miércoles, 25 de diciembre de 2013

La responsabilidad de la educación con los medios y para los medios es de toda la sociedad


La familia y la escuela han perdido fuerza socializadora, dejando un lugar que es ocupado por los medios de comunicación, en especial la televisión. Esto genera no pocas dificultades ¿Están presente en nuestros días, los grandes problemas del siglo? ¿Obtenemos una adecuada socialización con los medios?



La familia y la escuela pierden fuerza socializadora al mismo tiempo que la ganan los medios de comunicación. Esta realidad implica un desafío para los padres, la familia y la administración pública ya que la responsabilidad socializadora es, por igual, de todos los agentes sociales, también de quienes detentan el poder de los medios de comunicación y de las grandes cadenas de televisión. Nadie duda de la responsabilidad legal de los medios de comunicación pero poco se habla de su responsabilidad moral y socializadora, de la importancia que sus mensajes y actuaciones poseen para quebrar la pasividad, para incitar a la participación ciudadana. Se hace urgente e imprescindible unir esfuerzos para que los grandes problemas del mundo en el siglo XXI, que generalmente tienen que ver con la solidaridad y el respeto, tanto hacia las personas como hacia el medio ambiente, estén presentes con criterios de interés global en los medios de comunicación.

Con rapidez y vertiginosidad se aprecia cómo el mundo es invadido por los medios de comunicación de masas, que cobran una relevancia especial gracias a los avances tecnológicos. El gran desafío de los educadores –padres, profesores, responsables y comunicadores es adquirir la fuerza suficiente para, en un principio, utilizar el poder icónico y emotivo de los medios de comunicación y de las nuevas tecnologías con finalidades educativas, y al mismo tiempo, proponer a los educandos –alumnos y sociedad en general las posibilidades educativas y didácticas suficientes como para convertir la fuerza de la televisión y su mensaje, en un vehículo e instrumento imprescindible de búsqueda de información, de apreciación de la realidad y de puerta a la investigación. (Martínez-Salanova).

Socialización y medios de comunicación
La socialización es un proceso por medio del cual el ser humano adquiere la experiencia de interrelacionarse con los demás, adquiriendo en dicha experiencia aptitudes y conocimientos que le permitirán desenvolverse en la sociedad. La socialización, que se integra en los individuos fundamentalmente de forma inconsciente, hace que éste vaya adaptándose al medio donde vive, perciba los cambios sociales, conviva con los demás miembros de su grupo humano, y respete y sienta afecto por sus pares. Al no poder integrarse los individuos en su totalidad de una forma espontánea, ya que los hechos sociales son exteriores a él y se dan en cada ser humano por cauces diferentes, la misma sociedad o grupo humano crea los mecanismos educativos necesarios para homogeneizar los elementos comunes de la cultura y del saber de dicho grupo y asegurarse así una socialización mínima semejante en todos sus miembros.

La sociedad en su totalidad, según Durkheim, es agente de socialización, cada persona con quien el individuo entre en contacto es en cierto modo un agente. El comienzo natural del proceso para cada niño recién nacido es su inmediato grupo familiar, el más importante en los comienzos, pero que pronto se amplía con otros grupos humanos de relevancia capital. No obstante, la familia es un nexo muy importante entre el individuo y la sociedad, ya que controla el lugar en el que sus hijos se educan, trasfiere a los descendientes las propias creencias, pensamientos y valores y selecciona el lugar de educación de y los medios de comunicación con los que se relacionan sus vástagos.

El segundo nivel de socialización, en el que los más jóvenes se incorporan al proceso de recrear, vivir, reproducir y transformar la cultura familiar más cercana, es el que gestiona el sistema educativo, desde los primeros años de escuela hasta la universidad. «La interacción social es importante en clase. Los niños deben hablar con otros, compartir sus experiencias. ¿Por qué las escuelas obligan a los niños a estar callados, dando como resultado una situación de autoridad y aburrimiento.» (Piaget). La socialización que pretende la educación oficial, o debe pretender, no es el cumplimiento más perfecto y complejo de los procesos de socialización adquiridos en los primeros años de vida, sino ofrecer a niños y jóvenes la posibilidad de cuestionar la validez antropológica de los influjos sociales, de reconocer y elaborar alternativas y de tomar decisiones con cierta autonomía en función de las realidades del presente. Sin embargo, la capacidad socializadora que la escuela tenía hace unos años, ha disminuido sustancialmente. No es el caso analizar en este lugar las causas, algunas de las cuales tienen que ver con la presión familiar y el entorno próximo, y sobre todo las que ejerce la televisión y, cada vez más, los juegos informáticos y la inmediata comunicación a través de los teléfonos móviles.

La televisión socializa porque ayuda a crear costumbres, lo más profundo de los elementos culturales de una sociedad, y pone en cuestión los sistemas educativos formales e informales y perjudica notablemente las relaciones interpersonales y familiares.

En el espectador de televisión, sobre todo en los más pequeños, se aprecia la dualidad que se crea entre la realidad y la ficción. Se ven seguidamente escenas reales y ficticias, sin discriminar la violencia auténtica de la falsa, la realidad de la ficción y se representan estereotipados los roles sociales, étnicos, sexuales y profesionales. La intensidad con la que se vive el problema de la televisión puede llevar a dos consecuencias radicales: creerlo todo, introduciéndose falsamente en un mundo de esquizofrenia, creando en quienes se exponen a sus emisiones durante al menos cuatro horas al día un «desplazamiento de realidad», identificando lo que ven en la pequeña pantalla con lo que les rodea, o pasar por encima de todo, adjudicándose la conciencia angelical de que no sucede nada importante. (MartínezSalanova)


Extraído de:
La administración, los medios de comunicación, la familia y las instituciones educativas deben ser educadores responsables
Enrique Martínez-Salanova Director de Aularia

domingo, 1 de diciembre de 2013

La pasividad de la participación ciudadana


Aumentan las posibilidades de comunicación por la aparición de las nuevas tecnologías, pero a su vez disminuye la participación ¿Por qué el ciudadano se enclaustra? ¿La televisión ayuda a la reflexión?  ¿Cuál es la responsabilidad de los agentes sociales?


Uno de los principales desafíos con los que se encuentra la sociedad de la información es el deterioro de la participación ciudadana. La sociedad del bienestar, la absoluta dependencia del estado para conseguir cualquier beneficio, la delegación total de responsabilices en los representantes populares, que piensan y deciden en nombre de todos, el gran cambio producido en el mercado de trabajo y la rapidez con la que se suceden los movimientos culturales y sociales, ha logrado en pocas décadas que los individuos nos consideremos a la espera, en actitud distante y despreocupada ante el futuro inmediato que vendrá, sin duda, aportando beneficios, y ante un futuro lejano, que se pinta oscuro, contra el que no se puede luchar y que otros tendrán que encarar. Con estas perspectivas, a pesar de las facilidades de comunicación, el ciudadano se enclaustra en su pequeño entorno familiar y social, dando la espalda a los problemas del mundo y volviéndose cada día más solitario.

Los grandes poderes económicos organizan la información mundial y la dan digerida a los ciudadanos, que la leen, la entienden y asimilan sin cuestionar. Ante los medios, se asumen posturas pasivas, alienadas, que no implican al individuo y son escasamente participativas. Es de ineludible importancia que los ciudadanos tomen conciencia de sus responsabilidades. Para ello, los medios comunicativos deben adquirir el compromiso de levantar al ciudadano de su apatía, proponiendo y sugiriendo actitudes activas y participativas. Las cadenas de televisión, sobre todo, deben tomar conciencia de su función educadora. (Martínez-Salanova)

En cualquier sistema comunicativo el emisor es el primero y principal responsable, quien debe pensar qué emite, a quién y con qué consecuencias. No así los medios de comunicación, que casi su totalidad, se desentienden de sus mensajes una vez emitidos, que dejan en manos del espectador/cliente/usuario o lector la responsabilidad de decidir en qué nivel consciente establece la reflexión crítica, el aprendizaje creador, la respuesta activa, la promoción de su individualidad, su rescate como sujeto digno, no sometido a los caprichos y avatares de la televisión y a la dictadura de las pantallas.

