domingo, 29 de mayo de 2016

Robar casas a través de Internet

Internet representa para todos “lo nuevo”, podemos apreciar sus ventajas, pero ¿Estamos prevenidos sobre sus peligros? La siguiente nota que transcribo esta referida al contexto argentino, pero cambiando algunos nombres seguramente sería aplicable a los restantes países iberoamericanos.




Entre el 3 y 10 de enero, Página/12 detectó 8623 tweets de porteños que decían estar fuera y un cruce con la guía Telexplorer arrojó gran cantidad de coincidencias con casas vacías. El uso de Google Maps y el mapa de la ciudad de Buenos Aires.
 Por Mariano Blejman

La ecuación es simple. Si uno está de vacaciones, hay altas probabilidades de que no haya nadie en casa. Hasta hace no mucho tiempo, la única forma que tenían los amigos de lo ajeno para conseguir información sobre una casa vacía era la inteligencia barrial, los “sapos” marcan la vivienda y el resto ya se conoce. Pero en esta fascinación por la presencia en Internet, las redes sociales podrían cumplir un rol inesperado: la cantidad de gente que ofrece datos sobre su paradero en verano es alucinante. Además, si esa búsqueda se sistematiza, los números son aterradores. En un período de una semana, del 3 al 10 de enero de 2012, Página/12 detectó 8623 tweets con información de personas que dijeron estar de vacaciones. De esa cantidad, quedaron 6089 usuarios de Twitter. Entre las primeras diez búsquedas, como expresiones exactas, aparecieron en Twitter 557 personas que escribieron “me voy a la costa”, 512 “me voy a Brasil”, 363 “estoy en Pinamar”, 333 “estoy en Brasil”, 283 “me voy a Gesell”, 232 “estoy en Gesell” y 164 “estoy en Mar del Plata”, entre otras. Del total de usuarios, se detectaron coincidencias con 870 direcciones de la guía telefónica, en la ciudad de Buenos Aires, unas 300 con direcciones únicas. Había 322 “oportunidades” en Palermo, 241 en Caballito, 225 en Recoleta, 193 en Belgrano, 172 en Flores, 168 en Almagro, en 133 Balvanera, en 124 San Nicolas y 111 Villa Urquiza. ¿Todas estas son casas “robables”? No. Pero con llamar por teléfono y evidenciar que no contesta nadie se asume que la información empieza a concordar.

El objetivo de esta investigación realizada en conjunto entre Página/12 y Francisco Amato, responsable de Infobyte y uno de los organizadores de la Ekoparty, el encuentro de hackers más grande de América latina, es alertar sobre la sobreexposición de las redes sociales y las facilidades para manipular los datos ciudadanos. Los expertos en seguridad siguen dando indicaciones sobre cómo cuidar “la casa” cuando uno se va de vacaciones, pero pocos se han percatado sobre las consecuencias de compartir información en las redes sociales.

Hace un año, un grupo de hackers montó en Estados Unidos el sitio pleaserobeme.com (por favor robame), que demostró lo sencillo que era recolectar información para encontrar “posibilidades de robo” a partir de la información publicada motu propio. Pleaserobeme.com estuvo tres meses en línea, salió en los principales medios estadounidenses y se dio de baja. Poco después, tres hombres fueron detenidos en Estados Unidos por robo, y confesaron que perpetuaban asaltos siguiendo las actualizaciones de Facebook. Mario Rojas, Leonardo Barroso y Víctor Rodríguez robaron 18 casas en Nashua, New Hampshire, chequeando Facebook, encontrando a los dueños que anunciaban haberse ido.

En Argentina, según comScore hay 13 millones de conexiones, 27 millones de personas, el 91 por ciento de los conectados usa redes sociales y un 18 por ciento usa Twitter desde su casa o trabajo: es decir, hay millones de personas que ofrecen información constantemente y 17 millones de usuarios de Facebook que, cada tanto, actualizan sus “Estados”. Por pedido de este diario, Amato sistematizó las búsquedas de “oportunidades” sólo con información pública. Primero, se hicieron pruebas manuales, como buscar en Twitter “me voy a Pinamar”, “me voy para la Costa”, de allí se sacaron una veintena de usuarios, y se cruzaron con Telexplorer.com.ar donde se puede buscar manualmente el nombre de una persona, y la base ofrece la dirección y el teléfono de línea. Después, se revisó la red social de georreferenciamiento Foursquare para ver si había alguna referencia. Sin embargo, los checkins de la “casa” en Foursquare –cuando un usuario dice que está en su hogar– sólo sirven para tener una referencia barrial. Por último, se puede acceder al sitio oficial del Gobierno de la Giudad de Buenos Aires, que tiene un espectacular mapa catastral (mapa.buenosaires.gov.ar). Así, del usuario de Twitter –muchos con nombre y apellidos reales–, se podía saber si la casa era linda en Google Maps.

Los casos testigos funcionaron, así que se decidió sistematizarlo. Amato trabajó en un programa que guardaba los tweets de quienes ponían información sobre el futuro de sus vacaciones. “Se realizaba una búsqueda por palabras claves utilizando la api de Twitter, luego se filtraba el contenido para obtener usuarios, nombre y apellido”, cuenta Amato. La “api” es una puerta que abre Twitter a desarrolladores para trabajar sobre su contenido. Se buscó tweets en la provincia de Buenos Aires. Desde el 3 al 10 de enero de 2012 se encontraron 6098 usuarios “interesantes”. Aunque con el transcurso de los días se descubrió que los tweets de quienes escribían en singular tenían conductas más adultas –sus casas más encontrables rápidamente por su nombre–, pero para asegurarse de que la casa estaba vacía había que ir al plural: seguramente estará deshabitada si la familia sale junta. Algo como “nos vamos a Cariló”. El problema del plural era que se trataba de hijos de familias cuyos nombres no figuran en Telexplorer.com.ar, ni en Páginas Amarillas puesto que las casas están a nombre de los padres. O sea: el nivel de inconsciencia es indirectamente proporcional a la edad de los usuarios de las redes sociales.

Una vez juntados los “usuarios de vacaciones”, se decidió sistematizar la búsqueda de direcciones con Telexplorer.com.ar, una web gratuita, registrada en la Dirección Nacional de Protección de Datos. Telexplorer tiene 7,5 millones de registros telefónicos de todo el país: nombre, dirección y teléfono, y se puede buscar por cualquier campo. De acuerdo a las normas vigentes en Argentina, Telexplorer ofrece mecanismos para que los usuarios puedan eliminar su información personal. Páginas Amarillas ofrece la misma información. “Desarrollé algo que analiza Telexplorer y permite sistematizar las consultas. Cuando se llega a 400 veces, aparece una confirmación manual, como cuando alguien equivoca tres veces su password en Gmail y tiene que escribir letras desfiguradas. Una vez ingresado el código se ofrecen otras 400 búsquedas. Es un proceso semiautomático que junta apellido y nombre con la dirección y el barrio”.

