lunes, 28 de noviembre de 2016

Žižek tiene razón: el neoliberalismo es un mito

El pensador de izquierda más importante de Europa, Slavoj Žižek, en una entrevista en octubre de 2015, ha dado una opinión muy exacta de lo que los libertarios y economistas austríacos pensamos de la economía actual.

El “neoliberalismo”, dice Žižek, es un mito, muy al contrario de la postura discursiva dominante en todas las aulas latinoamericanas:

Vivimos en la era de la ideología. El neoliberalismo es un mito. El papel de los aparatos de estado, de la intervención estatal en la economía, es cada vez más importante. Vi hace poco un reportaje sobre Mali, en el África central. Producen un algodón excelente y el precio es, por supuesto, muy bajo. Pero no pueden abrirse paso… ¿Por qué? Pues porque Estados Unidos, al subvencionar a sus propios productores para que produzcan algodón, gasta más en ayudas a sus granjeros que todo el presupuesto estatal de Mali.

Leí hace mucho una entrevista fantástica que la CNN le hizo al Ministro de finanzas de Mali, quien decía: “por favor, nosotros no necesitamos ninguna ayuda socialista. Den una oportunidad al mercado. No financien injustamente a sus productores, y Mali se salvará, económicamente hablando.” Y fue increíble cómo contestó a estas declaraciones la embajadora de Estados Unidos en el país africano. Dijo: “No es tan simple como esto, en Mali hay corrupción, bla, bla, bla”. Sandeces. Esta es la realidad, la esencia del capitalismo global. Todo el mundo se salta las normas.

Lo que fácilmente se puede abstraer de las palabras de Žižek es que si se sostiene que el “Neo-liberalismo” es privatizar, libre paso de recursos materiales y humanos, en suma, libre comercio y competencia, entonces, el “neo-liberalismo es un mito”, mito que la izquierda de forma tramposa viene propagando desde las universidades a los debates políticos criticando un hombre de paja de supuesto capitalismo laissez faire que no existe, en otras palabras si vivimos en una economía intervenida, mixta, con mitad libertad y mitad controles esto no puede ser acusado de neo-liberalismo, suponiendo que el significado de tal ambigüedad sea capitalismo laissez faire.

El término “neo-liberalismo” es ideología, y en este sentido tiene una connotación únicamente de utilidad retórica ya que ningún liberal clásico, libertario o economista austríaco se autodenomina neoliberal, ciertamente, está palabra sólo es usada por los enemigos del liberalismo económico, a tal punto, que lo que se sabe es que el neoliberalismo fracasó, más no, que es. Dicho esto, dejando de lado otros posibles usos u orígenes del término, me voy a centrar en analizar el término tal como es descrito mentalmente por todos hoy en día.

Para empezar, el neoliberalismo ha sido identificado con el “Nuevo orden económico mundial”, hablamos aquí de dichosos acuerdos bilaterales, multilaterales y organizaciones supranacionales;  los TLC, el FMI, el BM, la OMC, la ONU, UE, etc. A luz de los hechos, estos organismos políticos internacionales dicen promover la cooperación entre países para ayuda financiera, asesoría política, económica, reducir la pobreza, la contaminación, garantizar el libre comercio entre otros propósitos.

¿Es neoliberalismo (libre comercio) el encuentro del Presidente de Colombia Juan Manuel Santos con el primer ministro de Japón, Shinzo Abe? Donde insistía; “Japón tiene mucho de lo que Colombia necesita y nosotros tenemos mucho de lo que Japón necesita ¡Enorme potencial comercial!”, ¿Es neoliberalismo el tratado comercial  de Canadá con la Unión Europea que tiene 1598 páginas? ¿Se necesitan tratados de libre comercio y organizaciones internacionales para que Juan de Colombia pueda venderle un producto a Pedro en Venezuela?

La verdad sobre los años de reuniones, largas negociaciones y miles de páginas de “libre comercio” es que no son de libre comercio, por tanto, todo el discurso anticapitalista, anti-libre mercado latinoamericano, ha sido una crítica no al capitalismo Laissez Faire sino al Capitalismo de Estado, en otras palabras, una crítica a la economía intervenida, al mercantilismo y el proteccionismo económicos.

De esta manera, su crítica al supuesto libre mercado se dirige hacia dos focos de acción, el primero, el proteccionismo y nacionalismo económico, y el segundo una renegociación de estos tratados para favorecer a más grupos empresariales privilegiados por los políticos, en otras palabras, impedir el comercio o regularlo más.

Sin embargo nunca surge una tercera alternativa, la alternativa del liberalismo político y económico francés, Laissez faire, laissez passer (Dejad haced, dejad pasad). Durante las recientes elecciones en EE.UU teníamos un Trump que abogaba por el nacionalismo económico y una Hilary por más intervencionismo globalista, renegociando estos TLC, para hacerlos más “justos” ¿para los intereses de quiénes? Esto demuestra cómo el panorama general del mundo es una ferviente oposición al capitalismo de libre mercado, no obstante, el libre comercio no necesita de tratados de libre comercio.

Al respecto de los tratados de libre comercio, uno de los economistas más leídos en el mundo, Murray Rothbard decía:

[…] la etiqueta “Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio” (NAFTA, por sus siglas en inglés) se supone que reclama un consentimiento incuestionable. “¿Pero cómo puedes estar en contra del libre comercio?” Es muy fácil. La gente que nos ha traído el NAFTA y tratan de calificarlo como “libre comercio” son la misma gente que llama “inversión” al gasto público, “contribuciones” a los impuestos y “reducción del déficit” a aumentar los impuestos. No olvidemos que los comunistas también solían llamar “libertad” a su sistema.

[…] el verdadero libre comercio no requiere un tratado… Si los dirigentes quisieran realmente libre comercio, todo lo que tienen que hacer es abolir nuestros numerosos aranceles, cuotas de importación, leyes anti-“dumping” y otras restricciones al comercio impuestas por Estados Unidos. No hace falta ninguna política exterior ni maniobras en el exterior.

Dejando de lado las políticas impuestas de organizaciones financieras como el FMI, el Banco Mundial, BRICS, entre otras, que además de ello aumentan el riesgo moral de las actuaciones fiscales de los países adheridos ya que sirven como prestamistas en última instancia y se financian mediante impuestos de los mismos, lo que ocurre con los acuerdos de libre comercio es que se negocian desde el punto de vista de los políticos al mando y los grupos de interés (lobbies) o buscadores de rentas que han puesto recursos y votos en sus campañas, para hacerlo más simple, el Senador Jorge Robledo del partido de izquierda Polo Democrático Alternativo (PDA), se opone a los TLC, pero no porque los quiera abolir sino renegociarlos para favorecer en este caso a la industria del Agro, lo que significa poner los interés de un fuerte grupo de presión (mercantilismo) por encima del bienestar de todos los individuos.

La defensa de los mercados libres no mira los intereses nacionales o internacionales, no le importa favorecer a la élite política y empresarial local o internacional que detenta el poder, le importan los derechos de propiedad y la libertad derivada de estos para que cada persona comercie de forma libre con quien desee.

Resulta entonces que lo que critican como neoliberalismo es una mezcla de intervención pública y laissez faire limitado, no es verdadero capitalismo (propiedad privada y laissez faire), todo el sector financiero, los TLC, el consenso de Washington, los acuerdos Stand-by (ASB) etc, no representan más que una economía semi-libre dirigida por burócratas y la banca central global, así que las buenas críticas que han venido desde la izquierda y la derecha al Capitalismo en realidad lo han sido al intervencionismo, que de hecho, es lo que terminan proponiendo como alternativa, por lo cual, cuando te digan que el capitalismo ha fracasado, enseguida sabrás que lo que fracasó fue el intervencionismo y el mercantilismo ¿y si el problema fue causa de todas estas regulaciones e intereses de políticos y de sus compinches empresarios, por qué pensar que más regulación y controles pueden solucionar las cosas?

