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jueves 5 de noviembre de 2009

La televisión y nuestros hijos

Como madre de familia estoy muy preocupada por el tiempo que pasan nuestros hijos frente a un televisor, muchas veces es mayor que el tiempo que pasan estudiando, leyendo un buen libro, jugando o practicando algún deporte.

Me parece una muy buena idea la de acostumbrar a nuestros hijos a no ver televisión entre semana y mejor fomentar la lectura o que practiquen algún deporte. Es más fácil crearles este hábito desde pequeños.

Si ya hay hijos adolescentes, no pensemos que ya se perdió todo, estamos a tiempo aún, debemos hablar con ellos sobre los programas que pasan en la televisión, así como los contenidos de los anuncios; explicarles que hay cosas que no es sano verlas ni ponerles atención; formarles un criterio para que ellos sepan elegir bien qué ver y qué no ver. Motivarlos a tener un horario para ver televisión, seleccionando programas que de verdad tengan un buen contenido y en los cuales aparte de entretener les deje algún aprendizaje.

Jokin de Iralda en unos de sus artículos compara al televisor con una nevera. Me gustó mucho esta idea de ver al televisor como una refrigeradora, la que sólo se abre cuando es necesario. Así debemos educar a nuestros hijos, a ver sólo el televisor cuando salga un buen programa, de preferencia que tenga un contenido educativo. Que sólo lo enciendan a determinadas horas y por un tiempo determinado. Encendamos el televisor de la misma forma en la que abrimos una refrigeradora. Cuando abrimos una refrigeradora sacamos sólo lo necesario y cerramos la puerta, y no la dejamos abierta por horas, y volvemos a abrirla sólo cuando necesitamos sacar algo más.

Aquí tres consejos sobre el uso del televisor:
1.- No es bueno tener televisores en las habitaciones, porque no podríamos controlar el uso de éste, se pueden quedar viendo televisión hasta altas horas de la noche; afectándoles así su descanso y rendimiento académico por falta de sueño. Aparte de que no podríamos estar al tanto de qué tipo de programas puedan estar viendo nuestros hijos, y no nos podemos arriesgar a que vean programas no aptos para su edad o con un alto contenido de violencia o de sensualidad.

2.- Tener un solo televisor en una sala familiar, donde se pueda compartir y se pueda tener más control del uso de éste. Esto nos sirve también para que ellos aprendan a negociar, tratándose de poner de acuerdo sobre qué programa, de los permitidos, se podrá ver en ese momento.

3.-Poner horarios y programas. Así como hacemos un horario de estudio, así debemos tener un horario para ver televisión, no pueden ni deben pasar viendo televisión todo el día. Es de suma importancia elegir programas, no nos podemos sentar a ver televisión sin saber qué programas podrían estar pasando. Debemos buscar programas y canales didácticos, que les dejen mensaje y un poco de enseñanza a nuestros hijos.

Es muy importante unirnos como padres para presionar a las televisoras a que mejoren los temas de sus programas. A que tengan mayor cuidado con la publicidad que sacan en horarios infantiles. También debemos pronunciarnos con las agencias de publicidad para que cuiden el contenido de sus anuncios y contraten sólo horarios nocturnos para pasar los anuncios que no sean aptos para niños. Pero lo más importante es no considerar la televisión como parte de la diversión familiar o la única diversión familiar, siempre busquemos otras actividades más educativas y formativas para nuestros hijos.