Después de cruzar la base de más de 6 mil usuarios de Twitter, se arrojaron 870 coincidencias, muchas, obviamente, con más de una dirección, lo cual ofrece un margen de error pero no tan alto: la gran mayoría de las direcciones repetidas no pasaban de dos o tres opciones (salvo que el apellido fuese Pérez). Para ser un poco más precisos, se podía filtrar por aquellos que tenían una sola dirección, y finalmente lo más efectivo fue buscar apellidos raros.

Obviamente, hay que tener en cuenta que la información de la guía no está siempre actualizada, o se trata de contratos de alquiler donde no cambian los datos o simplemente son homónimos. En estos casos, basta con observar la actividad de los usuarios de Twitter o Facebook para saber si tiene congruencia con el lugar; si alguien tiene dirección en Claypole y acaba de tweetear “vengo de darme una vuelta por Lomas de Zamora”, el hallazgo tiene sentido. Otro procedimiento fue revisar “entre los usuarios de Twitter contenidos de Foursquare con la palabra ‘casa’”, cuenta el programador. Los resultados fueron más bien escasos, apenas un par en Foursquare y unas cuantas localizaciones en Twitter. La localización en Twitter se muestra si el usuario la activó. Pero muchas veces la persona suele olvidar que la tiene prendida.

Una consideración: si Telexplorer decidiera mejorar la seguridad de las consultas, lamentablemente sólo bastaría con buscar en Google “Padrón electoral elecciones 2011” para conseguir en decenas de sitios la lista completa de personas con nombre, apellido, DNI, dirección y teléfono. En fin, una vez detectado que la persona no se encuentra en el lugar, hay dos maneras gratuitas y disponibles en la web para observar la casa antes de acercarse físicamente. La más obvia es Google Maps: basta con poner la dirección encontrada, hacer click y observar desde el cielo la presunta casa vacía. Y eso que todavía no está disponible el fabuloso servicio de Street View, que permite recorrer los barrios “caminando”. Pero la opción de información oficial que está en el mapa de la ciudad de Buenos Aires es más precisa, aunque su acceso no puede sistematizarse. Esto se obtiene de Página/12 (Solís 1525): “superficie total: 614.00 m2, Frente: 22.00 m, Fondo: 27.91 m, División en propiedad horizontal: no, Pisos sobre rasante: 4, Pisos bajo rasante: 1, Unidades: 0, VUC: 0.08”. O sea, no se olviden que hay sótano.


Fuente Página12

lunes, 18 de abril de 2016

Estudios sobre el aprendizaje a partir de la televisión y los videos en niños menores de tres años


¿En realidad los bebés pueden aprender de la televisión y de los videos? ¿Producen efectos de imitación? ¿Mejoran el lenguaje? ¿Proporcionan mejor experiencia que las reales?


Las investigaciones ubicadas en esta tendencia se agrupan en torno a preguntas como: ¿Qué aprenden, qué pueden aprender, qué necesitan aprender y cómo pueden aprender los niños menores de tres años de la televisión y de los videos? El interés por explorar estos interrogantes se relaciona con el crecimiento del mercado audiovisual dirigido a los niños de estas edades, que ofrece una gama más o menos amplia de productos denominados educativos y a los cuales los padres acceden con cierto optimismo, aunque se desconocen las consecuencias a largo plazo de una observación prolongada de este tipo de mensajes.

¿En realidad los bebés pueden aprender de la televisión y de los videos? La pregunta resuena en todos estos trabajos con matices distintos, sin que aún haya sido respondida del todo. Este interrogante ha sido abordado básicamente a través de dos aspectos: la imitación y el aprendizaje del lenguaje. Sin embargo, antes de presentar algunos de los adelantos en estas áreas, es necesario hacer referencia al denominado efecto del déficit del video, debate que se ha instalado en el trasfondo de buena parte de estas investigaciones y que fue propuesto por Anderson y Pempek luego de revisar investigaciones empíricas sobre la relación de los niños, la televisión y los videos.
Anderson y Pempek establecen que los niños menores de 24 meses, o incluso los de 36, aprenden menos de la televisión y de los videos que de las experiencias provenientes de la vida real. El efecto del déficit del video opera como punto de partida de varios de los estudios ubicados en esta tendencia y ha sido discutido recurrentemente.

La existencia del efecto del déficit del video se ha explicado de varias maneras, a partir de la hipótesis del empobrecimiento perceptual, de la hipótesis de la representación dual, de la irrelevancia social de las imágenes televisivas en relación con la información que proviene de la vida cotidiana y del proceso de formación de los conceptos. Cada una de estas explicaciones resulta parcial para entender la complejidad del fenómeno, pero da algunas pistas.

La hipótesis del empobrecimiento perceptual considera que las dos dimensiones (2D) de las imágenes televisivas no logran ofrecer a los niños de estas edades la misma cantidad y calidad de detalles que ellos obtienen de la vida real, es decir, de las imágenes en tres dimensiones (3D), lo cual limita el aprendizaje. En los experimentos propuestos por Barr y Hayne en los que participaron niños de 12, 15 y 18 meses, se encontró que ellos podían imitar acciones realizadas por un adulto si estas eran observadas directamente, pero no ocurría lo mismo cuando las acciones eran representadas a través de la pantalla.

Una situación similar reveló el trabajo de Carvert, Meltzoff y Dawson. En ese estudio, niños de 18 meses debían diferenciar entre un objeto familiar (juguete) y uno no familiar observando directamente los objetos reales o a partir de imágenes. Los niños que estuvieron frente a los objetos hicieron esta distinción de manera mucho más rápida que aquellos que debieron hacerlo a partir de las imágenes. Algo similar se ha señalado con respecto a la percepción auditiva que proviene de las imágenes televisivas. En la investigación de Kuhl, Tsao y Liu, por ejemplo, niños de 9 meses de familias de Estados Unidos, fueron expuestos al idioma mandarín para examinar si decrecía o no con el tiempo la capacidad de discernir las diferencias entre unidades fonéticas de un idioma extranjero. Los niños que interactuaron con una persona que les hablaba mandarín, lograron hacer esta diferenciación, mientras que quienes observaron a una persona a través de la pantalla en una situación similar (leyendo un libro) o escucharon el idioma en grabaciones, no pudieron hacerlo. No obstante, se han llevado a cabo otra serie de estudios en los que al parecer, las características de los detalles aportados por las imágenes de dos dimensiones, no impiden el aprendizaje, como el trabajo de Zack, en el que niños de 15 meses utilizan pantallas táctiles. Esto podría indicar, como lo plantean Richert, Robb y Schmitt que el efecto del déficit del video no se explica del todo por la hipótesis del empobrecimiento perceptual, sino que habría otros factores relacionados.