La televisión aborda infinidad de problemas interesantes que podrían servir para realizar una reflexión sobre ellos, aportar elementos conceptuales para su conocimiento y aumentar nuevos niveles de apreciación y puntos de vista para establecer debates respetuosos y flexibles. Sin embargo, dado su ínfimo grado de respuesta crítica la televisión, en general, dada su necesidad de aumentar el nivel de audiencia y la escasa responsabilidad de los promotores, los presenta de forma malsana y trivial, en debates crispados insultantes y de creciente morbosidad, oculta la importancia de los problemas, que prostituye o banaliza. En otras ocasiones, la imagen sustituye o enmascara el contenido, la violencia planificada de los debates impide la reflexión seria y la intromisión innecesaria en la intimidad de las personas, a las que retira toda posibilidad de dignidad y respeto, arruina los posibles beneficios que para la sociedad pudiera proporcionar el tratamiento televisivo.

La responsabilidad de los agentes sociales
Los agentes sociales se lanzan la responsabilidad educativa de unos a otros. Los profesores y la escuela en general afirman en muchas ocasiones que no tienen por qué suplir el trabajo de la familia. La familia, no se entiende con la escuela ni la apoya. Todos, la sociedad en general, la escuela y la familia, culpan en gran medida a la televisión de la pérdida gradual de los valores mientras deja los hijos a su cuidado.
Las grandes cadenas, por otra parte, no atienden a su responsabilidad socializadora y dejan en manos de la familia el control de los horarios en los que sus hijos están ante el televisor.

La administración del Estado, mira para otro lado cuando las cadenas incumplen sobre horarios y contenidos en horarios infantiles, se olvida de que los profesores necesitan apoyo y formación para tomarse en serio la televisión como elemento socializador y deja, igualmente, en manos de los padres la totalidad del problema. (Martínez-Salanova)

Nos encontramos en un mundo globalizado en todos sus aspectos, en el que los compromisos deben ser compartidos. No es posible, por tanto, alejar responsabilidades, los agentes sociales no pueden dejar de asumir lo que solamente se puede solucionar entre todos. Por una parte, somos conscientes de que el papel que la televisión tendrá en el proceso de socialización de las generaciones que nos continúen dependerá del cambio que se produzca en la familia y en la escuela. Una de las responsabilidades de la escuela y de la familia debe ser la de promover un uso crítico y reflexivo de los medios de comunicación, y especialmente, de la televisión, promover ámbitos o contextos cognitivos en los que predominen la experimentación y la creatividad, en el que los niños, desde pequeños, estén cerca del mundo de las imágenes y de los procesos productivos de las mismas, desmitificando los medios desde su interior, a partir del debate responsable, del trabajo en equipo y de las relaciones sociales. Al mismo tiempo, se debe exigir a la administración que cumpla sus compromisos de control de los medios de comunicación en lo que tiene que ver con programas y horarios infantiles, con la utilización de la publicidad y con la intromisión excesiva en la intimidad.

TV educativa-TV educadora
Sin embargo, es de suma importancia que las televisiones acepten la responsabilidad de educar como misión ineludible e incuestionable. En un mundo, como se decía más arriba, la responsabilidad del futuro es cosa de todos, la televisión debe ser educadora.
Normalmente confundimos los conceptos: educador, educativo e instructivo.
Lo instructivo tiene que ver con los conocimientos o movimientos que se aprenden mecánicamente. Para que sean educativos, estos aprendizajes deben poseer algo más, que sean significativos, que estén en un contexto más amplio, que el que aprende los inserte en un entorno, que asimile los valores del aprendizaje, etc. Un documental puede ser instructivo, pero si no está dentro de un contexto, si no se adapta el lenguaje, las formas y los tiempos, a la edad de quien que se pretende sea espectador, no será educativo (Martínez-Salanova).

Para que una televisión sea educativa, debe tener intencionalidad educativa. Propósitos y objetivos claros, definición de la audiencia a la que va dirigida y por ende adecuación de los métodos, lenguajes y estructuras a ella (Martínez-Salanova). Algunos intentos de la televisión pública y de algunas televisiones autonómicas, han tenido éxito en este sentido.

Sin embargo, toda la televisión debe ser educadora (no necesariamente educativa), pues nos encontramos en un mundo en el que los problemas los debemos encarar entre todos. No es posible que las televisiones, con la fuerza cultural y capacidad subyugadora que poseen entre los ciudadanos, se desentiendan de esa responsabilidad. Una televisión educadora es la que plantea, propone y estructura sus programas pensando en que en el mundo hay problemas de todos y que hay que colaborar en crear corrientes de opinión y de debate para que los ciudadanos busquen también su propia responsabilidad.




Extraído de:
La administración, los medios de comunicación, la familia y las instituciones educativas deben ser educadores responsables
Enrique Martínez-Salanova Director de Aularia


lunes, 18 de noviembre de 2013

La responsabilidad de los medios de comunicación


Los medios de comunicación ¿Están al servicio de la mejora de la sociedad? Son los grandes creadores de sentidos, y su responsabilidad debería ser muy grande. Al buscar exclusivamente mantener cautiva la audiencia ¿Se preocupan por el servicio “post-venta”? Los modelos familiares, culturales y éticos ¿Se corresponde con la realidad? ¿Qué responsabilidad deben asumir?  


La responsabilidad de los medios de comunicación en la socialización, sobre todo de los que se dejan acompañar por las nuevas tecnologías, y sobre todo la televisión, es inmensa. Nadie duda de las responsabilidades legales, amparadas por legislaciones internacionales y de los países, que tiene que ver con la publicidad, con los derechos humanos, en ocasiones con los horarios de difusión y con los contenidos. Poco se habla de las responsabilidades socializadoras.

Al ser productos fabricados por la especie humana, se da por supuesto que los medios de comunicación están al servicio de la mejora de la sociedad y de su cultura. Los medios de comunicación, tienen la obligación social de ejercer la defensa del interés público, y proteger a los ciudadanos, especialmente a los menores. Se hace necesario que la responsabilidad socializadora, que la tiene, se haga consciente en quienes detentan el poder de los medios, quienes definen programas y contenidos y quienes tienen capacidad de decisión en las formas de presentación de sus mensajes. Los medios de comunicación de masas son los grandes productores de significación y sentido en las sociedades de masas y, por tanto, los grandes mediadores en la percepción e interpretación de la realidad. Aparecen como altavoces de la realidad social y son intermediarios/mediadores en la comprensión e interpretación de la misma.

Las empresas que poseen las cadenas de televisión se rigen por los mismos patrones de rentabilidad económica que el resto de las industrias del país, detentando un poder importante en el espacio individual, familiar y social capaz de intervenciones decisivas en la vida política y económica, aunque sólo sea como control del resto de los poderes, de forma parcialmente diferenciada en algunos medios. La prensa, por ejemplo, es más bien mediador político, creador de opinión pública ciudadana, elemento decisivo en la práctica política, planteando críticas hacia los poderes y demandas de decisiones públicas de los gobernantes. El resto de los medios canalizan y crean fundamentalmente la opinión pública cultural. La televisión es, fundamentalmente, instrumento de cultura, trasmisora de modas y comportamientos, de prejuicios y de valores. Al mismo tiempo que es uno de los principales soportes de transmisión y difusión de obras y productos culturales es creadora de tendencias y de pautas culturales, modeladora de costumbres, difusora de ideas y opiniones y promotora de conductas sociales y privadas.

Si las empresas televisivas son como cualquier otra organización, debieran tener en cuenta aspectos comerciales y sociales más simples, reglamentados con frecuencia por los estados o por organismos internacionales. Quien fabrica lavadoras, por ejemplo, elabora un producto del que se intenta vender el mayor número posible de unidades, sabe que su venta está relacionada con su popularidad, que depende de su calidad, de su servicio post venta, del entorno en el que se vende, etc. La empresa cuida además que los artefactos se utilicen con cuidado, da instrucciones para que se cumpla la normativa de seguridad, da garantía de que el producto es de calidad y ante cualquier reclamación, al igual que los consumidores, es amparada por la ley. Las empresas televisivas, sin embargo, que tanto influyen en la cultura, en los valores y en los comportamientos de los ciudadanos, que producen entretenimiento, información y cultura, buscan exclusivamente la popularidad y por ende cuanto más se vean sus programas, mejor, olvida el servicio post venta, los posibles daños colaterales que puede producir y el producto emitido solamente es cuantificable en su valoración por los índices de audiencia, sin apenas control moral o social por parte de la administración o de los consumidores.

