publicó un libro titulado "Conoce la verdad de los alimentos anunciados en TV, tú puedes". El manual evidencia que, en ocasiones, las personas se dejan influenciar demasiado por los anuncios televisivos, que se venden muchos alimentos con promesas de una vida más sana y feliz si se consumen o que ayudarán a adelgazar o a tener más energía.

La influencia de los mensajes publicitarios sobre el público infantil es indiscutible y, por ello, desde la Asociación Española en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y la Bulimia (ADANER), se ha solicitado que la retransmisión de anuncios de adelgazantes o intervenciones de cirugía estética se prohíban durante la ventana de protección al menor (entre las seis de la mañana y las diez de la noche).

La iniciativa, que en el trámite parlamentario cuenta con el apoyo mayoritario de la Cámara, persigue que los menores no se expongan a mensajes que inciten al rechazo de la autoimagen, la marginación social por la condición física o el éxito por factores de peso o estética.

Fomenta el sedentarismo
Comer es una actividad necesaria, gratificante y primaria. Supeditarla a hacerlo delante de la televisión la reduce a una acción secundaria y accidental. Lleva a tomar distancia con la alimentación y a perder conciencia de su importancia. Es comprensible e inevitable que, en ocasiones, los padres se ayuden de la televisión -o de un reproductor de imágenes- para lograr que los hijos coman, que premien un buen comportamiento y permitan ver los dibujos durante la cena o que dejen a los niños delante de la tele para que los adultos puedan disfrutar de una comida.

Estas actuaciones son naturales. Pero hay que estar alerta y ser conscientes de que comer y ver la tele a la vez es un mal hábito, una mala costumbre. Lo es, entre otras razones ya citadas, porque comer no es una actividad lúdica para momentos de ocio. Si se contempla así, se establece como hábito pasivo: "me dejo alimentar sin prestar atención a qué hago porque mi interés está ajeno a ese acto", "no interactúo en un proceso importante como es mi nutrición".

En definitiva, aunque en principio ayudarse de la tele para introducir alimentos en la boca o en la dieta pueda parecer más fácil, a la postre es un truco que esclaviza y los malos hábitos son muy difíciles de erradicar.



Por MAITE ZUDAIRE
En Revista Consumer

lunes, 11 de febrero de 2013

Recomendaciones para el uso de la TV

La televisión no es un electrodoméstico más, su influencia en nuestras vidas excede la importancia de los otros, y trae consigo efectos que son difíciles de mesurar. Los siguientes párrafos nos traen unas reflexiones que nos pueden ayudar al respecto.

Algunas de las recomendaciones que se pueden dar a los padres para un adecuado uso de la televisión por parte de sus hijos, son:
•    Ver la TV con nuestros hijos y hablar y dialogar sobre los programas que vemos.

•    Escoger programas apropiados: Enseñar, no a “ver la TV”, sino “programas de TV” y evitar aquellos no adecuados por su contenido violento, discriminatorio, soez… Grabar programas de calidad para verlos en otro momento.


•    Poner límites a la cantidad de tiempo y apagar la TV durante horas de comida, tiempo de estudio, de juego…

•    Discutir con ellos sobre el papel de la publicidad y su influencia sobre lo que se compra. Hacerles entender que no todo lo que dice la publicidad es así al igual que no todo lo que dice la tele es verdad.


•    Estimular al niño hacia otras actividades alternativas. Hay otras formas de ocupar el tiem¬po. Buscar alternativas de ocio distintas a la televisión.

•    Evitar el zapping y tener la tele encendida por pura inercia. Crear el hábito de apagarla cuando acabe el programa que estamos viendo.


•    No ubicar la televisión en el dormitorio de los menores, ponerla siempre en salas comu¬nes de la casa.

•    Evitar en la medida de lo posible que los niños vean solos la televisión.


•    No dejar que la televisión quite tiempo a otras actividades más importantes como el jue¬go, la lectura, el diálogo familiar o el sueño.

•    No eludir nuestra responsabilidad echándole siempre la culpa a la televisión.


•    Informarnos de los contenidos de los programas que ven. Hoy en día, gracias a Internet, tenemos muchos medios que nos lo permiten. No dejar que los menores seleccionen ellos mismos los programas que quieren ver.


Autores: Asociación Valenciana de Consumidores y Usuarios (AVACU) y la Dirección General de Evaluación, Innovación y Calidad Educativa y de la Formación Profesional:
Verónica Conesa Gallego, María José García Ruano y Miguel Ruiz Cerdá.

viernes, 1 de febrero de 2013

Más televisión menos atención


La televisión marcó un hito el la historia de la humanidad, hay un antes y un después, obviamente la preocupación se centra en su uso inapropiado, las investigaciones han demostrado que conduce, entre otros peligros, al sedentarismo, naturalización de la violencia, pérdida de la sociabilidad, pero ¿Puede producir dificultades en el aprendizaje?

