sábado, 26 de octubre de 2013

Televisión. Infancia y violencia


Vivimos en ambientes donde la violencia hasta se naturaliza. Mucho de ella proviene de las pantallas de televisión ¿Qué variables podemos tener en cuenta?  ¿Qué mecanismos psicológicos desata? ¿Existen actitudes familiares que agudizan el problema?


La violencia tiene un gran impacto en TV. Las investigaciones afirman que el 85% de los programas de ficción contiene violencia. Para hacernos una idea, un adolescente, antes de acabar este período evolutivo, habrá contemplado más de 13.000 muertes.
La contemplación de la violencia provoca violencia o al menos eso es lo que se supone, pero es difícil de demostrarlo empíricamente. Las variables que estarían implicadas en el impacto negativo de la violencia televisiva pueden ser las siguientes:

1.         El contexto donde ocurre esa violencia. Si los contextos violentos que se nos ofrecen son similares a nuestro medio vital habitual, se podría dar un aumento de las actuaciones violentas por identificación con las mismas. La mayor parte de la violencia en TV ocurre en contextos interpersonales muy similares a nuestras propias vivencias.
2.         La justificación de la violencia. La violencia gratuita tiende a aumentar el comportamiento violento, en la mayoría de las situaciones violentas que aparecen en la pequeña pantalla no se presenta como el último recurso sino más bien como el único. Los menores pueden acaba pensando que el ser violento es el único modo de ser.
3.         El contenido de la justificación. Qué se nos puede decir con esa violencia. Los héroes violentos suelen erigirse en portadores de la verdad y la justicia, y dictaminan la bondad de los hechos por encima de los criterios éticamente aceptados por la sociedad.
4.         La persona que percibe la violencia: Evidentemente la receptividad de la persona que está expuesta a las acciones violentas en la televisión depende de muchas variables, las principales podrían ser las siguientes:
·      Grado de frustración con el que se encuentre el televidente (situación puntual que acentúa la contemplación de la violencia).
·      Agresividad del perceptor (los más agresivos tienden a actuar de forma más violenta cuando ven violencia).
·      En el caso de los niños hay que añadir la fragilidad de sus criterios éticos, que les hace aceptar las expresiones violentas sin discernir su idoneidad

    La asunción de la violencia por parte de los más pequeños se puede explicar a través de distintos mecanismos psicológicos. Los más destacados podrían ser los siguientes:
 IDENTIFICACIÓN con los personajes de los programas televisivos. Mecanismo de raíces psicodinámicas que nos habla de la adopción como propia de las características del héroe por parte del niño.
 IMITACIÓN: Condicionamiento Vicario. La imitación de un modelo socialmente aceptable, el héroe, por parte del menor.
 AGUDIZACIÓN: La violencia incrementaría el comportamiento violento de sujetos propensos a la misma. Actuaría como estímulo desencadenante en aquellos niños especialmente inquietos.
 ANSIEDAD: El temor ante el entorno que se nos presenta como violento, conduce a respuestas defensivas que pueden producir respuestas de imitación, que en este caso serán respuestas violentas.
 ASOCIACIÓN: Tiene que ver con el Condicionamiento Clásico. Se trata de asociar que ante situaciones de conflicto la única respuesta posible es la respuesta violenta. La repetición de este mecanismo va a generar otro proceso:
 ACTIVACIÓN DEL INDIVIDUO: La repetición de respuestas violentas va a disminuir el umbral de sensibilidad del niño ante la misma y le va a facilitar emitir respuestas similares.
 DESENSIBILIZACIÓN: Ley de la Habituación ante la repulsa de la violencia. La sucesiva exposición ante situaciones violentas produce que el niño cada vez sienta menos malestar ante las mismas. Esto podría explicar el silencio en los procesos de victimización entre iguales. Para un niño que está acostumbrado a aceptar las respuestas violentas no le va a suponer nada ver como maltratan a otro niño.

