miércoles, 11 de febrero de 2015

Seis cuestiones para entender la hegemonía mediática

¿Quién tiene la capacidad de establecer sentidos? ¿Qué intereses hay detrás de los medios? ¿Son imparciales? ¿Qué valores sustentan? ¿Libertad de expresión o de empresa?


1. El sistema mediático contemporáneo demuestra capacidad de fijar sentidos e ideologías, seleccionando lo que debe ser visto, leído y oído por el conjunto del público. Por más que existan por parte de lectores, oyentes y telespectadores expectativas y respuestas diferenciadas a los contenidos recibidos, son los grupos privados de comunicación que prescriben orientaciones, enfoques y énfasis en los informativos; cuáles son los actores sociales que merecen ser incluidos o marginalizados; cuáles las agendas y pautas que deben ser destacadas o ignoradas.

Los medios difunden juicios de valor y sentencias sobre hechos y acontecimientos, como si estuvieran autorizados a funcionar como una especie de tribunal, sin ninguna legitimidad para eso. Su intención, asumida pero no declarada, es diseminar contenidos, ideas y principios que ayuden a organizar y unificar la opinión pública en torno a determinadas visiones de mundo (casi siempre conservadoras y sintonizadas con el estatus quo).

Los medios eligen los actores sociales, articulistas, analistas, comentaristas y columnistas que deben ser prestigiados en sus vehículos y programaciones. En la mayor parte de los casos, como observa Pierre Bourdieu, estos portavoces nada no hacen más que reforzar el trabajo de los “think tanks” neoliberales en favor de la mercantilización general de la vida y la desregulación de las economías y los mercados. En efecto, los “intelectuales mediáticos” o “especialistas” dicen todo aquello que sirve a los intereses de clases e instituciones dominantes, combatiendo y descalificando ideas progresistas y alternativas transformadoras.

Los grupos mediáticos mantienen también acuerdos y relaciones de interdependencia con poderes económicos y políticos, en busca de presupuestos de publicidad, patrocinios, financiaciones, exenciones fiscales, participaciones accionarias, apoyos en campañas electorales, concesiones de canales de radiodifusión, etc. No son neutros y exentos, como quieren hacer creer; son parciales, toman partido, favorecen los intereses mercantiles, defienden posiciones políticas, combaten ideológicamente a los opositores.

2. Los medios se apropian de diferentes léxicos para intentar colocar dentro de sí todos los léxicos, a servicio de sus objetivos particulares. Palabras que pertenecían tradicionalmente al léxico de la izquierda fueron resignificadas durante la hegemonía del neoliberalismo en las décadas de 1980, 1990 y parte de 2000. Cito, de inmediato, dos palabras: reforma e inclusión. De la noche a la mañana, pasaron a ser incorporadas a los discursos dominantes y mediáticos, en sintonía con el ideario privatista. Se trata de indiscutible apropiación del repertorio progresista, que siempre asoció reformas al imaginario de la emancipación social. Las apropiaciones tienen el propósito de redefinir sentidos y significados, a partir de ópticas interpretativas propias.

3. Al celebrar los valores del mercado y del consumismo, el sistema mediático subordina la existencia al mantra de la rentabilidad. La glorificación del mercado consiste en presentarlo como el ámbito más adecuado para traducir anhelos, como si sólo él pudiera convertirse en instancia de organización societaria. Un discurso que no hace más que realzar y profundizar la visión, claramente autoritaria, de que el mercado es la única esfera capaz de regular, por sí misma, la vida contemporánea. Los proyectos mercadológicos y los énfasis editoriales pueden variar, menos en un punto: las corporaciones operan, consensualmente, para reproducir el orden del consumo y conservar hegemonías instituidas.

4. Los discursos mediáticos están comprometidos con el control selectivo de las informaciones, de la opinión y de los juicios de valor que circulan socialmente. Eso se manifiesta en las manipulaciones de los noticieros y la interdicción de los puntos de vista antagónicos, afectando la comprensión de las circunstancias en que ciertos hechos acontecen (generalmente los que son contrarios a la lógica económica o a las concepciones políticas dominantes).

Los medios masivos buscan reducir al mínimo el espacio de circulación de ideas contestatarias – por más que estas continúen manifestándose y resistiendo. La meta es neutralizar análisis críticos y expresiones de disenso. Un ejemplo de lo que acabo de decir son los enfoques tendenciosos sobre las reivindicaciones de movimientos sociales y comunitarios. Son frecuentemente subestimadas, cuando no ignoradas, en los principales periódicos y telediarios, bajo el argumento falaz de que son iniciativas “radicales”, “populistas”, etc. La vida de las comunidades subalternas y pobres está disminuida o ausente en los noticieros.

5. El sistema mediático rechaza cualquier modificación legal que ponga en riesgo su autonomía y sus ganancias. A cualquier movimiento para la regulación de la radiodifusión bajo concesión pública, reacciona con violentos editoriales y artículos que presentan los gobernantes que se solidarizan con la causa de la democratización de la comunicación como “dictadores” que quieren sufocar la “libertad de expresión”. Es una grosera mistificación. Lo que hay, en verdad, es el bloqueo del debate sobre la función y los límites de la actuación social de los medios. Las grandes empresas del sector no tienen ninguna autoridad moral y ética para hablar en “libertad de expresión”, pues niegan diariamente la diversidad informativa y cultural con el control selectivo de la información y la opinión. Se confunden intereses empresariales y políticos con lo que sería, supuestamente, la función de informar y entretener. Todo eso acentúa la ilegítima pretensión de los medios hegemónicos de definir reglas unilateralmente, inclusive las de naturaleza deontológica, para colocarse por encima de las instituciones y los poderes constituidos, ejerciendo no la libertad de expresión, sino la libertad de empresa.

6. Los conglomerados detienen la propiedad de la mayoría de los medios de difusión, la infraestructura tecnológica y las bases logísticas, lo que les confiere dominio de los procesos de producción material e inmaterial. La digitalización favoreció la multiplicación de bienes y servicios de infoentretenimiento; atrajo players internacionales para negocios en todos los continentes; intensificó transmisiones y flujos en tiempo real; y agravó la concentración en sectores complementarios (prensa, radio, televisión, internet, audiovisual, editorial, telecomunicaciones, publicidad, marketing, cine, juegos electrónicos, móviles, plataformas digitales, etc.).

Todo eso hace sobresalir nuevas formas de plusvalía en la economía digital: la tecnología que posibilita sinergias y convergencias; el reparto y la distribución de contenidos generados en las mismas matrices productivas y plataformas; la racionalidad de costes y la planificación de inversiones.

Se origina de ahí un sistema multimediático con flexibilidad operacional y productiva, que incluye amplia variedad de iniciativas y servicios digitales, flujos veloces, espacios de visibilidad, esquemas globales de distribución, campañas publicitarias mundializadas y técnicas sofisticadas de conocimiento de los mercados. La finalidad es garantizar el mayor dominio posible sobre las cadenas de fabricación, procesamiento, comercialización y distribución de los productos y servicios, incrementando la rentabilidad y los dividendos monopólicos.