La hipótesis de la representación dual considera que el efecto del déficit del video es el resultado de la dificultad que tienen los niños en los primeros meses de vida para diferenciar entre imágenes simbólicas (que representan algo) y los objetos reales que son representados a través de ellas y este hecho puede obstaculizar los procesos de aprendizaje derivados de la pantalla. Según Barr, después de los cinco meses cuando los niños alcanzan cierta capacidad de explorar con sus manos el mundo que los rodea, de manera más independiente, es frecuente que traten las imágenes que representan objetos como si fueran los objetos reales intentando atraparlos o explorarlos. Las investigaciones de DeLoache son ilustrativas de este tipo de relación. En ellas, era evidente que los niños intentaban manipular los objetos representados a través de fotografías o de videos. Resulta complejo en los primeros meses establecer una representación dual, distinguir entre la imagen que simboliza algo y el objeto mismo. Al parecer esta dificultad empieza a declinar aproximadamente a los 19 meses y también puede ser levemente aminorada, como en el experimento de Troseth y DeLoache en el que niños de 2 años tendían a recuperar un juguete cuando veían la secuencia de acciones a través de un televisor que se había instalado como si fuera una ventana. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que estas no son las condiciones normales a través de las cuales un niño ve la televisión en su hogar.

La explicación de la irrelevancia social de las imágenes televisivas se relaciona con la centralidad de los procesos de interacción social en el aprendizaje del niño en las primeras etapas de su vida, en contraste con la baja interacción que pueden promover la televisión o el video, lo que puede ocasionar que las imágenes resulten para los niños menores de dos años poco significativas. Desde esta perspectiva, la televisión no le ofrece a los niños de estas edades información relevante o pertinente para su vida o para su entorno cercano e inmediato, como sí lo hacen las experiencias e interacciones que establecen en su cotidianidad, razón que podría sustentar el efecto del déficit del video.

Sin embargo, como lo anotan Richert, Robb y Schmitt, lo que podría enfatizarse es en la naturaleza social del aprendizaje e incluso cuando en este participan las pantallas. Estos autores, citando varias investigaciones de imitación diferida, subrayan que cuando la información presentada es relevante para el niño, cuando se acompaña de interacción, puede agenciar procesos de transferencia de información de la pantalla a su cotidianidad y puede conducir al aprendizaje. Para ellos resulta fundamental pensar y tener en cuenta el carácter social del aprendizaje mediado por pantallas.

Finalmente, el efecto del déficit del video se podría explicar, de acuerdo con Krcmar (2010) en relación con el desarrollo conceptual. Para esta autora, los niños solo pueden aprender de las pantallas cuando ha acaecido el desarrollo conceptual. Para argumentar este planteamiento, Krcmar señala que el aprendizaje solo puede ocurrir después de que se ha producido una serie de procesos complejos que han permitido la formación de constructos mentales de objetos y acciones en el niño. Estos constructos son a su vez formados por la interacción del niño con su mundo, cuando él ha podido ver en el contexto cómo son los objetos, cómo se usan, para qué se usan, quién los usa y de qué manera. Una vez el niño ha alcanzado un grado de desarrollo conceptual puede comprender las imágenes televisivas y posteriormente aprender de ellas, pero antes de esto resultaría imposible.

Al parecer cada una de estas hipótesis ha permitido una explicación parcial del efecto del déficit del video, el debate aún no ha concluido. Pero asumir una u otra postura tiene implicaciones en la manera como se concibe o se examina la relación de los niños con las pantallas. Sin embargo, la pregunta principal que anima estos trabajos no es en sí mismo el déficit del video, sino si es posible o no y de qué forma que los niños menores de tres años aprendan de la televisión y de los videos. Para explorar estos asuntos, como se señaló con anterioridad, se han desarrollado estudios en relación con dos temáticas: la imitación y el aprendizaje del lenguaje. A través de ellas se ha intentado captar el complejo y multifacético problema del proceso del aprendizaje a partir de la pantalla en los primeros años de vida de los niños.

La imitación ha sido clave para examinar los procesos de aprendizaje de los niños más pequeños a partir de los videos o de la televisión, dado que no implica el lenguaje verbal. A través de ella, es posible observar si los niños transfieren y aplican la información que proviene de las imágenes mediáticas al mundo real.

En los estudios sobre imitación se han utilizado dos situaciones experimentales: La imitación diferida y las tareas de recuperación de un objeto. En la primera situación, un grupo de niños observa en la pantalla, y otro grupo ve a una persona frente a ellos realizar una acción simple (o una secuencia de acciones) sobre un objeto novedoso, y luego se les entrega a los dos grupos ese objeto para que reproduzcan la acción o la secuencia de acciones, comparando cuál de los dos logra desempeñarse mejor imitando la tarea propuesta. De igual forma, se compara si la imitación ocurre inmediatamente o se realiza tiempo después, es decir, de manera diferida. La imitación diferida puede ser entendida como una tarea representacional compleja que implica también examinar la memoria, como una clave fundamental del desarrollo cognitivo.

Como se señaló antes, los resultados evidencian que los niños menores de 30 meses se desempeñan mejor imitando la acción representada en vivo que la mostrada a través de una pantalla. Esta ha sido la base empírica para aludir a la hipótesis del déficit del video. Sin embargo, también se ha encontrado que la posibilidad de imitar o no la acción representada a través del video o la televisión depende de la complejidad de la tarea y desde luego de la edad de los niños, como lo demostró el trabajo de Hayne, cuando niños de 24 y 30 meses debían imitar una tarea conformada por tres pasos o etapas, sin embargo, también en este estudio quienes vieron en vivo al sujeto realizando la secuencia de acciones pudieron imitar mejor la tarea que aquellos que la vieron a través de la pantalla.

En los últimos años, trabajos como el Barr, Muentener y García (2007) y el de Hofer, Hauf y Aschersleben (2007) han encontrado que los niños de 6 meses logran imitar acciones simples cuando las observan en una pantalla de televisión, sin que existan diferencias significativas con respecto a la imitación que realizan de ellas al verlas en vivo, lo que ha llevado a pensar que el déficit del video no existe desde el principio, ni es un proceso lineal, sino que emerge hacia los 15 meses y posteriormente, hacia los 30 meses tiende a decrecer. Para explicar este fenómeno, Barr y García han planteado que es probable que a los 6 meses los niños no hayan realizado una separación mental entre las representaciones y los objetos reales, lo que les permite transferir la información que proviene de las pantallas de manera relativamente fácil.

Otro grupo de estudios ha explorado la posibilidad de reducir el déficit del video e incrementar el aprendizaje de los niños menores de 24 meses mediante la televisión. Estos estudios han encontrado que repetir las imágenes puede contribuir a incrementar la posibilidad de que se produzca la imitación y el aprendizaje, y han señalado que se requiere por lo menos del doble de repeticiones de la imagen con respecto al número de veces que el niño ve la acción ejecutada en vivo para que pueda imitarla. De igual manera, al parecer también la superposiciones de voces en las imágenes tiene un efecto positivo; sin embargo, otros trabajos, han señalado que más que repetir las imágenes lo que importa es la duración de estas.