¡Es hora del libre comercio, no más tratados de libre comercio!

Por John Alejandro Bermeo • noviembre 26, 2016
(Publicado el 25 de noviembre de 2016 en el PanAmPost).

lunes, 21 de noviembre de 2016

APAGAR LOS MEDIOS, DERRIBAR EL MARKETING

 “Lo único que revelaremos de nosotros es este aviso. Nada de lo que construisteis ha perdurado. Cualquier sistema que montéis sin nosotros será derribado” Leonard Cohen


Comenta mi hija de 11 años que habla con sus compañeras, en el patio del colegio, acerca de los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos. Convienen las pequeñas analistas, que Trump es “machista, racista y xenófobo”y que “ha dicho muchas barbaridades”, mientras que Clinton, dicen, “podría ser mejor que Trump” o, directamente, “una buena presidenta”.
Le pregunto a mi hija en qué fundamentan sus opiniones y entiendo, de su razonamiento, que mientras la opinión sobre Trump viene claramente conformada por lo que han captado, personalmente, de losmiedos de masas y, por una acrítica extensión, de la vox populi, la opinión sobre Clinton no parece tener más fundamento que la contraposición que se le supone a la opción de la elección que le enfrenta.
Le doy a mi hija, entonces, unas ligerísimas pinceladas de la política exterior estadounidense, en particular, en Oriente Medio, así como de su conexión con las consecuencias que, bajo otra causa, se nos presentan en los medios, y me responde con los ojos como platos, con una de sus expresiones que más le admiro: “¿Cómo puede ser eso posible?”. Algún día le tendré que hablar de la Guerra de las Galaxias de Ronald Reagan y del espanto que me producía la bomba de neutrones.
La anécdota resulta bien ilustrativa de la efectividad de la operación de los miedos de masas sobre lo social y de la función mercadotécnica que le prestan, fielmente, a la megamáquina capitalista. Estos medios promueven, sin rubor, un patrón de consumo de ideas (pensamiento único) y, una pausa para la publicidad, un patrón de consumo material. En la sociedad del espectáculo se exponen informaciones estructuradas para promover candidaturas electorales de la misma forma que se venden seguros o lavadoras. Y lo cierto es que ambas cuestiones están bien conectadas.
Philip Kotler, el padre del engendro, tal y como lo conocemos hoy, definía el marketing (mercadotecnia) como “el proceso social y administrativo mediante el cual grupos e individuos obtienen lo que necesitan y desean a través de generar, ofrecer e intercambiar productos de valor con sus iguales”. Sin ánimo de entrar a discutir ni contra-argumentar la gestión de empresas desde la perspectiva del marketing, que es otro tema, parece evidente que esta ¿disciplina?, ¿caja de herramientas?, en algún momento perdió el norte. O, precisamente, lo alcanzó.
Kotler siempre argumentó que las necesidades existían por sí mismas (véase la tramposa pirámide de Maslow), que el marketing, válgame Dios, no las creaba y que sólo influía en el modo de materializar su satisfacción (“deseo hacerlo así, y así lo elijo”), que en el ámbito de un mercado “tan perfecto”, en el que la diferenciación en costes y prestaciones tendía a desaparecer en el tiempo, eran otros los atributos del producto que podían marcar la diferencia en la decisión de compra. La cuestión es si esos atributos brotaban naturalmente o eran ubicados de manera forzosa.
Los medios, con un discurso de poder que es un discurso de venta, atomizan al colectivo en individualidades competitivas y desconfiadas.La hiperinformación y la hipercomunicación no inyectan ninguna luz en la oscuridad. Para multiplicar el efecto, la separación se traslada convenientemente a las redes sociales, desde las que se construye la marca personal. En el aquí y en el ahora, el consumidor quiere (cree necesitar) posicionarse en un mercado total mediante la ilusión de una elección política o mediante la adquisición de un determinado producto.
Sólo saliendo de este momento y este lugar es posible cuestionar esta realidad: ¿cómo hemos llegado al punto en el que estas sean nuestras (únicas) opciones?. Negándose tiempo para reflexionar, el individuo no entrará a analizar si su decisión guarda algún tipo de relación con el bombardeo de una ciudad en Oriente Medio, el hundimiento de una patera en el Mediterráneo, la degradación del Ártico o del Amazonas o las desigualdades que genera, a nivel local o global, las políticas que sustentan su patrón de consumo.
La falsa percepción de elección proporciona una falsa percepción de libertad. Tanto las ideas como los productos están impregnados de atributos ajenos a la utilidad primera de los mismos y se reconfirma queel tener suplanta al ser. Las necesidades dejaron de existir por sí mismas el día que se confundieron con los deseos. Escribe Byung-Chul Han que ya no trabajamos para nuestras necesidades, sino para el capital. El capital genera sus propias necesidades, que nosotros, de forma errónea, percibimos como propias. Participamos de la producción de objetos de deseo que creemos necesitar.
En la soledad del emprendimiento del yo y el cansancio de la autoexplotación se pretende, en una realimentación demencial, la mejora de la eficacia y la eficiencia en los ámbitos de lo personal y lo profesional, que se confunden. Los empresarios de sí mismos aceptan, sin cuestionarlo, un cambio continuo que demanda, a su vez, un re-posicionamiento continuo, cuya energía debe surgir, de forma imposible, de la actitud personal o, ¿cómo si no?, del expolio de los otros.
El consumidor va a ser consumido y quien no pueda consumir será excluido. Se consumen experiencias, productos, eventos, viajes, información,… con un valor usurpado para engrosar una luminosa marca personal que oculta a un agotado yo y una insatisfacción infinita.La primera salida de emergencia sólo puede ser apagar los medios y empezar a disfrutar de un silencio no mercantilizado que de una oportunidad a la toma de conciencia.
Solamente atendiendo a la degradación de los sistemas educativos, de las relaciones laborales y de las relaciones sociales (atendiendo estas desde la perspectiva de comunidad, de colectivo), y por supuesto recuperando la memoria, podemos empezar a vislumbrar cómo hemos llegado al punto de aceptar, sin reflexión ni crítica, una variedad de opciones de oferta de ideas y productos que no tienen absolutamente nada que ver con nuestras necesidades ni con nuestra naturaleza. Lo hemos cedido todo.
La oferta de cualquier cosa se antepone a la demanda, limitándose en su construcción a las opciones de rentabilidad para sus productores, asumiendo la programación de su obsolescencia y sin contemplar, ni por asomo, el perjuicio irreparable para un planeta finito con recursos finitos. Desarrollamos una ingeniería logística sin precedentes para fabricar mierda en un país, con los recursos naturales de otro, y todo ello con un coste humano y medioambiental que debería sepultarnos en la vergüenza para detenernos aquí y ahora.
La rentabilidad no ha sido ajena a las ideas. El plato del día es la Epistemología del Norte. La economía podía y debía ser circular, horizontal, natural, cooperativa, social,… pero no tenía que serescasez, ni mucho menos ciencia. Esta oferta no tiene que ver con esta demanda. El mercado es un campo de concentración. Cuando tomemos conciencia habremos empezado a derribar el marketing.