Autor

- Dênis de Moraes es investigador senior del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) y de la Fundación Carlos Chagas Filho de Amparo a la Investigación del Estado de Río de Janeiro (FAPERJ), de Brasil. Autor, entre otros libros, de Medios, poder y contrapoder, con Ignacio Ramonet y Pascual Serrano (Biblos, 2013), La cruzada de los medios en América Latina (Paidós, 2011) y Mutaciones de lo visible: comunicación y procesos culturales en la era digital (Paidós, 2010).

jueves, 5 de febrero de 2015

¿Cuál es la concepción de cuerpo transmitida actualmente por los medios?

La lógica empresarial ha invadido el modo en que se concibe el cuerpo, y el dinero se transformó en un elemento regulador ¿En que sentido podemos decir que el cuerpo se convierte en un objeto?

En la actualidad, los medios masivos de comunicación, el mundo del mercado y de las nuevas tecnologías están presentes prácticamente en la totalidad de los ámbitos sociales influyendo notablemente en el modo en que es concebido el cuerpo. De esta manera, discursos provenientes de dispositivos como la televisión, Internet y la publicidad, contribuyen a la formación de inéditos modelos corporales. Parece ser que cierta lógica empresarial impregna todos los sectores de esta cultura. Se redefinen constantemente los valores. La ética muchas veces se deja a un lado, y todo lo que es posible realizar se efectúa, más allá de que sea o no deseable, en pos de beneficios económicos ¿Los fines justifican los medios? El dinero se transforma en regulador de gran parte de las prácticas.

Según Sibilia si bien en la era de la digitalización muchas veces se sospecha de lo material por ser perecedero e imperfecto, al mismo tiempo, se ofrece una inmensa variedad de productos y servicios capaces de modificar a gusto los contornos, volúmenes, tonalidades y relieves de los cuerpos en tanto existe una devoción por las buenas formas, la estética, y el bienestar corporal.

En lo relativo al espectáculo deportivo, circulan diversas representaciones sobre el cuerpo. Ariel Scher, periodista que teoriza sobre esta cuestión, distingue dos lógicas dominantes: la lógica de la “alta competición”, en la que todo o casi todo es posible con y en el cuerpo de un deportista con tal de alcanzar resultados; y la lógica de la prensa deportiva, que generalmente funciona para contar los resultados, sin revisar cuál es la construcción individual y colectiva de los actores de ese show, cuál es el proceso que modela a los generadores de los resultados, cuál es el sentido de que los cuerpos se preparen o dejen de prepararse para hacer deporte . “Y en ese contexto, dentro del espectáculo deportivo, se mueven y se dejan mover los cuerpos de los deportistas, que son protoplasma con talento, pero sobre todo con precio. Los cuerpos de los deportistas: mercancías muy famosas, bastante famosas o con posibilidades de volverse famosas porque la fama es, y fuertemente, otro valor de mercado.”. Así, es común encontrarse con frases como “tal jugador es de tal equipo”, o “tal deportista fue pagado por un club tanto dinero”. En este sentido, se puede hablar de una “matematización” y objetalización permanente del cuerpo humano y de sus capacidades.

Por otro lado, cambia la manera que tienen los sujetos de relacionarse consigo mismos y con los demás. Hay una proliferación de modos de comunicación, como las redes sociales y la telefonía celular, que generan novedosas formas de interactuar, donde el cuerpo pierde su centralidad. “Los intercambios sociales tradicionales se caracterizaron por un soporte subjetivo en el cuerpo mientras que en la contemporaneidad la virtualidad posibilita la ausencia del mismo en las relaciones”. (Benito, K., Zambrini).

En síntesis, de lo desarrollado hasta aquí se delimita entonces que, actualmente, habría dos tendencias: por un lado, se objetaliza al cuerpo (ya sea desde la estética y la belleza transmitiendo modelos ideales, o desde el rendimiento y las ganancias que éste puede producir) transformándolo de esta manera, en una mercancía más. Por otro, se sustrae al cuerpo de los intercambios sociales en tanto ya no es necesaria su presencia para establecer relaciones personales. A partir de ambas tendencias es posible recortar, entonces, lo impersonal3  como característica de la época ya que los modelos transmitidos son iguales para todos, como si fueran los únicos posibles; y las palabras que se utilizan en las comunicaciones virtuales, no pertenecen a ningún cuerpo en particular (dejándose de lado el lenguaje corporal).



Extraído de:
Kopelovich, P. (2013) Propuestas desde la Educación Física frente a la concepción de cuerpo imperante en los Medios Masivos de Comunicación: Desafíos actuales para la escuela [en línea]. 10mo Congreso Argentino de Educación Física y Ciencias, 9 al 13 de septiembre de 2013, La Plata. En Memoria Académica. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.3311/ev.3311.pdf

domingo, 11 de enero de 2015

La recepción por parte de los alumnos de la imagen de cuerpo dada por los medios


¿Los niños y adolescentes son simples objetos pasivos frente a las imposiciones de los medios? ¿Cómo disminuir los riesgos de alienación y dependencia? ¿Qué importancia tiene el “aprendizaje significativo”?

Ahora  bien,  ¿cómo  reciben  los  alumnos  estas  ideas  acerca  del  cuerpo,  que subyacen a los mensajes transmitidos por los Medios?

Según Magdalena Albero, A., los niños y adolescentes no son pasivos frente a lo que los rodea, sino que entienden, seleccionan y utilizan la información presente en su contexto y que, por algún motivo, consideran relevante. Así, por ejemplo, en el caso de la televisión, “es parte de la vida cotidiana del niño y la forma en que la utilizan no está necesariamente modelada por los propios contenidos televisivos, sino por el uso y la comprensión individual de esos contenidos”.

Ahora bien, la forma de realizar esta selección y utilización de la información debe ser aprendida. En este sentido, es la intervención de agentes externos a la televisión la que permite “filtrar” y analizar críticamente los mensajes mediáticos, evitando “el rol  de  meros  espectadores  para  pasar  a  ser  actores  que  decidan  sobre  sus preferencias y que sean `impermeables´ a los entramados de consumo que propone el mercado como única forma de acceder al `prestigio social´ y, principalmente, a la felicidad” (Duek). Al respecto, la familia y la escuela pueden considerarse como agentes principales en este aprendizaje.