GEORGINA GONZÁLEZ DE PADILLA
MIÉRCOLES, 21 DE OCTUBRE DE 2009
Máster en Educación Familiar. georgina.padilla@gmail.com
http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=6342&idArt=4174961

martes 27 de octubre de 2009

La TV hace a los niños más consumistas

Una investigación de la Universidad de Chile reveló que los niños que tienen televisión en la pieza exigen más compras y regalos.
Durante las últimas décadas se ha discutido largo y tendido sobre la influencia de la televisión en los niños. Esta preocupación no es casual. Canales con programación dedicada 24 horas a un público infantil o la enorme cantidad de horas que los pequeños pasan frente al televisor ha hecho que surja la pregunta por los efectos negativos o positivos de esta nueva realidad. Según el informe "Los teens chilenos" (niños entre ocho y 13 años de edad) del Consejo Nacional de Televisión, la actividad preferida en los momentos libres de los niños es ver televisión: un 85% declara que a eso se dedica cuando vuelve del colegio y no tiene tareas por hacer.

Basta encender el televisor un par de semanas antes del Día del Niño o Navidad para darse cuenta de que los publicistas tienen claro el impacto de la pantalla sobre los niños: robots, muñecas, juegos de video y un cuanto hay bombardean los comerciales de cualquier canal, para intentar que los hijos convenzan a sus papás de regalarles el que esté más de moda.

Una investigación de la Escuela de Negocios de la Universidad de Chile confirmó que la publicidad afecta a los niños, pero ese no fue el resultado más sorprendente. El grupo llegó a la conclusión de que el factor que más interviene sobre las peticiones que los niños hacen a sus padres es tener un televisor en su pieza.

El estudio "Publicidad y peticiones de los niños: el rol de la edad y la presencia del televisor en las habitaciones de los niños", dirigido por el académico y Ph.D. Rodrigo Uribe, fue realizado durante el mes anterior al Día del Niño de 2006 y demostró que aquellos niños que cuentan con uno de estos aparatos en su dormitorio tienden a pedir más productos o servicios que han aparecido en la televisión. Eso, en comparación con aquellos que ven TV en lugares compartidos de la casa.

Fueron casi 500 niños de segundo, cuarto y sexto básico los analizados, a quienes se les preguntó cuántos regalos les habían pedido a sus padres basándose en lo que habían visto en la televisión. Un 28% de los niños sin televisor "propio" había cedido a la tentación de la pantalla y había solicitado un producto visto en un comercial. Pero en el caso de aquellos que tenían el aparato a su completa disposición y podían encenderlo a la hora que quisieran, solos o acompañados, el 45% había pedido uno o más regalos inspirado en la publicidad televisiva.

Elementos como el grupo socioeconómico, el sexo o tener acceso a la televisión pagada no inciden tanto en la necesidad de consumo de los niños, como tener un televisor "propio" y la edad. Bajo los siete años, un 62% de los niños pide regalos publicitados por televisión, cifra que cae al 43% entre los ocho y los 10 y decae definitivamente sobre los 11 años, cuando sólo un 14% de los niños basa sus peticiones en lo que les ofrece la publicidad.

SIGNO DEL ESTILO FAMILIAR
Para Rodrigo Uribe, que los niños pidan más cosas a sus padres no sólo está determinado por tener o no televisor en la pieza: "Si así fuera, se podrían solucionar todos los problemas asociados al consumo mediático -como aumento de la obesidad o baja en el rendimiento académico- simplemente sacando los aparatos de las piezas", argumenta. Estos resultados encubren la realidad de cada hogar, donde tener el privilegio de ver televisión sin control adulto puede darse por una conducta general más relajada de los padres, lo que alienta que los niños pidan con más libertad.

Con esto coincide Mónica Peña, coordinadora del Programa de Protagonismo Infanto Juvenil de la Facultad de Psicología de la UDP, quien plantea que los niños que tienen un televisor en la habitación gozan de cierta autonomía y, por ende, se podrían relacionar con sus padres no desde la sumisión, sino desde la negociación. Esto, dice, debe ser entendido no sólo como la adquisición de objetos, sino también como una forma de expresar gustos y opiniones, en una época donde consumir tiene un lugar preponderante en la vida de las personas.

