martes 7 de febrero de 2012

Propaga una concepción utilitaria e individualista de la solidaridad

¿Qué ideas subyace cuando en la televisión se proclama “solidaridad”? ¿A quiénes se proclama “solidario”? En los siguientes párrafos se analiza esta idea, bajo el nombre de “telesolidaridad”.



Tanto en sus contenidos dramáticos como en los noticieros, la televisión por lo general enaltece casos de valor, mérito, destreza e incluso suerte, de carácter individual. No está mal que los casos de auténtica valía personal sean presentados tanto como reconocimiento a quienes los protagonizan, como en calidad de ejemplo. El policía que puso en riesgo su vida para defender de un asalto a varios ciudadanos, el joven estudiante de origen campesino que a pesar de ingentes limitaciones económicas obtiene el mejor promedio escolar del país, la nadadora que supera en una competencia internacional a sus rivales de otras naciones, son protagonistas de la vida pública que se singularizan por actos y esfuerzos que merecen ser conocidos y, así, reconocidos.

Pero no es frecuente que, de la misma manera, la televisión ilustre triunfos colectivos. Los profesores que se organizan para remozar su escuela, los empleados de una oficina que superan los índices de atención al público, los miembros de un sindicato que se preocupan por la calidad del producto que fabrican, serían casos de empeño colectivo poco interesantes para la televisión. Ese medio, siempre en busca de la personalización de los hechos públicos, difícilmente se interesa por logros que no sean individuales.

De cuando en cuando, por otra parte, a la televisión le da por la solidaridad. En distintos países son frecuentes los teletones, que son transmisiones de varias horas o incluso de varios días durante los cuales se exhorta al público a respaldar financieramente una causa noble. Las aportaciones que se consiguen de esa manera sin duda resultan útiles para los beneficiarios de esa solidaridad electrónica. El asilo de ancianos, los niños discapacitados, la comunidad rural marginada de servicios básicos que obtienen recursos gracias a tal esfuerzo, merecen ese y muchos más respaldos. Sin embargo a la televisión, más que ayudar a otros le interesa socorrerse a sí misma. Con mucha frecuencia esos maratones a favor de causas altruistas pretenden antes que nada mejorar la imagen pública de los consorcios televisivos.

E independientemente de la causa de las televisoras, la solidaridad que se promueve en teletones y otros actos resulta distante, despersonalizada e individualizada. Los televidentes obtienen la sensación de que por el solo hecho de sintonizar el canal donde se ofrecen bienes para los desamparados están participando en un acto noble. Aquellos que cooperen lo harán a distancia, a cargo de su cuenta telefónica o de la tarjeta de crédito y con seguridad esa cooperación financiera será útil para alguien pero habrá sido una forma de respaldo fácil y acaso tranquilizador ante la exposición de una carencia dramática.

A la solidaridad, en esos casos, se le confunde con la caridad. La solidaridad es la identificación con la causa de otros no sólo para remediar temporalmente sus problemas sino para buscar solución a ellos. La dádiva televisiva en cambio, busca paliar una situación difícil y además, mitigar el desasosiego que puedan tener los televidentes ante la exposición de esas carencias.

García Canclini ha definido a la telesolidaridad de esta manera: “Programas de televisión en los cuales se perfecciona audiovisual y electrónicamente la limosna en una época en que se volvió peligroso estar detenido con el coche ante un semáforo con la ventana baja [...] se pide dinero a los pobres para dárselo a los ricos, quienes luego lo repartirán entre los pobres”.

La ciudadanía plena descansa, entre otros valores, en la solidaridad entendida como soporte de la cohesión social. Por eso el término viene del latín solidum. La solidaridad la hacemos junto con otros y de allí resulta su eficaz efecto en la trabazón de las relaciones sociales. No es esa la solidaridad que acostumbra propagar la televisión.

Qué hacer.
Si hubiera propuestas y capacidad de exigencia social para hacerlas prosperar, la televisión comercial podría difundir formas no exclusivamente individualistas de solidaridad. Esa sería, en todo caso, función permanente de la televisión pública.

Eventualmente la televisión, junto con otros medios, puede contribuir a la propagación de acciones solidarias, sobre todo en momentos críticos para la sociedad. Por ejemplo la exposición de una catástrofe (la erupción de un volcán, la inundación tras un huracán, las secuelas de un terremoto) puede llevar a no pocas personas a contribuir por un lado con víveres y otros suministros (que serían una útil expresión de caridad) pero, también, a organizar grupos que ayuden a rescatar y albergar damnificados o a reconstruir sus viviendas.