Por todo ello, por su importancia, las cadenas de televisión deben asumir sus propias responsabilidades. Los modelos familiares, éticos, sociales y culturales que la televisión aporta, están muy lejos de lo que es la familia en nuestra sociedad. Se consumen otros estilos de vida y de costumbres; se integran diferentes y multiformes relaciones familiares, éticas y sexuales. Las series que la televisión presenta, reproducen situaciones por lo general estereotipadas, o muy lejanas a la realidad, por lo que la juventud vive y reproduce la fascinación por lo desconocido.

Los medios de comunicación, para contribuir a la responsabilidad socializadora compartida, deben aumentar sus relaciones con los diversos sectores de la sociedad, con una diversificación de la oferta, cuidando tanto a los niños como a los adultos en su programación y en sus horarios de emisión. Se confunde en ocasiones horario de adulto con un espacio en el que cualquier cosa vale y, si bien es cierto que el adulto tiene capacidad de discriminación y puede elegir programas, cierto es también que los miembros de la Especie Humana, todos, somos individuos en constante y permanente formación, necesitados en todas las etapas de la vida de elementos que nos permitan estar en constante maduración y aprendizaje.


Extraído de:
La administración, los medios de comunicación, la familia y las instituciones educativas deben ser educadores responsables
Enrique Martínez-Salanova Director de Aularia

miércoles, 6 de noviembre de 2013

La responsabilidad de la familia frente a los medios de comunicación


Los medios de comunicación han invadido nuestra vida cotidiana ¿Debe la familia ocuparse activamente del tema? ¿Cuál es la responsabilidad que le cabe? Ante tan fuerte avance, el sistema educativo debe tomar cartas en el asunto ¿De qué manera?


La familia, ni puede rechazar por sistema los medios como un mal, ni debe dar la espalda a una realidad cultural y social que se ha introducido en los hogares y que aporta diversión, entretenimiento y formación. Sin embargo, aunque es la familia quien tiene la primera responsabilidad, no solamente de cuidar el uso de los medios, tiene el derecho de plantearse otras metas para su utilización educativa e ir más allá, exigiendo medidas a las diversas administraciones, ya sean locales o autonómicas.

La familia no debe cerrar los ojos a lo que hacen sus hijos y debe continuar su exigencia crítica ante los medios. Su responsabilidad es educadora, empleando los elementos de didáctica familiar que correspondan, ya que los niños y jóvenes, pueden sufrir en gran medida la influencia física, psíquica y consumista de los medios. El aprendizaje necesario para que las familias sean capaces de utilizar con equilibrio la televisión, supone un esfuerzo completo de todos sus integrantes, especialmente de los padres.

Una salida es -a largo plazo que los espectadores consumidores ejerzan su derecho de intervención y logren mejorar la calidad de la programación. Para ello es preciso implicarse como familia consumidora de imagen en la formación personal hacia medios y mensajes y procurar que los sistemas educativos, familiares, regionales, estatales y sociales, hagan inexcusable un diseño de enseñanza aprendizaje en el que se consideren los medios de comunicación y su análisis crítico (Peralta). Se puede y debe exigir a las productoras de televisión, sin que ello evite la responsabilidad formativa de la familia, que mejoren y cuiden los contenidos y los horarios de emisión, que controlen de forma eficaz la calidad de sus programas.

La responsabilidad del sistema educativo
En cuanto a la educación en medios, llevamos una década de programas y proyectos institucionales centrados en lo tecnológico, ¿por qué se potencia tan poco la educación en medios, lo que supone una alfabetización audiovisual y digital? Pienso que por la misma razón de que es más fácil instruir que educar, por la misma razón que confundimos tecnología con máquinas, olvidándonos que el cerebro es la materia prima de la tecnología, por la misma razón que en educación trabajamos sin tener en cuenta los objetivos, ni la de necesidad de planificar los procesos, ni utilizar los recursos incluidos los audiovisuales, informáticos y mediáticos en función del mismo proceso, por la misma razón de que desistimos de la reflexión, del pensamiento, de la filosofía y buscamos lo rápido, el último grito, la moda.

El sistema educativo, en concreto los profesores, deben estar al día en lo que aportan los medios y las nuevas tecnologías, en la utilización didáctica de los mismos y en las posibilidades pedagógicas y formativas que entrañan, sin dejarse subyugar por lo inmediato, lo rápido y lo vertiginoso: Un ejemplo, se confunde estar al día con disponer de la última versión de Windows, del último juego informático, del móvil de última generación o del último dispositivo mediático, cuando la capacidad de estar al día se debiera manifestar en la actitud de búsqueda de nuevas formas de investigar la realidad para acercarse a ella, de detección de nuevos problemas y de la búsqueda creativa de sus soluciones, de aplicar nuevas fórmulas educativas y didácticas para que los ciudadanos se hagan con la tecnología y no, como sucede en muchas ocasiones, dependan de ella.

La administración educativa, por ello, debe proponer en serio la adaptación, competente y honesta del profesorado, basada en su eficacia didáctica y pedagógica, que implique a toda la comunidad educativa. Al contrario, vemos que es más cómodo para el sistema educativo enseñar programas informáticos, muchos de ellos de usar y tirar, que educar para y con los medios, integrados en una sociedad educadora.

Se hace un inmenso gasto en material tecnológico, pero escasa inversión en formación de los profesores, escasamente se investigan nuevos planteamientos didácticos, y en pocas ocasiones se dedican dineros, espacios y tiempos formativos en interesar a los profesores en estas materias y dotarlos de herramientas útiles, didácticas, de investigación y de formación personal. La alfabetización audiovisual, clave para moverse hoy día en el mundo, y necesaria también en el uso de las nuevas tecnologías, brilla por su ausencia tanto en los profesores, generalmente desconocedores de ella y de su importancia educativa, como en los alumnos. Es necesario dedicar más tiempo y esfuerzo a las nuevas didácticas, su investigación y transmisión, didácticas especiales que tengan que ver con la totalidad de los medios y también con las nuevas tecnologías.
En resumen, pienso que se potencia poco la educación en medios, fundamentalmente por comodidad, de los profesores y de la misma administración. Los recursos del estado se dirigen más a lo tecnológico que a lo educativo. La administración ha caído en la trampa de diseñar sus programas, favoreciendo más la instrucción que la educación, a pesar de que ésta es fundamental para el desarrollo pacífico, solidario y creativo de la Especie Humana, y entraña también la instrucción).


Extraído de:
La administración, los medios de comunicación, la familia y las instituciones educativas deben ser educadores responsables
Enrique Martínez-Salanova Director de Aularia

sábado, 26 de octubre de 2013

Televisión. Infancia y violencia


Vivimos en ambientes donde la violencia hasta se naturaliza. Mucho de ella proviene de las pantallas de televisión ¿Qué variables podemos tener en cuenta?  ¿Qué mecanismos psicológicos desata? ¿Existen actitudes familiares que agudizan el problema?