    Pero el proceso de aceptación de la violencia televisiva y su transpolación a la vida real no sólo depende de variables individuales del niño. También la actitud familiar ante esta violencia influencia y facilita esa posible transpolación de la que hablamos. Entre las variables familiares implicadas en la repercusión de la violencia televisiva en los más pequeños estarían:
1.         Comportamiento violento de los padres: un patrón de comportamiento violento por parte de algún progenitor o de ambos sumado a la contemplación de violencia en televisión puede aumentar las respuestas violentas en los niños, además de su justificación.
2.         La contemplación de programas violentos por los padres: sobre todo cuando esta contemplación no es criticada, puede inducir a los menores a entender que si sus padres no condenan dicha violencia es que la misma es aceptable y, por tanto, ellos la pueden imitar con tranquilidad

    Parece que hasta ahora estamos hablando sólo de series de ficción con personajes humanos, pero de la violencia tampoco se escapan los dibujos animados y las series de animación. En los dibujos animados las secuencias violentas son muy frecuentes. Los datos empíricos nos revelan datos sorprendentes:
 El 40 % de las conductas violentas son ejecutadas por los protagonistas.
 El 66% de las mismas son de carácter proactivo, no se producen como defensa ante nada.
 El 75 % de las consecuencias de la violencia no aparecen o son mucho menores que en las de las de ficción reales.
 La mayoría de las veces las conductas violentas están justificadas por un fin (amistad, justicia...)

    No perdamos de vista que la abundancia de programas violentos a los que sometemos a los menores y la falta de respeto por parte de las cadenas televisivas en su compromiso de crear y cuidar franjas de contenido infantil no dejan de ser un maltrato institucional y social a la infancia. Sin embargo, que la violencia contemplada se plasme en la conducta personal dependerá, en buena parte, de la respuesta que den todos aquellos que tienen responsabilidades educativas sobre los niños: la familia, la escuela y los medios de comunicación.



Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España

martes, 15 de octubre de 2013

Televisión y Educación


Existen diferencias esenciales entre la televisión comercial y la educativa, entre ellas se encuentran los fines ¿Qué funciones se le asignan a la televisión educativa? Por otra parte es necesaria una “Educación en medios” ¿Qué motivos avalan esta necesidad?



La televisión es uno de los medios de comunicación con mayor presencia en la sociedad occidental, lo que la ha llevado a considerarla como uno de los medios básicos de comunicación social conjuntamente con la prensa, a los que se les incorpora el Internet. Esto repercute para que se contemple como el metamedio que dirige nuestra cultura y los valores que en ella se movilizan. Como señala Cerezo: el poder del medio radica en “su capacidad de impacto, penetración social y poder hipnótico, debido a su percepción audiovisual”. Dicho de otra forma el poder que se le concede como instrumento de socialización y formación de hábitos y valores.

Su importancia es tal, que el volumen de receptores aumenta constantemente, así como sus posibilidades que se han visto trasformadas por las oportunidades que ofrecen la tecnología digital e interactiva.

Al mismo tiempo ha sido uno de los medios que más interés ha despertado para su incorporación a la enseñanza, ya que pocos han sido los países que no la han utilizado para la formación, o que no han contemplado proyectos específicos para su incorporación a la enseñanza, ya sea como instrumento para llevar la formación a los lugares alejados; para enriquecer la formación presencial desarrolladas en las aulas; o simplemente para aprender a descodificar sus mensajes y lenguajes.

Adentrándonos en la problemática de las relaciones entre la televisión y la educación, tenemos que señalar desde el principio que éstas han sido siempre complejas y analizadas desde diferentes perspectivas como son: instrumento de comunicación social, cultural, de análisis de la realidad circundante, expresivo, investigador o didáctico-educativo.

En el último de los aspectos apuntados, se han desarrollado diferentes proyectos en la Comunidad Latinoamericana, específicamente en México, la programación de la “Telesecundaria” ha tenido buenos resultados a la par de manejarse para la formación de las personas de las comunidades rurales.

Las funciones que se le han asignado a la televisión educativa han sido diversas, y en líneas generales podemos decir que han dependido de las funciones generales asignadas a la escuela como institución social y cultural, de la importancia que se le ha concedido al medio y del nivel educativo concreto al que directamente se refería, sin olvidarnos del hecho de estar refiriéndonos a una modalidad de educación formal o informal. De todas formas y a grandes rasgos podríamos decir que entre ellas se encuentran:

         Facilitar medios y recursos para los profesores y las instituciones.
         Apoyar la labor docente del profesorado, sobre todo en el desarrollo de metodologías innovadoras.
         Contribuir al desarrollo de la formación profesional, ocupacional y continua.
         Introducir en el aula a profesores y personas especializadas.
         Mejorar la formación y perfeccionamiento del profesorado haciendo que éstos puedan observar propuestas de innovación educativa, y el desarrollo de nuevas actividades escolares.
         Ayudar a la formación a distancia y flexible.
         Mejorar la calidad de la información y experiencias que se ofrecen en los entornos de formación.
         Ampliar la oferta educativa.