Esta consideración, remite a lo planteado desde el ámbito educativo académico por Juan Carlos Tedesco, quien señala que la función de la escuela en relación a la cultura tiene que ver con la formación del “núcleo estable”, de los marcos de referencia, que permitirán afrontar las modificaciones permanentes a las cuales somete la producción cultural del nuevo capitalismo. A su vez, plantea que estos marcos de referencia son tanto culturales como cognitivos. “Desde el punto de vista cultural, las informaciones y las opciones de conductas son procesadas a través de una serie de operaciones de identificación, de reconocimiento, de diferenciación, de adhesión o de rechazo, que suponen la existencia de un núcleo cultural básico, desde el cual es posible elegir y responder a los mensajes culturales. Desde el punto de vista cognitivo sucede algo similar: el acceso a las informaciones provoca procesos  de  comparación,  asociación,  transferencia,  etc.,  que   depende   del desarrollo intelectual del sujeto.”. El autor señala que cuando este núcleo cultural y cognitivo no está constituido o lo está muy débilmente, aumentan los riesgos de alienación y de dependencia, en tanto los medios de comunicación no han sido concebidos para formar este núcleo.
En este sentido, lo que puede hacer la escuela -lejos de desconocer o negar la influencia relativa al cuerpo que reciben los alumnos desde los Medios- es contribuir a la construcción de herramientas para que éstos puedan actuar reflexivamente e identificar los mecanismos de representación, estereotipación y selección presentes en los programas y medios que consumen habitualmente. Pero, ¿por qué la escuela debería tener en cuenta lo que los alumnos saben, piensan hacen y reciben acerca del cuerpo, por fuera de la institución?

Contexto educativo y aprendizaje significativo
Con respecto a la consideración de cada contexto, Gloria Edelstein, al argumentar a favor de abandonar el concepto de “método” (universal modo de enseñanza propuesto por Comenio) para adoptar el de “construcción metodológica”, la caracteriza como: “construcción (…) de carácter singular, que se genera en relación con un objeto de estudio particular y con sujetos particulares”.

En relación a su carácter singular subraya que la construcción metodológica se conforma en el marco de situaciones o ámbitos particulares. Es decir, se construye en relación con el contexto no sólo áulico e institucional, sino también social y cultural. Es por esto que la planificación, en el sentido de la construcción metodológica, no puede desconsiderar el contexto: tiene que ser situacional.  Y, según lo desarrollado previamente, la situación actual está marcado por la fuerte presencia de los Medios con cierta idea sobre el cuerpo que lo objetaliza, lo trata como una mercancía y lo separa de la persona (lo que más arriba se nombró como “impersonal”).

Desde esta perspectiva, se evidencia además la importancia del “aprendizaje significativo” a partir de la articulación entre los conocimientos previos de los alumnos y los que se quieren construir. Esto es, al considerar la influencia del contexto en el que se encuentran los alumnos, es posible partir del interés y la fascinación que les generan los medios masivos, para desarrollar contenidos que pueden o no estar directamente relacionados. Esto supone además, y fundamentalmente, que al tener en cuenta la concepción de cuerpo que traen los alumnos y articularla con otra concepción posible, se propiciaría un verdadero aprendizaje.

Surge ahora la pregunta acerca de la relación entre la Educación Física y el contexto actual en general y la concepción de cuerpo trasmitida por los Medios en particular. Valter Bracht, plantea como hipótesis la existencia de un defasaje (o momento de transición) al interior de la Educación Física entre el sub-universo simbólico de legitimación  de  la  Educación  Física,  todavía  moderno,  acuñado  a  partir  de  los presupuestos  epistemológicos  de  la  ciencia  tradicional  (moderna), y  el  universo simbólico de la alta modernidad. Profundiza esta cuestión al decir que dicha ciencia era de carácter mecanicista e implicaba, en consecuencia, una visión del cuerpo afín (o sea, mecánica). Esto conlleva la necesidad de construcción de otros conceptos (o la resignificación de los antiguos), a partir de un nuevo “paisaje cognitivo” o del paisaje epistemológico propio de principios del siglo XXI, en el cual la ciencia se presenta apenas como una de las posibilidades de conocer..




Extraído de:
Kopelovich, P. (2013) Propuestas desde la Educación Física frente a la concepción de cuerpo imperante en los Medios Masivos de Comunicación: Desafíos actuales para la escuela [en línea]. 10mo Congreso Argentino de Educación Física y Ciencias, 9 al 13 de septiembre de 2013, La Plata. En Memoria Académica. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.3311/ev.3311.pdf

jueves, 4 de diciembre de 2014

Los medios de comunicación social como agentes socializadores



El artículo que publico gira en torno a los medios de comunicación como agente socializador, y como creador de sentidos. Esto nos permite algunas reflexiones ¿Qué sucede con las Escuelas? ¿Ha perdido capacidad de acción? ¿Cómo actuar al respecto?

Todos nos comunicamos; comunicarse es una de esas experiencias sustancialmente humanas que asumimos como parte de nuestra cotidianeidad. Al pensar el fenómeno de la comunicación, frecuentemente nos encontramos con definiciones confrontadas, nociones contradictorias y bastantes significativas.

Comunicarse suele ser vincularse, poner en común, compartir, intercambiar. La comunicación asumida como un trabajo específico o relacionado con alguna otra tarea de tipo cultural suele transformarse en producción de mensajes, manejo de instrumentos o canales, estrategias informativas.

Hoy en día, los medios de comunicación constituyen una herramienta persuasiva que nos permiten mantenernos en continua comunicación con los distintos sucesos sociales, económicos y políticos tanto a escala nacional como internacional. Las sociedades modernas se encuentran permanentemente en comunicación; en ellas, los medios tienen el poder de conectar las partes dispersas en el todo, desempeñando un papel importante en la promoción cultural y la formación. Su acción aumenta en importancia por razón de los progresos técnicos, de la amplitud y la diversidad de las noticias transmitidas.

Un medio de comunicación es una institución que produce y reproduce una realidad pública, y como dice Mauro Wolf en su obra "Los efectos sociales de los medias", los medios no solo transmiten información sobre la realidad sino que también plasman la realidad del contexto social político. Estos especialistas pueden transformar cualquier hecho real en la materia prima de un mensaje-noticia, en un producto, que a su vez pasa a alimentar el circuito de la información.

La noticia tiene un sentido y una función que se ha hecho imprescindible como vínculo social e intersubjetivo que permita reunir la pluralidad cultural de los miembros de una comunidad, y generar una historia común, una identidad y un discurso propio en el que puedan reconocerse.

Los medios masivos de comunicación son un poderoso medio de socialización, a la par de la familia, la escuela y el trabajo, que modelan los sentimientos, las creencias, entrenan los sentidos, ayudan a formarla imaginación social; en síntesis, fomentan y facilitan ciertas construcciones mentales por donde transcurre luego el pensamiento de las personas en sociedad".

La comunicación representa el espacio donde cada quien pone en juego su posibilidad de construirse con otros. Pero transformada en práctica social, comenzó a constituir una esfera de preocupaciones para analistas de diversos orígenes. Es decir, desde el momento en que con la aparición y desarrollo de las tecnologías de naturaleza electrónica, la sociedad asumió las modalidades de comunicación masiva.