La violencia tiene un gran impacto en TV. Las investigaciones afirman que el 85% de los programas de ficción contiene violencia. Para hacernos una idea, un adolescente, antes de acabar este período evolutivo, habrá contemplado más de 13.000 muertes.
La contemplación de la violencia provoca violencia o al menos eso es lo que se supone, pero es difícil de demostrarlo empíricamente. Las variables que estarían implicadas en el impacto negativo de la violencia televisiva pueden ser las siguientes:

1.         El contexto donde ocurre esa violencia. Si los contextos violentos que se nos ofrecen son similares a nuestro medio vital habitual, se podría dar un aumento de las actuaciones violentas por identificación con las mismas. La mayor parte de la violencia en TV ocurre en contextos interpersonales muy similares a nuestras propias vivencias.
2.         La justificación de la violencia. La violencia gratuita tiende a aumentar el comportamiento violento, en la mayoría de las situaciones violentas que aparecen en la pequeña pantalla no se presenta como el último recurso sino más bien como el único. Los menores pueden acaba pensando que el ser violento es el único modo de ser.
3.         El contenido de la justificación. Qué se nos puede decir con esa violencia. Los héroes violentos suelen erigirse en portadores de la verdad y la justicia, y dictaminan la bondad de los hechos por encima de los criterios éticamente aceptados por la sociedad.
4.         La persona que percibe la violencia: Evidentemente la receptividad de la persona que está expuesta a las acciones violentas en la televisión depende de muchas variables, las principales podrían ser las siguientes:
·      Grado de frustración con el que se encuentre el televidente (situación puntual que acentúa la contemplación de la violencia).
·      Agresividad del perceptor (los más agresivos tienden a actuar de forma más violenta cuando ven violencia).
·      En el caso de los niños hay que añadir la fragilidad de sus criterios éticos, que les hace aceptar las expresiones violentas sin discernir su idoneidad

    La asunción de la violencia por parte de los más pequeños se puede explicar a través de distintos mecanismos psicológicos. Los más destacados podrían ser los siguientes:
 IDENTIFICACIÓN con los personajes de los programas televisivos. Mecanismo de raíces psicodinámicas que nos habla de la adopción como propia de las características del héroe por parte del niño.
 IMITACIÓN: Condicionamiento Vicario. La imitación de un modelo socialmente aceptable, el héroe, por parte del menor.
 AGUDIZACIÓN: La violencia incrementaría el comportamiento violento de sujetos propensos a la misma. Actuaría como estímulo desencadenante en aquellos niños especialmente inquietos.
 ANSIEDAD: El temor ante el entorno que se nos presenta como violento, conduce a respuestas defensivas que pueden producir respuestas de imitación, que en este caso serán respuestas violentas.
 ASOCIACIÓN: Tiene que ver con el Condicionamiento Clásico. Se trata de asociar que ante situaciones de conflicto la única respuesta posible es la respuesta violenta. La repetición de este mecanismo va a generar otro proceso:
 ACTIVACIÓN DEL INDIVIDUO: La repetición de respuestas violentas va a disminuir el umbral de sensibilidad del niño ante la misma y le va a facilitar emitir respuestas similares.
 DESENSIBILIZACIÓN: Ley de la Habituación ante la repulsa de la violencia. La sucesiva exposición ante situaciones violentas produce que el niño cada vez sienta menos malestar ante las mismas. Esto podría explicar el silencio en los procesos de victimización entre iguales. Para un niño que está acostumbrado a aceptar las respuestas violentas no le va a suponer nada ver como maltratan a otro niño.

    Pero el proceso de aceptación de la violencia televisiva y su transpolación a la vida real no sólo depende de variables individuales del niño. También la actitud familiar ante esta violencia influencia y facilita esa posible transpolación de la que hablamos. Entre las variables familiares implicadas en la repercusión de la violencia televisiva en los más pequeños estarían:
1.         Comportamiento violento de los padres: un patrón de comportamiento violento por parte de algún progenitor o de ambos sumado a la contemplación de violencia en televisión puede aumentar las respuestas violentas en los niños, además de su justificación.
2.         La contemplación de programas violentos por los padres: sobre todo cuando esta contemplación no es criticada, puede inducir a los menores a entender que si sus padres no condenan dicha violencia es que la misma es aceptable y, por tanto, ellos la pueden imitar con tranquilidad

    Parece que hasta ahora estamos hablando sólo de series de ficción con personajes humanos, pero de la violencia tampoco se escapan los dibujos animados y las series de animación. En los dibujos animados las secuencias violentas son muy frecuentes. Los datos empíricos nos revelan datos sorprendentes:
 El 40 % de las conductas violentas son ejecutadas por los protagonistas.
 El 66% de las mismas son de carácter proactivo, no se producen como defensa ante nada.
 El 75 % de las consecuencias de la violencia no aparecen o son mucho menores que en las de las de ficción reales.
 La mayoría de las veces las conductas violentas están justificadas por un fin (amistad, justicia...)

    No perdamos de vista que la abundancia de programas violentos a los que sometemos a los menores y la falta de respeto por parte de las cadenas televisivas en su compromiso de crear y cuidar franjas de contenido infantil no dejan de ser un maltrato institucional y social a la infancia. Sin embargo, que la violencia contemplada se plasme en la conducta personal dependerá, en buena parte, de la respuesta que den todos aquellos que tienen responsabilidades educativas sobre los niños: la familia, la escuela y los medios de comunicación.



Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España

martes, 15 de octubre de 2013

Televisión y Educación


Existen diferencias esenciales entre la televisión comercial y la educativa, entre ellas se encuentran los fines ¿Qué funciones se le asignan a la televisión educativa? Por otra parte es necesaria una “Educación en medios” ¿Qué motivos avalan esta necesidad?



La televisión es uno de los medios de comunicación con mayor presencia en la sociedad occidental, lo que la ha llevado a considerarla como uno de los medios básicos de comunicación social conjuntamente con la prensa, a los que se les incorpora el Internet. Esto repercute para que se contemple como el metamedio que dirige nuestra cultura y los valores que en ella se movilizan. Como señala Cerezo: el poder del medio radica en “su capacidad de impacto, penetración social y poder hipnótico, debido a su percepción audiovisual”. Dicho de otra forma el poder que se le concede como instrumento de socialización y formación de hábitos y valores.

Su importancia es tal, que el volumen de receptores aumenta constantemente, así como sus posibilidades que se han visto trasformadas por las oportunidades que ofrecen la tecnología digital e interactiva.

Al mismo tiempo ha sido uno de los medios que más interés ha despertado para su incorporación a la enseñanza, ya que pocos han sido los países que no la han utilizado para la formación, o que no han contemplado proyectos específicos para su incorporación a la enseñanza, ya sea como instrumento para llevar la formación a los lugares alejados; para enriquecer la formación presencial desarrolladas en las aulas; o simplemente para aprender a descodificar sus mensajes y lenguajes.

Adentrándonos en la problemática de las relaciones entre la televisión y la educación, tenemos que señalar desde el principio que éstas han sido siempre complejas y analizadas desde diferentes perspectivas como son: instrumento de comunicación social, cultural, de análisis de la realidad circundante, expresivo, investigador o didáctico-educativo.

En el último de los aspectos apuntados, se han desarrollado diferentes proyectos en la Comunidad Latinoamericana, específicamente en México, la programación de la “Telesecundaria” ha tenido buenos resultados a la par de manejarse para la formación de las personas de las comunidades rurales.

Las funciones que se le han asignado a la televisión educativa han sido diversas, y en líneas generales podemos decir que han dependido de las funciones generales asignadas a la escuela como institución social y cultural, de la importancia que se le ha concedido al medio y del nivel educativo concreto al que directamente se refería, sin olvidarnos del hecho de estar refiriéndonos a una modalidad de educación formal o informal. De todas formas y a grandes rasgos podríamos decir que entre ellas se encuentran:

         Facilitar medios y recursos para los profesores y las instituciones.
         Apoyar la labor docente del profesorado, sobre todo en el desarrollo de metodologías innovadoras.
         Contribuir al desarrollo de la formación profesional, ocupacional y continua.
         Introducir en el aula a profesores y personas especializadas.
         Mejorar la formación y perfeccionamiento del profesorado haciendo que éstos puedan observar propuestas de innovación educativa, y el desarrollo de nuevas actividades escolares.
         Ayudar a la formación a distancia y flexible.
         Mejorar la calidad de la información y experiencias que se ofrecen en los entornos de formación.
         Ampliar la oferta educativa.

Para hablar de la utilización educativa de la televisión, es necesario inicialmente distinguir entre aprendizaje “sobre” y “desde” la televisión. En el primero de ellos nos encontramos una diversidad de proyectos encaminados al aprendizaje de los lenguajes del medio y a la alfabetización de los receptores con el objeto de evitar las manipulaciones que con el medio se originan y poder capturar e interpretar mejor los mensajes transmitidos por él tanto de forma consciente como inconsciente. En este sentido Pérez Tornero, ha sintetizado las finalidades de una educación para la televisión en diferentes motivos, entre los que podemos señalar:

         Descubrir el carácter mediacional del mensaje de la televisión como representación intencional de la realidad y desarrollar la capacidad crítica ante él.

