domingo, 12 de mayo de 2013

"Tele" infantil en verano: consejos para proteger al niño


La televisión está presente en nuestra vida todos los días del año, pero especialmente durante las vacaciones ¿Qué situación afrontamos? ¿Qué podemos hacer? El siguiente artículo opina sobre el tema.

Es tarea de los padres guiar y poner límites al consumo televisivo que realizan sus hijos durante el verano
Si algo les sobra a los niños durante las vacaciones de verano es tiempo; y muchas veces lo pasan con una de sus actividades favoritas: ver la "tele". En verano el consumo infantil de televisión se incrementa, ya que es una inagotable fuente de entretenimiento para los pequeños. Aunque es aconsejable que los padres pongan límite a las horas de visionado, también es importante que les enseñen a ver la televisión de una forma adecuada y que controlen, en la medida de lo posible, los contenidos a los que acceden sus hijos.

Consumo infantil de televisión
Dos horas y 38 minutos. Esta es la media de tiempo que los niños españoles de entre cuatro y doce años pasaron cada día delante de la televisión, en 2011. Este dato, recogido en el estudio del panel Eurodata TV Worldwide de la consultora Mediametrie, evidencia que en nuestro país el tiempo de visionado televisivo de los más pequeños se ha incrementado en un 11,2% respecto al año 2005.

Los niños entre dos y cuatro años ven un 10% más televisión que hace siete años
Este consumo audiovisual por parte del público infantil se amplía aún más durante los periodos vacacionales, cuando el niño cuenta con más tiempo libre. "La televisión es el mejor canguro: sale barato e hipnotiza a los pequeños", ironiza Rafael Sánchez Ferlosio, Premio Nacional de la Letras en 2009, sobre el uso pernicioso que se le puede dar a este aparato en las vacaciones. Sánchez Ferlosio advierte, asimismo, con tono sarcástico, del "poder pedagógico de la televisión y su influencia sobre los niños".

Fuente de entretenimiento
Es evidente que la televisión es una fuente de entretenimiento para los más pequeños. Y la aparición de la televisión digital no ha hecho más que aumentar el empuje de este aparato como medio de ocio para el niño. La programación cuenta con numerosos canales específicos para el público infantil, donde la parrilla está diseñada solo para ellos, lo que hace posible pasar jornadas maratonianas frente a la "tele" sin necesidad, siguiera, de cambiar de canal.

Los pequeños recurren a la pantalla para satisfacer sus necesidades de distracción, reducir las tensiones que padecen e informarse. La tesis doctoral del pediatra Eduardo Santoro, en la que buscaba respuesta a la pregunta ¿por qué los niños ven la televisión?, apunta, sin embargo, otros motivos adicionales al éxito de la televisión entre los menores, especialmente en verano. La investigación de Santoro concluye que los pequeños recurren a la pantalla además de para satisfacer sus necesidades de distracción, como medio para reducir las tensiones que padecen y como fuente de información. El pediatra agrega un factor situacional externo: "El niño ve televisión porque no le queda otro remedio".

Enseñar a ver la televisión
No es fácil poner límite a un niño que pretende ver la televisión en verano, con una programación infantil cargada de dibujos animados y películas dirigidas de forma específica para ellos. Los pequeños pasan más tiempo en casa y, si no ha sido posible salir de vacaciones, las alternativas de ocio, en ocasiones, pueden llegar a ser limitadas.

Sin embargo, los padres pueden guiar el modo, y las horas, que sus hijos pasan delante de televisor. Algunas sencillas pautas sirven para ayudar a los pequeños a hacer un buen uso (y no abuso) de la televisión en verano.
  • Apagar el aparato, al menos, media hora antes de que el niño se acueste.
  • Elegir el programa junto al pequeño y evitar el zapping.
  • Utilizar la televisión como excusa para entablar una conversación con el niño, así como para comentar con el pequeño el programa que ve.
  • Comentar los programas que le gustan al niño con otros adultos y sus profesores; se trata de recabar más opiniones adultas.

Televisión y niños: buenas prácticas en el hogar
  • No dejar siempre la elección de contenidos a su libre albedrío, sobre todo en determinadas edades. La responsabilidad de lo qué ven los hijos es de los padres.
  • Revisar la parrilla del día para delimitar los programas más adecuados.
  • Intentar analizar los programas que ven los pequeños para verificar que usan el lenguaje y las imágenes adecuadas a la edad y madurez del pequeño.
  • Establecer unos horarios fijos para ver la televisión y evitar que este interceda en las horas de sueño de los más pequeños.
  • Procurar predicar con el ejemplo: si un niño observa que sus padres pasan demasiado tiempo delante de la televisión, verá esta práctica como algo normal.
  • Ver la televisión en familia ayuda a que el aparato sea considerado un elemento de comunicación, no de aislamiento.


Fuente
Revista Consumer

jueves, 2 de mayo de 2013

La televisión, en la génesis de la violencia

Todos podemos apreciar escenas de violencia en la televisión ¿Qué características reúnen? ¿Cómo puede influir en los menores? ¿Se produce un “aprendizaje de la violencia? ¿En qué podemos notar las influencias de la violencia televisiva? 

Desde la década de los 70’s se han realizado investigaciones en todo el llamado mundo occidental para observar desde diferentes puntos de vistas el fenómeno de la violencia en la televisión y su efecto en la conducta, valores y percepción de la realidad, en los menores de edad.

Es altamente significativo que un gran número de investigaciones han encontrado, como punto de partida, que los niños de casi todos los países, pasan un promedio de 23 a 28 horas por semana frente a la televisión. Esto significa que los llamados “hombres del futuro” – lactantes, preescolares, alumnos de primaria y adolescentes de secundaria - pasan la mayor parte de sus horas de vigila y de su corta vida, ante el aparato de televisión.

Nielsen y Schmitt, por ejemplo, encontraron que de preescolares hasta adolescentes pasan frente a la televisión 2.6 horas diarias en los días escolares y 5 horas en los feriados. Por su parte, Strasburger, ha calculado que cuando estos niños cumplan los 70 años de edad habrán pasado al menos diez y siete años de su vida ante la televisión.

En general, los autores que han investigado este tema coinciden en una definición de violencia que comprende los siguientes elementos resumidos de la siguiente manera por Gerbner: “Violencia es la expresión abierta de comportamientos que implican forzar físicamente y psicológicamente a otra persona (o a uno mismo, como en el caso del suicidio), y por tanto incluye cualquier acción, en contra del deseo de uno, que cause heridas, la muerte (asesinatos), o la amenaza de herir o asesinar”.