Si algo caracteriza al siglo XX ha sido el desarrollo de la "cultura de masa", a través de los medios de comunicación que han vivido una expansión enorme y paralela al perfeccionamiento del capitalismo, convirtiendo a la noticia, en esencia una pieza breve y sesgada de la actualidad, en el centro de la cultura popular. Periódicos, radio y más tarde la televisión, se han convertido en los creadores de debates, de ideascompartidas, de cohesión social, de mitos y leyendas.

Los medios de comunicación social pueden engendrar cierta pasividad en los usuarios, haciendo de éstos, consumidores poco vigilantes de mensajes o de espectáculos. Los usuarios deben imponerse moderación y disciplina respecto a los mass-media. Han de formarse una conciencia clara y recta para resistir más fácilmente a las influencias de los medios.

Los medios, por un lado, pueden contribuir a la formación de individuos más cultos, mejor informados y más libes, pero por el otro, pueden servir para la difusión de una cultura superficial, rutinaria y consumista; pueden ser utilizados para entender e ilustrar nuestros ocios, como también para alienarnos con falsos señuelos, falsos ídolos y falsas doctrinas.

Existen algunos comunicólogos que consideran que los medios de comunicación no son tan poderosos como creyeron alguna vez teóricos de la comunicación. La existencia de una sociedad dividida en muchas subculturas, caracterizada por el pluralismo cultural popular avala tal premisa. Para ellos, los medios reflejan los cambios que van ocurriendo en una sociedad en un momento dado, pueden agregar ímpetu y acelerar las cosas, pueden establecer agendas, pueden incrementar el conocimiento, pero nunca tienen ni tendrán la capacidad de uniformar a la gente.

Guinsberg, Enrique en su libro "Control de los medios control del hombre", plantea como punto de partida que toda la sociedad necesita construir y construye un determinado tipo de sujeto social, el adecuado para el mantenimiento y reproducción del sistema estructural que lo forma, utilizando para ello distintas instituciones (escuelas, iglesias, Medios, etc.)que confluyen hacia el objetivo buscado; en este punto es donde se plantea deque manera los medios masivos de difusión influyen en esta construcción.
En gran número de casos, los estudios sociológicos de los Medios en lo que respecta al análisis de los efectos, no han sido de contenidos ideológicos sino de reacciones conductuales y actitudinales.

Guinsberg está seguro de que la mayoría de los estudios de los "efectos" no consideran al hombre como ser social y ubicado en el contexto del marco social que lo forma y estructura, lo que implica ubicarlo en un marco englobante, evitando encerrarlo en sí mismo, sino que el análisis de los efectos está dirigido casi exclusivamente a aspectos puntuales como ser la violencia, consumo, cambio de actitudes, etc., sin entender como prioritarias incidencias mucho más profundas.

Guinsberg analiza algunos estudios realizados sobre los "efectos":  J. D. Halloran: Ni el contenido ni los métodos de socialización son inmunes a la influencia de los medios de comunicación de masa. Reconoce también como los medios de masa, particularmente aquellos en los que prevalece el elemento comercial, pueden promover una especie de conformismo social, una lealtad irreflexiva a mostrar estructura social.

Klapper: Reconoce los alcances persuasivos de los medios como ser:
          Crear opiniones o actitudes entre personas.
          Reforzar actitudes ya existentes.
          Disminuir las ya existentes, sin llevar a cabo una conversión.
          Convertir personas a un punto de vista opuesto al que mantenían.

Gerbard Maletzke: No existen las intensiones manipulativas. Solo se considera que los medios tienen intereses comerciales –satisfacer los deseos del cliente implica obtención de público, ventas, etc.- o bien lograr el apoyo a determinadas posiciones no entendidas como vinculadas a una ideología.



Extraído de
Los medios
Autor: Verónica Cecilia Pralong

jueves, 16 de octubre de 2014

Influencia de la televisión en las emociones


En este post transcribo párrafos de un trabajo de investigación que si bien fue realizado en el contexto español, puede aplicarse a toda Hispanoamérica, cambiando algunos nombres propios. El fenómeno del “reality show” ha alcanzado niveles planetarios, con ellos, entre otros fenómenos, vinieron “actores de usar y tirar”, ¿Existe preocupación en los hogares por la influencia que puedan tener este tipo de programas sobre los menores? ¿Es saludable que los niños pasen tanto tiempo frente a las pantallas viendo este tipo de programas? ¿Qué significa “telerrealidad”?
  


Últimamente hemos visto que la televisión ha ido degradando su imagen en gran medida, haciendo desaparecer los pocos programas culturales existentes o restándole importancia a asuntos de mayor importancia.

Se ha señalado y con razón que si el siglo pasado se caracterizó por la revolución industrial, el siglo XX ofreció como mayor característica la revolución en el terreno de las comunicaciones. Los datos más recientes revelan que cada ciudadano español ve la televisión 208 minutos al día, es decir, una media de 3 horas y media cada jornada (52 días enteros al año). En los últimos tiempos han surgido con audiencias millonarias los llamados “reality shows” o programas de telerrealidad como “Gran Hermano”, “El
Bus”, “Supervivientes”, “Operación Triunfo”, “Confianza Ciega”, etc. Algunos de estos espacios se han impuesto, en términos de audiencia, sobre otras opciones televisivas tradicionales como las películas, las series de ficción o los espacios infantiles, y se han convertido en los programas más vistos con seguimientos millonarios (las dos ediciones anteriores de Gran Hermano finalizaron con más de 9 millones de espectadores cada una, y Operación Triunfo lleva camino de batir todos los registros).

Con las cifras de la audiencia como testigo, muchas cadenas buscan el “cotilleo” y han acabado imponiendo un nuevo orden en el universo rosa, con reglas más “sucias” y una nómina de personajes que son pura picaresca, actores de usar y tirar en programas hechos a su medida que mucha gente considera “basura” pero que otra mucha consume en raciones diarias.

No hay más que hacer zapping, a cualquier franja horaria, para que uno se empache con un contundente menú de piques, revolcones, rupturas, denuncias, querellas, insultos y demás exquisiteces. Todo ello, salpicado por los comentarios de un grupo de tertulianos desbocados, y servido entre tandas de anuncios, aplausos y abucheos del público.

Las cadenas de televisión siguen apostando fuerte por estos contenidos, pero como la tele quema todo lo que toca, han tenido que inventar nuevos formatos, un circo con nuevos números que pasa por el uso de la cámara oculta de los concursos y de los “cutrefamosos” bajo el ojo de las cámaras.

Pero la comunicación de la información universal a través de los medios contemporáneos exige una fundamentación ética por parte de los que la dirigen y una colocación de los medios al servicio de la educación sana, de la verdad, de la socialización constructiva y de la armonía recíproca entre los hombres. Esto es especialmente importante en cuanto se refiere a la información suministrada a los niños, los cuales constituyen la mayor audiencia, dispuesta a ser amenizada, distraída y alimentada mentalmente.