         Desarrollar la autonomía ante el medio televisivo de los alumnos, entendiendo a éste como un servicio público en el que, como ciudadanos libres, tenemos que ser responsables en el uso.

         Explorar las posibilidades expresivas y comunicativas que ofrece la televisión para enriquecer la comunicación y el pensamiento humano.

         Desarrollar la autonomía de la comunidad para organizar libremente la televisión al servicio de los legítimos intereses del grupo.

         Potenciar la garantía de las libertades básicas de la comunicación: expresión y derecho a la información y también a la expresión de las diferencias.

         Impulsar la democratización del sistema televisivo que tiene que permitir el acceso y la participación a los ciudadanos, y en este caso a los miembros de la comunidad escolar.

La realidad es que si nuestro conocimiento del uso de la televisión para aprender “sobre” ella, y sobre sus mensajes y lenguajes, es amplia, por el volumen de propuestas y experiencias realizadas, las que además se encuentran fuertemente consolidadas, no ocurre lo mismo con su utilización para aprender “desde ella”, es decir para su utilización como instrumento didáctico. En este último caso muchas de las propuestas realizadas se han efectuado desde el campo del propio medio y no desde la didáctica y la formación, además las bases que suelen manejarse tienden a apoyarse más en criterios aleatorios que en propuestas científicas de actuación.

Aunque diferentes trabajos e investigaciones han puesto de manifiesto que los alumnos cuando están expuestos a programas de televisión, aprenden contenidos, adquieren valores y modifican sus patrones conductuales. También nos encontramos con el hecho de que muchas de las confianzas depositadas en ella no se han visto confirmadas en la experiencia práctica, y ello se debe a diferentes cuestiones, que van desde la sobrevaloración del medio, su contemplación como instrumento técnico por encima de medio didáctico, las actitudes de pasividad y rechazo que despierta y la formación que tiene el profesorado para su integración curricular. Y son precisamente de estos aspectos de los que voy a tratar en mi intervención, pero antes creo que estará bien dedicar unos instantes a precisar qué es lo que vamos a entender por televisión educativa frente a otras modalidades de televisión, y las peculiaridades que introduce en la misma la denominada televisión interactiva.

Sin querer indicar que sólo un tipo de modalidad de televisión puede ser aplicada en el terreno educativo, pues como bien se ha demostrado incluso tipos de programas tan alejados inicialmente de esta posibilidad como las telenovelas o los noticieros se han mostrado altamente eficaces con una utilización específica en la enseñanza, sí podemos señalar que existe un tipo de televisión que suele considerarse como educativa, y al respecto, y como han señalado diferentes autores bajo su denominación se pueden incluir tres tipos diferentes: cultural, educativa y escolar; que se diferencian por la estructura de los programas, sus destinatarios potenciales y los objetivos que persiguen.

         La televisión cultural, es la más genérica y se marca como objetivos prioritarios la divulgación y el entretenimiento, encontrándose el planteamiento inmerso dentro del propio programa no requiriendo por tanto de materiales complementarios.

         Y la televisión escolar, que persigue la función de complementar al sistema escolar formal, marcándose como objetivos los mismos que el sistema educativo general, con el nivel de secundaria.

Desde una perspectiva general, y como apunta Aguaded se pueden distinguir tres grandes niveles de explotación didáctica del medio: como auxiliar y recurso didáctico en las aulas (aprender con el medio), como objeto de estudio (para conocerlo e interpretarlo), y como medio de expresión y trabajo (comunicarnos con el medio). Fuera de su interpretación como medio de expresión, sus posibilidades se reducen a aprender “desde” o “sobre” la televisión. Posibilidades que por otra parte pueden extenderse si asociamos la televisión al medio videográfico, con sus posibilidades como instrumento de conocimiento y de investigación.



Extraído de
TELEVISIÓN Y EDUCACIÓN
Berta Patricia Legorreta Cortés
Campus Texcoco

sábado, 5 de octubre de 2013

La escuela como mediadora entre la televisión y los alumnos


Mediar significa en este caso “reflexionar” ¿Pueden los efectos de la televisión ser modificados? ¿Podemos en la escuela resignificar los mensajes televisivos? ¿Cómo intervenir el discurso mediático?
 


Si dentro de la escuela, los docentes realizaran ejercicios con los alumnos referentes a la televisión, aunados a la reflexión y al análisis, podríamos decir que estaría jugando un papel mediador entre la televisión y los estudiantes. Esto es muy importante, ya que los medios de comunicación, y en especial la televisión, van a estar presentes durante toda su vida y no sólo en el tiempo que asisten a la escuela. Por tanto hacer que nuestros estudiantes sean críticos y reflexivos ante los medios, implica darles herramientas que utilizaran en el futuro.

Hay varias investigaciones que muestran que los efectos de un programa de televisión pueden ser modificados cuando sus contenidos son discutidos dentro del salón de clases. Los docentes pueden actuar como mediadores entre la televisión y sus alumnos, al discutir los programas, al hacer que piensen y reflexionen sobre su contenido. De esta manera podrán mitigar su influencia y canalizar constructivamente esa exposición televisiva que enfrentan.

Por ello, resulta importante conocer qué hacen los estudiantes con los modelos y propuestas que les presenta la televisión, qué elementos toman en cuenta, cuáles desechan, así como cuáles les sirven como factores de socialización y reflexión. Así podríamos determinar cómo les está influenciando este poderoso medio de comunicación, que incluso, deja huellas en sus sueños y fantasías. Esto último se podría corroborar si se les pregunta a los alumnos cómo quisieran ser de grandes, cuál es su casa ideal, cómo es su ropa preferida, cuál es el tipo de vida que consideran atractiva, qué profesión les gustaría tener, qué objetos les gustaría comprar, etcétera.

Se ha podido comprobar que los contenidos que envía este medio pueden ser utilizados en el aula como material educativo, como punto de partida para dialogar en el grupo, para aprender con él, para dialogar y reflexionar. Al platicar con los alumnos y realizar actividades relacionadas con su contenido, al dibujar, al realizar actividades reflexivas y analíticas, es posible fomentar la capacidad que tienen los alumnos de pensar, razonar, imaginar y crear.

Se trata de crear mecanismos para explorar y fomentar las capacidades creativas y expresivas del grupo, promoviendo actividades que permitan su explotación.

Ver televisión, sin abusar de ella, no es negativo, pero es importante que este medio de comunicación sea un aliado de la escuela, y por ende, del docente, en su función formativa y educativa en los estudiantes. Por ello es importante enseñarles a ser críticos y reflexivos. Se trata que sean capaces de analizar y reflexionar sobre los contenidos televisivos que ven.

Al introducir esto al salón de clases, se realizan múltiples ejercicios de resignificación colectiva de mensajes; una práctica que permite otorgar nuevos significados al tomar distancia de los mensajes, al diferenciar lo que se nos está imponiendo desde grupos que manejan la televisión, como cultura.


¿Cómo intervenir el discurso mediático?
Es común que los docentes hablemos de la fuerte influencia de la televisión en nuestros alumnos, y la veamos en los estereotipos del hablar, del vestir y del conducirse; en el empobrecimiento de la actitud reflexiva, en la hiper excitación, en las conductas agresivas. Preocupaciones que son compartidas con los padres y la comunidad.

La creciente cantidad de horas que muchos chicos permanecen delante de un televisor no tiene una explicación única. En algunos casos ese chico queda solo porque los adultos han debido incrementar sus horas de trabajo fuera de la casa para poder seguir manteniendo su nivel de vida, en otros queda solo, dado que los adultos están absorbidos por las preocupaciones y el deterioro del desempleo. También incide la sensación de inseguridad que genera la calle con el consecuente abandono de aquello de "salir a jugar a la calle". Finalmente, y no es menor, muchos son hijos de padres que ya se han criado con una fuerte presencia de la televisión en sus vidas. Sean unas u otras las causas, ciertamente, es estrecho el margen que tiene la escuela para evitar esta exposición de los alumnos frente al televisor.