EL ROL DE LOS PADRES
Si bien la tendencia a contar cada vez con más aparatos electrónicos es mundial, los chilenos estamos a la cabeza de la adicción por la televisión. "La generación interactiva en Iberoamérica", un estudio realizado por la Fundación Telefónica en 2008, demostró que Chile y Venezuela destacan por equipar principalmente el dormitorio de los niños. De los hogares con niños entre los seis y los nueve años, 60% tiene televisores en las piezas de los más chicos.

La investigación de la Universidad de Chile probó que en este frente el rol de los padres es clave, pues su compañía activa -opinando, guiando- disminuye la petición compulsiva de productos ofrecidos en la pantalla. Rodrigo Uribe cree que los padres deben fomentar una visión crítica de lo que aparece en la televisión, no sólo los comerciales. "La publicidad no sólo se encuentra ahí, sino también camuflada en los contenidos y el posicionamiento de productos dentro de los programas", dice, y recalca que no se trata de prohibir que los niños vean televisión, sino de hacerles entender que no pueden creer todo lo que ven.

Y los padres deben predicar con el ejemplo. Mónica Peña asegura que los padres deben operar con un discurso que baje la importancia de los mensajes que entrega la televisión, recordándoles que es un reflejo exagerado de la realidad, pero también ser capaces de actuar con el ejemplo. "No saco nada con decirle que no va a ser mejor persona si usa tal cosa, si cuando veo las noticias y aparece alguna relativa a 'la delincuencia' me pongo a hablar automáticamente de lo terrible que es vivir en Chile", puntualiza.

Del diario La Tercera
por Jennifer Abate, para el suplemento de Tendencias - 24/10/2009 - 10:11
http://www.latercera.com/contenido/741_194598_9.shtml

domingo 18 de octubre de 2009

La incomunicación, según Galeano

En una de esas cadenas de mails, me llegó esta presentación, atribuida a Eduardo Galeano, el ella habla de la incomunicación derivada del uso monopólico de los medios, y como ello deriva en situaciones tiránicas. Como me pareció buena, la comparto con ustedes, espero que les guste

La Incomunicacion - Galeano

martes 6 de octubre de 2009

LOS RIESGOS DE ABUSAR DE LA TECNOLOGÍA

La hiperconexión ya es una patología
¿Qué ocurre cuando chequear el mail, entrar en Facebook o hablar por celular se vuelve una adicción? En Latinoamérica, el 15% de la población activa vive online y la tasa no para de crecer. Testimonios

Un empresario al que la mujer le hace escenas de celos por culpa de su laptop. Un comerciante que aún en sus momentos libres palpa su bolsillo obsesivamente para ver si tiene el teléfono móvil. Una mujer que no concibe cómo sus padres pudieron sobrevivir en un mundo sin celulares, libres pero inubicables. Muchos adultos argentinos padecen –porque lo viven como algo negativo– el hecho de estar hiperconectados. Así lo revela un informe del centro de estudios del estrés y la ansiedad Hémera.

¿Y si en vez de hacer más cómoda la vida y, por consiguiente, más feliz a la gente, los dispositivos de comunicación que cimientan la sociedad actual alienaran y produjeran dependencia, casi como una droga? ¿Dónde está el delgado límite entre el aprovechamiento sano de las tecnologías digitales de comunicación y el exceso que enferma, esclaviza y provoca ansiedad? Por interrogantes como esos rumbea el informe que destaca que, además, la hiperconexión puede provocar el efecto contrario al deseado: la desconexión. No con el mundo exterior, ni con el otro, que atenderá en el segundo exacto que se pretenda, esté donde esté, sino con uno mismo. “Creo que es imposible quedar al margen de la vida internetizada, ya que de algún modo implicaría quedar por fuera del sistema, y más allá de lo ideal, esto es real –señala la doctora Gisela Holc–. Ahora, lo que sí nos podemos plantear es la medida: cuál es el punto justo para no caer en el exceso. El desafío sería encontrar el punto de equilibrio”.