A pesar de la constante y creciente introducción (o mejor dicho, intrusión) de la televisión, en la mayoría de los hogares, se observa una negligencia o despreocupación por la influencia que ejerce sobre las mentes en desarrollo y aun sobre la estructura de la familia, que día a día y lentamente es avasallada por el crimen y la banalidad, por el culto a la estupidez y lo superfluo, que están sustituyendo los valores más nobles y positivos de la vida.

Una o como mucho dos horas al día delante de la tele, ese es el tiempo máximo que aconseja la Academia Americana de Pediatría para los niños en edad escolar. En nuestro país, según Sofres, la empresa que estima las audiencias televisivas, la media de permanencia diaria frente al televisor de los españoles mayores de cuatro años es de 220 minutos, o lo que es lo mismo, 3 horas y 40 minutos. Esto significa que muchos niños pasan delante de la tele bastante más tiempo de lo que realmente es saludable para ellos. La explicación es simple; les encanta. Dibujos animados, series, concursos, programas musicales, anuncios publicitarios, deportes... La mayoría conoce la programación mucho mejor que sus propios padres. Y realmente, frente a la crisis de valores que atraviesa nuestra programación, hay pocos programas destacables que tal vez con un estilo sano transmitan cultura y entretenimiento divertido.

Teniendo en cuenta la importancia de todos los datos mencionados anteriormente, lo que más me preocupa es que esta nueva programación televisiva no solo influye en los adultos sino también en los niños.

Por estas razones, creo que es importante la necesidad de analizar lo que la gente opina al respecto y ver cuales son los efectos que realmente produce la televisión en nuestra sociedad.

La telerealidad
Los datos más recientes afirman que cada ciudadano español ve la televisión un total de 3 horas y 40 minutos cada día, lo cual es totalmente desmesurado. Con la llegada de los nuevos valores sociales, se están implantando en nuestros televisores los llamados “reality shows” o programas de telerrealidad, que se han impuesto contundentemente sobre otras opciones televisivas como pueden ser las películas, las series o los documentales. Estos nuevos programas de telerrealidad (como son “Gran Hermano”, “Operación Triunfo”, “El Bus”, “Confianza Ciega”, “Pop Stars”...) están obteniendo audiencias millonarias inimaginables, están batiendo récords.

Teniendo en cuenta los grandes índices de audiencia de los diversos programas que se están poniendo de actualidad en los últimos tiempos, la llamada “tele basura”, no es de extrañar que llegados a este punto nos encontremos en medio de un interesante debate sobre la calidad de estos programas. Hay desde quien los encuadra en la sección de lo absolutamente deleznable hasta quien cree que se está gestando un nuevo concepto de democracia digital, sin olvidar los intelectuales y pensadores, que han comenzado ya a interesarse por el impresionante efecto social conseguido por alguno de estos espacios.

En este sentido el filósofo Gustavo Bueno defiende a la televisión y a los espacios de telerrealidad cuando reflejan sin interferencias aspectos de la vida cotidiana de las personas, los entiende como “estudios sociológicos”, y defiende a “Gran Hermano” porque es más fiel a la realidad de la sociedad de la que surge y porque permite a los espectadores apreciar en los concursantes valores como la amistad, la generosidad o contravalores como la envidia o el machismo. Sin embargo, en contraposición de estas ideas, se encuentra el Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, Román Guber, que opina que “Gran Hermano es un pacto interesado (por los premios y la popularidad) entre el exhibicionismo rentabilizable de unos cuantos y la voracidad mirona del publico, que convierte las pantallas domesticas en agujeros de cerraduras”. Guber atribuye esta situación al gobierno implacable del sistema televisivo por parte de un espiral sensacionalista que, en función de la progresiva permisividad social, anuncia un porvenir poco o nada edificante.

Detrás de estos espacios, como puede suponerse, existen también grandes intereses económicos. Y no solo de las propias cadenas de televisión, que juegan millones de euros en cada apuesta televisiva en plena recesión de la inversión publicitaria. También hay que destacar el impresionante crecimiento de los ingresos de las compañías telefónicas como consecuencia de los mensajes enviados a los concursos de TV. Se ha calculado que en los días finales de la ultima edición de “Gran Hermano” se enviaron más de un millón de mensajes. Cifras que ampliamente fueron superadas por “Operación Triunfo” en este año que, en momentos de máxima audiencia, consiguió superar los 1000 mensajes por minuto. De hecho, en los últimos meses, se han creado más de 40 empresas especializadas en servicios interactivos (concursos, sorteos, chats, etc.). Por estos conceptos, el pasado año se facturaron 120 millones de euros (20.000 millones de las antiguas pesetas) y este año se espera triplicar la cifra en función de los más de 10.000 millones de mensajes cortos enviados desde los 30 millones de móviles existentes en España. De cada mensaje corto (SMS) enviado a un concurso televisivo (cuyo precio oscila entre los 0,3 y 0,9 euros sin IVA), la operadora del móvil se lleva aproximadamente la mitad y el resto se lo reparten el proveedor del servicio y el programa que organiza el concurso. Y todo ello, sin olvidar la repercusión que tendrá en el mercado musical el fenómeno “Operación Triunfo”, ya que varios de sus concursantes han vencido ya decenas de miles de copias de sus discos y su caché por actuación, cercanos a los 60.000 euros en el caso de Rosa López (ganadora de la primera edición), se sitúa a la altura de los cantantes más consolidados, para sorpresa de éstos y preocupación de sus compañías de discos, que temen un autentico terremoto de consecuencias imprevisibles en la industria musical.

Está claro que el fenómeno acaba de asomar y que los programas de telerrealidad van a ocupar los espacios centrales de la programación de las cadenas de televisión en los próximos tiempos. Tele 5 dio la campanada con “Gran Hermano” en la primavera del año 2000 y TVE contraatacó de manera espectacular con “Operación Triunfo”, pero esto solo fue el principio ya que les fueron siguiendo otros muchos (de los cuales algunos han fracasado); “Confianza Ciega”, “Supervivientes”, “El Bus”, “Pop Stars”, etc.

La interactividad de estos concursos, la posibilidad de votar para premiar o castigar a los concursantes, se revela como el factor más novedoso para el espectador en la medida que le otorga el papel de dueño del futuro de los diferentes protagonistas.

Descalificar un programa de televisión únicamente porque sea seguido por millones de personas no parece ser un argumento muy consistente teniendo en cuenta que las sociedades modernas se diferencian de las demás, precisamente, por estar gobernadas según los criterios de la mayoría. Aunque eso no significa que la mayoría siempre tenga que tener razón...