La conciencia de esta limitación no significa, sin embargo, que deba resignar sus posibilidades de intervención en la situación, abandonándose a una pasiva aceptación de algo que la supera, y, por lo tanto, a una ausencia del tema en las aulas. Tal intervención tampoco puede plantearse en términos de una campaña demoniaca contra "la" televisión, a diferencia de una realidad donde los medios, y en particular el televisivo, son hoy un dato insoslayable en la cotidianeidad de los chicos y también de los adultos.

Sí, en cambio, es posible y necesario intervenir pedagógicamente sobre el discurso mediático, dándole al alumno elementos para desentrañar las operaciones a través de las cuales ese discurso —que lo interpela tan fuertemente— vehiculiza sus intencionalidades y produce sus efectos.

"Alfabetizar" en una visión crítica de este discurso plantea por lo menos dos grandes desafíos, que la propuesta didáctica que aquí se presenta intenta abordar.

En primer lugar, el hecho de que el fenómeno de la comunicación mediática es en extremo complejo ya que abarca desde sus repercusiones en el aparato psíquico y en la subjetividad del receptor; hasta la conformación de los valores culturales de toda una sociedad. Pasando por las a veces imperceptibles transformaciones que en la vida de las personas va generando el desarrollo tecnológico de la comunicación, y la fuerte direccionalidad, hacia su estrecha funcionalidad, con las reconversiones sociales que motoriza la reestructuración de la economía mundial. Tal complejidad, indudablemente, no puede ser trabajada por los alumnos sino muy progresivamente, pero es necesario comenzar a hacerlo desde las primeras etapas de su escolaridad. De ahí que esta propuesta se haya centrado en algunas de las operaciones básicas del discurso mediático.

En segundo lugar, la posibilidad de que el alumno pueda efectivamente posicionarse no ingenuamente frente al discurso, radica, no tanto en la incorporación de una serie de conceptos a la manera de una "teoría crítica", sino en un accionar sistemático de intervención también crítica sobre situaciones discursivas concretas.

De ahí que la propuesta esté organizada como una secuencia de actividades que desentrañan ciertas operaciones tal como se dan en un programa televisivo concreto. Este concepto de "intervención crítica" también operó en el propio proceso de elaboración de la propuesta.

Niveles de análisis.
Colocar la mirada en un aspecto y no en la totalidad del discurso es una tarea eminentemente didáctica. Los elementos aparecen enhebrados y su desmembramiento es una forma de resaltar un aspecto por sobre otro para un análisis más profundo. El discurso televisivo tiene una gramática al igual que cualquier otro tipo de discurso. En primer término al detenerse en "lo que dice" específicamente a partir del texto se está realizando un análisis semántico, remitido al contenido.

Otro aspecto es el modo en el que el discurso está presentado y organizado, dado que "cómo dice" implica otra forma de decir. Es el aspecto sintáctico, en el que queda abarcada la puesta en escena, el encadenado de las escenas, la articulación con las propagandas, etc.

Finalmente existe una intencionalidad: análisis pragmático, que está en función del destinatario. En el qué dice y en el cómo lo dice se intenta constituir la subjetividad de aquel a quien está dirigida.

Postura (Por qué enseñar), respecto del contenido. El discurso mediático hegemónico construye un tipo de subjetividad: la del consumidor. Respecto a la organización de las actividades, desmontar aquellas operaciones que construye un televidente reflexivo.


Extraído de
TELEVISIÓN Y EDUCACIÓN
Berta Patricia Legorreta Cortés
Campus Texcoco

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Medios, tv, noticiero


¿La televisión es un simple “medio de comunicación”? ¿O tiene capacidad de construir sentidos? ¿Cuál es su relación con la política? ¿Qué acontecimiento puede ser “noticia”?  El siguiente trabajo hace alusión a un contexto determinado (Colombia), pero haciendo algún cambio en los nombres propios, puede adecuarse a cualquier otro en Hispanoamérica.

La imagen es el posibilitador más importante de la inteligencia y ha sido, a la vez, medio de expresión y comunicación. Hoy, la imagen audiovisual requiere de reflexiones profundas y ágiles que permitan dar cuenta de los efectos que produce en la sociedad, ya que este fenómeno perceptivo se propone como el constructor más importante de la realidad.

Actualmente existen gran variedad de disciplinas interesadas en la imagen audiovisual, entre las que se destacan la semiótica, el psicoanálisis, la antropología, la sociología, la politología y otras que en mayor o menor escala participan en la cuestión, como la economía, la ingeniería o la administración.

Hoy la imagen audiovisual tiene múltiples implementaciones mediáticas, pero el interés del presente artículo es realizar una reflexión de un medio específico denominado genéricamente televisión.

La confusión que ha creado la irrupción de la televisión en la sociedad ha puesto en evidencia procesos que, por su escala o efectos, son de particular dificultad para el mundo académico.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los medios de comunicación, y específicamente la televisión, tomaron singular lugar en las sociedades, hasta el punto de que han incidido no sólo en la construcción de una sociedad distinta en el uso y manejo del tiempo y el espacio, sino que se han tenido que transformar a las condiciones generadas por ellos mismos. Los periódicos, las revistas, la radio, el cine, y hasta los libros han sufrido notorias modificaciones. La televisión, entonces, ocupa hoy un lugar privilegiado en la sociedad. Se propone como difusor de la cultura y como epicentro de los medios de comunicación. Así lo plantea Manuel Castells en su obra La era de la información: “Esta modalidad de medio, caracterizada por su capacidad de seducción, su simulación sensorial de la realidad y su fácil comunicabilidad a lo largo de las líneas de menor esfuerzo psicológico, es no sólo un psico-estimulante, sino creador de realidad y distracción”.

La televisión en la experiencia social emerge como producto de múltiples relaciones constitutivas, entre las que se destacan el lenguaje, la economía y el poder. Ella se ha posibilitado gracias a los desarrollos tecnológicos de la física y la electrónica. Se propone con un discurso que le es propio en relación impositiva con las audiencias, lo cual le da una capacidad singular de modificación del conocimiento y de la verdad.

Los estudiosos del tema plantean hipótesis iniciales construidas a partir de la atracción que ella produce como simple elemento de uso público al cual la audiencia se adhiere bajo el “síndrome del mínimo esfuerzo”; muy pocas personas poseen elementos para escoger y analizar los procesos comunicativos que se encuentran insertos en la vida cotidiana y los discursos que en ella se producen. Un número más reducido aún reconoce y analiza los lenguajes que se producen en los medios, la incidencia y responsabilidad que éstos tienen con la sociedad.

Industria cultural
Max Horkheimer y Theodor Adorno definen a mediados de los años 40 las características socioculturales del mundo moderno. Para ellos las culturas contemporáneas se caracterizan por la importancia de la dimensión industrial: su capacidad de impacto socio-político, económico, y su difusión en el plano global.

Los medios de comunicación masiva se han convertido en uno de los pilares esenciales de la divulgación cultural, pues transmiten a través de su propio lenguaje lo que en principio se considera cultura: palabras, ideas y valores que no son otra cosa que la construcción de una visión de mundo.

Hoy el concepto de industria cultural y su expresión en un medio, en particular la televisión, ha tenido poderosas transformaciones. Para considerar la televisión como objeto de reflexión, se deben tener en cuenta varios aspectos:

1. El manejo de un lenguaje cuyos mensajes no son culturalmente neutros.
2. Su actividad económica, de carácter financiero y empresarial.
3. Su papel de constructora de realidad.
4. Su capacidad de difusión y legitimación del Estado y sus políticas.
5. Su carácter socialmente masivo.

Se define en general que en la actividad de la industria cultural, tanto en bienes y servicios, se producen y reproducen, conservan y difunden productos según criterios industriales y comerciales, es decir, en serie y aplicando una estrategia de tipo económico en vez de seguir una línea de desarrollo cultural. En esta actividad se desconocen algunas temáticas, ya que por su interés no se les reconoce como relevantes para sus propósitos.