La especialista propone el ejercicio de pensar o imaginar como se podría vivir “sin la aparatología de la comunicación” y si bien aclara que es algo “casi difícil de imaginar” sugiere recurrir a la memoria de otros tiempos –no tan remotos- , los de los padres y abuelos, cuando no existían ni celulares, ni MSN, ni Facebook. Y nadie se moría, claro.

La hiperconexión, explica el informe, se origina no sólo en la posibilidad para prácticamente toda la población de adquirir tecnologías que prometen hacer todo más fácil, sino también por la dinámica propia de “los tiempos actuales” que sumergen a la gente en una “rutina aturdida de actividades y demandas, laborales, sociales, familiares, de todo tipo”. Cuando aparecen síntomas físicos y emocionales, a los hiperconectados se les prende una señal de alerta. Muchos sienten la necesidad de recurrir a algún tratamiento que les devuelva la paz mental que les sacó, por ejemplo, el celular. Las soluciones pasan por apretar el freno.

“Poder parar y pensar. Parar y sentir. Parar y hacer. Hacer disfrutando”, explica Holc que amplía esta suerte de razonamiento dialéctico: “Poder recuperar la capacidad del placer es un desafío que en estos tiempos de crisis e incertidumbres parecería perder lugar, pero si perdemos el sentido de nuestras vidas, caemos en el vacío, y el vacío es angustia, genera ansiedad. Podemos recuperarlo para ser nosotros mismos los dueños y administradores de nuestras vidas, para poder ser personajes principales en nuestras propias biografías”, concluye Holc, poniendo en escena el efecto de escisión entre la vida externa y la propia (anulada) que generan los dispositivos de comunicación. Según varios estudios, en Latinoamérica, el 15% de la población activa está hiperconectada y la tasa no para de crecer. En el país, el número de celulares ya superan a la población, es decir, hay más de cuarenta millones. Los usuarios de internet son veinte millones y la mitad tiene cuenta de MSN.

“No me imagino desconectada”

Mariana (42) es profesional y madre de dos hijos en edad escolar. El fenómeno de los hiperconectados, del que se siente parte, le genera el interrogante de cómo pudo haber existido un tiempo en el cual se podía sobrevivir sin celulares. Dice sorprendida Mariana: “¡Cómo hacían antes mis padres para ir al cine, dejarnos al cuidado de otro adulto, e ir a pasear sin celular!”. Un abismo la separa de aquellos años: “Yo no puedo imaginarme ir a trabajar sin siquiera estar conectada”. Mariana cree que la hiperconexión llegó para quedarse.

“A donde vaya, llevo mi laptop”

Germán (43 años) está al frente de una empresa familiar y se asume hiperconectado. Tiene un celular para lo laboral y otro para la vida social. “Hay momentos en que me suenan los dos teléfonos juntos y no puedo atender al mismo tiempo. Cuando no pierdo una llamada de un teléfono, la pierdo del otro –cuenta Germán–. Los fines de semana llevo mi laptop a donde vaya, es como mi pareja, me la llevo al club, de vacaciones, donde vaya. Es alguien más de la familia. ¡Al punto que a veces mi mujer me hace escenas de celos de la lap!”.

Fuente
http: //www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=28308
29 de julio de 2009

domingo 27 de septiembre de 2009

En la escuela hemos de enseñar a ver la televisión

Publico hoy una entrevista a Pilar Abad : "En la escuela hemos de enseñar a ver la televisión", tomada de la versión digital de un periódico de Aragón (España)

--¿A quién se le ocurrió, por fin, incorporar las pantallas a la escuela?
--Hay dos personas: una es José Antonio Gabelas y el otro es el orientador del centro: César Laiglesia. Ellos nos propusieron al claustro este proyecto, que vamos a desarrollar este curso de forma completa.