Corona y Quintana definen las características de la violencia de la siguiente manera:
          Usa la fuerza física para causar lesiones o destruir, por lo cual impide a la victima actuar en defensa de su integridad física y en su toma de decisiones.
          Es consciente, porque causar daño a otra persona es totalmente intencional y voluntaria.
          Implica emociones y sentimientos
          Es un medio para llegar a un tipo de solución

Al estar tantas horas sentados frente al televisor, los niños quedan expuestos a todo tipo de programas tales como son caricaturas, series infantiles, películas, series para adultos, telenovelas, noticieros, deportes y los llamados “reality shows”, programas que se transmiten a cualquier hora y que el niño tiene oportunidad de verlos, con frecuencia significativa, sin la supervisión de algún adulto.

Además, como afirma González la televisión absorbe la mente de las personas ya que no se necesita hacer ningún esfuerzo para sentarse por horas a contemplarla aunque esto signifique ver basura, lo que ocasiona que consideren normales las conductas agresivas, violentas y otras distorsiones que les crean en una idea de la vida muy alejada de la realidad, lo que provoca comportamientos violentos los cuales no nos explicamos.

Por su parte, en una conferencia, León indicó que la cantidad de información que reciben los niños a través de la televisión es impresionante, y esta está plagada por una gran cantidad de escenas violentas en las que el niño es testigo de terribles asesinatos, robos, mentiras, envidias, engaños, deslealtades, arbitrariedades, etc., que llegan directamente a la mente de los menores de todo el mundo.

Los investigadores de muchos países han cuantificado la violencia que contienen diversos tipos de programas. Han encontrado que, contra lo que popularmente se cree, las caricaturas y los programas infantiles presentan un número inusitadamente alto de acciones violentas. En estos estudios, de los cuales es un claro ejemplo el de Gerbner, la violencia se analizó en tres niveles:
a) El programa como un todo
b) Cada acción o acto de violencia específico, y
c) El protagonista.

Estos datos se cuantifican en tres sistemas de medida:
1- El porcentaje de programas con algún episodio de violencia;
2- La frecuencia de los episodios de violencia; y,
3- El rol de los personajes principales.

La combinación de estos datos permite obtener el índice de violencia. Gerbner analizó 24 programas, con duración aproximada de 30 minutos cada uno, encontró en ellos 371 actos de violencia claramente definidos. Esto significa 12.13 actos violentos por cada hora de programación y 15.43 acciones violentas por programa. Aunque los datos encontrados en varias investigaciones que se han realizado en diversos países, tienen algunas variaciones, estas no son estadísticamente significativas, por lo que se concluye que se trata de una situación universal.

En apoyo de lo anterior tenemos que la variación en los datos depende más de la definición de la violencia y del método para cuantificarla, que de la frecuencia con que se presenta. Así, por ejemplo, Gerbner reporta 5 a 6 actos violentos por hora de programación, pero sólo contabiliza la violencia física. Williams, Zabrack y Joy, con una definición más amplia encuentran 18.5 actos por hora de programación en EE.UU y en Canadá. En estos dos países, otos investigadores realizaron también un estudio con una definición de la violencia que incluye tanto la de tipo físico como la de tipo psicológico y registraron 32.5 actos de violencia por hora de programación.

Deducen que la violencia es un fenómeno que llama la atención a tal grado, que en los 80’s en Estados Unidos el 70% en horas preferenciales y el 90% en la programación infantil los fines de semana se caracterizaba por estar integrada por programas altamente violentos, considerando, como tales, a caricaturas para menores del tipo Tom y Jerry, en los cuales ocurren agresiones y actos violentos a un ritmo mayor a un acto violento por minuto.

Singer, que ha trabajado con lactantes y preescolares, concluye que la relación y el aprendizaje que les proporcionan sus padres es significativamente menor, cuantitativamente, a la que les proporciona el aparato de televisión en el cual la enseñanza – indirecta y no intencionada – les llega plagada de figuras que “saltan, bailan, ríen, gritan, se destruyen entre ellas y, por supuesto, los motivan a salir a comprar alimentos y juguetes”.

Estas situaciones no se circunscriben a una región o a culturas muy definidas, sino que parecen ser universales ya que se han realizado estudios en los que han participado más de 5,000 niños de culturas tan distintas como son las de Angola, Argentina, Armenia, Brasil, Canadá, Costa Rica, Croacia, Egipto, Fidji, Alemania, India, Japón Mauritania, los Países Bajos, Perú, Filipinas, Qatar, Sudáfrica, España, Tadjikistan, Togo, Trinidad y Tobago, Ucrania.

De acuerdo con Groebel, (UNESCO), los niños de todos estos países pasan la mayoría de su tiempo de vigilia ante el televisor y aunque los programas tienen ciertas diferencias, los tipos de violencia que presentan son semejantes y de frecuencia alta. Estos resultados lo llevan a concluir que la televisión está omnipresente en todas las áreas del mundo y que la mayoría de los niños responden de manera semejante ante ella y están sujetos a la misma estimulación que les ofrece la programación.

Permanecer un número excesivo de horas frente a la televisión tiene como principal consecuencia para los menores, según demuestran los estudios, el aprender a ser violento como resultado de observar una programación cuya finalidad es presentar altos índices de actos de agresión en todas sus expresiones, con el único objetivo de elevar su audiencia, sin considerar el daño psicológico y social que provocan en los menores de edad.

Encontraron una correlación estadísticamente significativa entre “ver muchos programas violentos en la televisión a la edad de ocho años y la conducta ser agresivo a los 18 años de edad”. El seguimiento mostró, por primera vez, subraya Sanmartín, la relación directa entre ver violencia y llegar a ser violento ya que en este estudio hubo menores que no veían programas con violencia, por diversas razones, y presentaron menos violencia a los 18 años.

Sanmartin reporta que se han analizado numerosos estudios longitudinales, de campo y experimentales y que todos ellos “han puesto de manifiesto una correlación significativa entre la exposición a la violencia en los medios y la conducta violenta”. Remite a las investigaciones de Anderson y Bushman para verificar su aseveración.

Con frecuencia se ha encontrado que para que un niño desemboque en una persona violenta ante la exposición a programas violentos en la televisión, deben intervenir variables adicionales entre las cuales destacan las características de personalidad, la biología, la cultura y la educación del individuo, así como las características de su vida familiar, social y medio sociocultural en el que se desarrolla.

Esto fue comprobado por la UNESCO, en su estudio Global Media Violencia Study, realizado por Groebel. Entre otras muchas variables y factores relacionados con la violencia promovida por los medios, encontró que los niños con predisposición a la violencia, por las razones que sean, utilizan la violencia en los medios para reforzar y justificar sus creencias y actitudes y con ello se convierten en más violentos cada día.

Un ejemplo de lo anterior lo constituye el hecho, reportado por él, de que el 68% de los niños que vivían en entornos violentos tenían como ideal llegar a ser como “Terminator”, en tanto que únicamente el 37% de los que vivían en entornos no violentos, tenían esta aspiración. Los entornos violentos refuerzan y generan personalidades violentas a los que los medios masivos de comunicación proporcionan el soporte para justificarlos ante los propios niños y jóvenes.