Extraído de:
LA INFLUENCIA DE LA NUEVA TELEVISIÓN EN LAS EMOCIONES Y EN LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS
Revista Internacional de Psicología
Dr. Serafín Aldea Muñoz
Director Departamento de Psicología Universidad de Soria

domingo, 28 de septiembre de 2014

La caracterización del consumo y uso de la televisión por parte de los niños menores de tres años


¿Tiene algún beneficio educativo el uso de la televisión en niños menores de tres años? ¿En qué medida están presentes las pantallas en niños de esas edades? ¿El uso de la televisión afecta la interacción con los padres? ¿Se considera preocupante el tiempo destinado a la televisión?


En líneas generales los estudios ubicados en esta tendencia persiguen dos objetivos. Por un lado, describir o caracterizar el acceso y uso que hacen los niños en su hogar de los medios de comunicación y, en especial, de la televisión. Por el otro, pretenden identificar y analizar los factores o variables sociodemográficas que influyen en la relación de los niños con estos medios, dentro de los que se destaca la pantalla televisiva.

Las investigaciones centradas en el primer objetivo se refieren al acceso como la presencia y posesión de los distintos medios de comunicación en el hogar, aunque se reconoce que aun no estando presentes en el espacio doméstico, los niños pueden acceder a ellos a través de otras vías (préstamos o visitas a lugares específicos). La noción de uso alude “a la cantidad de tiempo empleada consumiendo activamente un medio de comunicación”.

En estos trabajos ha predominado la utilización de técnicas de tipo cuantitativo como las encuestas, con cobertura nacional o regional, y que han sido hechas personalmente o a través de llamadas telefónicas. En menor proporción se ha recurrido a estrategias mixtas en las que se combinan o complementan técnicas cuantitativas y cualitativas.

De los anteriores trabajos sobresalen tres resultados que tienden a ser consistentes:
1. La saturación de imágenes y sonidos a los que están expuestos los niños menores de tres años en el hogar.
2. El lugar destacado que ocupa la televisión con respecto a los otros medios de comunicación en la vida de estos niños.
3. El incremento sensible en el tiempo del consumo televisivo durante estas edades.

Para ilustrar estos resultados se presentan algunas cifras de estudios llevados a cabo en Estados Unidos. El 99% de los niños menores de 6 años vive en un hogar donde hay televisor, el 50% tiene 3 o más televisores y el 36% tiene un televisor en su cuarto. El 65% vive en un hogar donde el televisor está prendido casi la mitad del tiempo y el 36% en uno donde siempre o casi siempre está prendido. Para Vandewater et al., uno de cada cinco niños entre 0 y 2 años y más de la tercera parte entre 3 y 6 años tiene televisor en su cuarto.

En el estudio de Certain y Kahn se establece que 17% de los niños entre 0 y 11 meses, el 48% de 12 a 23 meses, y el 41% de 24 a 35 meses ve más de dos horas diarias de televisión. Rideout, Vandewater y Wartella encuentran que en un día normal, el 68% de los niños menores de 2 años usa las pantallas (59% ve televisión, 42% ve videos o DVD, el 5% usa computador y el 3% juega videojuegos). Ellos están más de dos horas diarias frente a las pantallas. El 74% empezó a ver televisión antes de los dos años. En el 2006, Rideout y Hamel señalaban que el 79% de los niños menores de dos años había visto televisión y el 65% videos o DVD. El 43% de los niños de estas edades veía televisión todos los días y el 17% varios días a la semana. El 18% veía videos o DVD todos los días y el 61% varias veces en la semana. En un día normal el 61% veía en promedio 1:19 minutos de televisión, videos o DVD. El 35% veía programas educativos para niños, el 40% una mezcla entre programas educativos y de entretenimiento para niños y el 20% programas para niños y adultos.

Zimmerman, Christakis y Meltzoff encuentran que a los tres meses el 40% de los niños ve regularmente televisión, DVD o videos. A los 24 meses la proporción se incrementa hasta 90%, y la edad promedio en la que los niños empiezan a ver la televisión es a los 9 meses.

Los datos ofrecidos por el Consejo Nacional de Televisión de Chile son altamente significativos y pueden ser cercanos al contexto colombiano. En ese trabajo se plantea que casi la mitad de la población entre 0 y 2 años ve televisión cotidianamente. En el estudio se hizo una diferencia por edades: los que tienen entre 6 y 18 meses y los que están entre 18 y 24 meses, y se notó que cuanta más edad, mayor el tiempo dedicado a ver la televisión, lo cual se ratifica al comparar estos datos con los de los niños entre 2 y 5 años. Según el estudio chileno, los que más ven televisión son los niños entre 19 y 23 meses, en promedio 2,86 horas al día, de las cuales casi 1 hora lo hacen solos. Los niños de 7 a 18 meses ven menos de dos horas y casi siempre acompañados.

A pesar de las diferencias en algunos porcentajes, todos estos estudios coinciden en remarcar la fuerte presencia de las pantallas en edades cada vez más tempranas.
Como se puede notar una de las preguntas exploradas por estos trabajos gira en torno a cuánto tiempo ven televisión los niños menores de tres años. Tal como lo plantean Wartella y Robb, este es un problema que ha acompañado históricamente los análisis sobre la relación de los niños con los medios de comunicación y que tiene sus raíces hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando se empezó a estudiar y valorar la idea del tiempo de los niños, junto con varios procesos como la institucionalización de la educación pública y la legislación para vigilar su salud y bienestar. El uso adecuado del denominado tiempo libre se convirtió en un parámetro importante para determinar un apropiado desarrollo. La llegada de los medios de comunicación y su incorporación progresiva en el tiempo libre, desde ese entonces y hasta ahora ha generado continuas polémicas acerca de la posibilidad de que estos medios desplacen actividades significativas para el desarrollo infantil, como el juego, la interacción con sus padres o el ejercicio físico. En el caso de los niños menores de 3 años, la preocupación es constante y el debate se ha intensificado con las advertencias sobre las posibles repercusiones negativas de la sobreestimulación de imágenes y sonidos en el proceso de maduración cerebral. A ese respecto, las declaraciones de la Academia Americana de Pediatría han sido enfáticas: los niños menores de dos años no deben ver televisión y los que sobrepasan estas edades solo pueden hacerlo como máximo dos horas diarias.
La declaración más reciente de la Asociación Americana de Pediatría (2011) señala tres aspectos:
1. No hay evidencia sobre los beneficios educativos o en el desarrollo, que puedan aportar los medios dirigidos a los niños menores de 2 años.
2. Hay potenciales efectos adversos en la salud y desarrollo de los niños menores de 2 años por el uso de los medios.
3. Hay efectos adversos por el uso de los medios por parte de los padres de los niños menores de dos años, porque afecta su interacción con ellos.

En esta declaración se citan resultados de investigaciones para apoyar las medidas y recomendaciones propuestas a los pediatras, padres y a la industria.