--Llevamos años peleando para que las escuelas asuman este lenguaje.
--Claro, para que los alumnos sepan interpretar todo lo que está a su alcance. Hombre, ahora comienzan a llegar materiales sobre estos temas, porque hasta ahora todo dependía del profesor. Y no se puede dar sin materiales, porque no somos especialistas, porque si no, te tienes que preparar tú mismo...

--¿Entienden ellos la importancia de las pantallas?
--Mucho. Los chicos ven mucha televisión, y además se lo creen. Tratan de imitar comportamientos; imagina la serie Física o química, que es totalmente irreal. Acaba siendo demoledora porque los chavales la pueden llegar a creer.

--Entonces...
--No se pueden prohibir las cosas, pero tenemos que enseñarles a ver. Esto es lo que tiene que hacer la escuela. Con este proyecto pretendemos que se vinculen las familias, de manera que controlen lo que ven sus hijos. Los niños en infantil ya nos vienen por la mañana con una hora de ver tele.

--¿Qué dicen los chicos?
--Les gusta mucho, porque es un tema del que saben más que los profesores. Confiamos en que a la larga vaya quedando poso.

--¿Hay profesores preparados para dar estas clases?
--En el colegio, algunos. Gabelas nos va a ayudar mucho, porque es un experto. Y el orientador cuenta con el material que nos llega de la DGA.

--¿Usted puede ver la tele?
--Por la noche. Ni por la mañana ni por la tarde. Pero me aburre mucho, porque hay muy pocos programas interesantes. Pero me veo las series que se suelen ver los alumnos. De entrada los chicos comentan esos programas, con lo cual hay que estar puestos. Y si puedo les aconsejo programas que deberían ver.

--¿Saben qué les gusta a ellos?
--Hemos hecho encuestas y sabemos que les gustan las series de sus edades. A algunos les gustan los documentales de naturaleza, pero ven cosas también como Gran Hermano y Operación triunfo, donde se les inculca el poco esfuerzo y el éxito de la popularidad. Los creadores de televisión son muy expertos, y van al público fácil. Ya saben lo que hacen...

--Otras pantallas...
--Le dedicaremos tiempo al ordenador, internet y el móvil. El uso responsable de todas estas pantallas.


23/09/2009
Autor JOAQUÍN CARBONELL
El Periódico de Aragón
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=526444

jueves 17 de septiembre de 2009

La televisión invade el hogar ¿Qué hacer?

En esta sociedad en la que vivimos, un medio tan poderoso como la televisión no sólo no debe quedar al margen, sino que debe tenerse en cuenta en los proceso educativos que están teniendo los ciudadanos, incluidos, por supuesto y fundamentalmente, los niños y adolescentes.


La televisión, una vez más, y cada cierto tiempo, sale a la palestra de los medios de comunicación sobre la posibilidad o conveniencia de su papel educativo y de su control por parte de padres. En un artículo sobre el tema, de Juan Manuel Ruz Lobo publicado en el Diario de Sevilla, se dan una serie de pistas para debatir que recogen una realidad muy próxima.


La televisión, hasta hace poco, era más bien la gran ignorada en los entresijos educativos. Mucho sabemos o más bien intuimos, sobre los perjuicios o males de su influencia en la educación de nuestros niños y adolescentes.

A la televisión no se le puede seguir ignorando su papel dentro del debate educativo


El profesor Marina cita, con muy buen acierto desde mi punto de vista, que para educar a un niño hace falta toda la “tribu”. Salvando las distancias, en esta sociedad en la que vivimos, un medio tan poderoso como la televisión no sólo no debe quedar al margen, sino que debe tenerse en cuenta en los proceso educativos que están teniendo los ciudadanos, incluidos, por supuesto y fundamentalmente, los niños y adolescentes.


Somos necesarios todos, y lo que no seamos capaces de aportar todos a este objetivo, siempre estará en falta, en mayor o menor medida, entre los ciudadanos.