Groebel aclara que un entorno violento, es aquel en el que el menor observa malos tratos a uno de sus padres, sufre agresiones de sus padres y de sus hermanos, convive con familiares cercanos víctimas del alcoholismo o la drogadicción o sus parientes cercanos o amigos se dedican a actividades antisociales: robo, asalto, fraude, prostitución, tráfico de enervantes, etc.

En el estudio para la UNESCO, Groebel encontró que a escala internacional más del 50% de los programas de televisión “contienen algún tipo de violencia. Normalmente se trata de violencia física, pues es la más gráfica y fácil de presentar. Calculó que se emiten un promedio de siete escenas violentas cada hora en cualquier canal comercial de cualquier país.

Y agrega: “Un niño de cualquier país del mundo al que llegue la televisión invierte, por término medio, tres horas delante del televisor: Da lo mismo que viva en Perú, Angola, Canadá o España. Además, el 93% de los niños que viven en áreas urbanas o rurales electrificadas, ven televisión. En el hemisferio norte, esa cifra llega al 99%.” (Groebel ) Sanmartín (2005) considera que la violencia en las pantallas influye en los menores de edad debido a la interacción de varios factores entre los cuales él destaca:
          Ver escenas violentas en la televisión activa en el menor emociones, pensamientos, sentimientos y conductas que quedan asociadas en su mente de acuerdo con lo que propone la Teoría de la asociación cognitiva o Primming.
          Esa misma observación de escenas violentas provoca que el menor se identifique con el modelo violento e imite la conducta observada, de acuerdo con la Teoría del modelo simbólico
          La visión de la violencia en la TV refuerza las conductas violentas previas del menor, según la Teoría del refuerzo.
          Ver la violencia lleva al menor a percibir la realidad como poco segura o preocupante. Si la ven con alta frecuencia, sobre estiman la cantidad de violencia en su medio y, en consecuencia, conciben al mundo como un lugar altamente peligroso en el cual es muy probable que ellos sean víctimas en cualquier momento. Esto ocurre según la Teoría del cultivo.
          En sentido opuesto, demasiada visión de la violencia puede llevar a lo que Sanmartín llama “embotamiento emocional” o indiferencia ante la violencia real. Esto es, según el autor, un postulado de la Teoría de la desensibilización.

Sanmartin concluye que la gravedad del problema es que a todo lo mencionado, se une el hecho de que los menores tienden a imitar a sus héroes y estos son violentos, aunque en la pantalla se les da una naturaleza agradable y atractiva. Textualmente dice:
“Y así, muchos personajes buenos de la pantalla, es decir personas con móviles altruistas y beneficiosos para la humanidad, suelen ser más violentos que el más violento de los malos. Su lucha por la paz, la justicia, el bien común, etc., parece justificar sus tremendas acciones”.

No obstante el daño que hacen, los programadores no hacen caso de los clamores de la sociedad, dice este investigador, porque saben que la violencia incrementa la audiencia y es la ganancia lo único que les importa. El daño social que provocan es accesorio ante los beneficios económicos que esperan.

El problema adquiere proporciones socialmente significativas cuando se comprueba que los menores de edad se exponen a películas violentas no programadas para ellos, sino para los adultos, horarios de las altas horas de la noche, según explica Grisolia. Además, según la investigación de este autor, los niños son bombardeados con anuncios, ofertas, informaciones, modas y distracciones desde la televisión. Procesar tanta información en sucesión tan rápida genera, según Grisolia,
“… un estado de ansiedad crónica y difusa que en su faceta positiva conduce al éxtasis de la comunicación y que en su aspecto negativo llega a violar en cierto sentido nuestra integridad psíquica, causándonos un estado de estupefacción. Para impactarnos y despertarnos de nuestro sueño colectivo, los medios de comunicación recurren a estímulos cada vez más fuertes y provocadores. La violencia es uno de los principales”

Esto se debe, de acuerdo con Grisolia, a que la violencia es altamente eficaz para llamar y fijar la atención. Sin embargo, como cualquier otro estímulo, pierde su efecto con la repetición, razón por la cual, los medios de comunicación incrementan su intensidad para volver a captar la atención y en ese afán abandonan el mundo real y conducen al espectador a una atmósfera surrealista que llama aún más la atención.

Esto tiene efectos comprobados en los adultos, en los menores, dice Grisolia, el efecto perceptivo y conductual se incrementa extraordinariamente debido a la maleabilidad del aparato neurológico, psicológico y hormonal de los menores y aún de los adolescentes.

De hecho, Grisolia considera que esa estimulación pone en contacto a los menores y a los adultos por igual con “nuestras sensaciones más profundas y primitivas, la zona de los mitos, de los cuentos de hadas y de otras experiencias semejantes”. Considera que quien ejerce el papel de nuestra niñera “fiel y querida”, es la televisión. Grisolia postula que cuando estamos ansiosos, seamos menores o mayores de edad, sentimos atracción por los programas violentos porque estos, afirma, aplacan la ansiedad por corto plazo, tras el cual caemos en un estado de mayor ansiedad y es así como nos volvemos adictos a la violencia. El peligro es que esta adición en los niños, con mucha frecuencia pasa de la visión pasiva a la conducta violenta activa.

De esta manera, los niños al ver programas para adultos y todo lo que ocurre en la pantalla como contexto de ellos, quedan expuestos a una influencia altamente propicia para predisponerlos a la violencia o para atemorizarlos patológicamente con ella.

El asunto es más grave porque, como dice Grisolia, la mayoría de la población de menores vive en condiciones deficientes para su desarrollo óptimo y ello los mantiene crónicamente ansiosos. Otro investigador, Donnerstein estimó que durante sus estudios de primaria el menor de edad, además de los temas propios de su educación en la escuela, ha visto 8 mil asesinatos premeditados y al menos 10 mil actos de alta violencia en la televisión.

Consigna que no es una estimación arbitraria suya, sino que ha sido confirmada por otros investigadores citados por él, participó en el más extenso y riguroso estudio sobre este tema, en el cual participaron otros diez especialistas en el tema, todos de la Universidad de California en Santa Barbará. La investigación fue auspiciada por la National Television Violence Study, y patrocinada por la National Cable Television Association y los resultados resumidos fueron dados a conocer por Donnerstein fueron publicados en su totalidad por Kunkel.

El objetivo fue detectar durante tres años consecutivos, mediante un estudio longitudinal, la cantidad y el contexto en el que aparecía la violencia en la televisión estadounidense. Donerstein explica que como parte del proyecto de investigación realizaron una revisión exhaustiva de los trabajos científicos que se habían dedicado a evaluar los efectos de la violencia televisiva en los espectadores. Llegaron a las siguientes conclusiones:
1. La violencia emitida por televisión contribuye a la aparición de una serie de efectos antisociales en los espectadores.
Grupos de investigación de la American Psychological Association, American Medical Association, National Academy of Science y National Institute of Mental Health u U.S. Surgeon General coincidieron en señalar que .