Las políticas culturales han versado sobre las temáticas de interés de los medios de comunicación, vinculando directa o indirectamente los poderes públicos a partir de un número de instituciones y privilegiando el interés hegemónico privado sobre el interés público. Ello trae como consecuencia el que se origine la seducción desde el discurso de lo público hacia lo privado. Se establece así un desequilibrio entre estos dos niveles.

Hoy se podría establecer que el patrón dominante en el mundo es el consumo intensivo de medios de comunicación y especialmente de la televisión. Es posible que esta sea la actividad a la que más tiempo dedican las personas, sólo superada por el trabajo. Encontramos receptores en lugares privados o públicos y de modo indiferente; están en una alcoba, en un banco, en un bus, en un hotel, o sencillamente en una vitrina para transeúntes desempleados o indigentes. La televisión como medio, como industria, se ha integrado a la rutina de los hombres, es parte del paisaje, de la familia, y se ha localizado en la red de significación en la cual estamos inscritos como seres humanos.

Televisión y política
No tardó la política en descubrir que los medios de comunicación son un arma poderosa y amigable para la hegemonía. El periodo entre guerras y la Segunda Guerra Mundial demostraron la eficacia de la televisión, tanto por su cobertura como por su incidencia.

Las pantallas de las distintas estaciones en cada país, bien con una cobertura restringida o amplia, aceptaron lo establecido, procuraron producir o reproducir la legitimidad, con preferencia por asuntos que estuviesen entre los intereses del poder. La intención de los medios en cuanto industrias culturales, tanto de los gerentes, como de los periodistas, desarrolló un lenguaje y unas temáticas propias, lo cual en principio se percibió como un hecho ingenuo. Posteriormente, por sus efectos, se mostraron como productor y creador de “rebaños desconcertados”, con bagajes políticos cuyas características han sido la apatía, la distorsión o la adhesión.

Estos hechos resultan hoy importantes y ameritan un interés especial para los investigadores de las sociedades contemporáneas, ya que no se puede dejar de lado al mercado y a las industrias culturales, pues son un asunto de incidencia pública. Actualmente se sabe que los grandes grupos económicos poseen una inversión considerable en medios masivos de comunicación y que su interés no solamente es económico, sino que se ha extendido al campo político, participando así directa e indirectamente en los asuntos de la dirección y la construcción de lo público.

Como industria cultural, la televisión en Colombia, que fue de origen estatal y público, juega un papel importante en nuestro país ya que es un constructor de realidad notable, lo cual hace que sea tratada como un medio de especial interés para los gobiernos, los partidos y los grandes grupos económicos. Lo interesante y extraño en el país es que hoy no existen más que cuatro canales: dos privados, fortalecidos por el Estado, y dos públicos, debilitados por los gobiernos. Los dos grandes grupos económicos en Colombia son propietarios de numerosas estaciones de radio y de los más importantes canales de televisión: RCN, de Ardila Lülle, y Caracol, del Grupo Prisa. Los canales y las estaciones de radio, en cuanto industrias, tienen como directriz participar, construir y difundir las actividades del establecimiento. Se participa de igual modo y con lenguajes adecuados a los intereses hegemónicos tanto en asuntos del conflicto armado como en campañas, sucesos cotidianos, asuntos de familia, de educación, salud, vivienda o servicios.

Uno de los más perversos efectos de los medios de comunicación, en cuanto industrias culturales en Colombia, ha sido el de desinformar o informar mal a la población, sea por omisión o por persuasión. En los últimos años para este propósito los medios, y específicamente la televisión, han impulsado un lenguaje y unos mensajes que tienen como propósito incidir en la población de manera permanente; han aparecido en televisión programas que se denominan a ellos mismos portadores y generadores de opinión, sea esta pública o privada, llamando “consenso” a sus propias propuestas. Existen entre estos programas los noticieros y las telenovelas y, en los dos canales privados, programas como La noche y espacios de opinión y culto a la personalidad como Yo, José Gabriel o el dirigido por “La Negra Candela”. Todos éstos invaden temáticas públicas o privadas sin distinción, violando principios elementales como el derecho a la información veraz o al libre desarrollo de la personalidad y a la privacidad.

En este momento, los noticieros en Colombia no solamente son voceros de los partidos políticos y sus candidatos. Son, en cuanto a su función política, una línea de orientación militar y social, de legitimidad y legitimación de políticas globales y locales, que procura “editorializar” al establecimiento.

Los noticieros en Colombia no procuran ya una pretendida neutralidad. Dan “información” abiertamente cínica, que pasa de imparcial, la cual sin ninguna vergüenza incluye informes contradictorios que forman “colchas de retazos” para la audiencia, sin que esta última pueda, con las imágenes dadas, realizar juicios o inferencias sobre asuntos públicos o privados de especial relevancia para un país y su población.

Es de resaltar que hoy en día los noticieros de televisión han trazado como política las preferencias temáticas y en esencia gobiernistas: “lo que no está con el gobierno, está contra él”, o lo que no es asunto que provenga de él y sus instituciones, hechos y declaraciones, no es un asunto público a tratar. Las noticias giran alrededor del gobierno y su gobernabilidad: orden público, derechos humanos y política fiscal, entre otras temáticas, son relevantes y presentables mientras sirvan como instrumento a favor de lo establecido o a favor de lo que necesita establecerse.

La indiferencia de los televidentes en Colombia es tal que lo que conmociona hoy mañana no se recuerda más que por su impacto negativo; esto, no por sustituir ni evadir miedos, sino por construir otros que sean “legítimos”, que impulsen a aceptar lo perverso establecido como único, normal, como el efecto paralizador dirigido a una población atemorizada, en donde los partidos, los candidatos, los gobiernos, sus instancias e instituciones conexas son la verdad y lo válido, el “todo poderoso” ante el cual al televidente sólo le queda la posibilidad de aceptar y seguir, de resignarse.

Lo que es noticia
Hablar de la estructura de la noticia en Colombia y de un noticiero en cuanto portador de información obliga a tener en cuenta varios aspectos del lenguaje: la diacronía, la sincronía y el contexto; el lenguaje propio de la televisión (audiovisual) y el suceso en cuanto aspecto específico, sea coyuntural o permanente. Encontramos que en Colombia existe una relación compleja definida por las fuentes y las audiencias, pero sobre todo por los propietarios de los medios, que estaría sujeta a asuntos de carácter político, económico, social y cognitivo, a los cuales se podrían agregar aspectos focalizados como el estrato, la edad, el sexo y el nivel educativo de la audiencia.

Lo que es noticia (en cuanto mediación) en Colombia se podría reducir a temáticas relacionadas con la permanencia y sostenibilidad del establecimiento apoyado por la legalidad y legitimidad del Gobierno, orientadas por normas y organizaciones internacionales que se interesan y sostienen más con arreglo a intereses privados que públicos. Los noticieros deben tener entonces un tratamiento diferente al orientado y promovido actualmente, ya que siempre deben encontrarse sujetos a los principios dados por el hábeas data. Son de resaltar entonces las siguientes temáticas que siempre se encuentran en dichos géneros:

·      El Estado en el campo de lo local o de lo global.
·      Los conflictos, que pueden ser regionales, globales o casos.
·      Temas coyunturales, jurídicos o políticos
·      Personalidades: promoción o persecución.
·      Economía: estadísticas en temáticas de interés.
·      Deportes.
·      Banalidades y curiosidades.

En los anuncios y tipos de segmentos programáticos, y para formatos de veintidós minutos, tenemos que la construcción de la noticia denominada genéricamente “mediación”, en su empaquetado y su emisión, estaría dada para medios audiovisuales por el acontecer y por una relación que tiene en cuenta al acontecimiento como un producto semicéntrico en cuanto es una construcción de la realidad microsocial y macrosocial, trasversalizado y escogido a la luz de la normatividad institucional pero direccionado desde los intereses del establecimiento e interpretado por los operadores de los diferentes programas y medios. Así, las temáticas estarían seleccionadas y emitidas según los criterios de los directivos y propietarios de los noticieros, y se concebiría la noticia como la expresión de sus propios intereses.

Uno de los asuntos más complejos de entender en Colombia en términos de industrias culturales en cuanto industrias de conciencia es el relacionado con los mensajes o el mensaje general que orienta a los medios.