Para hablar de la utilización educativa de la televisión, es necesario inicialmente distinguir entre aprendizaje “sobre” y “desde” la televisión. En el primero de ellos nos encontramos una diversidad de proyectos encaminados al aprendizaje de los lenguajes del medio y a la alfabetización de los receptores con el objeto de evitar las manipulaciones que con el medio se originan y poder capturar e interpretar mejor los mensajes transmitidos por él tanto de forma consciente como inconsciente. En este sentido Pérez Tornero, ha sintetizado las finalidades de una educación para la televisión en diferentes motivos, entre los que podemos señalar:

         Descubrir el carácter mediacional del mensaje de la televisión como representación intencional de la realidad y desarrollar la capacidad crítica ante él.

         Desarrollar la autonomía ante el medio televisivo de los alumnos, entendiendo a éste como un servicio público en el que, como ciudadanos libres, tenemos que ser responsables en el uso.

         Explorar las posibilidades expresivas y comunicativas que ofrece la televisión para enriquecer la comunicación y el pensamiento humano.

         Desarrollar la autonomía de la comunidad para organizar libremente la televisión al servicio de los legítimos intereses del grupo.

         Potenciar la garantía de las libertades básicas de la comunicación: expresión y derecho a la información y también a la expresión de las diferencias.

         Impulsar la democratización del sistema televisivo que tiene que permitir el acceso y la participación a los ciudadanos, y en este caso a los miembros de la comunidad escolar.

La realidad es que si nuestro conocimiento del uso de la televisión para aprender “sobre” ella, y sobre sus mensajes y lenguajes, es amplia, por el volumen de propuestas y experiencias realizadas, las que además se encuentran fuertemente consolidadas, no ocurre lo mismo con su utilización para aprender “desde ella”, es decir para su utilización como instrumento didáctico. En este último caso muchas de las propuestas realizadas se han efectuado desde el campo del propio medio y no desde la didáctica y la formación, además las bases que suelen manejarse tienden a apoyarse más en criterios aleatorios que en propuestas científicas de actuación.

Aunque diferentes trabajos e investigaciones han puesto de manifiesto que los alumnos cuando están expuestos a programas de televisión, aprenden contenidos, adquieren valores y modifican sus patrones conductuales. También nos encontramos con el hecho de que muchas de las confianzas depositadas en ella no se han visto confirmadas en la experiencia práctica, y ello se debe a diferentes cuestiones, que van desde la sobrevaloración del medio, su contemplación como instrumento técnico por encima de medio didáctico, las actitudes de pasividad y rechazo que despierta y la formación que tiene el profesorado para su integración curricular. Y son precisamente de estos aspectos de los que voy a tratar en mi intervención, pero antes creo que estará bien dedicar unos instantes a precisar qué es lo que vamos a entender por televisión educativa frente a otras modalidades de televisión, y las peculiaridades que introduce en la misma la denominada televisión interactiva.

Sin querer indicar que sólo un tipo de modalidad de televisión puede ser aplicada en el terreno educativo, pues como bien se ha demostrado incluso tipos de programas tan alejados inicialmente de esta posibilidad como las telenovelas o los noticieros se han mostrado altamente eficaces con una utilización específica en la enseñanza, sí podemos señalar que existe un tipo de televisión que suele considerarse como educativa, y al respecto, y como han señalado diferentes autores bajo su denominación se pueden incluir tres tipos diferentes: cultural, educativa y escolar; que se diferencian por la estructura de los programas, sus destinatarios potenciales y los objetivos que persiguen.

         La televisión cultural, es la más genérica y se marca como objetivos prioritarios la divulgación y el entretenimiento, encontrándose el planteamiento inmerso dentro del propio programa no requiriendo por tanto de materiales complementarios.