La promoción del individualismo resulta casi inevitable en la televisión que, como hemos apuntado, es un medio anclado en personajes que pretende emblemáticos o por lo menos célebres. Sin embargo hay que recordar que la televisión misma es resultado de un esfuerzo colectivo. Sin el concurso de guionistas, productores, escenógrafos, camarógrafos, iluminadores, maquillistas, electricistas, ingenieros y muchos otros profesionales y técnicos, la imagen del conductor de televisión no llegaría a las pantallas en nuestros hogares.


Extraído de
Televisión y educación para la ciudadanía
Raúl


lunes 30 de enero de 2012

La televisión ancla sus contenidos a la propagación de estereotipos.

La televisión se autoproclama como una “ventana al mundo”, no muestra “la realidad”, sino una parte de ella. Este pedazo resulta estar conformada por prototipos, con determinadas conductas. Los siguientes párrafos tratan el tema.



Maniquea como es, la televisión define sus contenidos a partir de lugares comunes. El problema con esa conducta no es únicamente que, ceñidos a la visión sesgada de sus productores, la televisión ofrece retratos parciales de la realidad. Además, al consagrarlos de manera audiovisual, ese medio confiere carta de naturalización en el imaginario social a los prototipos o paradigmas que difunde.

La televisión suele propalar normas de conducta y estereotipos comunes en la sociedad. Las convicciones y la moralidad preponderantes, las creencias ideológicas o religiosas, incluso los prejuicios de la población a la que están dirigidas sus transmisiones, habitualmente dan la pauta para los programas televisivos. Sólo en muy pocas ocasiones la televisión rompe con esos criterios, en busca de enfoques novedosos.

De esa manera, si en una sociedad la mayor parte de la gente se opone al aborto o rechaza la posibilidad de que los sacerdotes contraigan matrimonio, será difícil en extremo que en los programas de ficción aparezcan mujeres dispuestas a no tener un hijo que no desean o curas ávidos de quebrantar el celibato que les impone su iglesia. Incluso en sociedades muy conservadoras, cuyos medios de comunicación suelen mimetizarse con la moralidad predominante, será frecuente que ni siquiera en los noticieros la televisión muestre comportamientos distintos a ese talante mayoritario.

Al reproducir tales clichés, la televisión no solamente los difunde sino además los refuerza. Una sociedad conservadora en donde la televisión, por interés comercial, simplemente calca las ideas predominantes, se convierte en instrumento también conservador. Durante muchos años las telenovelas latinoamericanas propalaron la imagen tradicional de las familias, presididas por padres exigentes, regañones y mandones que abrumaban a madres sufridas, silenciosas y virtuosas... Únicamente en momentos de excepción la televisión va delante de las inercias de las sociedades para las cuales difunde.

Los estereotipos raciales, sociales o de género, entre otros órdenes, habitan el panorama televisivo. Al cine le sucedió lo mismo: en Estados Unidos por ejemplo, durante décadas los únicos negros que se veía en la pantalla cargaban maletas, lavaban los platos o manejaban los automóviles de los blancos. Eso terminó hace tiempo pero en la televisión todavía es posible encontrar estereotipos determinados por la costumbre, o incluso por la idea que los productores tienen del gusto de las audiencias. En varios países las telenovelas no suelen mostrar protagonistas de tez morena, porque quienes hacen esos programas están convencidos de que los espectadores prefieren ver rubias y rubios. Esos patrones, tanto éticos como estéticos, se convierten en modas.

Qué hacer.
Los cartabones televisivos soslayan la diversidad de la sociedad. Para los ciudadanos es importante reconocer esa limitación de dicho medio y recordar que la realidad es mucho más variada. En ocasiones, el intento para remediar esa vieja parcialidad conduce a la televisión a buscar deliberada y a veces insistentemente una suerte de equilibrio ficticio pero que pueda ser visto como apropiado en la preparación de sus programas.

En todo caso y para efectos del tema principal de esta revisión del comportamiento televisivo, vale la pena preguntarnos en qué medida la televisión contribuye a que los ciudadanos reconozcan la diversidad que hay en la sociedad y a fomentar la tolerancia. La aportación televisiva a esas asignaturas de la vida cívica resulta por lo general escasa.

Extraído de
Televisión y educación para la ciudadanía

domingo 22 de enero de 2012

Facebook, peligros de enREDarse

Las redes sociales en Internet, y en especial Facebook nos brindan numerosas oportunidades, pero todo tiene su cara oculta, en especial cuando se trata de menores de edad. El siguiente artículo nos puede ayudar a reflexionar sobre el tema.