El debate sobre el uso adecuado del tiempo por parte de los niños, el desarrollo del cerebro y las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría están en el trasfondo de las investigaciones ubicadas en esta tendencia.
Sin embargo, uno de los principales obstáculos en estos estudios es precisamente la medición del tiempo en el que los niños están expuestos a los medios. ¿Cómo determinar con precisión cuánto tiempo están los niños frente a una pantalla, si la televisión está prendida todo el día?
¿Cómo monitorear esos tiempos, cómo medirlos y registrarlos? ¿Cómo medir el tiempo de consumo de cada medio si en ocasiones estos se usan de manera simultánea?
¿Corresponden los reportes de los padres con el tiempo que efectivamente los niños están frente a las pantallas?

Tradicionalmente, señalan Vandewater y Lee, para medir el tiempo de consumo de los medios se han utilizado técnicas como: estimaciones globales del tiempo, los diarios temporales, los diarios de medios, método de muestreo de experiencias, video u observación directa y sistemas electrónicos de monitoreo y desde luego las encuestas respondidas por los padres. Pero cada vez y ante la complejidad del fenómeno se revela la necesidad de asumir enfoques metodológicos diversos y triangular datos provenientes de diferentes fuentes o registros. En este caso, en los estudios revisados, la información la proveen los padres, así que la medida del tiempo en la que los niños menores de tres años ven televisión puede ser indicadora de lo que los adultos consideran como ver televisión y quizá otros contactos con la pantalla puedan pasar inadvertidos. Mientras estos estudios siguen su curso, los debates sobre la medición del tiempo los acompañan.

Con respecto a las investigaciones ubicadas en el segundo objetivo, su interés principal es examinar los factores o variables sociodemográficas (edad, sexo, estrato económico, nivel educativo, entre otros) que pueden incidir o estar asociados con el nivel de consumo de televisión de los niños.

Estos trabajos contienen análisis estadísticos de distinto orden, como los de regresiones o de covarianza, a partir de los datos que han sido arrojados por encuestas nacionales previamente aplicadas. A continuación se mencionan los principales resultados de cada uno de los estudios a los que se hace referencia.

En el trabajo de Certain y Kahn se señala que al parecer existe una relación no significativa entre el ingreso económico y el tiempo de consumo de la televisión de los niños; no hay marcadas discrepancias entre el tiempo en el que niños de hogares con diferentes ingresos ven televisión. Es probable que las diferencias estén dadas por el contenido. Por el contrario, el nivel educativo de los padres parece incidir de manera más notoria en el tiempo de consumo y en el contenido. En hogares con padres o madres de bajos niveles de escolaridad los niños veían más televisión, y en hogares con padres y madres de un nivel educativo moderadamente superior, los niños tendían a ver más videos y menos televisión. La edad de los niños funciona como un predictor importante del nivel de uso de cada uno de los medios de comunicación, y este se va incrementando progresivamente durante los primeros cuatro años de vida de los niños y luego puede declinar un poco. Finalmente, otro hallazgo significativo es que los niños de hogares con padres desempleados veían más televisión que los que trabajan a tiempo parcial y los de hogares con padres pensionados mucho más que los desempleados.

La investigación de Vandewater et al. permite establecer que los niños menores de dos años con televisor en su cuarto veían cuatro veces más televisión que aquellos que no lo tenían y los hijos de padres con una percepción positiva de la televisión y su rol educativo tenían el doble de posibilidades de estar por fuera de los lineamientos de la Academia Americana de Pediatría. Los niños entre 3 y 4 años que habitaban un hogar donde el televisor estaba prendido todo el tiempo tenían una probabilidad mayor de ver más de dos horas diarias.

Lee, Bartholic y Vandewater encuentran que en los hogares donde los padres imponen límites al tiempo de consumo televisivo los niños ven menos televisión. En cambio, los niños de hogares con un número reducido de adultos, de familias conflictivas o de hogares ubicados en vecindarios percibidos por los padres como inseguros veían más televisión y esto podría predecir mayor tiempo de exposición en el futuro. En este estudio se plantea que existe una relación positiva del consumo de televisión y de lectura en los primeros años; cuanto más se vea televisión o cuanto más se les lea a los niños, mayor probabilidad hay de que vean televisión o de que lean cinco años más tarde. Sin embargo, la relación entre la televisión y la lectura es negativa, cuanto más tiempo estén frente al televisor a edades tempranas, existen menos posibilidades de que la lectura ocupe luego un lugar importante. Para estos autores, la lectura puede ser fácilmente desplazada por la televisión y los hábitos tanto de ver televisión y como de leer se forjan desde estos primeros años. De igual forma, establecieron que los niños que veían mucha televisión tenían mayor probabilidad de ser luego usuarios asiduos de los computadores y posteriormente jugadores de videojuegos.

En el estudio hecho en Grecia por Kourlaba et al. se halló que una tercera parte de los niños veía más de dos horas diarias y que el incremento del consumo de televisión de los niños entre 3 y 5 años estaba relacionado con la cantidad de tiempo que los padres veían televisión y el lugar de residencia de estos. En cambio, para los niños entre 1 y 2 años el tiempo que ellos estaban frente al televisor se relacionaba con el nivel educativo de la madre y el lugar de residencia, sin embargo, remarcan que uno de los factores que tiene una influencia más alta en la cantidad de tiempo que los niños pasan frente al televisor es el tiempo que los padres emplean para verla.

En síntesis, se observa en esta tendencia una preocupación por el tiempo de consumo de la televisión y los factores sociodemográficos que pueden incidir en él. En líneas generales, se coincide en que la relación de los niños con los medios de comunicación inicia desde muy temprano, que sus espacios domésticos están habitados de manera constante por imágenes y sonidos provenientes de los medios, y que la percepción de los padres frente a lo mediático, así como su nivel educativo desempeñan un papel importante en las regulaciones sobre el tiempo que los niños pasan frente a las pantallas.
Uno de los principales desafíos de estos estudios es medir el tiempo de consumo de los distintos medios porque ellos pueden estar presentes de manera simultánea. En el caso de la televisión, ella puede estar encendida todo el tiempo con programación de distinto tipo, actuando como un telón de fondo que proyecta imágenes y sonidos mientras discurre la vida de los niños menores de tres años.

Además es necesario tener en cuenta, que el consumo de medios no se restringe al hogar. Los niños de estas edades pueden habitar y transitar por diferentes espacios donde la presencia de lo mediático puede resultar relevante, como en algunas guarderías, hogares comunitarios y jardines infantiles, entre otros.



Extraído de
Los niños menores de tres años y la televisión
Perspectivas de investigación y debate (1999-2010)
Adriana Rodríguez Sánchez

jueves, 21 de agosto de 2014

Los niños menores de tres años y la televisión


Presento a continuación  las conclusiones y algunas ideas para próximas investigaciones, de un trabajo sobre los niños menores de tres años y la televisión ¿Qué papel cumple la televisión en la vida del niño? ¿Existen productos audiovisuales que sean verdaderamente educativos?  