Por Alejandro Floría Cortés
Artículo enviado por su autor a la redacción de OVE

viernes, 8 de julio de 2016

ENTENDER O NO ENTENDER… ESE ES EL DILEMA LA GUERRA MEDIÁTICA

“Estamos a tiempo”

Pronunció Walter Martínez el “Discurso de Orden” en la entrega de los premios de periodismo 2016 en la República Bolivariana de Venezuela. Walter fue receptor de tal premio, una vez más, por sus aportes al periodismo latinoamericano y a la “batalla de las ideas”, también con herramientas de comunicación e incluso dentro de los llamados mass media. Es imposible reseñar el total de los temas tratados en tal discurso, pero es indispensable subrayar uno de ellos que es preocupación permanente de Martínez y tema obligado para un continente acosado por las bases militares y las “bases mediáticas” que operan con toda impunidad e impudicia: La guerra mediática o de “cuarta generación”. En “pleno desarrollo” (Walter Martínez Ipse dixit).
Lo que en la ceremonia de premiación tuvo formato de “conferencia magistral”, cumplió con volver a martillar sobre un yunque de principios y de acciones donde es necesario labrar el plan conjunto de los pueblos revolucionarios hacia un frente de unidad para la defensa y para la vanguardia de la comunicación emancipada y emancipadora. La guerra mediática no es una ficción de mentes conspirativas, no es una pesadilla hija de la indigestión, no es un ataque paranoico ni es un destilado de morbos pensados para vender miedos rentables. Aunque a no pocos les parezca exagerado, inverosímil o inaceptable.
Todas las formas del énfasis y todas las tácticas y estrategias discursivas (pertinentes al formato expositivo desplegado por Walter Martínez) fueron usadas para abrir cabezas y despejar nubarrones… la guerra mediática está en marcha y sólo faltó tomar por las solapas a los asistentes y sacudirlos para reiterar lo urgente y alarmante de la situación enredada con nuestras debilidades y nuestras confusiones que, a granel, generan frenos, desvíos y extravíos costosos, peligrosos y suicidas. Una y otra vez el acento en el discurso de Walter Martínez tuvo referencias en las fuentes de información militar pero fue escrupuloso en esclarecer la importancia excluyente la amalgama cívico-militar, de la movilización popular y su carácter revolucionario inspirado por las ideas y la práctica de Hugo Chávez y su apuesta por el socialismo.
En ese discurso no hubo tiempo suficiente para profundizar, eso lo advirtió el propio Walter desde el principio y su advertencia no fue un simple gesto de cortesía, por el contrario, fue una ventana al realmente enorme problema y un alerta pertinaz para entender la dimensión exacta de una guerra super-dinámica que se nos va de las manos, se nos va de la vista se nos va y nos inunda incluso cuando nos “entretenemos” con la “tele”. Y más allá de las limitaciones del tiempo y de propio formato de la exposición, quedó bien claro que es urgente asumir esa guerra mediática como una prioridad de investigación y como urgencia de acción en momentos en que se llenan los imaginarios con el terrorismo mediático basado, por ejemplo, en convencernos de que la década ganada llegó a su “fin de ciclo”. Que la revolución no es permanente.
Aunque parezca increíble, a pesar de las miles de evidencias y consecuencias que la guerra mediática ha tatuado en nuestra historia reciente, todavía no es materia obligatoria ni agenda prioritaria en los centros de enseñanza ni en los frentes de lucha. Exculpemos a las excepciones. Todavía es necesario tocar miles de puertas y no pocas veces soportar algunos gestos de fastidio por insistir en la obligación de tomar en serio todo plan de ataque mediático para saquearnos y explotarnos mientras nos convencen de que lo “hacen por nuestro bien” y de que debemos estar agradecidos cuando nos humillan y cuando nos ahogan con mentiras, ignorancia e ideología chatarra. Historia, por cierto, nada nueva.
No entender la importancia de la guerra mediática, no comprender su extensión y duración, sus escenarios visibles e invisibles, sus bases materiales y sus bases subjetivas, sus escuelas, sus tradiciones teóricas, sus bibliotecas y sus centros de investigación… es tan irresponsable y tan suicida que no nos quedará margen de lamento ni tiempo para lloriquear las consecuencias que imaginamos y las que no. Eso lo sabe Walter Martínez y por eso insiste, como se debe, en hacer de su insistencia militancia y persistencia que, con su estilo y con su historia, abre oídos donde otros no pueden.
No entender la importancia de la guerra mediática, no combatirla y no derrotarla, pone en evidencia un flanco débil, un descuido, una banalización o una falta de conciencia que no podemos permitirnos más tiempo. No nos ha servido la improvisación, no nos ha servido el voluntarismo, no nos ha servido el auto-halago, no nos ha servido el empirismo… ya nos han derrotado incesantemente. Los pueblos cuentan con fuerzas inmensas para ganar la guerra mediática, hay muchas experiencias y muchas ansias sólo nos falta derrotar la des-organización y la crisis de dirección. Es verdad “estamos a tiempo” y por eso no hay tiempo que perder.

Por: Fernando Buen Abad Domínguez
 Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=214201&titular=la-guerra-medi%E1tica-

domingo, 29 de mayo de 2016

Robar casas a través de Internet

Internet representa para todos “lo nuevo”, podemos apreciar sus ventajas, pero ¿Estamos prevenidos sobre sus peligros? La siguiente nota que transcribo esta referida al contexto argentino, pero cambiando algunos nombres seguramente sería aplicable a los restantes países iberoamericanos.




Entre el 3 y 10 de enero, Página/12 detectó 8623 tweets de porteños que decían estar fuera y un cruce con la guía Telexplorer arrojó gran cantidad de coincidencias con casas vacías. El uso de Google Maps y el mapa de la ciudad de Buenos Aires.
 Por Mariano Blejman

La ecuación es simple. Si uno está de vacaciones, hay altas probabilidades de que no haya nadie en casa. Hasta hace no mucho tiempo, la única forma que tenían los amigos de lo ajeno para conseguir información sobre una casa vacía era la inteligencia barrial, los “sapos” marcan la vivienda y el resto ya se conoce. Pero en esta fascinación por la presencia en Internet, las redes sociales podrían cumplir un rol inesperado: la cantidad de gente que ofrece datos sobre su paradero en verano es alucinante. Además, si esa búsqueda se sistematiza, los números son aterradores. En un período de una semana, del 3 al 10 de enero de 2012, Página/12 detectó 8623 tweets con información de personas que dijeron estar de vacaciones. De esa cantidad, quedaron 6089 usuarios de Twitter. Entre las primeras diez búsquedas, como expresiones exactas, aparecieron en Twitter 557 personas que escribieron “me voy a la costa”, 512 “me voy a Brasil”, 363 “estoy en Pinamar”, 333 “estoy en Brasil”, 283 “me voy a Gesell”, 232 “estoy en Gesell” y 164 “estoy en Mar del Plata”, entre otras. Del total de usuarios, se detectaron coincidencias con 870 direcciones de la guía telefónica, en la ciudad de Buenos Aires, unas 300 con direcciones únicas. Había 322 “oportunidades” en Palermo, 241 en Caballito, 225 en Recoleta, 193 en Belgrano, 172 en Flores, 168 en Almagro, en 133 Balvanera, en 124 San Nicolas y 111 Villa Urquiza. ¿Todas estas son casas “robables”? No. Pero con llamar por teléfono y evidenciar que no contesta nadie se asume que la información empieza a concordar.

