domingo, 22 de noviembre de 2009

Valores tóxicos en televisión

Publico un artículo, que si bien está particularizado para el contexto español, tiene validez para toda Hispanoamérica. Este me deja una pregunta ¿No habrá llegado el momento de poner límites a la contaminación que produce la televisión?

Existe una amplia sensibilidad en la sociedad civil y en la vida política de nuestro país hacia los problemas que crea la contaminación ambiental. Esta sensibilidad ha generado una demanda popular para que las autoridades públicas, en nombre de todos, intervengan para evitar la contaminación atmosférica tomando medidas preventivas. Un tipo de contaminación que no tiene todavía mucha atención mediática en España y, por lo tanto, no ha tenido la suficiente prioridad por parte de la clase política ha sido un tipo de contaminación en la que la televisión es parte del problema. Me estoy refiriendo a la contaminación de valores tóxicos, es decir, valores que, distribuidos y promocionados a través de la televisión entre la población, crean patología. Los programas televisivos (y muchos otros medios también) promueven constantemente valores que son dañinos para la población. Entre ellos, los más destacados son la violencia, el racismo, el machismo, el erotismo manipulador, la competitividad darwiniana exagerada, el miedo e inseguridad y otros mensajes que la literatura científica ha mostrado claramente que crean gran número de patologías.

Según un análisis del contenido de los programas infantiles de las tres cadenas televisivas más importantes de EEUU (CBS, ABC, NBC), realizado por investigadores del Instituto de Higiene Mental de la Escuela de Salud Pública de The Johns Hopkins University, tales programas contienen un número muy elevado de actos violentos, mayor, por cierto, que el existente en los programas para adultos, los cuales presentan violencia física de una persona a otra en cantidades también consideradas excesivas. Tal estudio documentó también que existe una relación clara entre comportamientos violentos y el grado de exposición a programas televisivos violentos. La evidencia científica es incuestionable. Tales programas están contribuyendo a crear una cultura que fomenta la violencia, en la que esta se trivializa e incluso se presenta como atrayente y sugestiva. Otro ejemplo de promoción de valores tóxicos (es decir, que crean patologías) es el estudio llevado a cabo por investigadores de medios de información de la Universidad Pompeu Fabra, realizados en los años noventa para el Instituto de la Mujer de la Generalitat de Catalunya, que analizó la manera en que las cadenas televisivas en Catalunya proyectaban a la mujer en sus programas. Tal estudio, que nunca se publicó ni se distribuyó, mostraba una visión machista de la mujer, enfatizando una imagen de esta como objeto de deseo y placer para el hombre, acentuando su proyección erótica. Así, las presentadoras de programas televisivos, incluyendo los noticiarios, tenían que aparecer sexys, jóvenes y muy escotadas, contrastando con la manera más formal y discreta de vestir de los presentadores varones, que no aparecían nunca escotados. Esta situación no ha cambiado. Estos estereotipos –de lo que tienen que ser el hombre y la mujer– crean frustraciones y tensiones. Un estudio realizado por el Instituto de Higiene Mental de The Johns Hopkins University, antes citado, analizó la proyección de la mujer en las cadenas de televisión en varios países de América Latina, Europa y Norteamérica y mostró que a mayor machismo en la cultura de un país, más escotadas y sexys aparecían las mujeres en los programas de televisión (incluidas las presentadoras de noticiarios). Las más escotadas eran las de América Latina y el sur de Europa, y las que menos las del norte de Europa y de EEUU. Este estereotipo de mujeres como objeto de deseo crea patología. Y la evidencia de ello es abrumadora. Promueve una imagen de la mujer en la que se identifica belleza y atractivo con mujer joven, que atraiga eróticamente al hombre. Esta definición normativa crea gran frustración en aquellas mujeres (la mayoría) que no encajan en los parámetros de la norma de belleza. Un ejemplo más de tal contaminación tóxica es la competitividad darwiniana de muchos programas televisivos, que ensalzan al vencedor a costa de derrotar al perdedor.