2. Hay tres tipos principales de efectos provocados por la violencia televisada:
a) Aprendizaje de actitudes y conductas agresivas.
b) Insensibilidad ante la violencia.
c) Temor a ser víctima de la violencia

3. No toda manifestación violenta en televisión tiene el mismo riesgo de perjudicar a los espectadores.

El contexto de la escenificación de la violencia puede variar de forma muy significativa y las diferencias entre estos contextos pueden influir de forma decisiva en el impacto que la escenificación de la violencia tenga sobre la audiencia El trabajo concluyó con la identificación de las representaciones violentas que incrementan el riesgo de que se promuevan conductas antisociales, en tanto que otras, al parecer lo disminuyen, lo cual depende del contexto de las escenas, lo que define su impacto en el espectador. La investigación longitudinal de Donnerstein y colaboradores encontró que los tres efectos consistentes provocados en el espectador por la violencia, son influidos por nueve variables críticas. Los efectos son:

1) Aprendizaje de la agresión
2) Miedo a sufrir agresión
3) Insensibilidad emocional

Y las nueve variables que influyen en ellos son:
a) La naturaleza del agresor,
b) La naturaleza de la víctima,
c) La justificación de la violencia,
d) La presencia de armas,
e) La extensión y carácter gráfico de la violencia,
f) El grado de realismo de la violencia,
g) La recompensa o castigo de la violencia,
h) Las consecuencias de la violencia
i) El humor como acompañante, o no, de la violencia.

En el estudio se encontró que las acciones violentas tienen un agresor o un conjunto de ellos y una o más víctimas. El punto esencial radica en que la respuesta de los menores al acto de violencia es diferente si el agresor es el héroe del programa, o el personaje atractivo, o los “buenos” (por ejemplo, los miembros de la “Liga de la justicia”, o si el o los agresores son los villanos, los malos, los que, según la trama, deben ser castigados. Si el agresor o agresores son los “buenos” o los “atractivos” para los niños, entonces tienen una propensión a imitar su conducta violenta y, lo que es más grave, a incorporarla como un valor.

Si por el contrario, la violencia la ejercen los “malos”, entonces disminuye la propensión de los niños a imitarlos porque no quieren identificarse con ellos. La otra cara de la moneda está en la víctima de la violencia. Si quien la sufre es la persona atractiva y simpática, los niños sufren una gran carga emotiva que los pone en tensión y que incuba en ellos deseos de venganza y de justicia que se realiza por medio de la violencia.

Si la violencia es contra un grupo de personas indefensas, por ejemplo, una población bombardeada donde indiscriminadamente mueren mujeres, niños, ancianos y, en una palabra, personas inocentes, entonces los niños suelen experimentar temor de ser ellos víctimas de agresiones. Esto engendra en ellos miedo y, en consecuencia, una serie de conducta paralizantes para su desarrollo.

En cuanto a la violencia justificada, del tipo de un padre que defiende a su hija de un grupo de asaltantes o pandilleros, provoca poca imitación y se considera justificada por los menores. Por otra parte, la violencia injustificada, del tipo de “un pistolero que mata a un cajero porque no le entrega de inmediato el dinero”, provoca efectos nocivos en los niños, en términos de imitación e incitación al uso de la violencia, en la media en que está envuelta en espectacularidad.

Sin embargo, el estudio indica que tiene menos efecto que la violencia que realizan los héroes, súper héroes y personajes atractivos. Las armas usadas como instrumento para la violencia, también tiene efecto superior sobre la percepción de la violencia y su imitación en los menores.

Es mayor que cuando la violencia se ejerce sin armas, es decir, con los puños, o los pies, excepto, cuando se trata de supuestos maestros de artes marciales que convierten a sus cuerpos en armas y que se convierten en ídolos de los menores y por tanto, en modelos a imitar por ellos.

Otra variable de la violencia en los medios que influye en la conducta de los menores es la forma como se presenta la escena violencia. Puede ser tomada de lejos y muy brevemente, o bien de cerca, con extraordinarios detalles y durante periodos prolongados. Lo que se encontró en el estudio que estamos tratando es que mientras más larga y detalladas es la escena, mayores efectos nocivos tiene en los menores.

Pero hay una variación importante, si en un programa o película hay demasiadas escenas violentas, largas y detalladas, los menores terminan por habituarse psicológicamente a ella y su respuesta va disminuyendo de manera que se van haciendo cada vez más insensibles a ella, lo que también es una desventaja social.

En cuestión de aprendizaje de conductas violentas se encontró que las escenas de violencia real tiene efectos significativamente mayores que la violencia irreal. La violencia real se consideró a la de los noticieros, en tanto que la irreal es la de las caricaturas y las series fantásticas. El efecto es, precisamente, que producen un mayor y más frecuente aprendizaje de conductas violentas.

Lo anterior es modificado por una variable de efectos comprobados desde hace mucho tiempo en la psicología: la recompensa y el castigo. Si en las escenas presentadas al menor, la violencia es recompensada, promueve imitación y aprendizaje de conductas de ese tipo, independientemente de que el actor sea atractivo o no lo sea, o de que la escena será rápida, lenta, cercana o lejana.

Si el acto violento es castigado, tiene menos efecto en el menor pues disminuye la probabilidad de aprender esa conducta y su frecuencia, siempre de acuerdo con los datos del National Television Violence Study. La octava variable indica que si en las escenas violentas se recrean el daño y el dolor que causan la violencia, en contra de lo que se ha encontrado en otros estudios, en este, los resultados indicaron que esta variable inhibe la imitación de la violencia y la tendencia a usarla.

Finalmente, aparear la violencia con el humor es una de las variables a las que más frecuentemente están expuestos los menores, porque esta es la esencia de los dibujos animados. El estudio concluye que esta combinación contribuye, de manera significativa, al aprendizaje y a la imitación de la violencia y la agresión en todas sus expresiones en los menores de edad. Donnerstein, en sus conclusiones, lleva el asunto más lejos:
“Los análisis anteriores ponen de manifiesto que estos nueve rasgos contextuales influyen en todos los espectadores, sean niños o adultos. Es más, cada uno de estos factores afecta de la misma forma en todos los espectadores, sean niños o no. Por ejemplo, premiar la violencia es algo que aumenta la probabilidad de que se aprenda un comportamiento agresivo, sea cual sea la edad del espectador. Lo contrario se consigue castigando la violencia. Con todo, hay algunas cuestiones que concierne sólo a los niños muy pequeños”.