Con respecto a la tarea de recuperación del objeto, esta consiste en mostrar al niño un juguete o un objeto llamativo, esconderlo ante su presencia y observar si intenta buscarlo, lo encuentra y finalmente lo toma. La acción de esconder el juguete puede ser representada en video o llevada a cabo por una persona frente al niño. En esta situación, como en la anterior, la de la imitación diferida, se cuenta con grupos experimentales y de control. Los estudios muestran que en líneas generales los niños menores de 30 meses no logran ejecutar exitosamente este tipo de tareas cuando las ven a través de la pantalla. En el trabajo de Schmitt y Anderson, con niños de 24, 27 y 30 meses, se observó que a medida que se incrementaba la edad, aumentaban las posibilidades de que ellos buscaran y encontraran el juguete, sin embargo, en todos los casos el desempeño fue mejor para quienes presenciaron en vivo esta acción.

De lo anterior parece derivarse que la imitación de tareas complejas, como la de recuperar un objeto a través de información que proviene de las pantallas, tiene menos posibilidades de ocurrir que la imitación de una acción o de una secuencia simple de acciones, aunque el factor de la edad parece ser importante.

Con respecto a los estudios sobre el aprendizaje del lenguaje, puede señalarse que existe cierto consenso sobre los beneficios que produce la televisión educativa en el incremento del vocabulario de los niños preescolares y en su posterior desempeño. Sin embargo, el panorama de los estudios que abordan este tema con niños menores de tres años no es tan nítido. En este periodo se producen dos procesos complejos distintos —el aprendizaje inicial del lenguaje y el incremento de vocabulario—, y sobre ambos existe bastante polémica.

Para examinar estos procesos se han utilizado dos tipos de materiales: programas de televisión o DVD comerciales diseñados especialmente para niños menores de tres años, y materiales audiovisuales producidos por los centros de investigación para evaluar aspectos específicos del aprendizaje del lenguaje, concentrándose en la adquisición del lenguaje y en niños menores de 24 meses. Aunque estos trabajos difieren en sus métodos y perspectivas tienden por lo general a señalar dos aspectos: la baja incidencia de la televisión o de los videos para bebés en el aprendizaje inicial del lenguaje o en el incremento del vocabulario y la centralidad de la interacción, aunque hay algunas excepciones. Se citan cuatro trabajos recientes en los que se puede apreciar estas ideas.

En el trabajo de Krcmar, por ejemplo, se comparó el aprendizaje de nuevas palabras de niños entre 15 y 24 meses a partir de varias situaciones dentro de las que se incluía un programa de televisión (Teletubbies) y la interacción con un adulto, encontrando que esta última era la más adecuada. De acuerdo con sus hallazgos, los niños menores de 22 meses no lograban aprender palabras nuevas de las imágenes televisivas. Sin embargo, no se pudo establecer si antes de los 16 meses esto era posible o si lo que ocurría era más un proceso de imitación. Este hallazgo, fue consistente con la mencionada hipótesis del déficit del video.

Roseberry et al., revisan el aprendizaje de verbos de niños entre 30 y 42 meses y crean para su investigación videos utilizando segmentos de Sesame Beginnings, una serie de Sesame Workshop para niños desde los 6 meses. En su trabajo participan 96 niños entre 30 y 42 meses y en él compara tres estudios. En el primero, examina si los niños pueden aprender verbos a partir de un video con apoyo de interacción social en vivo; en el segundo, si los niños aprenden verbos observando solos el video, y en el tercero, si los beneficios de la interacción social permanecen cuando el examinador aparece en el video y no en persona. Los resultados permitieron apreciar que los niños menores de 36 meses podían aprender los verbos, solo cuando había apoyo de la interacción, mientras que los que sobrepasaban esa edad podían aprenderlos observando solos los videos, aunque en ocasiones fallaban en reconocerlos.

Robb, Richert y Wartella, analizaron la relación entre la observación repetida de un DVD con el lenguaje expresivo (asociado con gestos, vocalización, producción verbal) y el receptivo (comprensión del lenguaje) de 45 niños entre 12 y 15 meses. Para este estudio, a cada familia participante le fue entregado el DVD Wordsworth, que se ofrecía en el mercado como dirigido a niños mayores de 12 meses con el propósito de enseñar palabras ligadas con su hogar, como “balón”, “refrigerador”, “sala”, “lámpara”, etc. Los niños debían observar el DVD en casa en repetidas ocasiones (15 veces durante 6 semanas) y fueron evaluados regularmente. Una vez se cumplió el tiempo estipulado, los investigadores encontraron que no se observó ninguna incidencia del DVD en los resultados de los niños en relación con el lenguaje ni con los objetivos educativos que promovía ese DVD.

Estos hallazgos son consistentes con los de las investigaciones de Richert, et al. y DeLoache. En la primera, participaron 96 niños entre 12 y 24 meses y en la segunda, 72 niños entre 12 y 18 meses y en ambas fueron utilizados DVD comerciales24 que se les entregaron a las familias para que sus niños los vieran en repetidas ocasiones en el hogar y bajo ciertos protocolos. Cuando los niños fueron evaluados no se encontró ninguna evidencia de que estos DVD hubieran contribuido con el incremento de su vocabulario. Lo que encontró Richert es que había una relación negativa entre la edad, el conocimiento general del lenguaje y estos videos. Cuanto más temprana hubiese sido la exposición a estos videos (como los de Baby Einstein), más bajas eran las puntuaciones en las medidas de conocimiento de vocabulario general. De igual forma se señaló que los padres tendían a sobreestimar y a tener una visión muy positiva de este tipo de videos.

A partir de estos trabajos quedan varias preguntas acerca del diseño de los experimentos, del material empleado, de los alcances de sus resultados y de la posibilidad de trasladarlos a otros contextos, sin embargo, señalan una serie de rutas de futuras investigaciones sobre estos productos y su relación con aspectos específicos del desarrollo de los niños. Adicionalmente, estos trabajos han permitido subrayar la importancia de la interacción de los padres o de las personas que participan del cuidado de los niños para acompañarlos cuando ven la televisión. Es realmente, la interacción con los adultos o con otros niños la que logra contribuir con el desarrollo del lenguaje y con el aprendizaje mediado por pantallas. Sobre este último aspecto, hay una serie de investigaciones acerca de la manera como esta interacción puede marcar diferencias importantes en la relación de los niños menores de tres años y la televisión. Al respecto puede ubicarse el trabajo de Fender. En ese estudio se observaron las interacciones y se registraron las conversaciones de varios padres y sus niños (12-25 meses) mientras veían un DVD educativo que promovía la enseñanza de palabras. Se pudo establecer que existían tres modos de interacción y de tipos de diálogos: centrados de manera alta, moderada y baja en la enseñanza. Aquellos niños que participaron de una interacción con sus padres y un diálogo altamente centrados en la enseñanza a partir del contenido de los DVD fueron quienes reportaron mayores avances en cuanto al número de palabras aprendidas. Durante esta investigación los padres y sus hijos fueron grabados en un laboratorio a través de una cámara de video mientras veían el DVD, así que su interacción se produce en condiciones distintas a las del hogar, no obstante, es posible ir estableciendo algunas pistas que podrían llevar a utilizar los contenidos de los medios dirigidos a niños como herramientas para el aprendizaje, aunque todavía se requiere más investigación para avanzar en esa dirección.