Las redes sociales son un espejo del mundo y, como en este, existen peligros que ahora se cuelan hasta el salón de nuestras casas. ¿Cómo podemos incluir a nuestros pequeños en el nuevo entorno virtual de una forma segura?

Siempre se ha dicho que una imagen siempre vale más que mil palabras pero no éramos conscientes del gran alcance que puede tener cuando, tan sólo en España, la imagen está disponible para más de 10 millones de usuarios ¿Cómo proteger a los pequeños de los peligros que se esconden en las redes sociales?

Cómo protegerles
Cuando bañamos a nuestros hijos, comprobamos primero la temperatura del agua. Pero ¿por qué en Internet no hacemos lo mismo? Antes de introducirlo en el nuevo medio, debemos conocer muy bien dónde nos metemos y cómo protegerle. En Padres 03, contamos cómo hacer vuestro perfil más seguro.

DERECHOS DE LAS IMÁGENES. Muchos no saben que Facebook es propietario de toda la información e imágenes publicadas. Por ello, no hay mejor protección que pensar detenidamente qué hacemos público y qué reservamos para nosotros. De hecho, las últimas polémicas han surgido cuando la red social decidió eliminar fotos de madres amamantando a sus hijos. Algunos padres ya reivindican su derecho a compartir esas imágenes voluntariamente al no considerarlo nada obsceno; otros, piden cautela ante el mal uso que algunas personas le pueden dar a dichas fotos. ¿Precaución o exageración?

REVISAR LA PRIVACIDAD. Es importante controlar quién accede a la información. Por ello, existe la posibilidad de Personalizar Opciones, donde puedes establecer quién quieres que acceda a tus imágenes -sólo amigos, amigos de amigos o público-. Sin embargo, hay información accesible a todos los que empleen el buscador de Facebook. Mark Zuckerberg, creador de Facebook, explica por qué: "Se trata de una red social e información básica como el nombre o la imagen de perfil están disponibles para facilitar la conexión". Aunque también comenta una de las nuevas medidas de seguridad: "Hemos añadido el control de la privacidad de cada una de las publicaciones pinchando en el candado que está bajo la caja de actualizaciones". Así, puedes controlar quién accede a cada actualización.

LIMITACIONES DE EDAD. Facebook prohibe la creación de cuentas por parte de menores de 13 años. Sin embargo, Mozelle Thompson, jefe de privacidad de Facebook, admite que el sistema de seguridad para percibir la falsificación de edad "no es perfecto". Cada día, se eliminan 20.000 cuentas de menores en todo el mundo.

CREAR GRUPOS PROPIOS. Jorge Flores, de la Fundación Alia2 en pro del uso responsable de Internet, recuerda que: "Nos hemos movido a un mundo que no controlamos pero que tiene repercusiones en nuestras vidas. No llevaríamos las fotos de nuestras vacaciones familiares a la oficina pero, sin embargo, hacemos que todos nuestros contactos puedan verlas. Por eso, recomendamos crear grupos privados, tales como Familia, donde sólo los miembros puedan ver nuestras publicaciones". Para crear un grupo, debes abrir Facebook y, en Inicio, verás a la izquierda una columna de opciones donde aparece Crear grupo. Ahí puedes escoger la privacidad del mismo (recomendamos cerrado) y las personas que pueden acceder.

CONTROLAR LAS ETIQUETAS. Puedes elegir qué fotos colgar pero ¿puedes elegir qué fotos cuelgan los demás? A veces, no puedes evitar que aparezca alguna imagen de tu hijo pero sí puedes reaccionar rápido para eliminar la etiqueta de la imagen, de forma que no se identifique al pequeño con los datos personales que figuran en tu perfil. Aún así, las redes no dejan de ser un reflejo de nuestras relaciones sociales: habla con tus contactos directamente y sin tapujos y especifica cómo quieres que sea tratado el material visual de tu hijo. Evidentemente, ellos pueden respetarlo o no pero ahí es dónde tú tomas el control con las opciones de bloquear, eliminar de la lista de amigos o incluso denunciar el contenido.