Urra, otro investigador, hace una irónica, pero bastante exacta descripción de la situación del menor entre la televisión y sus padres. Para ello escribe la siguiente oración que pone en boca de un menor:
“Señor, vos que sois bueno y protegéis a todos los chicos de la tierra, quiero pedirte un gran favor: Transfórmame en un televisor. Para que mis padres me cuiden como lo cuidan a él, para que me miren con el mismo interés con que mi mamá mira su telenovela preferida o papá el noticiero. Quiero hablar como algunos animadores, que cuando lo hacen, toda la familia calla, para escucharles con atención y sin interrumpirles. Quiero sentir sobre mí la preocupación que tienen mis padres cuando la tele se descompone y rápidamente llaman al técnico. Quiero ser televisor para ser el mejor amigo de mis padres y su héroe favorito. Señor, por favor, déjame ser televisor, aunque solo sea por un día”

Urra hace notar que el uso de la violencia siempre ha ejercido una fascinación irresistible sobre las masas y no es ninguna aportación de los mass media. Recuerda que desde el tiempo de los romanos y al parecer desde la civilización cretense los espectáculos más importantes incluían a la violencia en todas sus expresiones. Antes de la televisión, los periódicos y las novelas de entrega semanal eran la fuente de entretenimiento por medio de la violencia.

Pero hace notar que era diferente en calidad respecto a los periódicos y las novelas de entregas, no al circo romano, el cual, desde luego, era muy superior en violencia, aunque Urra no reporta si el espectáculo era también para niños. Lo que argumenta este investigador es que la diferencia entre la mayoría de los objetos de transmisión de violencia respecto a la televisión es que en esta hay menos capacidad de selección. Es decir, consumimos lo que los productores ofrecen, no precisamente lo que seleccionamos y si lo hacemos, tenemos un margen muy estrecho para hacerlo.


Por Dolores Elena Castro
Autora de la tesis:”Influencia de la violencia generada en la televisión sobre niños de 12 años o menores”,
Facultad de Psicología, UNAM, México

lunes, 22 de abril de 2013

El sedentarismo y la televisión provocan más sobrepeso que las grasas, según demuestra un estudio.

La televisión no es "neutral", incide en nuestras costumbres, actitudes y pensamiento. Muchos problemas de nuestros días tienen origen en ella, por los hábitos que genera ¿Qué sucede con la obesidad infantil? ¿Y con el sedentarismo?
 
 

La prevalencia de obesidad en España es del 11,5% para los varones y del 15,2% para las mujeres. La influencia del sedentarismo y las horas de ocio en el sillón y frente al televisor tienen una influencia decisiva en la ganancia de peso, por encima de la disminución de la ingesta de grasas en la dieta diaria. En un estudio realizado por endocrinólogos de la Universidad de Navarra y publicada en la revista Medicina Clínica se hace hincapié en que a pesar de haber disminuido la ingestión de grasas entre la población española, en los últimos años se ha incrementado el porcentaje medio de obesidad.

 

Se ha comprobado en este estudio que quienes dedican más tiempo a dormir la siesta son los que ven más la televisión y a menudo son también quienes tienen más costumbre de picar mucho entre horas. La prevalencia de obesidad en España es del 11,5% para los varones y del 15,2% para las mujeres, con una tendencia muy marcada a aumentar tanto en España como en el resto de los países desarrollados.

 

Los especialistas piensan que la ingesta de grasa no tiene por qué ser el principal factor que determina la creciente prevalencia de la obesidad, sino que otros componentes dietéticos diferentes como el estilo de vida, la genética y otros pueden ser los factores principales de una enfermedad que la OMS denomina la epidemia del siglo XXI.

 

En EEUU se conoce como 'paradoja americana' al hecho de que a pesar de que la ingestión de grasa ha disminuido de forma considerable en la dieta de los estadounidenses, el porcentaje de obesidad y sobrepeso ha aumentado. Esta característica, que puede exportarse al resto de los países europeos, ha llevado a determinar que «no existen evidencias definitivas para afirmar que el peso corporal disminuya en respuesta a un descenso en la ingesta de grasas».

 

Buscar respuestas al por qué hay cada vez un mayor número de personas que engordan hasta el punto de que los kilos de más se convierten en un importante problema de salud con incremento de diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares es una incógnita sin respuesta. El especialista en nutrición y medicina familiar y comunitaria, Juan José Bilbao, dijo recientemente que las medidas dietéticas disminuyen la obesidad cuando no se ha pasado determinado nivel de sobrepeso, pero advirtió de que una vez rebasado es muy difícil ya perder los kilos de más. Como ejemplo para superar esa barrera, indicó que lo harían una mujer con una talla de 165 centímetros y más de 80 kilos y un hombre que mida 170 y pese más de 93 kilos.

 

Los niños ven en televisión una media de cinco anuncios de comida a la hora

En la mayoría de los casos, se publicitan alimentos dulces y comida rápida. Los niños entre 3 y 12 años ven en televisión durante el horario infantil una media de cinco anuncios de comida a la hora. Además, estos anuncios publicitan en su mayoría alimentos dulces y comida rápida. Son datos de un estudio realizado por 13 grupos de investigadores en 11 países distintos y publicado en "American Journal of Public Health". Los autores recuerdan que hay una relación probada entre los anuncios de comida y las decisiones sobre los alimentos que realizan los niños.

 

Los investigadores estudiaron los anuncios de comida durante los periodos en los que los niños veían más la televisión, que se situaron entre las 19:00 y las 22:00 horas durante la semana y entre las 07:00 y las 10:00 horas durante los fines de semana. Descubrieron así que el 18% de los anuncios en este horario eran de alimentos y que los niños veían una media de cinco de estos anuncios a la hora. En su mayoría, esta publicidad promocionaba comida rápida, alcohol, chocolate y caramelos.

 

En el caso de Suecia, uno de los países analizados, esta media sube hasta los seis anuncios de comida por hora. De hecho, los niños suecos se exponen a una enorme cantidad de anuncios durante su horario de televisión, una media que puede superar los 50 por semana. Estos menores ven unos 100 minutos de televisión diarios. Así lo han demostrado los investigadores de la Universidad de Goteburgo, tras analizar casi 200 horas de programación de los canales más populares entre los niños en Suecia y clasificar los anuncios que se emitieron entre las 06:00 y las 22:00 horas en dos días de la semana y dos días del fin de semana.

 

"Aunque Suecia se ve como un país progresista porque aprobó una legislación que limita los anuncios en televisión dirigidos a la infancia, este sector se expone aún a muchos anuncios de comida", explicó Hillevi Prell, investigadora del Departamento de Alimentación y Nutrición y Ciencias del Deporte de la Universidad de Goteburgo. Para la profesora de este departamento Christina Berg, "dado que los niños más mayores pasan mucho más tiempo ante la televisión y esa alta proporción de anuncios son de productos calóricos, debería mirarse con atención que se publicita menos la comida saludable".