Investigadores estadounidenses relacionan las horas de televisión diarias con el riesgo de dificultad en el aprendizaje
El hábito de ver la televisión es una de las maneras de pasar el tiempo libre para muchos niños y adolescentes. Las horas que pasan delante del televisor les restan espacio para realizar otras actividades. Ahora un grupo de investigadores de Columbia, en EEUU, asocia este tiempo con problemas de atención y aprendizaje en la adolescencia y en edades posteriores.

 Los adolescentes que a los 14 años ven más de tres horas de televisión diarias tienen un mayor riesgo de ir mal en la escuela y no llegar a hacer una carrera. Los que ven entre una y tres horas diarias también tienen un mayor riesgo de tener problemas con el aprendizaje. Un estudio, que ha seguido a 678 familias desde que los hijos tenían 14 años hasta los 33 años, ha encontrado una preocupante relación entre las horas de televisión diarias durante la adolescencia y los años siguientes y las dificultades de atención y aprendizaje.

Un tercio de los adolescentes estudiados veía tres o más horas de televisión diarias a los 14 años. En los que sólo veían una hora de televisión diaria se constató un riesgo elevado de no hacer bien los deberes, de tener actitudes negativas respecto a la escuela, malas notas y fracaso escolar en la educación secundaria. Pero los que la veían tres horas o más eran los que tenían más probabilidades de, además, no llegar a tener educación superior. Los investigadores, de la Universidad de Columbia (EEUU), matizaron los resultados en función de las características de la familia y la existencia o no de dificultades previas cognitivas.

La televisión como hábito
Los que con 14 años ven tres horas o más de televisión al día tienen más probabilidades de no llegar a tener educación superior, Hicieron 14 análisis para investigar la relación entre problemas de atención y aprendizaje a los 14 años y los hábitos de ver la televisión. Sólo dos de estos análisis insinúan que existe una relación. «Los resultados sugieren que aunque los jóvenes con problemas de atención o de aprendizaje pueden estar más tiempo viendo la televisión que los que no los tienen, esta tendencia no explica la preponderancia de la relación entre las horas que ven la televisión los adolescentes y las dificultades de atención y aprendizaje durante esa época», dicen los investigadores.

Se ha constatado que en los países desarrollados los niños y adolescentes ven como media dos o más horas de televisión diarias, de las cuales el 90% del tiempo se dedican a programas de entretenimiento y generalistas. Los investigadores sugieren que estos programas pueden contribuir a los problemas en la enseñanza porque roban tiempo que se debería de dedicar a hacer los deberes y a leer, porque requieren poco esfuerzo intelectual, causan problemas de atención y contribuyen a un mayor desinterés respecto a la escuela. En niños menores de 14 años también ha habido estudios anteriores, especialmente uno de 2004, que han llegado a conclusiones parecidas, pero en adolescentes éste es de los primeros y más concluyentes.

El estudio ha sido dirigido por Jeffrey G. Johnson, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Columbia y publicado en la revista Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine, del grupo JAMA. Las 678 familias participantes vivían en el Estado de Nueva York. Se obtuvieron datos tres veces entre 1983 y 1993, cuando los niños tenían una edad media de 14, 16 y 22 años. Entre 2001 y 2004, cuando llegaron a los 33 años, ellos mismos proporcionaron datos sobre su educación secundaria, si la habían terminado o no, y si habían ido a la universidad o no.

Y los bebés
Junto al estudio sobre los hábitos de televisión de los adolescentes y sus consecuencias se ha publicado otro también novedoso que se centra en niños menores de dos años. Se ha encontrado que el 40% de los bebés de tres meses y el 90% de los niños de dos años o menos ven de forma habitual programas de televisión y vídeo en EEUU. «Existen razones teóricas y empíricas para creer que los efectos de la exposición de los bebés a estos medios sobre su desarrollo son más adversos antes de los 30 meses de edad que después», explican los autores, dirigidos por Frederick J. Zimmerman.

También recuerdan que otros estudios han mostrado que los programas que se ven a esta edad y el hecho de que se vean en solitario o en compañía de un padre o madre influye en el desarrollo del vocabulario del niño. La investigación ha mostrado que los padres dejan que sus hijos vean la televisión o vídeos a esa edad porque creen que es una actividad educativa o buena para el desarrollo cerebral (un 29%), que los bebés se divierten y relajan (un 23%) o que les deja tiempo a ellos para hacer cosas mientras el niño se entretiene (un 21%).

La edad media de iniciación a ver la televisión o vídeos es a los nueve meses, y como media los bebés ven 40 minutos diarios, aunque los más pequeños ocupan menos tiempo en esta actividad que los mayores. Aproximadamente la mitad del tiempo ven programas infantiles educativos y la otra mitad se reparte entre programas infantiles no educativos, vídeos infantiles y programas para adultos.


Por MALEN RUIZ
Revista Consumer
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