         Y la televisión escolar, que persigue la función de complementar al sistema escolar formal, marcándose como objetivos los mismos que el sistema educativo general, con el nivel de secundaria.

Desde una perspectiva general, y como apunta Aguaded se pueden distinguir tres grandes niveles de explotación didáctica del medio: como auxiliar y recurso didáctico en las aulas (aprender con el medio), como objeto de estudio (para conocerlo e interpretarlo), y como medio de expresión y trabajo (comunicarnos con el medio). Fuera de su interpretación como medio de expresión, sus posibilidades se reducen a aprender “desde” o “sobre” la televisión. Posibilidades que por otra parte pueden extenderse si asociamos la televisión al medio videográfico, con sus posibilidades como instrumento de conocimiento y de investigación.



Extraído de
TELEVISIÓN Y EDUCACIÓN
Berta Patricia Legorreta Cortés
Campus Texcoco

sábado, 5 de octubre de 2013

La escuela como mediadora entre la televisión y los alumnos


Mediar significa en este caso “reflexionar” ¿Pueden los efectos de la televisión ser modificados? ¿Podemos en la escuela resignificar los mensajes televisivos? ¿Cómo intervenir el discurso mediático?
 


Si dentro de la escuela, los docentes realizaran ejercicios con los alumnos referentes a la televisión, aunados a la reflexión y al análisis, podríamos decir que estaría jugando un papel mediador entre la televisión y los estudiantes. Esto es muy importante, ya que los medios de comunicación, y en especial la televisión, van a estar presentes durante toda su vida y no sólo en el tiempo que asisten a la escuela. Por tanto hacer que nuestros estudiantes sean críticos y reflexivos ante los medios, implica darles herramientas que utilizaran en el futuro.

Hay varias investigaciones que muestran que los efectos de un programa de televisión pueden ser modificados cuando sus contenidos son discutidos dentro del salón de clases. Los docentes pueden actuar como mediadores entre la televisión y sus alumnos, al discutir los programas, al hacer que piensen y reflexionen sobre su contenido. De esta manera podrán mitigar su influencia y canalizar constructivamente esa exposición televisiva que enfrentan.

Por ello, resulta importante conocer qué hacen los estudiantes con los modelos y propuestas que les presenta la televisión, qué elementos toman en cuenta, cuáles desechan, así como cuáles les sirven como factores de socialización y reflexión. Así podríamos determinar cómo les está influenciando este poderoso medio de comunicación, que incluso, deja huellas en sus sueños y fantasías. Esto último se podría corroborar si se les pregunta a los alumnos cómo quisieran ser de grandes, cuál es su casa ideal, cómo es su ropa preferida, cuál es el tipo de vida que consideran atractiva, qué profesión les gustaría tener, qué objetos les gustaría comprar, etcétera.

Se ha podido comprobar que los contenidos que envía este medio pueden ser utilizados en el aula como material educativo, como punto de partida para dialogar en el grupo, para aprender con él, para dialogar y reflexionar. Al platicar con los alumnos y realizar actividades relacionadas con su contenido, al dibujar, al realizar actividades reflexivas y analíticas, es posible fomentar la capacidad que tienen los alumnos de pensar, razonar, imaginar y crear.

Se trata de crear mecanismos para explorar y fomentar las capacidades creativas y expresivas del grupo, promoviendo actividades que permitan su explotación.

Ver televisión, sin abusar de ella, no es negativo, pero es importante que este medio de comunicación sea un aliado de la escuela, y por ende, del docente, en su función formativa y educativa en los estudiantes. Por ello es importante enseñarles a ser críticos y reflexivos. Se trata que sean capaces de analizar y reflexionar sobre los contenidos televisivos que ven.

Al introducir esto al salón de clases, se realizan múltiples ejercicios de resignificación colectiva de mensajes; una práctica que permite otorgar nuevos significados al tomar distancia de los mensajes, al diferenciar lo que se nos está imponiendo desde grupos que manejan la televisión, como cultura.


¿Cómo intervenir el discurso mediático?
Es común que los docentes hablemos de la fuerte influencia de la televisión en nuestros alumnos, y la veamos en los estereotipos del hablar, del vestir y del conducirse; en el empobrecimiento de la actitud reflexiva, en la hiper excitación, en las conductas agresivas. Preocupaciones que son compartidas con los padres y la comunidad.