DENUNCIAR. Si alguien ha colgado una imagen de tu hijo menor de edad y quieres exigir su retirada, puedes denunciar en este enlace: www.facebook.com/helpcontact.php?show_form=unauthorized_photo_underage

RECTIFICAR. Todos cometemos errores y es posible que hayas añadido a alguien que no conoces muy bien o del que no tienes referencias. Si es así, no te preocupes porque tiene solución. Puedes eliminarlo de tus amigos entrando en su perfil y pinchando en "eliminar de mi lista de amigos". Si no quieres eliminarlo pero no te interesa que pueda entrar en tu perfil, la opción de Bloqueo hará que no tenga acceso a tus datos de Facebook. Puede que incluso se trate de una persona que no para de enviarte invitaciones a aplicaciones, de forma que dichas aplicaciones tienen acceso a tus datos. Si entras en Cuenta/Ajustes de Privacidad/Aplicaciones y sitios web/Información disponible a través de tus amigos puedes escoger qué datos serán visibles cuando aceptes una invitación a una aplicación.

CERRAR LA CUENTA. Si tras valorar los pros y contras decides dejar las redes para otro momento, debes ir a Cuenta/Configuración de la cuenta/Desactivar cuenta.

Las redes bien empleadas pueden ser un reflejo de tu círculo social más cercano. Aunque, por si acaso, Facebook avisa: "A pesar de nuestras medidas de seguridad, no podemos garantizar que la información que compartes no tiene riesgo de ser públicamente accesible".

En quién apoyarnos
La Fundación Alia2 lucha contra la pornografía infantil a través de la concienciación de padres y profesores. "El gran problema es la falta de conocimiento. Ni los padres ni los profesores ni los niños saben cómo manejar Internet así que estos últimos no reciben educación al respecto", comenta Miguel Comin, director de la fundación, "Facebook no es malo pero sí pueden serlo sus usos. Es fundamental educar a los padres para que afronten lo que ya es una realidad". Además, resalta la importancia de la educación desde que son bebés porque "el reto de internet no se va a plantear cuando tenga 14 y quiera un portátil. Cada vez, la tecnología llega a nosotros más rápido y necesitamos afrontarlo cuanto antes".

Por ello, organizan charlas para padres en escuelas y empresas. Si estás interesado en asistir a una o quieres obtener más información puedes entrar en su perfil de Facebook o en www.alia2.org. Además, ofrecen la posibilidad de hacerse socios y, de esta manera, recibir consulta a psicólogos, formación e incluso herramientas informáticas para proteger a los pequeños.

Pantallas Amigas es una web de consejo y concienciación sobre el empleo seguro y adecuado de Internet. Jorge Flores, fundador y director de la organización, nos explica que su objetivo es "conseguir que nos comportemos en la Red como ciudadanos responsables".

Los padres pueden encontrar aquí consejos educativos, vídeos de animación ilustrativos y, para aquellos con hijos de cero a tres años, han creado www.redayneto.com donde nos recuerdan la importancia de la protección de datos. "Intentamos explicar al padre a qué se enfrenta para que, más adelante, pueda transmitírselo al niño", comenta Flores.

El Foro Generaciones Interactivas es otro espacio que busca sobre todo la precaución en el uso. Si os aburren las lecciones largas, podéis ver su serie La Familia Digital, cuyos capítulos están disponibles en YouTube.

También desde el papel se aconseja sobre la Red. El libro Internet con los menores: Riesgos, de Parry Aftab -fundadora de www.wiredsafety.org-, recuerda a los padres que deben participar activamente en la educación sobre el buen uso de Internet.

Otos links de ayuda:
http://www.infanciaytecnologia.com/
http://www.pantallasamigas.net/
http://www.generacionesinteractivas.org/
www.cuidadoconlawebcam.com
www.cuidatuimagenonline.com
www.netiquetate.com
www.tus10comportamientosdigitales.com


Por Ana Veiga Soria

Fuente
Padresycolegios.com

sábado 14 de enero de 2012

Casi el 30% de los escolares sufre problemas visuales que pueden afectar a su rendimiento académico

La televisión no es un electrodoméstico más, inocente, sino que produce muchos efectos que debemos considerar. A la manipulación mediática usando un lenguaje audiovisual podemos agregar efectos desfavorables para nuestra salud como el sedentarismo, obesidad etc. ¿Está el ser humano biológicamente preparado para la TV? En este artículo se destacan las alteraciones en la vista que produce,


Parpadear en exceso, adoptar posturas anormales durante el estudio, lagrimeo, dolor de cabeza, falta de concentración, son algunas de las señales que pueden indicar que existe un problema de visión.

Por eso, el Colegio de Ópticos-Optometristas de la Región de Murcia (COORM) insiste en la importancia de que los niños, aunque no manifiesten síntomas de mala visión, acudan a una revisión visual, sobre todo con el comienzo del curso escolar.

Lo cierto es que, tal y como señala la presidenta del Colegio, Ana Belén Almaida, "la mayoría de los padres desconoce que cerca del 30 por ciento de los casos de fracaso escolar se debe a problemas visuales".