 

 

Fuente
Revista Consumer

 

viernes, 12 de abril de 2013

La televisión en el punto de mira

La televisión es parte de nuestra vida, llegó para quedarse, es casi imposible negarla, pero debemos ser conscientes de los peligros, y presentar límites ¿Cuáles? ¿Qué significa "uso racional"? ¿Es un electrodoméstico más? ¿Qué hacer? El siguiente artículo opina sobre el tema.



Ni buena ni mala: todo es cuestión de medida
¿A quién no le agradaría tener siempre a mano a un amigo ocurrente, variadísimo en los temas que aborda, frecuentemente espectacular y a menudo ingenioso, muy entretenido, que nunca se enfada, nos narra con lujo de detalles acontecimientos que ocurren en todos los lugares del mundo, no exige atención alguna, y, por si fuera poco, apenas consume ni plantea exigencias, y del que, para más comodidad, se puede prescindir en cualquier momento sin problema alguno?.

Efectivamente, no hay seres humanos que reúnan tantas cualidades, pero todos tenemos en nuestros hogares un aparato, inerte pero a la vez muy vivo, que cumple algunas de esas características y prestaciones: la tan denostada televisión. Está ahí, es una más entre nosotros. Pertenece a la familia casi como cualquiera de sus miembros y ocupa el mejor lugar de la casa.

La vida en común de mucha gente sería hoy, reconozcámoslo, muy distinta sin la TV. Sociólogos, filósofos, psicólogos, pedagogos y periodistas han reflexionado sobre la influencia de la TV en la conformación de las creencias, la cultura, los gustos, los hábitos de consumo, la percepción del sexo y la violencia, el uso del tiempo de ocio, las preferencias políticas, ... de cada uno de nosotros.

Nuestro cometido, en esta sección, es tan sencillo como modesto: proponer sugerencias para aprovechar la interminable programación televisiva y para que no esta perjudique la comunicación cotidiana entre los miembros de la familia. Porque el hogar, lejos de ser el ámbito natural de reunión familiar que antaño fue, puede convertirse en un espacio físico en que cada miembro de la familia consume, separadamente, su propia ración de TV.

Seamos realistas: está y seguirá ahí. Partamos de que hoy no es posible obviar la TV y de que no conviene centrarnos exclusivamente en la crítica negativa a sus contenidos. No sería realista ni inteligente: va a seguir estando ahí, y ofreciendo emisiones de interés para todos.

Lo más sabio es seleccionar de entre la amplia oferta de contenidos, preguntarme qué quiero ver, qué me interesa en cada momento. Hemos de elegir conscientemente lo que quiero. Y desechar lo que no me interesa o no me convence por la razón que sea. Ser yo quien pone el rumbo a mi tiempo de ocio. Y, por ende, quien decide qué quiero ver en la TV, y si deseo verla. Casi todos decimos preferir informativos, documentales y debates sobre temas de interés social. Pero, mayoritariamente, vemos deportes, cine muy comercial, programas "rosa" o de testimonios íntimos de gente de la calle, entrevistas con personajes extravagantes, humor de risa enlatada, shows o concursos con música y chicas atractivas y telefilmes intranscendentes y estereotipados hasta la saciedad. Así que no nos quejemos tanto. En el "debe" de la TV podemos apuntar muchos efectos perniciosos, además del citado de frenar la comunicación familiar, pero destaquemos la pérdida de la capacidad de conmovernos ante la desgracia ajena.

Todo forma parte del mismo espectáculo: después de las imágenes de un terremoto con centenares de muertes, viene un spot de refrescos de cola con felices adolescentes que antecede a un programa de chistes que a su vez precede a otro de "imágenes de impacto" en el que se trivializa con temas tan serios como la seguridad y el sentido del ridículo.

Supone un gran esfuerzo para el televidente discernir entre lo real y el mero espectáculo, interpretar cada contenido, ya que todo se impregna del mismo estilo, convirtiéndose en un único magma, en un mensaje continuo cuyo objetivo coyuntural es que no cambiemos de canal y cuyos fines últimos, por su trascendencia, dejaremos para otra ocasión.

Un uso racional.
Los medios de comunicación están para que hagamos un uso racional de ellos, para extraer en cada momento aquello que va a contribuir a nuestro bienestar, que enriquezca nuestros conocimientos o nos entretenga satisfactoriamente, conforme a nuestros criterios de exigencia. Y también sirven para la evasión después de una jornada de trabajo o estudio, dejando que imágenes y sonidos nos envuelvan y trasladen a un mundo diferente de nuestra cotidianeidad, a menudo cargada de cansancio, monotonía, preocupaciones y tensiones. Pero La TV es también una compañía tirana, porque resulta muy absorbente.

En algunos hogares, aunque el televisor está encendido todo el día apenas suscita la atención de nadie. Pero lo común es que limite, y a veces impida, la comunicación entre los miembros de la familia. Y, si surge el diálogo mientras vemos la TV, la conversación difícilmente prosperará. Se reducirá a monosílabos o se aplazará hasta mejor momento, que será nunca. No en vano hemos metido la TV en nuestras casas por duplicado y hasta por triplicado: en el salón, la cocina y en algunos dormitorios.

Tendremos que estar "ojo avizor" para que sus renovados recursos, que atraen y retienen al espectador con tanto éxito, no nos reduzcan a la pasividad o la indiferencia de un consumidor acrítico y sin opinión, que todo lo digiere.

Qué hacemos con la TV
Consenso en el consumo, en lo que queremos ver. Al menos en la mayoría de las ocasiones, estemos reunidos en una misma sala todos los miembros de la familia.
Diálogo sobre lo que pensamos y sentimos ante lo que estamos viendo en la TV, de forma que se potencie el conocimiento de la actualidad y el manejo en las discrepancias entre los miembros de la familia.

Mantener la atención crítica ante lo que vemos, y replantearnos los modelos de hombre y mujer, de niños, jóvenes y ancianos que se nos proponen, los valores y el estilo de vida que parece pretenderse que interioricemos. Desde la no-consciencia, es imposible ejercer la libertad de ser uno mismo.

Acompañemos a niños y adolescentes en sus horas de TV, propiciemos que desarrollen su capacidad crítica y sus propios criterios. Estemos informados de los programas que ven.

No neguemos por sistema a nuestros hijos el uso de la TV, ni impongamos restricciones muy severas. No por ello vamos a aumentar su afición a los libros o al deporte. La TV forma parte de su vida. Ofrezcámosles planes atractivos, para que comprueben que se pueden hacer cosas distintas (y más divertidas) que ver la TV.

Busquemos todos los días un momento de diálogo con nuestra pareja (si la tenemos) sin la TV delante. La coincidencia en la hora de irse a la cama es importante. La TV no debe ser obstáculo para la afectividad comunicativo- sensual de la pareja.