Se desprenden algunas ideas, preguntas y consideraciones sobre la relación entre los niños menores de tres años y la televisión:

1. De acuerdo con las investigaciones hechas principalmente en Estados Unidos, se ha establecido que la presencia de la televisión y de otros medios electrónicos es central en la vida cotidiana de los niños, y que el número de horas que pasan frente a la pantalla tiende a incrementarse con el tiempo, con la edad y si tienen televisor en su cuarto. A esto se suma el crecimiento de una industria audiovisual dirigida especialmente a ellos. ¿Pero qué ocurre en nuestro contexto específico? ¿Cómo es la presencia de la televisión y de las pantallas en general (videojuegos, computadores, juguetes electrónicos, entre otros) en la vida de los niños menores de tres años, en un país latinoamericano? Si se tiene en cuenta que una parte importante de los niños en nuestro país vive en condiciones de pobreza, ¿cómo reciben los mensajes televisivos estos niños en situación de vulnerabilidad?, ¿qué tipo de programas ven?, ¿cuánto tiempo están ellos frente a las imágenes? Hay algunos datos preliminares, sin embargo aún desconocemos varios aspectos. La relación de los niños menores de tres años con los medios de comunicación parece pasar inadvertida para distintas instancias y la investigación sobre el tema no avanza, o por lo menos no lo hace al ritmo progresivo de la industria y el mercado audiovisual dirigido a ellos.

2. Aunque buena parte de los videos y programas de televisión dirigidos a niños menores de tres años señalan que persiguen fines educativos, no se ha logrado establecer con claridad que este tipo de productos pueda cumplir con estos propósitos: al respecto hay bastante polémica. Por el contrario, uno de los temas sobre el que existe bastante consenso es el rol que la interacción con los padres u otros agentes educativos tiene en los procesos de aprendizaje de los niños. Más que los productos audiovisuales en sí mismos es la interacción con los agentes educativos lo que marca la diferencia, de tal forma que uno de los desafíos de este tipo de productos es estimular o potenciar la interacción entre los agentes educativos y los niños.

3. Una de las preocupaciones centrales de las investigaciones mencionadas ha sido el tiempo que el niño permanece frente a las imágenes mediáticas, sin embargo, es necesario considerar también el tipo de contenido que observan. Al parecer existe alguna evidencia empírica en la que se señala que cuando los niños mayores de tres años ven programas televisivos con contenido educativo tienden a presentar a largo plazo mejor desempeño académico y comportamientos pro sociales, lo que no ocurre cuando ven solo programas de entretenimiento con contenidos violentos. ¿Qué tipo de programas de televisión, videos, DVD y videojuegos, ven los niños menores de tres años? ¿A qué tipo de contenidos tienen acceso?

4. Las investigaciones revisadas han generado hallazgos interesantes en áreas como el consumo, el aprendizaje y la atención, pero se requiere también indagar y analizar las condiciones económicas, sociales y políticas ligadas con la expansión de los productos audiovisuales dirigidos a niños menores de tres años y su incorporación en la vida cotidiana. La irrupción y saturación de imágenes en el hogar debe interpretarse a la luz de dinámicas sociales amplias, de las lógicas del mercado, de decisiones de orden político y de las condiciones en las que viven las familias de estos niños.

5. Las investigaciones reseñadas han ido tomando distancia progresivamente de modelos reactivos de recepción televisiva en los que se consideraba que los sujetos eran seducidos o atrapados por las características formales de los medios, y cada vez avanzan hacia concepciones de sujetos activos, que procesan información, que orientan sus acciones y las de los otros dependiendo de determinados intereses o motivaciones. El reconocimiento de los niños desde su nacimiento como sujetos partícipes de su aprendizaje puede impactar la producción de mensajes acordes con sus capacidades, necesidades y desarrollo.

6. A pesar de los logros de los estudios mencionados, sus resultados tienen algunos límites. Una parte se llevó a cabo en laboratorios y en estos espacios no se logra captar del todo las condiciones habituales en las que un niño y sus padres ven la televisión. En ocasiones es difícil extrapolar o generalizar los resultados de algunos de los experimentos, por el tipo de población que participó en ellos o porque el contenido televisivo comercial no fue considerado en las pruebas. Sin embargo, estos trabajos han ido revelando la complejidad de una práctica cotidiana aparentemente simple como es la de ver televisión. Otro de los límites es que se centran en el hogar, y si bien es cierto que el contacto de los niños con la televisión tiende a iniciarse en casa, ellos también asisten a otros espacios, como guarderías, jardines infantiles y hogares comunitarios, donde los medios de comunicación también pueden estar presentes, por lo que se hace necesario examinar también lo que ocurre en estos lugares.

7. De las investigaciones analizadas surgen varias preguntas abiertas, de las cuales se formula aquí una: ¿Cuáles son las consecuencias a largo plazo en los niños de una exposición tan temprana a los medios de comunicación y en especial a la televisión? Al respecto hay evidencia cruzada. Por ejemplo, en el trabajo de Pagani, llevado a cabo en Canadá, se encontró que había una relación negativa entre una exposición temprana a la televisión, los logros académicos y hábitos saludables. Luego de hacer un seguimiento a los reportes de padres sobre el tiempo de televisión que veían sus niños con edades que oscilaban entre 29 y 53 meses y comparar los registros escolares de estos en primaria, así como otros indicadores, se señaló por ejemplo, que por cada hora adicional vista a los 29 meses, se notaba un descenso del 6% en el desempeño en matemáticas y de 13% de actividad física. En las conclusiones de este estudio se indica que hay riesgos a largo plazo por una exposición temprana a la televisión. En contraste, los resultados de la investigación de Schmidt, adelantada en Estados Unidos, manifestaba que no se observaba que el tiempo de ver televisión ocasionara ni beneficios ni detrimento de las habilidades cognitivas y del lenguaje de los niños de tres años.

8. El diseño de los productos audiovisuales para estas edades implica tener en cuenta los hitos de desarrollo de estos niños, sus procesos cognitivos, la manera como procesan información de la pantalla, y desde luego su contexto.

9. Aun en los trabajos analizados no se ha podido establecer con claridad el tipo de competencias, habilidades o conocimientos que puedan ser “enseñados” a los niños a través de la pantalla: ¿Qué pueden aprender los niños de la televisión? ¿Qué se les puede enseñar a través de los medios a los infantes de estas edades? Estas son preguntas que desafían varias instancias: académicas, políticas y desde luego a los productores audiovisuales. Para responderlas es necesario seguir adelantando investigaciones sobre esta área, seguir planteándose interrogantes y considerando los contextos específicos donde los niños menores de tres años crecen en un país latinoamericano.


Extraído de:
LA INFLUENCIA DE LA NUEVA TELEVISIÓN EN LAS EMOCIONES Y EN LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS
Revista Internacional de Psicología
Dr. Serafín Aldea Muñoz
Director Departamento de Psicología Universidad de Soria
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