Los niños pocas veces se quejan de los problemas de visión, por lo que en ocasiones resulta complicado detectarlos. Por eso "es necesario realizar revisiones visuales, aclara Ana Belén Almaida, que recomienda "acudir a la consulta del óptico-optometrista al menos una vez al año, sobre todo con el comienzo del curso escolar"

CADA VEZ MÁS MIOPES
Las anomalías visuales como la miopía, la hipermetropía o el astigmatismo no se curan, son simples defectos funcionales de la visión, por lo que su incidencia no sólo no disminuye sino que se ve acrecentada por el progresivo aumento de la escolarización en los países desarrollados y esfuerzo que se dedica a las tareas de cerca, que cada vez son más (escritura, lectura, videojuegos, ordenador, televisión).

Por suerte, las disfunciones visuales dejan a menudo pistas y son los padres y profesores los que deben estar atentos ante síntomas identificativos como escozor de los ojos, lagrimeo excesivo, frotarse los ojos o parpadear constantemente o cerrar o cubrirse un ojo.

Si se observa en el niño alguno de estos síntomas, aconsejan acudir a la consulta del óptico-optometrista para someterse a un examen visual y ocular completo, ya que la identificación temprana de los problemas de visión puede resultar crucial para un correcto tratamiento.

Fuente
EUROPA PRESS

jueves 5 de enero de 2012

La televisión impone una visión esquemática.

La televisión fundamentalmente comunica sensaciones, y en eso se asienta su poder de manipular. También marca estereotipos del “bueno” y del “malo”, en esquemas simplistas ¿Responde a nuestros intereses o a los de otros? ¿Qué papel debe cumplir la alfabetización audiovisual en este contexto? Los siguientes párrafos son dedicados al tema.



El formato lacónico, los tiempos aprisionados por el cronómetro, el propósito de ofrecer una variedad amplia de asuntos ligeros más que temas en profundidad y muy especialmente la narrativa esquemática, que comunica sensaciones más que reflexiones, determinan el estilo maniqueo y simplista que suele definir a la televisión.

En la pantalla, lo mismo en programas de carácter dramático que en la transmisión de noticias, reality shows o incluso eventos deportivos, aparecen personajes y situaciones que suelen ser magnánimos o mezquinos, virtuosos o perversos, buenos o malos. Las situaciones que se presentan en ese medio por lo general son benéficas y convenientes, o perniciosas y trágicas. No suele haber espacio para personajes que a veces son buenos y en otras ocasiones malos, como ocurre en la vida real.

La televisión es el imperio de los estereotipos. Los personajes en las escenificaciones dramáticas pero a veces también en programas acerca de asuntos reales, son alineados de acuerdo con la óptica de los clichés. Los villanos tienen gesto ceñudo y andar desafiante; los paladines de esos relatos son bonitos además de buenos. De no ser porque la televisión no tiene efectos drásticos e invariables sobre sus audiencias, el mundo maniqueo que propala acostumbraría a los espectadores a suponer que la realidad más allá de la pantalla es tan simple como la que aparece en los programas.

Cuando se trata de asuntos más acá de la ficción, esa perspectiva maniquea puede alcanzar consecuencias especialmente lesivas para la cultura cívica. Al presentar los asuntos públicos con el mismo afán de polarización con que transmite una serie policiaca o un encuentro de lucha libre, la televisión simplifica el examen acerca de ellos en perjuicio de su entendimiento y deliberación. Por lo general, en televisión la arenga de un dirigente político es buena o mala, una iniciativa de ley es mostrada como provechosa o perniciosa, las demandas de un sindicato resultarán justas o abusivas. Y sin embargo, en no pocas ocasiones ese discurso de un líder, aquella propuesta legislativa y estas demandas gremiales, pueden ser buenas para unos y desfavorables para otros. O incluso, algunos aspectos de la alocución, la propuesta de ley o la reivindicación sindical, pueden parecernos aceptables en parte y, otros, en nuestra opinión pueden ser enmendables o rechazables. La televisión desdeña las situaciones complejas. Y la realidad con frecuencia es bastante más intrincada que como aparece en la pantalla.

Qué hacer
El entrenamiento para decodificar los mensajes de la televisión es el remedio más eficaz para sobrevivir, sin merma de nuestra cultura cívica, a las simplificaciones que endereza constantemente ese medio. Por lo general, los telespectadores distinguen entre el mensaje televisivo y la complejidad que alcanza un asunto más allá de su esquemática presentación en la pantalla. Conforme una sociedad madura en su apreciación de los asuntos públicos, una de las primeras conductas que se advierten en ella es la mirada crítica que les impone a los medios de comunicación.