El objetivo de esta investigación realizada en conjunto entre Página/12 y Francisco Amato, responsable de Infobyte y uno de los organizadores de la Ekoparty, el encuentro de hackers más grande de América latina, es alertar sobre la sobreexposición de las redes sociales y las facilidades para manipular los datos ciudadanos. Los expertos en seguridad siguen dando indicaciones sobre cómo cuidar “la casa” cuando uno se va de vacaciones, pero pocos se han percatado sobre las consecuencias de compartir información en las redes sociales.

Hace un año, un grupo de hackers montó en Estados Unidos el sitio pleaserobeme.com (por favor robame), que demostró lo sencillo que era recolectar información para encontrar “posibilidades de robo” a partir de la información publicada motu propio. Pleaserobeme.com estuvo tres meses en línea, salió en los principales medios estadounidenses y se dio de baja. Poco después, tres hombres fueron detenidos en Estados Unidos por robo, y confesaron que perpetuaban asaltos siguiendo las actualizaciones de Facebook. Mario Rojas, Leonardo Barroso y Víctor Rodríguez robaron 18 casas en Nashua, New Hampshire, chequeando Facebook, encontrando a los dueños que anunciaban haberse ido.

En Argentina, según comScore hay 13 millones de conexiones, 27 millones de personas, el 91 por ciento de los conectados usa redes sociales y un 18 por ciento usa Twitter desde su casa o trabajo: es decir, hay millones de personas que ofrecen información constantemente y 17 millones de usuarios de Facebook que, cada tanto, actualizan sus “Estados”. Por pedido de este diario, Amato sistematizó las búsquedas de “oportunidades” sólo con información pública. Primero, se hicieron pruebas manuales, como buscar en Twitter “me voy a Pinamar”, “me voy para la Costa”, de allí se sacaron una veintena de usuarios, y se cruzaron con Telexplorer.com.ar donde se puede buscar manualmente el nombre de una persona, y la base ofrece la dirección y el teléfono de línea. Después, se revisó la red social de georreferenciamiento Foursquare para ver si había alguna referencia. Sin embargo, los checkins de la “casa” en Foursquare –cuando un usuario dice que está en su hogar– sólo sirven para tener una referencia barrial. Por último, se puede acceder al sitio oficial del Gobierno de la Giudad de Buenos Aires, que tiene un espectacular mapa catastral (mapa.buenosaires.gov.ar). Así, del usuario de Twitter –muchos con nombre y apellidos reales–, se podía saber si la casa era linda en Google Maps.

Los casos testigos funcionaron, así que se decidió sistematizarlo. Amato trabajó en un programa que guardaba los tweets de quienes ponían información sobre el futuro de sus vacaciones. “Se realizaba una búsqueda por palabras claves utilizando la api de Twitter, luego se filtraba el contenido para obtener usuarios, nombre y apellido”, cuenta Amato. La “api” es una puerta que abre Twitter a desarrolladores para trabajar sobre su contenido. Se buscó tweets en la provincia de Buenos Aires. Desde el 3 al 10 de enero de 2012 se encontraron 6098 usuarios “interesantes”. Aunque con el transcurso de los días se descubrió que los tweets de quienes escribían en singular tenían conductas más adultas –sus casas más encontrables rápidamente por su nombre–, pero para asegurarse de que la casa estaba vacía había que ir al plural: seguramente estará deshabitada si la familia sale junta. Algo como “nos vamos a Cariló”. El problema del plural era que se trataba de hijos de familias cuyos nombres no figuran en Telexplorer.com.ar, ni en Páginas Amarillas puesto que las casas están a nombre de los padres. O sea: el nivel de inconsciencia es indirectamente proporcional a la edad de los usuarios de las redes sociales.

Una vez juntados los “usuarios de vacaciones”, se decidió sistematizar la búsqueda de direcciones con Telexplorer.com.ar, una web gratuita, registrada en la Dirección Nacional de Protección de Datos. Telexplorer tiene 7,5 millones de registros telefónicos de todo el país: nombre, dirección y teléfono, y se puede buscar por cualquier campo. De acuerdo a las normas vigentes en Argentina, Telexplorer ofrece mecanismos para que los usuarios puedan eliminar su información personal. Páginas Amarillas ofrece la misma información. “Desarrollé algo que analiza Telexplorer y permite sistematizar las consultas. Cuando se llega a 400 veces, aparece una confirmación manual, como cuando alguien equivoca tres veces su password en Gmail y tiene que escribir letras desfiguradas. Una vez ingresado el código se ofrecen otras 400 búsquedas. Es un proceso semiautomático que junta apellido y nombre con la dirección y el barrio”.

Después de cruzar la base de más de 6 mil usuarios de Twitter, se arrojaron 870 coincidencias, muchas, obviamente, con más de una dirección, lo cual ofrece un margen de error pero no tan alto: la gran mayoría de las direcciones repetidas no pasaban de dos o tres opciones (salvo que el apellido fuese Pérez). Para ser un poco más precisos, se podía filtrar por aquellos que tenían una sola dirección, y finalmente lo más efectivo fue buscar apellidos raros.

Obviamente, hay que tener en cuenta que la información de la guía no está siempre actualizada, o se trata de contratos de alquiler donde no cambian los datos o simplemente son homónimos. En estos casos, basta con observar la actividad de los usuarios de Twitter o Facebook para saber si tiene congruencia con el lugar; si alguien tiene dirección en Claypole y acaba de tweetear “vengo de darme una vuelta por Lomas de Zamora”, el hallazgo tiene sentido. Otro procedimiento fue revisar “entre los usuarios de Twitter contenidos de Foursquare con la palabra ‘casa’”, cuenta el programador. Los resultados fueron más bien escasos, apenas un par en Foursquare y unas cuantas localizaciones en Twitter. La localización en Twitter se muestra si el usuario la activó. Pero muchas veces la persona suele olvidar que la tiene prendida.

Una consideración: si Telexplorer decidiera mejorar la seguridad de las consultas, lamentablemente sólo bastaría con buscar en Google “Padrón electoral elecciones 2011” para conseguir en decenas de sitios la lista completa de personas con nombre, apellido, DNI, dirección y teléfono. En fin, una vez detectado que la persona no se encuentra en el lugar, hay dos maneras gratuitas y disponibles en la web para observar la casa antes de acercarse físicamente. La más obvia es Google Maps: basta con poner la dirección encontrada, hacer click y observar desde el cielo la presunta casa vacía. Y eso que todavía no está disponible el fabuloso servicio de Street View, que permite recorrer los barrios “caminando”. Pero la opción de información oficial que está en el mapa de la ciudad de Buenos Aires es más precisa, aunque su acceso no puede sistematizarse. Esto se obtiene de Página/12 (Solís 1525): “superficie total: 614.00 m2, Frente: 22.00 m, Fondo: 27.91 m, División en propiedad horizontal: no, Pisos sobre rasante: 4, Pisos bajo rasante: 1, Unidades: 0, VUC: 0.08”. O sea, no se olviden que hay sótano.


Fuente Página12

lunes, 18 de abril de 2016

Estudios sobre el aprendizaje a partir de la televisión y los videos en niños menores de tres años


¿En realidad los bebés pueden aprender de la televisión y de los videos? ¿Producen efectos de imitación? ¿Mejoran el lenguaje? ¿Proporcionan mejor experiencia que las reales?