Existe una pregunta por los esquemas y núcleos semánticos fundamentales de los medios en Colombia, ya que, dadas las condiciones particulares de un país inmerso en un conflicto armado, se distorsionan la objetividad y la neutralidad, propiedades de la información, y se proyecta a los medios como partícipes del conflicto, procurando que éstos se comporten como arma asociada y aliada de los grupos dominantes y poderosos de la guerra: en últimas, como parte de la actividad bélica que hoy se denomina guerra asimétrica.

Para finalizar se puede afirmar que los medios en Colombia y los noticieros promueven el discurso de la guerra, de la conmoción, del miedo y del terror, y tratan la información de un modo estratégico. Es así como proveen, avalan, descalifican, omiten, señalan, legitiman y hasta son cómplices de los actos de una de las partes, proyectándose como una estructura que a la vez que construye realidad legitima y persuade por direccionar y conservar la realidad establecida. Sin ningún terror se puede afirmar que la TV y los noticieros en Colombia se han proyectado como un arma del conflicto armado y que no contienen en sus mensajes un respeto por los intereses de la población en general ni tampoco obedecen a las orientaciones dadas por el hábeas data.


Gustavo Becerra Jurado
Antropólogo de la Universidad Nacional de Colombia, magíster de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, docente de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, gj.gustavo@gmail.com.

domingo, 15 de septiembre de 2013

¿Adicción en los videojuegos?

Los videojuegos tienen fuerte presencia en muchas personas ¿Podemos pensar en la existencia de una adicción a los videojuegos? En tal caso ¿A qué llamamos “adicción”?  ¿Influye en las conductas sociales de los usuarios?


Uno de los grandes tópicos respecto a este tema hace referencia a la hipotética "adicción" que estos juegos podrían generar. Los medios de comunicación han sido prolijos en esta cuestión. No obstante la investigación no ha seguido el mismo camino, existiendo únicamente referencias indirectas a esta cuestión y habitualmente en sentido opuesto a la opinión del gran público, es decir, cuestionando la posibilidad de un paralelismo con el modelo adictivo.

La primera víctima de esta creencia fue el propio Bill Gates, quien durante su adolescencia debió alejarse de los ordenadores durante casi un año, ante la presión de sus padres. No experimentó especiales dificultades durante este periodo, invirtiendo su tiempo en la lectura, tanto de novelas como de libros de texto. Sin embargo, pocos son los adictos de otras categorías o sustancias que demuestran tal control respecto a su trastorno. Por contra, él y su empresa desarrollaron el sistema operativo, Ms-dos, que permitió funcionar a los primeros ordenadores personales (PC) de IBM para posteriormente modificar los hábitos de usuarios de ordenadores de todo el mundo con el interface gráfico Windows.

Una de las escasas referencias a este tema la efectúa González cuando distingue entre el potencial adictivo del videojuego respecto al juego de azar:
"Este tipo de juego no implica todas las consecuencias individuales sociales y familiares que posee la adicción al juego de apuestas...Reconocemos como el ser humano puede desplegar conductas compulsivas delante de cualquier objeto".

Esta reflexión abre una importante vía en la consideración de hipotéticos problemas derivados del juego con videojuegos y probablemente sea importante por evidente, puesto que sitúa el videojuego en un plano de igualdad con otras actividades, al margen de prejuicios y prevenciones.

Resulta evidente que los videojuegos demandan una cantidad de tiempo impor­ tante, no obstante debemos considerar cómo una elevada dedicación puede conducir a la adhesión o afición sin que ello implique necesariamente adicción, ya que para que este concepto fuera aplicable deberían derivarse de la práctica del videojuego una serie de consecuencias negativas que hasta el momento no han podido establecerse de un modo fehaciente. Es cierto que ocasionalmente podemos contemplar casos donde se asocia el videojuego a condiciones mórbidas, si bien entonces deberemos ser cautos al establecer relaciones causales, puesto que el videojuego suele representar un papel puramente circunstancial. Podemos citar el caso de niños o adolescentes que pueden cometer pequeños hurtos en el domicilio para obtener dinero que luego gastan jugando en máquinas de videojuegos de salas recreativas.

Probablemente se haya hablado de adicción, sin considerar las connotaciones estrictamente clínicas de este término, con toda probabilidad quienes mencionan este término no hacen otra cosa que referirse al extraordinario efecto motivador de estos juegos, que podríamos definir como la sensación subjetiva del jugador que le impele a seguir jugando con un juego cuando ha terminado una partida. Ello ha sido definido por los especialistas en videojuegos de las revistas de informática como adicción, si bien constituiría una acepción al significado del término clínico y sería más conveniente hablar de alta adhesión, afición, etc.

La razón de este hecho debemos buscarla en la estructuración de los videojuegos en forma de múltiples niveles de dificultad creciente, lo que introduce un importante estímulo y curiosidad para perseverar en el juego. Malone habla de la dimensión de control como una de las que facilita el éxito de un videojuego, lo que se consigue mediante un adecuado es­ calado del grado de dificultad. No obstante cuando se supera el limite más alto del juego se tiende a repetir el último patrón de dificultad, comprobándose como a partir de este punto el interés por el juego decrece rápidamente. De hecho el interés por un videojuego se mantiene desde el momento que supone un reto para el jugador. Este paralelismo es difícilmente sostenible si lo comparamos con el que puede existir con un juego de azar.

No queremos finalizar esta relación de investigaciones sin citar un estudio publicado en octubre de 1994, realizado por la Confederación Estatal de Consumidores y Usuarios. El valor de este trabajo es destacable, dado que ha partido de una muestra de gran tamaño (13.200 sujetos), siendo su ámbito territorial de características nacionales. Este tamaño muestral permite considerar este trabajo como uno de los más extensos que nunca se hayan realizado sobre este tema y nos permite considerarlo como plenamente válido en cuanto a los elementos descriptivos de esta forma de juego,

En esta encuesta se constata la gran difusión de este fenómeno, entendida en términos de disponibilidad de maquinas de videojuegos entre el público infantil. Sin embargo, y en contra de la opinión generalizada, esta actividad no es ni con mucho la preferida por los niños españoles, quienes se inclinan por la práctica del deporte y el juego al aire libre, ocupando la televisión y el juego con videojuegos un puesto modesto entre sus preferencias.

En este trabajo se pasa revista a una serie de mitos sobre esta actividad tales como el tiempo dedicado al juego, la posibilidad de autocontrol delante de la máquina, el supuesto aislacionismo y disminución del rendimiento académico que se le supone a estos juegos, etc... sin que sea posible constatar ninguno de ellos, lo que ya se está convirtiendo en una tradición en este tipo de trabajos.

Es interesante observar como las opiniones de los docentes varían substancialmente de las de los usuarios, apareciendo de nuevo los tópicos que anteriormente mencionábamos bajo un contexto de extrema cautela y prevención. De este modo consideran que esta actividad influye negativamente en Ja interacción social, rendimiento académico, tiempo de estudio, etc.

Los padres -con un conocimiento de primera mano de la conducta de sus hijos en su tiempo libre- muestran una posición de cierta discrepancia en relación a los profesores en algunos puntos. De esta forma un 70% de padres de hijos aficionados ha podido constatar como esta actividad no ha influido para nada en la conducta social de sus hijos y aproximadamente el mismo porcentaje no ha observado ningún efecto sobre las calificaciones escolares.

Ante la polémica en que se halla inmerso el fenómeno del videojuego, consideramos de vital importancia el poder disponer de estudios basados en muestras extensas que permitan conocer de manera objetiva y precisa la extensión de este movimiento y su verdadera magnitud. Creemos que es esta la única forma de evitar alarmismos infundados que en nada benefician y que contribuyen a crear un clima de falsa desconfianza y temor.




Extraído de
Apuntes de Psicología
2001, Vol. 19, número 1, pp. 161-174.
Colegio Oficial de Psicólogos (Andalucía Occidental) y Universidad de Sevilla
Efectos a largo plazo del uso de videojuegos
Juan Alberto ESTALLÓ M. Carme MASFERRER Candibel AGUIRRE
Instituto Psiquiátrico de Barcelona

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