La suspicacia de los televidentes con frecuencia obliga a las empresas televisoras a moderar su actitud simplificadora, especialmente en la presentación de asuntos públicos. Pero más allá del propósito y las inercias específicas de los propietarios o productores a cargo de una emisora de televisión, el formato mismo de ese medio, su naturaleza comunicacional, imponen una esquematización de la realidad que sólo puede ser enfrentada con una mirada crítica de los televidentes.


Contenidos televisivos. Los placeres más refinados son los más exigentes también, por lo que exigen un esfuerzo mayor. Ver la Tele es un goce mínimo que requiere un esfuerzo nulo al que empuja el cansancio físico y mental, en una laxitud sin tensión, aletargada, sin atención especial.
José Sánchez Tortosa, El profesor en la trinchera, Ed. La esfera de los libros, Madrid,
2008.

 Autor
Raúl Trejo Delarbre
Raúl Trejo Delarbre (México D.F., 1953) es Doctor en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Maestro en Estudios Latinoamericanos y Licenciado en Periodismo por la misma Facultad.
Investigador titular en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de esa Universidad.
Extraído de
Televisión y educación para la ciudadanía

miércoles 28 de diciembre de 2011

La obesidad no es un problema de gula, es una cuestión social

En un mundo donde “todo tiene que ver con todo”, la obesidad se vincula con sedentarismo, y esto con la televisión. Esta relación se da también por medio de la mala alimentación y la publicidad. Son múltiples los vasos comunicantes, y lo podemos ver desde múltiples ópticas. El siguiente artículo lo mira desde la pediatría.


En el marco de los cien años de la Sociedad de Pediatría, Benjamín Caballero, de la Universidad Johns Hopkins, señaló la relación entre niños obesos y comidas chatarra, menos costosas.
 “La obesidad, como la contaminación ambiental o la violencia, es un problema social, no una cuestión de ‘gula’ individual.” Así lo plantea Benjamín Caballero, el argentino que dirige el Centro de Nutrición Humana de la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos (donde también es profesor de Pediatría y de Salud Internacional). Así explica que un factor principal de la epidemia de sobrepeso en los países desarrollados es el aumento de la brecha social, por el cual los menos favorecidos pierden acceso a los alimentos más saludables: mil calorías de vegetales cuestan cinco veces más que mil calorías de comida chatarra. Para los que sí tienen acceso a decidir sobre su propia gordura, Caballero advirtió acerca de autoengaños como el del que porque fue al gimnasio, se autoriza a comer de más: “La actividad física es necesaria por sí misma, porque hace bien al sistema circulatorio y muchos otros motivos, pero lo que se quema en 45 minutos de ejercicio intenso equivale a un solo postrecito de dulce de leche”. El destacado especialista –quien disertó en el Congreso del Centenario, de la Sociedad Argentina de Pediatría, que finalizó el viernes– también señaló que, ya en los dos primeros años de vida, una alimentación inadecuada puede sentar las bases para la obesidad y enfermedades asociadas como la diabetes.
–La epidemia de obesidad avanza en todo el mundo, especialmente en países de desarrollo intermedio como Tailandia, México, China, Brasil. Y en los países industrializados, en estos últimos años, la brecha entre los que ganan más y los que ganan menos se ha ensanchado, y la obesidad está ligada con la cuestión de qué alimento es disponible a qué precio. En Estados Unidos, por ejemplo, por tres dólares se consiguen mil calorías de alimentos con 50 por ciento de grasas saturadas, bajos en vitaminas y minerales, como las hamburguesas y las papas fritas; la misma cantidad de calorías en vegetales frescos, ricos en vitaminas y minerales, cuesta cinco veces más. El problema es hoy mucho más complejo que hace diez o 20 años: es un problema estructural, el de un ambiente “obesogénico”, como lo llamamos.

–¿Qué ejemplo puede dar?
–Nuestro grupo de investigación hizo, en la ciudad de Baltimore, un mapeo de los accesos a bocas de expendio de alimentos: encontramos que la obesidad, y las enfermedades asociadas como diabetes e hipertensión, son directamente proporcionales a la distancia de cada familia a una boca de acceso a comida saludable. Recordemos que en Estados Unidos las clases media y media alta suelen vivir en los suburbios: en todo el centro de Baltimore, con alta densidad de población de clase baja, no hay ningún supermercado: la gente compra sus alimentos sólo en estaciones de servicio; comidas enlatadas, sandwiches, las opciones son muy limitadas. Y se agregan otros condicionantes sociales, como la violencia callejera: Baltimore, de 900 mil habitantes, tiene 350 asesinatos por año y ninguna madre consciente dejaría que su hijo juegue en la calle: lo planta ante el televisor, donde, además, ve propaganda y promociones de alimentos que lo volverán obeso.