Como es lógico, el problema tiene varios ángulos y enfoques. Por ejemplo: si la televisión como servicio público está a la altura de esta influencia, o si los padres saben “manejarla” para estos objetivos educativos. También debemos saber si la escuela sabe convertirla en un aliado o por el contrario, la erige en un enemigo a vencer. Y además, tendremos que ver si los poderes públicos son conscientes del poder educativo que tiene esta televisión que disfrutamos y sufrimos.


Cada uno de estos aspectos necesitaría ser tratado obviamente de manera mucho más extensa, pero conviene que al menos los introduzcamos en este debate que no se ha agotado y que probablemente no se agote nunca.


Una televisión marcadamente educativa, hoy por hoy, no es rentable económicamente hablando, lo que impide su necesaria continuidad. Pero lo cierto es que a la televisión no se le puede seguir ignorando su papel dentro del debate educativo. Ojo, no estamos pidiendo programas “plastas” que nos aburran con sólo oír su sintonía.


Se trata de emplear todo su potencial creativo para que, siendo consciente de este papel, sus contenidos de manera informal, que no quiere decir arbitraria, sean divertidos y trasmitan valores y modelos referentes en los que todos debemos estar de acuerdo.


Se trata de emplear todo su potencial creativo

Quizás, esta televisión de nuestras culpas, no tenga un referente claro a seguir, con lo que resulta evidente y necesario el papel de los consejos audiovisuales como elementos aglutinadores de los distintos sectores sociales que tienen que decir algo sobre el tema.


A estas alturas de la utilización de las nuevas tecnologías en la escuela, la televisión debe servir como un elemento dinamizador importante, como lo es la prensa escrita, y que por medio del debate, la investigación y la motivación, permita el aprendizaje, el desarrollo de habilidades y los modelos referentes que tanto estamos clamando para nuestros adolescentes.


Es claro que una de las primeras tareas que la televisión puede aportar a la escuela es su propia desmitificación. Toda una serie de valores están esperando que los profesores colaboren a su descubrimiento y consolidación en estos nuevos ciudadanos. Queda aún mucho por caminar en este aspecto.


Los poderes públicos no pueden seguir “mareando la perdiz” en este sentido. Algunos ciudadanos están cansados de que las leyes y las buenas intensiones no se lleven a cabo.


Deben respetarse, por ejemplo, los horarios de emisión infantil y la cantidad de publicidad que se emite; en cuanto a los contenidos, la mayoría de las veces, no tienen en cuenta este papel de referente. Son los poderes públicos los que deben cuidar este aspecto educativo, y sería de desear sobre todo en las televisiones públicas.


Por resaltar algo muy evidente, todavía en nuestro país no hay ninguna ley que obligue a las televisiones a que sus programaciones sean totalmente accesibles para las personas sordas y ciegas. Son cerca de 2 millones de ciudadanos con problemas auditivos y visuales los que sufren esta barrera de comunicación que les impone un servicio público que nos los tiene en cuenta: es cierto que se está haciendo algo, pero es insuficiente, sobre todo para las personas ciegas.


Qué hacer como padres

Si en general siempre se dice que los niños no vienen con un manual para su cuidado y educación, respecto a la televisión ni siquiera podemos esperar una hoja informativa. Así lo mejor que podemos hacer es dar algunas pistas positivas que pueden ayudar.



Respecto a que el problema no nos desborde, se debe tener en cuenta que:
• En general, los padres están preparados para educar a sus hijos. Nada de sentirse angustiados porque no son pedagogos, psicólogos o porque no son maestros. Deben pensar en el sentido común, recordar la enorme cantidad de experiencias positivas que han tenido hasta llegar al momento actual. Deben pensar en sus padres. Probablemente cometieron algunos errores en su educación, ningún padre es perfecto, la perfección en educación la definimos nosotros mismo en cada momento y circunstancias de nuestras vidas, lo que no quiere decir que no debamos hablar de una educación de calidad. Pero el resultado lo tienen en ellos mismo y aquellos errores también le ayudaron a desarrollar su propia personalidad.