Extraído de
Los niños menores de tres años y la televisión
Perspectivas de investigación y debate (1999-2010)
Adriana Rodríguez Sánchez

lunes, 28 de marzo de 2016

Como inciden los medios de comunicación en la identidad de una sociedad


Los medios de comunicación ya no son un mero intermediario, sino que tienen capacidad para “crear realidades”, compite con ventaja con la escuela, y esto debe ser tratado en ella.

A lo largo de la historia, se produjeron revoluciones en la comunicación, cada nuevo medio aportó un recurso que produjo cambios importantes en la organización de la sociedad y en la transmisión de la cultura.

La introducción de nuevas tecnologías modificó la lectura, el modo de vivir y de entender la realidad y la intervención sobre ella. Es la modificación cultural introducida por los medios de comunicación de más, lo que va a provocar las reacciones más dispares, desde los entusiasmos más fervorosos hasta las condenas más rigurosas.

En las sociedades contemporáneas es cada vez mayor la importancia de los medios masivos y en particular de la televisión. Esta influye sobre la forma de actuar o de pensar de las personas, logra modificar la forma en que los hombres conocen y comprenden la realidad que los rodea.

La intensidad y calidad de la utilización de los medios oscilan enormemente, dependiendo en particular de la infraestructura medial del país y del status social, económico y cultural del usuario. En general se puede constatar que los medios se utilizan con tanta más intensidad cuanto más desarrollada está la estructura medial de la nación y mayor es el nivel cultural del usuario.

La importancia de la televisión en el proceso de socialización de los chicos y jóvenes y de todos los integrantes de la sociedad están relacionadas con la calidad de los contenidos de los programas educativos, informativos y de entretenimientos que transmite y también de las publicidades que influyen en los hábitos de consumo de la población.

Los medios son parte esencial de los procesos de comunicación en las sociedades modernas. Los masivos medios de comunicación instalan pantallas simbólicas e invisibles que se transforman en gigantescos, coloridos y movedizos pizarrones con muy variados e importantes contenidos. La televisión es la maestra electrónica de nuestros tiempos.

La TV se transforma de vehículo de hechos, en aparato para la producción de hechos, es decir, de espejo de la realidad pasa a ser productora de realidad.

Los medios de comunicación son parte esencial de los procesos de comunicación de las sociedades modernas; aportan interpretaciones de la realidad, que son internalizadas por sus públicos. Las personas pueden desarrollar construcciones subjetivas y compartidas de la realidad a partir de lo que leen, escuchan o miran. Por tanto, su conducta personal como social, puede ser moldeada en parte por las interpretaciones aportadas por los medios ante hechos y temas sociales, con respecto a los cuales los individuos tienen pocas fuentes alternativas de información.

El proceso de socialización es continuo y generalmente pasa en forma inadvertida. Ni el contenido ni los métodos de socialización son inmunes a la influencia de los medios, la influencia y el cambio pueden tener lugar y de hecho lo tienen. "Los medios de masa, se pueden admitir, constituyen sólo un aspecto del proceso, pero sería muy sorprendente en verdad si no desempeñaran un cierto papel en la modelación de nuestras actitudes respecto de la vida, de nosotros mismo y de los demás.

Los medios en general, se han convertido en la primera escuela, tanto para la creación y la legitimación de formas de conducta, la visión que el hombre tenga de sí mismo, la sociedad y sus relaciones. Ejemplos de obediencia ciega a los medios, es la adopción de lenguajes y modas promocionadas pero que no guardan la menor cordura.

De la misma forma que el advenimiento del lenguaje le abrió a la gente nuevas puertas para que pudiera escapar de los límites de la comunicación circunscripta, la llegada de la comunicación de masas y su transformación en sistemas de comunicación complejos permite a los seres humanos de nuestros días organizarse a una escala más global.

A través de su compleja telaraña de relaciones de dependencia con los individuos, las redes interpersonales, las organizaciones y los sistemas sociales, el sistema de medios ha evolucionado desde el status que tenía en la década del ’30 del siglo pasado hasta su status contemporáneo como sistema de información fundamental para la continuidad de la sociedad.

La importancia hoy asignada a los medios es tal, que cada vez se incrementa la tendencia a asignarle el papel de institución hegemónica en el proceso de socialización.

Esta preponderancia de los medios obedece a múltiples motivos, aunque algunos son muy obvios como la presencia constante de ellos en toda la población y el hecho de llegar mucho antes a los niños que la escuela.

No debe olvidarse que los medios llegan hasta los lugares más recónditos del mundo, en donde no tienen acceso a la educación formal; estos sectores marginales de la cultura, igualmente se integran a las características y formas de vida de la población, adecuándose e integrándose de manera constante a lo que la misma exige, así como asimilándose a sus cambios.

Hoy es imposible negar la gran importancia de los medios de comunicación en un proceso de socialización en el que actúan no con exclusión sino en distintos grados de combinación y coexistencia con los otros, en una situación de reforzamiento constante.
Los sucesos que ocurren en una sociedad constituida por diversos sistemas sociales, con una cultura determinada y con una estructura y dinámica que articulan su forma de ser, son transmitidos no asépticamente por los medios. Las características de estos se ven limitadas por los distintos sistemas sociales y en distintos grados. Son los directores de radio, TV, de diarios, yen el fondo tienen además responsabilidad los anunciantes, los que trasmiten influjos culturales, a veces buenos, a veces malos, que influyen en el futuro del país y en la formación individual de los niños.



Extraído de
Los medios
Autor: Verónica Cecilia Pralong

miércoles, 7 de octubre de 2015

Efectos del uso de los videojuegos



Mucho ha cambiado la vida cotidiana en estas tres últimas décadas. Los videojuegos, de reciente aparición tienen una presencia innegable ¿Existen evidencias científicas de efectos negativos por su uso? ¿Qué elementos existen para el debate?


Los Estados Unidos firmaban el alto el fuego que terminaría con la Guerra de Vietnam, Henry Kissinger era nombrado Secretario de Estado, Sitting Bull (Toro Sentado) se sublevaba contra el gobíerno americano en Dakota del Sur.

En España el Almirante Carrero Blanco era nombrado presidente del gobierno, se iniciaba el proceso 1001 contra los líderes de CC.OO. El F.C. Barcelona fichaba, por primera vez, a Johan Cruyff. Nos abandonaban Pablo Picasso y Pau Casals y la era del "600" tocaba a su fin.