–¿Hay en Estados Unidos movimientos para frenar la epidemia de obesidad?
–Estados Unidos insiste en definir la cuestión en términos de responsabilidad y voluntad individual. Es un país basado en el individualismo, el de Gary Cooper en A la hora señalada. Es difícil que el Estado intervenga porque se prioriza la libertad de comercio. En América latina, en cambio, la actitud ha pasado a ser diferente, y esto es parte de un proceso histórico. Desde hace unos años, y sin entrar en cuestiones ideológicas, distintos países de la región empezaron a hacer su propio camino, dejaron de consultarlo todo con Estados Unidos. Argentina, Chile, Brasil, México, tienen políticas para restringir la venta de alimentos no saludables a niños: así, la restricción de expendio de bebidas gaseosas en escuelas. México tiene una política muy clara, a la que por supuesto se oponen las industrias, en cuanto a regular qué alimentos se pueden vender a niños y cuáles no. Si no se permite vender tabaco a menores, ¿por qué vender a chicos de cinco años agua con azúcar y gas, o comida con 50 por ciento de grasa saturada, cuando la primera causa de muerte es la enfermedad cardiovascular?

–En una de sus conferencias en el congreso de la Sociedad Argentina de Pediatría usted discutió la relación entre actividad física y reducción de peso...
–Ante todo, la actividad física debe recomendarse incondicionalmente, porque es buena para el sistema cardiovascular, para el tono muscular y muchos aspectos de la salud. Pero hay que distinguir esto del rol de la actividad física en la epidemia de obesidad. El peso aumenta cuando uno ingiere más energía de lo que gasta en su actividad. Entonces, para reducir la obesidad, ¿qué es más fácil? ¿Comer menos o gastar más? Si uno marcha en la cinta del gimnasio a paso rápido durante 30 minutos, gastará 180 calorías: es lo mismo que recibirá si al terminar se toma una lata de gaseosa. Una sesión intensa de gimnasia consume, en 45 minutos, unas 500 calorías: no más de las que tiene un postre con crema o con dulce de leche. Es mejor no comerse ese postre. Resulta muy difícil compensar, mediante actividad física, el contenido tan denso que tienen muchos alimentos. Y la actividad física tampoco es una cuestión de decisiones individuales. En Estados Unidos, la mayoría de las escuelas públicas primarias y medias no tienen actividad física obligatoria; sólo después de la secundaria empieza a ser obligatoria pero, en un marco tan competitivo, lo es sólo para los más talentosos, y el resto de los alumnos son espectadores.

–A partir de la cuestión de la obesidad, usted va trazando una especie de radiografía social...
–Hace 50 o 60 años, la obesidad era considerada un “problema glandular”, una cuestión endocrina. Después empezó a ser una cuestión de gula: la gente come demasiado y es vaga, no quiere tener actividad física. Pero en los últimos 10 o 15 años se hace evidente que la obesidad forma parte de la estructura social. Y no es cuestión de ilegalidad, como para ciertas drogas: no es que alguien quiebre la ley sino que la ley misma tiene como prioridad no la salud sino la ganancia. Por lo demás, no hay un momento que sea demasiado temprano para estar alerta sobre la posibilidad de obesidad. Este riesgo se plantea ya durante la vida fetal –advirtió Benjamín Caballero.

–¿Cómo es eso de obesidad y vida fetal?
–El crecimiento fetal se da con una velocidad extraordinaria: es como si una persona de 70 kilos pasara a pesar 200 kilos la semana siguiente, y después 500 kilos... Lo que hace posible ese ritmo es que los sistemas metabólicos se van adaptando. Entonces, por ejemplo, si un feto recibe de la madre menos azúcar de la que necesita para crecer, se adaptará maximizando la utilización de ese nutriente; y el problema es que esa modificación perdurará toda la vida. Su sistema metabólico ha sido optimizado para retener la mayor cantidad de energía y, en la infancia, tenderá a acumular más que un chico que no haya sufrido restricciones intrauterinas. Por eso los chicos que han tenido restricciones calóricas en la etapa intrauterina corren más riesgo de obesidad y enfermedades asociadas como la diabetes y la hipertensión.