Dediquemos un tiempo a la tertulia familiar de la noche (o mediodía), cuando coinciden todos los miembros de la familia, con la TV apagada.. Evitemos que esté encendida la TV en nuestras comidas, cenas o tertulias.

La TV conecta con nuestras frustraciones, y las identifica, especialmente en niños y jóvenes, cuando los artículos y el modo de vida auspiciados por la pantalla, difieren de nuestros valores o quedan fuera del alcance de nuestros bolsillos. Aprovechemos estas ocasiones: son pedagógicas, por contraste, como preparación para la vida adulta.

La TV no es buena ni mala en sí misma. El uso que hagamos de ella lo convertirá en conveniente o no. Ejerzamos conscientemente nuestra libertad de elección. No la convirtamos en sustituta de los encuentros con nuestros amigos, de los paseos o el deporte ni de tantas otras cosas que podemos y sabemos hacer, y que nos deparan más satisfacción que ver la TV, aunque resulten menos cómodas que sentarse a ver la TV.

Fuente
Revista Consumer

martes, 2 de abril de 2013

La televisión y los videojuegos


Los aparatos electrónicos están en el centro de nuestras vidas, por lo tanto. La influencia que ejercen en los menores, merece nuestra atención ¿Qué riesgos corremos? ¿Qué podemos hacer? El siguiente artículo opina al respecto.

La televisión y los videojuegos: moderación para evitar problemas de concentración
Pasar más de dos horas al día delante del televisor o de la consola aumenta un 67% el riesgo de sufrir problemas de concentración en niños y adolescentes. La televisión y los videojuegos consiguen entretener a los niños durante horas. Logran que se diviertan y, en algunos casos, aprendan. A pesar de cumplir con todas las funciones por las que fueron creados, los videojuegos y la televisión no han dejado de reunir criticas desde los más diversos sectores. Un estudio reciente empeora el escenario: los jóvenes y los adolescentes, además de los más pequeños, son también víctimas. No obstante, depende de cómo se use.

Los videojuegos se asocian a un mayor riesgo de problemas de atención tanto en menores como en adolescentes y jóvenes. Así concluye un estudio que asegura ser el primero con suficiente evidencia científica y con un gran número de participantes. Hasta ahora, se había investigado la probabilidad de sufrir problemas de concentración por culpa de ver demasiada televisión que se manifiestan en la escuela con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), aunque sólo uno había contado con la participación de jóvenes de 16 años.

No obstante, según Edward Swing, investigador principal del trabajo publicado en la revista "Pediatrics", pocos son los estudios que habían evaluado esta misma capacidad de desconcentración por parte de los videojuegos. El gran número de participantes se debe a dos muestras, una de 1.323 menores de 6 a 12 años de 10 colegios distintos, y otra de 210 universitarios de entre 18 y 32 años. Todos los participantes notificaron el tiempo dedicado a la televisión y a los videojuegos los fines de semana (para los menores, los informadores fueron los padres) durante 13 meses de seguimiento. Los problemas de concentración se evaluaron mediante cuestionarios. En el caso de los alumnos de menos edad fueron respondidos por sus profesores, mientras que los universitarios rellenaron ellos mismos este tipo de prueba.

Los resultados constatan que quienes invertían más de dos horas al día delante de la televisión o viendo videojuegos registraban un 67% más de riesgo de padecer problemas de atención. Los resultados son parecidos tanto por grupos de edad como por el tipo de tecnología más usada, bien sea la televisión, bien sean los videojuegos.

Los investigadores afirman que son muchos los motivos que acompañan al desarrollo de problemas de atención y concentración, más allá de las horas de exposición ante las pantallas. La educación recibida de los padres, las actividades al aire libre y la manera en la que pasan las horas con la televisión y los videojuegos (solos o acompañados, entre otros), pueden ser aspectos también importantes. Sea como sea, desde la American Academy of Pediatrics se recomiendan limitar a dos horas diarias la exposición a las pantallas.

La otra cara de la moneda
La mala fama acompaña a la televisión desde que se cruzó el límite y se pasó de lo recomendable a lo abusivo. Sedentarismo que lleva a la obesidad, alteración de la conducta al visualizar imágenes violentas?... En la revista "Pediatrics" se publicó en 2004 un estudio de la Universidad de Washington con una sentencia contundente: cada hora delante de la pantalla es un riesgo adicional para que el niño desarrolle problemas de atención. Y los videojuegos, más contemporáneos, han seguido un camino parecido. También se han asociado a sedentarismo y a conductas violentas y, ahora, a falta de atención.

Pero la televisión ha demostrado ser también un valor educativo en sí mismo, tanto por la emisión de programas educativos como por la capacidad de visionarla de modo crítico, al lado de los progenitores, dejando de lado su función de "canguro". Y, de nuevo, los videojuegos muestran una sinergia importante con ella. En los últimos años los videojuegos han resultado ser un posible recurso educativo en el colegio.

Sin ir más lejos, un grupo de investigadores de la Universidad de Huelva ha publicado un trabajo en el que destaca la utilidad de los videojuegos para la enseñanza de las ciencias sociales. Con estos recursos no sólo mejora el proceso de enseñanza, sino la predisposición de los alumnos a acceder a la información por aprender. Los mismos investigadores han definido a los videojuegos como "laboratorios para experimentos sociales".

Debido a la influencia de estas tecnologías en el desarrollo cognitivo del individuo, es importante que los adultos conozcan tanto los prejuicios como los beneficios que de ellas se pueden extraer para sacar el máximo provecho. Es importante conocer el contenido de los videojuegos y de los programas de televisión con el fin de adaptarlos a la edad de los hijos y asegurarse de que no sean sexistas, violentos o racistas; fomentar la participación tanto delante del televisor como en los videojuegos, con partidas de más de un jugador; limitar el tiempo diario de dedicación; diversificar programas y juegos; y, sobre todo, involucrarse durante el videojuego o el programa televisivo.

Una investigación reciente llevada a cabo por la Fundación Alimentum, entidad sin ánimo de lucro que estudia el ejercicio de niños y adolescentes en el ámbito escolar, muestra que el 40% de los 1.515 progenitores madrileños encuestados cree que los juegos de su infancia eran más saludables que las fórmulas de entretenimiento actual. Estas mismas personas creen que la reducción del ejercicio físico se debe sobre todo al ocio pasivo, como los videojuegos o la televisión.

Si bien el 98% remarcan la importancia de que sus descendientes practiquen ejercicio a diario, apenas la mitad afirma que sus hijos dediquen más de una hora al día de deporte.


Autora
Por NURIA LLAVINA RUBIO
En Revista Consumer

sábado, 23 de marzo de 2013

Televisión y violencia: su impacto sobre niños y adolescentes

 Vivimos en sociedades que han naturalizado la violencia. Muchos son los orígenes de esta situación, y la televisión no es ajena a ella ¿Cómo puede incidir? ¿Cómo pueden los padres proteger a sus hijos? ¿Qué actitud aparece como más recomendable?