• De nada sirve que se engañen a ellos mismos sobre sus responsabilidades educativas. Hay que decirlo bastante claro, la educación es responsabilidad insustituible de los padres. Esto quiere decir, entre otras muchas cosas, que cuando se presenten los problemas con los hijos, de nada sirve “escurrir el bulto” no viendo la realidad, o culpabilizando a la escuela, a la sociedad, a los amigos, a la televisión, o a nosotros mismos y a nuestra pareja de lo que ocurre. Deben recordar que en muchas ocasiones los problemas de los hijos tienen aspectos similares a los que planteaban ellos a sus padres. Cambiando el escenario, la época, las costumbres y la cultura encontrarán muchas coincidencias. Por lo tanto, y en general, casi nada de lo que nos plateen nuestros hijos debe de parecernos tan distante. La televisión debe ser un aspecto más de la educación y por lo tanto con las mismas posibilidades de solución que el resto de los problemas educativos que presenten los niños y adolescentes. Deben dialogar y negociar todo lo que puedan. Nada de enfrentarse al hijo/hija por esta cuestión, le estarán dando una importancia que la televisión no tiene por si misma.



Respecto a la escuela y la televisión, los padres deberían ser más positivos y pensar que:
• Si en general la colaboración en la escuela por parte de los padres es necesaria, cuando se trata el tema de la televisión debería tener una coordinación entre estos dos escenarios donde los hijos van e educarse. La escuela debe llevar la televisión a sus aulas, y como ya se ha dicho, con la misma importancia y con parecido tratamiento didáctico que la prensa escrita. La televisión y el cine pueden aportar elementos informales educativos que no son aprovechados totalmente por la mayoría de los profesores y padres.



Respecto a las instituciones y entidades que controlan la televisión, los padres deben considerar que:
• Las empresas de televisión están mucho más preocupadas por las audiencias que por sus contenidos educativos. Los programas educativos no atraen mucho a la audiencia, aunque la televisión debería ser más creativa para que lo fueran. La televisión no puede ni debe ser el sujeto que tenga el papel más activo en el proceso educativo de nuestros hijos. Si tiene esa importancia, deben procurar irle quitando ese rango. Debe ser un instrumento más y no el más importante. Deben sacarle partido y aprender a utilizarla.



Respecto al uso de la televisión, los padres deben pensar que:
• La televisión no debe ejercer ningún tipo de tiranía ni dependencia. Para ello lo mejor es planificar los programas que serán visto por toda familia, por los adultos y por los niños.


• El receptor de la televisión no es una “canguro”. Nunca deben dejar a sus hijos sin saber que están viendo o van a ver, y sobre todo, deben pensar que son ellos, como padre o como madre, los verdaderos insustituibles.
• Deben utilizar los programas de televisión para educar y enseñar. Hasta un programa de los mal llamados “basura”, puede servir para educar en valores, aunque sólo sea para que vean lo que no debe hacerse y de que todo no vale para tener éxito.
• Deben ofrecer alternativas creativas a la televisión para estar con los hijos. Salir a dar un paseo, por ejemplo, puede enseñarles a que conozcan la realidad como de verdad es y no como la ven en la televisión. Recuerde: una vaca o un árbol no es la imagen que la televisión nos da.
• Por último, y quizás lo más importante, los padres y madres deben recordar que nuestros hijos aprenden más de lo que nos ven hacer que de lo que decimos. Sea coherente. Practiquen y pongan este comportamiento en la vida diaria. Aprenda y comparta experiencias.