Al tiempo que todo esto ocurría Nolan Bushwell diseñaba una nueva maquina, similar a las que inundaban las salas de recreativas de la época. Esta máquina recibió el nombre de Pong, que consistía en una humilde simulación del tenis de mesa. Sin embargo Pong presentaba una característica que lo hacía único entre los numerosos modelos de máquinas que existían para este fin. Esta particularidad residía en el hecho de que no existían componentes mecánicos, resultando su funcionamiento cien por cien electrónico y controlado por un microprocesador.

El juego se desarrollaba por primera vez frente a un monitor de televisión en el que aparecían dos rectángulos a modo de jugadores y un pequeño cuadrado que osci­ laba de un lado a otro de la pantalla y que representaba una pelota. Los jugadores controlaban el rectángulo en el eje vertical de la pantalla y debían esforzarse en devolver al otro jugador el cuadrado que oscilaba de izquierda a derecha. Acababa de nacer el videojuego.

Con toda seguridad existían con anterioridad programas de ordenador de tipo lúdico, sin embargo el uso restringido que de estas máquinas se hacía, dificultó la popularización de esta forma de ocio.

En 1977 la firma Atari lanza el primer sistema de videojuegos en cartucho, cosechando un éxito notable en los Estados Unidos y una discreta difusión en Europa.
Dos años más tarde Philips comercializa un sistema de videojuego similar al de Atari, si bien se concibe como un sistema abierto que en un futuro debía permitir otras actividades además del juego. Ello se conseguía incorporando un teclado alfabético a la consola de juego, con lo que posteriores cartuchos podrían llegar a convertir este sistema en un pequeño ordenador.

Sin embargo el videojuego no llegaría a ser una forma extendida de entretenimiento hasta el inicio de la década de los ochenta donde la llegada de los primeros ordenadores domésticos supuso una auténtica revolución del ocio. Nos estamos refi­ riendo a la aparición de los primeros ordenadores VIC-20, de Commodore, ZX81 y Spectrum, de Sinclair.

Es en este momento cuando empieza a advertirse un interés destacable entre los estudiosos de la conducta por esta forma de ocio, apareciendo las primeras investigaciones sobre los efectos de los videojuegos en sus usuarios. También en esta época empezaron a aparecer las primeras críticas feroces.

La mayoría de investigaciones realizadas sobre la incidencia de los videojuegos en el comportamiento de los jugadores, coinciden en señalar la ausencia de consecuencias negativas sobre estos. Estas investigaciones se caracterizan por una tónica marcadamente desmitificadora. Observamos como las diferencias de opinión surgen cuando se comparan las opiniones e investigaciones efectuadas con rigor científico con las creencias y tópicos que desde su origen se han vertido sobre el videojuego por personas con un conocimiento lejano y mas basado en estereotipos que en observaciones directas. Con demasiada frecuencia el debate resulta imposible pues se enfrenta la razón con la pasión y la investigación con la especulación.

Pese a que la investigación sobre este tema existe desde hace unos años, se ha prestado poca atención a aquellos efectos que pudieran presentarse a largo plazo. Habitualmente se recurre a la novedad de esta forma de entretenimiento para justificarla dificultad de evaluar individuos sometidos durante períodos de tiempo prolongado a esta actividad.

Elementos para el debate
No es nuestra intención aburrir al lector de este texto con una exhaustiva revisión de la investigación que se ha realizado sobre este tema en los últimos años, puesto que además existen obras y artículos científicos que cumplen sobradamente este cometido.

Sin embargo creemos obligado ofrecer una serie de consideraciones previas respecto al tema tratado en este trabajo (los efectos a largo plazo debidos al uso de videojuegos),  derivadas del conocimiento disponible en la literatura científica actual.

Existe una opinión prácticamente unánime entre los investigadores respecto a la no existencia de incidencias negativas derivadas del uso de vídeojuegos a este nivel. De este modo Brown  señala como la aceptación del videojuego como fenómeno de masas puede mejorar el rendimiento cognitivo y ayudar a los estudiosos de la percepción a una mejor comprensión de los mecanismos implícitos en el proceso de la información y en el conocimiento de las habilidades motrices.

Griffith y cols. pudieron comprobar la existencia de diferencias significativas en la coordinación óculo-manual a favor de los jugadores de videojuegos. No obstante este extremo resulta únicamente cierto en un reducido número de juegos que englobaría a los videojuegos de tipo arcade y entre estos a los de. características más simples. No obstante los arcades de segunda generación incluyen el reconocimiento de formas y colores, implicando estrategias de orden superior, para que sea efectiva la resolución de las diferentes fases del juego.

Además del componente cognitivo de naturaleza cualitativa, resulta de vital importancia considerar la vertiente cuantitativa del rendimiento intelectual de los usuarios de videojuegos. En este aspecto la investigación es concluyente en cuanto a estimar la no influencia de esta práctica. Parece constatarse -en algunos casos- una discreta ventaja intelectual de los jugadores de videojuegos sobre los no jugadores. Sin embargo dichas relaciones difícilmente pueden interpretarse como una relación causal y probablemente estén limitadas a modos diferentes de percibir la tecnología en función del rendimiento intelectual de los individuos.



Extraído de
Apuntes de Psicología
2001, Vol. 19, número 1, pp. 161-174.
Colegio Oficial de Psicólogos (Andalucía Occidental) y Universidad de Sevilla
Efectos a largo plazo del uso de videojuegos
Juan Alberto ESTALLÓ M. Carme MASFERRER Candibel AGUIRRE
Instituto Psiquiátrico de Barcelona

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Los medios de comunicación y el consumo: la publicidad y propaganda.


El artículo trata sobre la publicidad y propaganda en los medios de comunicación, se trata de unas reflexiones que nos pueden ayudar a reconsiderar el rol de la escuela al respecto ¿Debe la Escuela mantener su “neutralidad”? ¿O debería ocuparse de los aspectos negativos?
 

Se puede concebir el consumo como una modalidad característica de nuestra civilización industrial, a condición de separarla de su acepción corriente: la de un proceso de satisfacción de las necesidades. El consumo no es ese modo pasivo de la absorción y de apropiación que oponemos al modo activo de la producción para equilibrarla.

El consumo es un modo activo de relación, no solo con los objetos, sino con la sociedad y el mundo, en el cual se funda todo nuestro sistema cultural.

El consumo no es solamente satisfacción de necesidades, ni siquiera de las artificialmente creadas. Por ello no tiene límite, no se satisface nunca. En realidad, es una manipulación e intercambio de signos: status, moda, poder, potencia, lo nuevo, lo imprescindible que desocializa el individuo. Todo se consume: el arte, deporte, espectáculo, viajes, comida, vestimenta. El consumismo, esa revolución de lo cotidiano que se produce en el siglo XX, es mucho más que consecuencia de la necesidad de vender y de comprar. Es una manera de vivir la realidad, y también un encubierto control social e ideológico. Los medios de comunicación están, en parte, a su servicio.
El consumo es un proceso que funciona por la seducción, los individuos adoptan sin dudarlo los objetos, las modas, las fórmulas de ocio elaboradas por las organizaciones especializadas, aceptando esto pero no aquello, combinando libremente los elementos programados. La era del consumo se inscribe en el vasto dispositivo moderno de la emancipación del individuo, por una parte, y de la regulación total de lo social, por la otra.