–Esto tiene, por supuesto, una dimensión social.
–Enorme. En países de Centroamérica o Africa, el 70 por ciento de los chicos ha tenido alguna restricción intrauterina; esto también es muy común en la India. Llamamos a esto la doble carga de enfermedad: subnutrición temprana y después, como consecuencia, sobrenutrición.

–Pero, si la obesidad es un desequilibrio entre la ingesta y el gasto, ¿es que estas personas, con la misma ingesta, engordarán más?
–No necesariamente. Estos niños, cuando llegan a los ocho o diez años, pueden no ser más gordos, pero acumulan más grasa central, en el abdomen, y por esta causa pueden tener ya resistencia a la insulina y eventualmente diabetes tipo 2. No es simplemente un problema de masa sino metabólico: se trata de un sistema que se adaptó a subsistir en un medio intrauterino adverso y ya no puede retroceder


Por Pedro Lipcovich
Fuente
Página12

martes 20 de diciembre de 2011

La televisión propicia la abstención política.

La televisión actúa permanentemente frente a nosotros, y al naturalizar su acción, muchas veces se hace “invisible”. La televisión es un servicio público ¿Propicia la actuación política, para mejorar la democracia? ¿O más bien la erosiona? ¿Es imparcial? ¿O defiende sus propios intereses? Esos temas son tratados en los siguientes párrafos.



A veces por omisión y en otras por distorsión, la pantalla televisiva suele ofrecer un panorama tan desfavorable de los asuntos públicos que tiende a inhibir a los ciudadanos.

Habrá quienes repliquen, ante consideraciones como ésas, que el papel de la televisión no es hacer proselitismo político ni convencer a la gente para que participe en asuntos de esa índole. Pero no hay que olvidar, primero, que la televisión ofrece un servicio público aunque no siempre reconoce las obligaciones inherentes a esa función. Al mismo tiempo, la percepción que los ciudadanos se forman acerca de los asuntos públicos depende de la exposición que tienen a diversas fuentes de socialización, entre ellas los medios de comunicación.

Junto con ello, los intereses que acotan a la televisión propician que con frecuencia la imagen que ofrece acerca de los actores públicos sea favorable para unos y perniciosa para otros. Es difícil que la televisión sea imparcial respecto de los temas más polémicos. De hecho, la imparcialidad en un medio de comunicación suele ser una quimera porque desde la selección y la manera de presentar una noticia, hasta la ubicación que encuentra dentro del medio y el énfasis con que es presentada, cada paso en el proceso informativo es determinado por decisiones y enfoques subjetivos del reportero, el editor, el redactor, el productor, etcétera.

Así que no hay inocencia cuando la televisión, ya sea para suscitar el interés de sus televidentes o para impulsar algún negocio que tengan contemplado los propietarios de la estación, presenta una imagen notoriamente desfavorable de un personaje público o, al contrario, tan benévola que resulta sospechosa.

Todos esos comportamientos abonan en la desconfianza de los ciudadanos respecto de la política y las instituciones en las que se desarrolla.

Qué hacer. Es difícil que la televisión convenza a muchos ciudadanos para ir a votar en una elección. La simpatía con un candidato o partido, la conciencia cívica o un elemental sentido de responsabilidad, suelen conformarse a partir de otras experiencias y fuentes de información y socialización. La televisión puede reforzar opiniones ya determinadas, o en proceso de definición por parte del elector. De hecho en los debates electorales, transmitidos por televisión, es usual que los candidatos quieran afianzar el voto de quienes ya simpatizan con ellos más que restarle simpatías a sus contrincantes. Y sobre todo, buscan persuadir a los ciudadanos que aún no están convencidos de ir a votar o por quién votar. La propaganda negativa que con frecuencia se utiliza en esos encuentros tiene el propósito de mermar la imagen del candidato rival, especialmente ante los ojos de los electores indecisos.

Lo que sí es más sencillo es que la televisión, cuando mantiene actitudes constantemente hostiles al sistema político o a sus protagonistas, pueda contribuir al desinterés y el rechazo de los ciudadanos a la participación institucional. Las versiones negativas, como ya se ha señalado, prenden con más facilidad en el ánimo de las personas que las de carácter positivo.

Para trascender el papel cívicamente desmovilizador de la televisión, antes que nada sería necesario que los distintos actores de la vida política que buscan respaldarse en ella la utilizaran de manera propositiva y creativa. Lo que hace pomposa y tediosa a la televisión de contenido político, son los políticos rimbombantes y aburridos.


Extraído de
Televisión y educación para la ciudadanía
Raúl Trejo Delarbre

Busca en mis blogs