Con todo esto no deben pensar en tirar la televisión por la ventana. Aprenda a utilizarla usted y sus hijos, la familia se lo agradecerá.


http://enpositivo.com/200908193082/soluciones-positivas/la-television-invade-el-hogar-ique-hacer

Autor: Miguel Hidalgo Valdés

lunes 7 de septiembre de 2009

El mundo virtual, la adicción del siglo XXI

Los Ángeles (EEUU), 5 sep (EFE).- Navegar en internet, las redes sociales o jugar "on-line" se han convertido en actividades cotidianas a las que muchos, queriendo estar conectados, terminan enganchados, una adicción que ya se trata en una clínica de EEUU.

Este excesivo apego a los mundos virtuales, común ya en países asiáticos como Japón, Corea del Sur o China, llamó la atención a un grupo de psicoterapeutas estadounidenses que decidieron crear el primer centro del país para la desintoxicación de usuarios de nuevas tecnologías, "Heavensfield".


En las instalaciones, situadas en Fall City cerca de la sede de Microsoft (Estado de Washington), se ofrece un programa denominado "reStart" que durante 45 días somete a los pacientes a una rehabilitación en la naturaleza, con reintegración en un estilo de vida familiar y tratamiento individual sin acceso a ordenadores.


"El uso de internet y videojuegos es altamente adictivo, es interactivo, y eleva los niveles de dopamina en el cerebro", aseguró Hilarie Cash, psicóloga fundadora del centro, quien afirmó que las probabilidades de que una persona se quede atrapada por la red son altas si uno no se da cuenta del problema y se impone limitaciones.


El programa, con un coste de 14.500 dólares, abarca desde la adicción a los mensajes de texto, la dependencia de sitios como Twitter, las subastas y compra venta en la red, el uso excesivo de chats, así como la búsqueda compulsiva de información en internet y los juegos "on-line".


Esta última categoría es una de las más adictivas, especialmente cuando se trata de software de estrategia como el popular "World of Warcraft", puesto como ejemplo en la web del centro, donde se recogen los testimonios de algunos usuarios de este pasatiempo.


En un vídeo, varios jóvenes admiten que lo que empezó como un entretenimiento de una o dos horas al día terminó por convertirse en una necesidad que alteró sus vidas.


"Todas las adicciones están acompañadas de una sensación de euforia y la gente quiere volver a ese estado una y otra vez. El cuerpo se habitúa y desarrolla tolerancia, por lo que la persona necesita más y más", explicó Cash.


El portal de "Heavensfield", Netaddictionrecovery.com, ofrece un test para conocer hasta que punto una persona que pasa mucho tiempo conectada a internet sufre algún trastorno derivado, algo que podrían evidenciar comportamientos como el ansia por pasar más rato en red o descuidar a los seres queridos.


Una lista de síntomas entre los que se encuentra la euforia desmedida por asuntos relativos a internet, desazón cuando no se está conectado, mentir, caída del rendimiento escolar o laboral, alteración del sueño, problemas físicos, y sentimiento de culpa.


Publicaciones como la "American Journal Psiquiatry" ya advirtieron sobre la necesidad de tomar en serio los excesos del mundo virtual que deberían ser reconocidos como signos de un desorden clínico.


En un editorial publicado en 2008 titulado "Issues for DSM-V: Internet Addiction", el doctor Jerald J. Block hacía hincapié en la gravedad de esta "droga" del siglo XXI, que ya ha comenzado a mostrar sus efectos en Asia.


"Después de 10 fallecimientos en cibercafés y un asesinato relacionado con un videojuego, Corea del Sur considera la adicción a internet uno de sus asuntos más importantes de salud pública", manifestó Block.


En China, más de un 17 por ciento de los adolescentes están enganchados a la red y se puso en marcha una ley que regula un máximo de tres horas al día para jugar "on-line".


En Japón el problema es similar, si bien el país nipón cuenta con un fenómeno autóctono conocido como "hikikomori", un calificativo que se aplica a los jóvenes que se aislan físicamente, huyen de las relaciones personales y pasan su tiempo encerrados viendo la televisión, enganchados a videojuegos y a internet.


Autor Fernando Mexía

Fuente

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