Los grandes medios de comunicación son vistos como elementos desencadenantes de manejos sociales orientados hacia la despersonalización y ala alienada sumisión que suele observarse en relación a los postulados que propugnan la "sociedad de consumo". Es en esta instancia donde surge el concepto de "manipulación".

Y la publicidad es la que invita a adquirir éste o aquel bien, es la que da a conocer "lo nuevo". En la sociedad de hoy, la publicidad tiene un profundo impacto en cómo las personas entienden la vida, el mundo y a sí mismas, especialmente con relación a sus valores y sus modos de elección y comportamiento.

Ésta como los medios de comunicación social en general, actúa como un espejo; un espejo que ayuda a dar forma a la realidad que refleja y, algunas veces, ofrece una imagen de la misma, deformada.

La publicidad es una actividad que caracteriza intencionalmente el mensaje que se elabora, buscando el cambio de actitudes, rasgos cognitivos y comportamiento de los destinatarios, utilizando para ello diversos soportes tecnológicos. A través de la publicidad los medios masivos de comunicación obtienen los ingresos que permiten cubrir los costos de producción del producto que le interesa consumir al público y obtener ganancia que justifica la inversión de capital. La venta de espacios publicitarios es la principal fuente de ingresos de los medios de comunicación.

Debido a la publicidad y al poder de los medios de comunicación, la sociedad actual posee una inmensa capacidad para convertir las cosas importantes en secundarias y para conceder valor a las cosas secundarias."Se ha desarrollado una cultura enormemente consumista; las ciudades tienden a convertirse en inmensos escaparates repletos de mercancías y de publicidad, y lo efímero del "gusto" y de los "usos" se refleja en los cubos de basura, en los cementerios de automóviles, en los electrodomésticos tirados casi nuevos, etc.".

Las propagandas y los medios de comunicación tienden a uniformar los gustos y las aspiraciones y, en el fondo, casi todas las personas terminan convirtiéndose en "monos de imitación". Como contemplan idénticos programas y reciben idénticos mensajes, la mayoría poseen idénticas aspiraciones.

Los medios modernos han debilitado en los individuos la capacidad de asombro. La propaganda moderna no se dirige a la razón, sino a la emoción como todas las formas de sugestión hipnótica, procura influir emocionalmente sobre los sujetos, para someterlos luego también desde el punto de vista intelectual. Esta forma de propaganda influye sobre el cliente acudiendo a toda clase de medios: la incesante repetición de la misma fórmula; el influjo de la imagen de alguna persona de prestigio, por medio del sex-appel de alguna muchacha bonita, debilitando al propio tiempo su capacidad de crítica, mediante el terror, señalando el peligro del "mal aliento", o de alguna enfermedad de nombre misterioso, o bien estimulando su fantasía acerca de un cambio imprevisto en el curso de su propia vida debido al uso de un determinado tipo de camisa o jabón. Todos estos métodos son esencialmente irracionales, no tienen nada que ver con la calidad de la mercadería y debilitan o matan la capacidad crítica del cliente.

El cambio en la gente parece ser un proceso de etapas graduales de las cuales se reconocen las siguientes etapas:
1.         Primeras noticias: la persona percibe alguna información acerca de lo nuevo.
1.         Interés: Se interesa, busca más datos, pregunta, discute.
2.         Evaluación: hace un balance y acepta o rechaza la novedad.
3.         Ensayo: efectúa una prueba, investiga, trata de encontrar los ajustes personales.
4.         Adopción: cambia su conducta e incorpora lo nuevo.
 
Dentro de las técnicas comerciales modernas, la publicidades indispensable en cuanto medio de información acerca de los productos disponibles o para facilitar el contacto entre vendedores y compradores.

La publicidad puede llegar a ser nociva cuando su objetivo punta a crear artificialmente necesidades de bienes superfluos que puede impedir la atención de necesidades realmente fundamentales, o encarece los costos de producción con onerosas campañas que tienden a promocionar artículos competitivos que tienen mucho menos diferencias entre sí que las que sus promotores intentan hacer creer al público.

La publicidad está relacionada con la propaganda pues emplea técnicas similares: una suele inspirarse en la otra. La diferencia está en que la publicidad se refiere más específicamente a lo económico: trata de vender un determinado producto.
Se llama propaganda al conjunto de técnicas destinadas a propagar ideas, doctrinas y opiniones para hacer que esos conceptos sean aceptados por la gente que, como consecuencia, las personas y los grupos convencidos se adhirieran a ellas.
La propaganda es esencialmente política, la publicidad, esencialmente comercial.
Ambas serán moralmente aceptadas o repudiables, según los fines que persigan y los medios que empleen.

Un requisito imperativo de los medios de comunicación social, y en especial para la publicidad, en lo que respecta al consumo, es que respete la persona humana y su derecho o deber de hacer una elección responsable, su libertad interior; se vulneran todos estos bienes cuando se explotan las bajas inclinaciones del hombre, o se disminuye su capacidad para reflexionar.



Extraído de
Los medios
Autor: Verónica Cecilia Pralong

jueves, 25 de junio de 2015

El niño y la televisión


La televisión en muchos casos es la única compañía del niño y a veces se convierte en una especie de niñera, lo cual es muy preocupante, en momentos de establecer pautas de conducta ¿Qué riesgo acecha a los niños, al tener esta cuidadora?


Es evidente, que la TV es una fuente efectiva para la creación y formación de actitudes en los niños, ya que desde temprana edad, son sometidos a su influencia sin poseer otro tipo de información.

Según la teoría de socialización comunitaria de Erickson, es entre los 2 y 6 años cuando se perfilan los sentimientos preferenciales hacia la madre, padre, familiares y otras personas significativas; A través de este proceso el niño adquiere habilidades y formas de comportarse en la sociedad. Es a partir de los 4 a 5 años de edad, que se establecen los hábitos permanentes y las características emocionales, jugando un papel decisivo la imitación y la identificación. Con esto, se refiere a pautas de conducta y actitudes de las personas que los rodean, esto llega a ocurrir incluso de manera inconsciente.

Los niños recurren a la televisión para satisfacer sus necesidades de distracción, reducir las tensiones y como medio para obtener información. Además de las motivaciones personales, podríamos agregar un factor situacional externo al niño; la ve porque se la impone el medio, no le queda otro remedio. Le es ofrecida en el ambiente del hogar y se le refuerza la conducta de contemplación por los padres. En muchos casos es la única compañía del niño y a veces se convierte en una especie de niñera.