Las investigaciones ubicadas en esta tendencia se agrupan en torno a preguntas como: ¿Qué aprenden, qué pueden aprender, qué necesitan aprender y cómo pueden aprender los niños menores de tres años de la televisión y de los videos? El interés por explorar estos interrogantes se relaciona con el crecimiento del mercado audiovisual dirigido a los niños de estas edades, que ofrece una gama más o menos amplia de productos denominados educativos y a los cuales los padres acceden con cierto optimismo, aunque se desconocen las consecuencias a largo plazo de una observación prolongada de este tipo de mensajes.

¿En realidad los bebés pueden aprender de la televisión y de los videos? La pregunta resuena en todos estos trabajos con matices distintos, sin que aún haya sido respondida del todo. Este interrogante ha sido abordado básicamente a través de dos aspectos: la imitación y el aprendizaje del lenguaje. Sin embargo, antes de presentar algunos de los adelantos en estas áreas, es necesario hacer referencia al denominado efecto del déficit del video, debate que se ha instalado en el trasfondo de buena parte de estas investigaciones y que fue propuesto por Anderson y Pempek luego de revisar investigaciones empíricas sobre la relación de los niños, la televisión y los videos.
Anderson y Pempek establecen que los niños menores de 24 meses, o incluso los de 36, aprenden menos de la televisión y de los videos que de las experiencias provenientes de la vida real. El efecto del déficit del video opera como punto de partida de varios de los estudios ubicados en esta tendencia y ha sido discutido recurrentemente.

La existencia del efecto del déficit del video se ha explicado de varias maneras, a partir de la hipótesis del empobrecimiento perceptual, de la hipótesis de la representación dual, de la irrelevancia social de las imágenes televisivas en relación con la información que proviene de la vida cotidiana y del proceso de formación de los conceptos. Cada una de estas explicaciones resulta parcial para entender la complejidad del fenómeno, pero da algunas pistas.

La hipótesis del empobrecimiento perceptual considera que las dos dimensiones (2D) de las imágenes televisivas no logran ofrecer a los niños de estas edades la misma cantidad y calidad de detalles que ellos obtienen de la vida real, es decir, de las imágenes en tres dimensiones (3D), lo cual limita el aprendizaje. En los experimentos propuestos por Barr y Hayne en los que participaron niños de 12, 15 y 18 meses, se encontró que ellos podían imitar acciones realizadas por un adulto si estas eran observadas directamente, pero no ocurría lo mismo cuando las acciones eran representadas a través de la pantalla.

Una situación similar reveló el trabajo de Carvert, Meltzoff y Dawson. En ese estudio, niños de 18 meses debían diferenciar entre un objeto familiar (juguete) y uno no familiar observando directamente los objetos reales o a partir de imágenes. Los niños que estuvieron frente a los objetos hicieron esta distinción de manera mucho más rápida que aquellos que debieron hacerlo a partir de las imágenes. Algo similar se ha señalado con respecto a la percepción auditiva que proviene de las imágenes televisivas. En la investigación de Kuhl, Tsao y Liu, por ejemplo, niños de 9 meses de familias de Estados Unidos, fueron expuestos al idioma mandarín para examinar si decrecía o no con el tiempo la capacidad de discernir las diferencias entre unidades fonéticas de un idioma extranjero. Los niños que interactuaron con una persona que les hablaba mandarín, lograron hacer esta diferenciación, mientras que quienes observaron a una persona a través de la pantalla en una situación similar (leyendo un libro) o escucharon el idioma en grabaciones, no pudieron hacerlo. No obstante, se han llevado a cabo otra serie de estudios en los que al parecer, las características de los detalles aportados por las imágenes de dos dimensiones, no impiden el aprendizaje, como el trabajo de Zack, en el que niños de 15 meses utilizan pantallas táctiles. Esto podría indicar, como lo plantean Richert, Robb y Schmitt que el efecto del déficit del video no se explica del todo por la hipótesis del empobrecimiento perceptual, sino que habría otros factores relacionados.

La hipótesis de la representación dual considera que el efecto del déficit del video es el resultado de la dificultad que tienen los niños en los primeros meses de vida para diferenciar entre imágenes simbólicas (que representan algo) y los objetos reales que son representados a través de ellas y este hecho puede obstaculizar los procesos de aprendizaje derivados de la pantalla. Según Barr, después de los cinco meses cuando los niños alcanzan cierta capacidad de explorar con sus manos el mundo que los rodea, de manera más independiente, es frecuente que traten las imágenes que representan objetos como si fueran los objetos reales intentando atraparlos o explorarlos. Las investigaciones de DeLoache son ilustrativas de este tipo de relación. En ellas, era evidente que los niños intentaban manipular los objetos representados a través de fotografías o de videos. Resulta complejo en los primeros meses establecer una representación dual, distinguir entre la imagen que simboliza algo y el objeto mismo. Al parecer esta dificultad empieza a declinar aproximadamente a los 19 meses y también puede ser levemente aminorada, como en el experimento de Troseth y DeLoache en el que niños de 2 años tendían a recuperar un juguete cuando veían la secuencia de acciones a través de un televisor que se había instalado como si fuera una ventana. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que estas no son las condiciones normales a través de las cuales un niño ve la televisión en su hogar.

La explicación de la irrelevancia social de las imágenes televisivas se relaciona con la centralidad de los procesos de interacción social en el aprendizaje del niño en las primeras etapas de su vida, en contraste con la baja interacción que pueden promover la televisión o el video, lo que puede ocasionar que las imágenes resulten para los niños menores de dos años poco significativas. Desde esta perspectiva, la televisión no le ofrece a los niños de estas edades información relevante o pertinente para su vida o para su entorno cercano e inmediato, como sí lo hacen las experiencias e interacciones que establecen en su cotidianidad, razón que podría sustentar el efecto del déficit del video.

Sin embargo, como lo anotan Richert, Robb y Schmitt, lo que podría enfatizarse es en la naturaleza social del aprendizaje e incluso cuando en este participan las pantallas. Estos autores, citando varias investigaciones de imitación diferida, subrayan que cuando la información presentada es relevante para el niño, cuando se acompaña de interacción, puede agenciar procesos de transferencia de información de la pantalla a su cotidianidad y puede conducir al aprendizaje. Para ellos resulta fundamental pensar y tener en cuenta el carácter social del aprendizaje mediado por pantallas.

Finalmente, el efecto del déficit del video se podría explicar, de acuerdo con Krcmar (2010) en relación con el desarrollo conceptual. Para esta autora, los niños solo pueden aprender de las pantallas cuando ha acaecido el desarrollo conceptual. Para argumentar este planteamiento, Krcmar señala que el aprendizaje solo puede ocurrir después de que se ha producido una serie de procesos complejos que han permitido la formación de constructos mentales de objetos y acciones en el niño. Estos constructos son a su vez formados por la interacción del niño con su mundo, cuando él ha podido ver en el contexto cómo son los objetos, cómo se usan, para qué se usan, quién los usa y de qué manera. Una vez el niño ha alcanzado un grado de desarrollo conceptual puede comprender las imágenes televisivas y posteriormente aprender de ellas, pero antes de esto resultaría imposible.

Al parecer cada una de estas hipótesis ha permitido una explicación parcial del efecto del déficit del video, el debate aún no ha concluido. Pero asumir una u otra postura tiene implicaciones en la manera como se concibe o se examina la relación de los niños con las pantallas. Sin embargo, la pregunta principal que anima estos trabajos no es en sí mismo el déficit del video, sino si es posible o no y de qué forma que los niños menores de tres años aprendan de la televisión y de los videos. Para explorar estos asuntos, como se señaló con anterioridad, se han desarrollado estudios en relación con dos temáticas: la imitación y el aprendizaje del lenguaje. A través de ellas se ha intentado captar el complejo y multifacético problema del proceso del aprendizaje a partir de la pantalla en los primeros años de vida de los niños.