Muchos programas que se definen como "programas basura" son, además de basura, nocivos y tóxicos. Soy consciente de que la respuesta a este artículo será que estoy exagerando el impacto de tales programas en la cultura popular. Pero la mejor prueba de que no exagero es que la propia industria televisiva cobra barbaridades para que aparezca un anuncio de sólo un minuto en los espacios televisivos. Estas reflexiones vienen a cuento de la publicación del cuarto informe anual del Código de Autorregulación de Contenidos Televisivos e Infancia, que cubre las denuncias recibidas sobre la programación infantil. Es sorprendente el escaso número de denuncias. En Cataluña, el número de denuncias es sólo de 125 al año, cuando, de haber una mayor concienciación del problema, debiera haber muchos más. En realidad, la Asociación de Telespectadores Asociados de Cataluña ha publicado un informe muy crítico sobre los programas televisivos, por su falta de sensibilidad hacia la adecuación de tales programas para los infantes y jóvenes. Dudo, sin embargo, que la autorregulación resuelva este problema. Lo que se requiere es un mayor intervencionismo público, que elimine tanta contaminación de valores. Las cadenas de televisión, sean públicas o privadas, utilizan el aire –un bien público– para su transmisión. De ahí que las autoridades públicas tengan toda la legitimidad para intervenir y proteger la salud e higiene mental de la población. Si es aceptable prohibir que se promueva fumar en los programas de televisión, debiera ser igualmente aceptable que se prohíban comportamientos y actitudes tóxicas que dañen la calidad de vida de nuestra población.


 


Autor


Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de ‘Public Policy’ en The Johns Hopkins University


http://blogs.publico.es/dominiopublico/1548/valores-toxicos-en-television/

jueves, 5 de noviembre de 2009

La televisión y nuestros hijos

Como madre de familia estoy muy preocupada por el tiempo que pasan nuestros hijos frente a un televisor, muchas veces es mayor que el tiempo que pasan estudiando, leyendo un buen libro, jugando o practicando algún deporte.

Me parece una muy buena idea la de acostumbrar a nuestros hijos a no ver televisión entre semana y mejor fomentar la lectura o que practiquen algún deporte. Es más fácil crearles este hábito desde pequeños.

Si ya hay hijos adolescentes, no pensemos que ya se perdió todo, estamos a tiempo aún, debemos hablar con ellos sobre los programas que pasan en la televisión, así como los contenidos de los anuncios; explicarles que hay cosas que no es sano verlas ni ponerles atención; formarles un criterio para que ellos sepan elegir bien qué ver y qué no ver. Motivarlos a tener un horario para ver televisión, seleccionando programas que de verdad tengan un buen contenido y en los cuales aparte de entretener les deje algún aprendizaje.

Jokin de Iralda en unos de sus artículos compara al televisor con una nevera. Me gustó mucho esta idea de ver al televisor como una refrigeradora, la que sólo se abre cuando es necesario. Así debemos educar a nuestros hijos, a ver sólo el televisor cuando salga un buen programa, de preferencia que tenga un contenido educativo. Que sólo lo enciendan a determinadas horas y por un tiempo determinado. Encendamos el televisor de la misma forma en la que abrimos una refrigeradora. Cuando abrimos una refrigeradora sacamos sólo lo necesario y cerramos la puerta, y no la dejamos abierta por horas, y volvemos a abrirla sólo cuando necesitamos sacar algo más.

Aquí tres consejos sobre el uso del televisor:
1.- No es bueno tener televisores en las habitaciones, porque no podríamos controlar el uso de éste, se pueden quedar viendo televisión hasta altas horas de la noche; afectándoles así su descanso y rendimiento académico por falta de sueño. Aparte de que no podríamos estar al tanto de qué tipo de programas puedan estar viendo nuestros hijos, y no nos podemos arriesgar a que vean programas no aptos para su edad o con un alto contenido de violencia o de sensualidad.

2.- Tener un solo televisor en una sala familiar, donde se pueda compartir y se pueda tener más control del uso de éste. Esto nos sirve también para que ellos aprendan a negociar, tratándose de poner de acuerdo sobre qué programa, de los permitidos, se podrá ver en ese momento.

3.-Poner horarios y programas. Así como hacemos un horario de estudio, así debemos tener un horario para ver televisión, no pueden ni deben pasar viendo televisión todo el día. Es de suma importancia elegir programas, no nos podemos sentar a ver televisión sin saber qué programas podrían estar pasando. Debemos buscar programas y canales didácticos, que les dejen mensaje y un poco de enseñanza a nuestros hijos.

Es muy importante unirnos como padres para presionar a las televisoras a que mejoren los temas de sus programas. A que tengan mayor cuidado con la publicidad que sacan en horarios infantiles. También debemos pronunciarnos con las agencias de publicidad para que cuiden el contenido de sus anuncios y contraten sólo horarios nocturnos para pasar los anuncios que no sean aptos para niños. Pero lo más importante es no considerar la televisión como parte de la diversión familiar o la única diversión familiar, siempre busquemos otras actividades más educativas y formativas para nuestros hijos.

GEORGINA GONZÁLEZ DE PADILLA
MIÉRCOLES, 21 DE OCTUBRE DE 2009
Máster en Educación Familiar. georgina.padilla@gmail.com
http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=6342&idArt=4174961
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