La creciente cantidad de horas que muchos chicos permanecen delante de un televisor no tiene una explicación única. En algunos casos ese chico queda solo porque los adultos han debido incrementar sus horas de trabajo fuera de la casa para poder seguir manteniendo su nivel de vida, en otros queda solo, dado que los adultos están absorbidos por las preocupaciones y el deterioro del desempleo. También incide la sensación de inseguridad que genera la calle con el consecuente abandono de aquello de "salir a jugar a la calle". Finalmente, y no es menor, muchos son hijos de padres que ya se han criado con una fuerte presencia de la televisión en sus vidas. Sean unas u otras las causas, ciertamente, es estrecho el margen que tiene la escuela para evitar esta exposición de los alumnos frente al televisor.

La conciencia de esta limitación no significa, sin embargo, que deba resignar sus posibilidades de intervención en la situación, abandonándose a una pasiva aceptación de algo que la supera, y, por lo tanto, a una ausencia del tema en las aulas. Tal intervención tampoco puede plantearse en términos de una campaña demoniaca contra "la" televisión, a diferencia de una realidad donde los medios, y en particular el televisivo, son hoy un dato insoslayable en la cotidianeidad de los chicos y también de los adultos.

Sí, en cambio, es posible y necesario intervenir pedagógicamente sobre el discurso mediático, dándole al alumno elementos para desentrañar las operaciones a través de las cuales ese discurso —que lo interpela tan fuertemente— vehiculiza sus intencionalidades y produce sus efectos.

"Alfabetizar" en una visión crítica de este discurso plantea por lo menos dos grandes desafíos, que la propuesta didáctica que aquí se presenta intenta abordar.

En primer lugar, el hecho de que el fenómeno de la comunicación mediática es en extremo complejo ya que abarca desde sus repercusiones en el aparato psíquico y en la subjetividad del receptor; hasta la conformación de los valores culturales de toda una sociedad. Pasando por las a veces imperceptibles transformaciones que en la vida de las personas va generando el desarrollo tecnológico de la comunicación, y la fuerte direccionalidad, hacia su estrecha funcionalidad, con las reconversiones sociales que motoriza la reestructuración de la economía mundial. Tal complejidad, indudablemente, no puede ser trabajada por los alumnos sino muy progresivamente, pero es necesario comenzar a hacerlo desde las primeras etapas de su escolaridad. De ahí que esta propuesta se haya centrado en algunas de las operaciones básicas del discurso mediático.

En segundo lugar, la posibilidad de que el alumno pueda efectivamente posicionarse no ingenuamente frente al discurso, radica, no tanto en la incorporación de una serie de conceptos a la manera de una "teoría crítica", sino en un accionar sistemático de intervención también crítica sobre situaciones discursivas concretas.

De ahí que la propuesta esté organizada como una secuencia de actividades que desentrañan ciertas operaciones tal como se dan en un programa televisivo concreto. Este concepto de "intervención crítica" también operó en el propio proceso de elaboración de la propuesta.

Niveles de análisis.
Colocar la mirada en un aspecto y no en la totalidad del discurso es una tarea eminentemente didáctica. Los elementos aparecen enhebrados y su desmembramiento es una forma de resaltar un aspecto por sobre otro para un análisis más profundo. El discurso televisivo tiene una gramática al igual que cualquier otro tipo de discurso. En primer término al detenerse en "lo que dice" específicamente a partir del texto se está realizando un análisis semántico, remitido al contenido.

Otro aspecto es el modo en el que el discurso está presentado y organizado, dado que "cómo dice" implica otra forma de decir. Es el aspecto sintáctico, en el que queda abarcada la puesta en escena, el encadenado de las escenas, la articulación con las propagandas, etc.

Finalmente existe una intencionalidad: análisis pragmático, que está en función del destinatario. En el qué dice y en el cómo lo dice se intenta constituir la subjetividad de aquel a quien está dirigida.

Postura (Por qué enseñar), respecto del contenido. El discurso mediático hegemónico construye un tipo de subjetividad: la del consumidor. Respecto a la organización de las actividades, desmontar aquellas operaciones que construye un televidente reflexivo.


Extraído de
TELEVISIÓN Y EDUCACIÓN
Berta Patricia Legorreta Cortés
Campus Texcoco

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