La imitación ha sido clave para examinar los procesos de aprendizaje de los niños más pequeños a partir de los videos o de la televisión, dado que no implica el lenguaje verbal. A través de ella, es posible observar si los niños transfieren y aplican la información que proviene de las imágenes mediáticas al mundo real.

En los estudios sobre imitación se han utilizado dos situaciones experimentales: La imitación diferida y las tareas de recuperación de un objeto. En la primera situación, un grupo de niños observa en la pantalla, y otro grupo ve a una persona frente a ellos realizar una acción simple (o una secuencia de acciones) sobre un objeto novedoso, y luego se les entrega a los dos grupos ese objeto para que reproduzcan la acción o la secuencia de acciones, comparando cuál de los dos logra desempeñarse mejor imitando la tarea propuesta. De igual forma, se compara si la imitación ocurre inmediatamente o se realiza tiempo después, es decir, de manera diferida. La imitación diferida puede ser entendida como una tarea representacional compleja que implica también examinar la memoria, como una clave fundamental del desarrollo cognitivo.

Como se señaló antes, los resultados evidencian que los niños menores de 30 meses se desempeñan mejor imitando la acción representada en vivo que la mostrada a través de una pantalla. Esta ha sido la base empírica para aludir a la hipótesis del déficit del video. Sin embargo, también se ha encontrado que la posibilidad de imitar o no la acción representada a través del video o la televisión depende de la complejidad de la tarea y desde luego de la edad de los niños, como lo demostró el trabajo de Hayne, cuando niños de 24 y 30 meses debían imitar una tarea conformada por tres pasos o etapas, sin embargo, también en este estudio quienes vieron en vivo al sujeto realizando la secuencia de acciones pudieron imitar mejor la tarea que aquellos que la vieron a través de la pantalla.

En los últimos años, trabajos como el Barr, Muentener y García (2007) y el de Hofer, Hauf y Aschersleben (2007) han encontrado que los niños de 6 meses logran imitar acciones simples cuando las observan en una pantalla de televisión, sin que existan diferencias significativas con respecto a la imitación que realizan de ellas al verlas en vivo, lo que ha llevado a pensar que el déficit del video no existe desde el principio, ni es un proceso lineal, sino que emerge hacia los 15 meses y posteriormente, hacia los 30 meses tiende a decrecer. Para explicar este fenómeno, Barr y García han planteado que es probable que a los 6 meses los niños no hayan realizado una separación mental entre las representaciones y los objetos reales, lo que les permite transferir la información que proviene de las pantallas de manera relativamente fácil.

Otro grupo de estudios ha explorado la posibilidad de reducir el déficit del video e incrementar el aprendizaje de los niños menores de 24 meses mediante la televisión. Estos estudios han encontrado que repetir las imágenes puede contribuir a incrementar la posibilidad de que se produzca la imitación y el aprendizaje, y han señalado que se requiere por lo menos del doble de repeticiones de la imagen con respecto al número de veces que el niño ve la acción ejecutada en vivo para que pueda imitarla. De igual manera, al parecer también la superposiciones de voces en las imágenes tiene un efecto positivo; sin embargo, otros trabajos, han señalado que más que repetir las imágenes lo que importa es la duración de estas.

Con respecto a la tarea de recuperación del objeto, esta consiste en mostrar al niño un juguete o un objeto llamativo, esconderlo ante su presencia y observar si intenta buscarlo, lo encuentra y finalmente lo toma. La acción de esconder el juguete puede ser representada en video o llevada a cabo por una persona frente al niño. En esta situación, como en la anterior, la de la imitación diferida, se cuenta con grupos experimentales y de control. Los estudios muestran que en líneas generales los niños menores de 30 meses no logran ejecutar exitosamente este tipo de tareas cuando las ven a través de la pantalla. En el trabajo de Schmitt y Anderson, con niños de 24, 27 y 30 meses, se observó que a medida que se incrementaba la edad, aumentaban las posibilidades de que ellos buscaran y encontraran el juguete, sin embargo, en todos los casos el desempeño fue mejor para quienes presenciaron en vivo esta acción.

De lo anterior parece derivarse que la imitación de tareas complejas, como la de recuperar un objeto a través de información que proviene de las pantallas, tiene menos posibilidades de ocurrir que la imitación de una acción o de una secuencia simple de acciones, aunque el factor de la edad parece ser importante.

Con respecto a los estudios sobre el aprendizaje del lenguaje, puede señalarse que existe cierto consenso sobre los beneficios que produce la televisión educativa en el incremento del vocabulario de los niños preescolares y en su posterior desempeño. Sin embargo, el panorama de los estudios que abordan este tema con niños menores de tres años no es tan nítido. En este periodo se producen dos procesos complejos distintos —el aprendizaje inicial del lenguaje y el incremento de vocabulario—, y sobre ambos existe bastante polémica.

Para examinar estos procesos se han utilizado dos tipos de materiales: programas de televisión o DVD comerciales diseñados especialmente para niños menores de tres años, y materiales audiovisuales producidos por los centros de investigación para evaluar aspectos específicos del aprendizaje del lenguaje, concentrándose en la adquisición del lenguaje y en niños menores de 24 meses. Aunque estos trabajos difieren en sus métodos y perspectivas tienden por lo general a señalar dos aspectos: la baja incidencia de la televisión o de los videos para bebés en el aprendizaje inicial del lenguaje o en el incremento del vocabulario y la centralidad de la interacción, aunque hay algunas excepciones. Se citan cuatro trabajos recientes en los que se puede apreciar estas ideas.

En el trabajo de Krcmar, por ejemplo, se comparó el aprendizaje de nuevas palabras de niños entre 15 y 24 meses a partir de varias situaciones dentro de las que se incluía un programa de televisión (Teletubbies) y la interacción con un adulto, encontrando que esta última era la más adecuada. De acuerdo con sus hallazgos, los niños menores de 22 meses no lograban aprender palabras nuevas de las imágenes televisivas. Sin embargo, no se pudo establecer si antes de los 16 meses esto era posible o si lo que ocurría era más un proceso de imitación. Este hallazgo, fue consistente con la mencionada hipótesis del déficit del video.

Roseberry et al., revisan el aprendizaje de verbos de niños entre 30 y 42 meses y crean para su investigación videos utilizando segmentos de Sesame Beginnings, una serie de Sesame Workshop para niños desde los 6 meses. En su trabajo participan 96 niños entre 30 y 42 meses y en él compara tres estudios. En el primero, examina si los niños pueden aprender verbos a partir de un video con apoyo de interacción social en vivo; en el segundo, si los niños aprenden verbos observando solos el video, y en el tercero, si los beneficios de la interacción social permanecen cuando el examinador aparece en el video y no en persona. Los resultados permitieron apreciar que los niños menores de 36 meses podían aprender los verbos, solo cuando había apoyo de la interacción, mientras que los que sobrepasaban esa edad podían aprenderlos observando solos los videos, aunque en ocasiones fallaban en reconocerlos.