 

 

            La adolescencia es la etapa de la vida comprendida entre los 10 y los 19 años de edad, de acuerdo con la definición de la Organización Mundial de la Salud.
 

Durante este período de la vida se producen una gran cantidad de cambios físicos, psicológicos y sociales normales, que conducen a su inserción positiva y productiva en la sociedad, y un muy reducido grupo de ellos y ellas adoptan conductas hostiles y violentas que se manifiestan de varias formas que preocupan a la sociedad. A su vez, también ellos son blanco de violencia por parte de la sociedad, de sus padres y otros adultos.

 

Estas conductas no deseables tienen varios orígenes o causas: entre ellas, la violencia del medio (barrio, comunidad) en que viven y se desarrollan cuando niños, la violencia doméstica familiar (psicológica, física, sexual o por negligencia) que sufren desde edades muy tempranas y la exposición a los medios de comunicación masiva y sobre todo la televisión que les ofrece como producto de consumo diario, las más variadas formas de violencia psicológica, física, sexual, autoinfligida o contra terceros y sus propiedades.

 

Es sobre esta exposición indiscriminada a la que se expone a los niños de todas las clases sociales y sus efectos que deseo poner en su conocimiento un artículo publicado por la Academia Americana de Psiquiatría de la Niñez y Adolescencia. ¨Los niños y la violencia en la televisión”.

 

Muchos niños pasan un promedio de 3-4 horas diarias viendo televisión. La televisión puede ser una influencia muy poderosa en el desarrollo del sistema de valores, en la formación del carácter y en la conducta. Lamentablemente muchos de los programas de televisión contienen un alto grado de violencia. Los psiquiatras de niños y adolescentes que han estudiado los efectos de la violencia en la televisión han encontrado que éstos pueden:

    Imitar la violencia que observan en la televisión,

    Identificarse con ciertos tipos, caracteres, víctimas y/o victimarios

    Tornarse ¨inmunes¨ al horror de la violencia; y

    Gradualmente aceptar la violencia como manera de resolver problemas.

 

De manera que la exposición extensa a programas de televisión que contengan violencia causa mayor agresividad en los niños. En ocasiones, el ver tan sólo un programa violento puede aumentar la agresividad. Los niños que ven espectáculos en los que la violencia es presentada de forma muy realista, repetida, o sin ser castigada, tienen mayor probabilidad de imitar lo que ven. El impacto de la violencia en la televisión puede reflejarse en la conducta del niño inmediatamente o manifestarse más tarde en su desarrollo. Las jóvenes pueden afectarse aun cuando en la atmósfera familiar no haya tendencia hacia la violencia. Esto no quiere decir que la violencia que se ve en la televisión es la única causa de conducta violenta o agresiva, pero no hay duda de que es un factor significativo.

 

Los padres pueden proteger a los niños del exceso de violencia en la televisión:

    Prestando mayor atención a los programas que ven los niños.

    Estableciendo límites en el tiempo que pasan viendo televisión.

    Evitando que vean aquellos programas conocidos como violentos. Deben cambiar el canal, o apagar el televisor cuando aparecen escenas ofensivas, y explicarle al niño aquello que consideran malo o inadecuado del programa.

    Señalar al niño que aunque el actor no se lastimó, hirió o murió durante el programa, la violencia puede producir dolor o muerte si sucede en la vida real.

    Desaprobando los episodios violentos que suceden frente a los niños, enfatizando el hecho de que esa no es la mejor forma de resolver un problema.

    Para contrarrestar la presión que ejercen los pares, compañeros y amigos, debe comunicarse con otros padres para poner en vigor reglas similares sobre el tiempo y tipo de programa que deben ver los niños.

 

Los padres deben utilizar estas medidas para prevenir los efectos dañinos que la televisión puede tener en otras áreas como el estereotipo racial o sexual. Aparte del contenido del programa de televisión el tiempo que los niños dedican a esta actividad debe limitarse ya que los saca de actividades más provechosas como lo son el jugar con sus amigos, la interacción familiar, el estudio y la lectura. Si los padres tienen dificultades serias estableciendo controles y límites o preocupación genuina en cuanto a la reacción del niño a la televisión, deben consultar a un Psiquiatra de niños y adolescentes para que les ayude con el problema.¨

 

Para lograr el desarrollo positivo de nuestros adolescentes se hace necesario que los padres brinden afecto a sus hijos, que mantengan un diálogo abierto y receptivo, y al mismo tiempo establecer límites conjuntamente con ellos, en las múltiples situaciones que se presentan en diario vivir y convivir.

 

 

 

 

Dr. Solum Donas
Consultor OPS/OMS
Salud Integral del Adolescente
02 de julio de 1998

miércoles, 13 de marzo de 2013

El exceso de televisión


La televisión no es un electrodoméstico más, tiene muchas influencias en nuestras vidas, y deben preocuparnos especialmente las negativas ¿Compite con la actividad física? ¿Hay excesos en el uso? La obesidad infantil aparece con mayor fuerza ¿Cuáles son sus causas? ¿Qué podemos hacer al respecto?
 

El exceso de televisión y la falta de sueño incrementan un 50% el riesgo de obesidad infantil
El 26% de los niños españoles de entre seis y nueve años padece sobrepeso y el 19%, obesidad. Los niños que ven durante más de ocho horas semanales la televisión y duermen menos de diez horas diarias incrementan en un 50% las probabilidades de sufrir obesidad. Así lo afirman diversos estudios presentados en el X Congreso de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), que discurre estos días en Barcelona. Según una investigación desarrollada por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan), el 26% de los niños españoles con edades comprendidas entre los seis y nueve años tiene sobrepeso y un 19% sufre obesidad.

El doctor del Hospital Clínico de San Carlos de Madrid, Miguel Ángel Rubio, ha explicado que entre los tres y los seis años el índice de masa corporal se predice a través de los niveles de actividad física, y no con la dieta. Sin embargo, la Seedo, que ha incidido en la necesidad de un enfoque integral en el tratamiento y prevención de la obesidad, recuerda la importancia de una adecuada alimentación.

La sustitución de las bebidas azucaradas por agua, controlar las cantidades de las porciones alimenticias, realizar cuatro comidas al día y el incremento de la actividad física son algunas de las medidas preventivas contra la obesidad que propone la Seedo. También recuerdan los beneficios de la dieta mediterránea en la lucha contra el exceso de peso y alertan de que la ingesta de comida rápida un vez por semana se relaciona con el incremento del riesgo de sufrir obesidad.

Por último, inciden en la importancia del desayuno como uno de los pilares clave de la alimentación. Recuerdan que el 20% de los niños y el 35% de los adultos se saltan esta comida y alertan de que este hábito incrementa el riesgo de desarrollar obesidad.


Fuente
Revista Consumer

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