Robb, Richert y Wartella, analizaron la relación entre la observación repetida de un DVD con el lenguaje expresivo (asociado con gestos, vocalización, producción verbal) y el receptivo (comprensión del lenguaje) de 45 niños entre 12 y 15 meses. Para este estudio, a cada familia participante le fue entregado el DVD Wordsworth, que se ofrecía en el mercado como dirigido a niños mayores de 12 meses con el propósito de enseñar palabras ligadas con su hogar, como “balón”, “refrigerador”, “sala”, “lámpara”, etc. Los niños debían observar el DVD en casa en repetidas ocasiones (15 veces durante 6 semanas) y fueron evaluados regularmente. Una vez se cumplió el tiempo estipulado, los investigadores encontraron que no se observó ninguna incidencia del DVD en los resultados de los niños en relación con el lenguaje ni con los objetivos educativos que promovía ese DVD.

Estos hallazgos son consistentes con los de las investigaciones de Richert, et al. y DeLoache. En la primera, participaron 96 niños entre 12 y 24 meses y en la segunda, 72 niños entre 12 y 18 meses y en ambas fueron utilizados DVD comerciales24 que se les entregaron a las familias para que sus niños los vieran en repetidas ocasiones en el hogar y bajo ciertos protocolos. Cuando los niños fueron evaluados no se encontró ninguna evidencia de que estos DVD hubieran contribuido con el incremento de su vocabulario. Lo que encontró Richert es que había una relación negativa entre la edad, el conocimiento general del lenguaje y estos videos. Cuanto más temprana hubiese sido la exposición a estos videos (como los de Baby Einstein), más bajas eran las puntuaciones en las medidas de conocimiento de vocabulario general. De igual forma se señaló que los padres tendían a sobreestimar y a tener una visión muy positiva de este tipo de videos.

A partir de estos trabajos quedan varias preguntas acerca del diseño de los experimentos, del material empleado, de los alcances de sus resultados y de la posibilidad de trasladarlos a otros contextos, sin embargo, señalan una serie de rutas de futuras investigaciones sobre estos productos y su relación con aspectos específicos del desarrollo de los niños. Adicionalmente, estos trabajos han permitido subrayar la importancia de la interacción de los padres o de las personas que participan del cuidado de los niños para acompañarlos cuando ven la televisión. Es realmente, la interacción con los adultos o con otros niños la que logra contribuir con el desarrollo del lenguaje y con el aprendizaje mediado por pantallas. Sobre este último aspecto, hay una serie de investigaciones acerca de la manera como esta interacción puede marcar diferencias importantes en la relación de los niños menores de tres años y la televisión. Al respecto puede ubicarse el trabajo de Fender. En ese estudio se observaron las interacciones y se registraron las conversaciones de varios padres y sus niños (12-25 meses) mientras veían un DVD educativo que promovía la enseñanza de palabras. Se pudo establecer que existían tres modos de interacción y de tipos de diálogos: centrados de manera alta, moderada y baja en la enseñanza. Aquellos niños que participaron de una interacción con sus padres y un diálogo altamente centrados en la enseñanza a partir del contenido de los DVD fueron quienes reportaron mayores avances en cuanto al número de palabras aprendidas. Durante esta investigación los padres y sus hijos fueron grabados en un laboratorio a través de una cámara de video mientras veían el DVD, así que su interacción se produce en condiciones distintas a las del hogar, no obstante, es posible ir estableciendo algunas pistas que podrían llevar a utilizar los contenidos de los medios dirigidos a niños como herramientas para el aprendizaje, aunque todavía se requiere más investigación para avanzar en esa dirección.



Extraído de
Los niños menores de tres años y la televisión
Perspectivas de investigación y debate (1999-2010)
Adriana Rodríguez Sánchez

lunes, 28 de marzo de 2016

Como inciden los medios de comunicación en la identidad de una sociedad


Los medios de comunicación ya no son un mero intermediario, sino que tienen capacidad para “crear realidades”, compite con ventaja con la escuela, y esto debe ser tratado en ella.

A lo largo de la historia, se produjeron revoluciones en la comunicación, cada nuevo medio aportó un recurso que produjo cambios importantes en la organización de la sociedad y en la transmisión de la cultura.

La introducción de nuevas tecnologías modificó la lectura, el modo de vivir y de entender la realidad y la intervención sobre ella. Es la modificación cultural introducida por los medios de comunicación de más, lo que va a provocar las reacciones más dispares, desde los entusiasmos más fervorosos hasta las condenas más rigurosas.

En las sociedades contemporáneas es cada vez mayor la importancia de los medios masivos y en particular de la televisión. Esta influye sobre la forma de actuar o de pensar de las personas, logra modificar la forma en que los hombres conocen y comprenden la realidad que los rodea.

La intensidad y calidad de la utilización de los medios oscilan enormemente, dependiendo en particular de la infraestructura medial del país y del status social, económico y cultural del usuario. En general se puede constatar que los medios se utilizan con tanta más intensidad cuanto más desarrollada está la estructura medial de la nación y mayor es el nivel cultural del usuario.

La importancia de la televisión en el proceso de socialización de los chicos y jóvenes y de todos los integrantes de la sociedad están relacionadas con la calidad de los contenidos de los programas educativos, informativos y de entretenimientos que transmite y también de las publicidades que influyen en los hábitos de consumo de la población.

Los medios son parte esencial de los procesos de comunicación en las sociedades modernas. Los masivos medios de comunicación instalan pantallas simbólicas e invisibles que se transforman en gigantescos, coloridos y movedizos pizarrones con muy variados e importantes contenidos. La televisión es la maestra electrónica de nuestros tiempos.

La TV se transforma de vehículo de hechos, en aparato para la producción de hechos, es decir, de espejo de la realidad pasa a ser productora de realidad.

Los medios de comunicación son parte esencial de los procesos de comunicación de las sociedades modernas; aportan interpretaciones de la realidad, que son internalizadas por sus públicos. Las personas pueden desarrollar construcciones subjetivas y compartidas de la realidad a partir de lo que leen, escuchan o miran. Por tanto, su conducta personal como social, puede ser moldeada en parte por las interpretaciones aportadas por los medios ante hechos y temas sociales, con respecto a los cuales los individuos tienen pocas fuentes alternativas de información.

El proceso de socialización es continuo y generalmente pasa en forma inadvertida. Ni el contenido ni los métodos de socialización son inmunes a la influencia de los medios, la influencia y el cambio pueden tener lugar y de hecho lo tienen. "Los medios de masa, se pueden admitir, constituyen sólo un aspecto del proceso, pero sería muy sorprendente en verdad si no desempeñaran un cierto papel en la modelación de nuestras actitudes respecto de la vida, de nosotros mismo y de los demás.

Los medios en general, se han convertido en la primera escuela, tanto para la creación y la legitimación de formas de conducta, la visión que el hombre tenga de sí mismo, la sociedad y sus relaciones. Ejemplos de obediencia ciega a los medios, es la adopción de lenguajes y modas promocionadas pero que no guardan la menor cordura.

De la misma forma que el advenimiento del lenguaje le abrió a la gente nuevas puertas para que pudiera escapar de los límites de la comunicación circunscripta, la llegada de la comunicación de masas y su transformación en sistemas de comunicación complejos permite a los seres humanos de nuestros días organizarse a una escala más global.

A través de su compleja telaraña de relaciones de dependencia con los individuos, las redes interpersonales, las organizaciones y los sistemas sociales, el sistema de medios ha evolucionado desde el status que tenía en la década del ’30 del siglo pasado hasta su status contemporáneo como sistema de información fundamental para la continuidad de la sociedad.

La importancia hoy asignada a los medios es tal, que cada vez se incrementa la tendencia a asignarle el papel de institución hegemónica en el proceso de socialización.

Esta preponderancia de los medios obedece a múltiples motivos, aunque algunos son muy obvios como la presencia constante de ellos en toda la población y el hecho de llegar mucho antes a los niños que la escuela.

No debe olvidarse que los medios llegan hasta los lugares más recónditos del mundo, en donde no tienen acceso a la educación formal; estos sectores marginales de la cultura, igualmente se integran a las características y formas de vida de la población, adecuándose e integrándose de manera constante a lo que la misma exige, así como asimilándose a sus cambios.

Hoy es imposible negar la gran importancia de los medios de comunicación en un proceso de socialización en el que actúan no con exclusión sino en distintos grados de combinación y coexistencia con los otros, en una situación de reforzamiento constante.
Los sucesos que ocurren en una sociedad constituida por diversos sistemas sociales, con una cultura determinada y con una estructura y dinámica que articulan su forma de ser, son transmitidos no asépticamente por los medios. Las características de estos se ven limitadas por los distintos sistemas sociales y en distintos grados. Son los directores de radio, TV, de diarios, yen el fondo tienen además responsabilidad los anunciantes, los que trasmiten influjos culturales, a veces buenos, a veces malos, que influyen en el futuro del país y en la formación individual de los niños.



Extraído de
Los medios
Autor: Verónica Cecilia Pralong

miércoles, 7 de octubre de 2015

Efectos del uso de los videojuegos



Mucho ha cambiado la vida cotidiana en estas tres últimas décadas. Los videojuegos, de reciente aparición tienen una presencia innegable ¿Existen evidencias científicas de efectos negativos por su uso? ¿Qué elementos existen para el debate?


Los Estados Unidos firmaban el alto el fuego que terminaría con la Guerra de Vietnam, Henry Kissinger era nombrado Secretario de Estado, Sitting Bull (Toro Sentado) se sublevaba contra el gobíerno americano en Dakota del Sur.

En España el Almirante Carrero Blanco era nombrado presidente del gobierno, se iniciaba el proceso 1001 contra los líderes de CC.OO. El F.C. Barcelona fichaba, por primera vez, a Johan Cruyff. Nos abandonaban Pablo Picasso y Pau Casals y la era del "600" tocaba a su fin.

Al tiempo que todo esto ocurría Nolan Bushwell diseñaba una nueva maquina, similar a las que inundaban las salas de recreativas de la época. Esta máquina recibió el nombre de Pong, que consistía en una humilde simulación del tenis de mesa. Sin embargo Pong presentaba una característica que lo hacía único entre los numerosos modelos de máquinas que existían para este fin. Esta particularidad residía en el hecho de que no existían componentes mecánicos, resultando su funcionamiento cien por cien electrónico y controlado por un microprocesador.

El juego se desarrollaba por primera vez frente a un monitor de televisión en el que aparecían dos rectángulos a modo de jugadores y un pequeño cuadrado que osci­ laba de un lado a otro de la pantalla y que representaba una pelota. Los jugadores controlaban el rectángulo en el eje vertical de la pantalla y debían esforzarse en devolver al otro jugador el cuadrado que oscilaba de izquierda a derecha. Acababa de nacer el videojuego.

Con toda seguridad existían con anterioridad programas de ordenador de tipo lúdico, sin embargo el uso restringido que de estas máquinas se hacía, dificultó la popularización de esta forma de ocio.

En 1977 la firma Atari lanza el primer sistema de videojuegos en cartucho, cosechando un éxito notable en los Estados Unidos y una discreta difusión en Europa.
Dos años más tarde Philips comercializa un sistema de videojuego similar al de Atari, si bien se concibe como un sistema abierto que en un futuro debía permitir otras actividades además del juego. Ello se conseguía incorporando un teclado alfabético a la consola de juego, con lo que posteriores cartuchos podrían llegar a convertir este sistema en un pequeño ordenador.

Sin embargo el videojuego no llegaría a ser una forma extendida de entretenimiento hasta el inicio de la década de los ochenta donde la llegada de los primeros ordenadores domésticos supuso una auténtica revolución del ocio. Nos estamos refi­ riendo a la aparición de los primeros ordenadores VIC-20, de Commodore, ZX81 y Spectrum, de Sinclair.

Es en este momento cuando empieza a advertirse un interés destacable entre los estudiosos de la conducta por esta forma de ocio, apareciendo las primeras investigaciones sobre los efectos de los videojuegos en sus usuarios. También en esta época empezaron a aparecer las primeras críticas feroces.

La mayoría de investigaciones realizadas sobre la incidencia de los videojuegos en el comportamiento de los jugadores, coinciden en señalar la ausencia de consecuencias negativas sobre estos. Estas investigaciones se caracterizan por una tónica marcadamente desmitificadora. Observamos como las diferencias de opinión surgen cuando se comparan las opiniones e investigaciones efectuadas con rigor científico con las creencias y tópicos que desde su origen se han vertido sobre el videojuego por personas con un conocimiento lejano y mas basado en estereotipos que en observaciones directas. Con demasiada frecuencia el debate resulta imposible pues se enfrenta la razón con la pasión y la investigación con la especulación.

Pese a que la investigación sobre este tema existe desde hace unos años, se ha prestado poca atención a aquellos efectos que pudieran presentarse a largo plazo. Habitualmente se recurre a la novedad de esta forma de entretenimiento para justificarla dificultad de evaluar individuos sometidos durante períodos de tiempo prolongado a esta actividad.

Elementos para el debate
No es nuestra intención aburrir al lector de este texto con una exhaustiva revisión de la investigación que se ha realizado sobre este tema en los últimos años, puesto que además existen obras y artículos científicos que cumplen sobradamente este cometido.

Sin embargo creemos obligado ofrecer una serie de consideraciones previas respecto al tema tratado en este trabajo (los efectos a largo plazo debidos al uso de videojuegos),  derivadas del conocimiento disponible en la literatura científica actual.

Existe una opinión prácticamente unánime entre los investigadores respecto a la no existencia de incidencias negativas derivadas del uso de vídeojuegos a este nivel. De este modo Brown  señala como la aceptación del videojuego como fenómeno de masas puede mejorar el rendimiento cognitivo y ayudar a los estudiosos de la percepción a una mejor comprensión de los mecanismos implícitos en el proceso de la información y en el conocimiento de las habilidades motrices.

Griffith y cols. pudieron comprobar la existencia de diferencias significativas en la coordinación óculo-manual a favor de los jugadores de videojuegos. No obstante este extremo resulta únicamente cierto en un reducido número de juegos que englobaría a los videojuegos de tipo arcade y entre estos a los de. características más simples. No obstante los arcades de segunda generación incluyen el reconocimiento de formas y colores, implicando estrategias de orden superior, para que sea efectiva la resolución de las diferentes fases del juego.

Además del componente cognitivo de naturaleza cualitativa, resulta de vital importancia considerar la vertiente cuantitativa del rendimiento intelectual de los usuarios de videojuegos. En este aspecto la investigación es concluyente en cuanto a estimar la no influencia de esta práctica. Parece constatarse -en algunos casos- una discreta ventaja intelectual de los jugadores de videojuegos sobre los no jugadores. Sin embargo dichas relaciones difícilmente pueden interpretarse como una relación causal y probablemente estén limitadas a modos diferentes de percibir la tecnología en función del rendimiento intelectual de los individuos.



Extraído de
Apuntes de Psicología
2001, Vol. 19, número 1, pp. 161-174.
Colegio Oficial de Psicólogos (Andalucía Occidental) y Universidad de Sevilla
Efectos a largo plazo del uso de videojuegos
Juan Alberto ESTALLÓ M. Carme MASFERRER Candibel AGUIRRE
Instituto Psiquiátrico de Barcelona

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