Ver la televisión es incluso la actividad líder del niño, gastan más tiempo viendo la TV que haciendo cualquier otra actividad que no sea dormir. En promedios, los niños ven de 22 a 25 horas semanales de televisión. En general, se puede decir que durante el transcurso del año, los niños pasan más tiempo frente al televisor, que en la escuela. Es la TV, más que cualquier otro medio, la que proporciona una base común de información en las primeras fases de socialización del niño.

Los niños son excelentes imitadores, incluso durante los primeros meses de vida. Aprenden a comer, vestirse, utilizar el sanitario e interactúan con los demás. Ellos no son especialmente selectivos en lo que imitan, por lo que a muchos padres se les recomienda que cuiden su vocabulario cuando sus pequeños dicen una mala palabra en un momento de frustración. Aunque la imitación no es el único mecanismo de aprendizaje que tienen los niños, es el primero y sienta las bases de aprendizaje futuro. Como los niños imitan permanentemente a la gente que los rodea, es lógico que también imiten a las personas que ven en la televisión o en el cine.

Esto no es un problema que afecte solo a los niños, sino que a menudo también influye en los adolescentes. A lo largo de la vida imitamos a los demás para aprender cosas nuevas y reforzar nuestra identidad con un grupo particular. Con cierta frecuencia se oyen historias acerca de niños que terminan trágicamente, al imitar algún personaje que han visto en los medios de comunicación. Por ejemplo: un niño de cinco años que le prendió fuego a su casa y causó la muerte de su hermana de dos años, después de haber antisociales; un grupo de adolescentes que causó un accidente al imitar la escena de una película en la que varios jóvenes demuestran su valor acostándose sobre una autopista; un niño de trece años que se disparó en la cabeza mientras estaba jugando a la ruleta rusa que había visto en una película. Todas estas historias son trágicas pero afortunadamente no se presentan muy a menudo.

La mayor parte de los niños no imitan tan fácilmente, solamente escogen algunas imágenes, actitudes y valores. Cuando se sienten frustrados, algunos niños lloran en un rincón, otros dan patadas y golpes, y otros toman con calma su frustración.

Si tenemos en cuenta la composición de los programas, debemos aceptar que la actual enseñanza incipiente se refiere a las formas del crimen y a la ilegalidad, a la corrupción destructiva, a la exagerada valoración de los bienes materiales con relación a los valores intelectuales y culturales.

Estudios de la Universidad de Stanford han demostrado que un niño medio de los EE.UU. ha presenciado, entre los 5 y los 14 años, veinte mil crímenes violentos que han alimentado su aparato mental. Otro estudio demostró que la TV ocupa el segundo lugar en el tiempo del niño, después de la escuela, tomando como promedio cuatro horas diarias de su atención en días laborables. Se ha investigado igualmente que la mayor parte de las series duran alrededor de una hora y durante la mayor parte de la trama, los criminales realizan sus fechorías con éxito, hasta que son castigados sólo en el momento final. Puesto que la mayor parte de los niños menores de 8 años no sostienen la atención más allá de media hora, aprenden en la película los procedimientos criminales sin que lleguen a aprender la moraleja final. Además, a esa edad el niño no distingue bien entre realidad y fantasía, entonces todas esas escenas pueden almacenarse en la memoria como si hubiesen sido hechos reales. El crimen y la violencia se tornan así en vivencias “normales” en la cotidianidad del niño.



Extraído de:
LA INFLUENCIA DE LA NUEVA TELEVISIÓN EN LAS EMOCIONES Y EN LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS
Revista Internacional de Psicología
Dr. Serafín Aldea Muñoz
Director Departamento de Psicología Universidad de Soria

domingo, 17 de mayo de 2015

Efectos negativos y positivos de la tv en los niños


Existen numerosas razones para no considerar al aparato de televisión como un artefacto más, ejerce poderosa influencia, en especial sobre los niños. Los siguientes párrafos, extraídos de un trabajo de investigación, reflexionan sobre los efectos negativos y positivos de la televisión y la forma de usarla, en los niños.


Efectos negativos de la tv en los niños
Hace ya bastantes años que los científicos demostraron que los contenidos televisivos afectan a los niños y favorecen que estos imiten o reproduzcan los modelos de conducta que ven. Por eso resulta tan grave la exposición sistemática a imágenes violentas; los críos aprenden a resolver sus problemas con violencia y se vuelven insensibles ante las consecuencias derivadas a sus acciones.

Los niños que ven durante más horas la televisión son más agresivos y pesimistas, menos imaginativos y empáticos, tienden a ser más obesos y no son tan buenos estudiantes.

Está demostrado que el contenido de los mensajes de la televisión, sobre todo en el mundo accidental y más aun en los países subdesarrollados, es de baja calidad artística, con altos contenidos de violencia, agresión y exaltación de valores que no están de acuerdo con los intereses de nuestra sociedad. La exaltación del individualismo, el énfasis por el dinero y los bienes económicos, etc. La televisión ayuda a la formación de imágenes estereotipadas con respecto a profesionales, grupos étnicos, religiosos o políticos.

La TV presenta muchos más estereotipos de los que se encuentran en la vida real. Aparecen más hombres, y éstos son más agresivos, activos, constructivos y serviciales, sus actividades les aportan recompensas tangibles. Pero las mujeres tienden a ser diferentes, pasivas e ignoradas, y son castigadas si se vuelven muy activas. En los últimos años se está cambiado su imagen en la televisión, las mujeres pueden trabajar fuera de casa y, los hombres pueden estar a cargo de los niños, pero todavía hay muchos estereotipos del género.

La teoría del aprendizaje social plantea que los niños imitan los modelos que ven y entonces, los que ven más TV estarían más tipificados por el género. Además, se demostró que ambos sexos recuerdan mejor las secuencias televisivas que confirman estereotipos, pero cuando éstos son rotos, los niños reaccionan, suelen ser más flexibles en sus visiones y aceptan que hombres y mujeres tengan ocupaciones no tradicionales. En las investigaciones se ha observado que las niñas son más receptivas a estos cambios, aceptan los roles no tradicionales tanto en los demás como en ellas mismas.

A pesar de los cambios en gran parte de televisión, se sigue retratando un mundo en el que se valora ser hombre, blanco y joven, y se denigra el ser mujer, viejo, de piel oscura o extranjero. A esto se le suma el que en los comerciales las diferencias entre los roles de género son mucho mayores en la vida real, y muy pocos de ellos rompen con los estereotipos.

Algo similar ocurre con las escenas de contenido erótico. Por un lado, casi nunca ofrecen educación sexual, es decir, nunca hablan por ejemplo de la posibilidad de contraer enfermedades. Por otro, dificultan que los niños puedan distinguir lo que es adecuado a su edad y lo que no, con lo que les puede resultar más difícil poner límites en un futuro.

Otro de los problemas asociados a la televisión es que, mientras los chavales están tumbados en el sofá, apenas mueven un músculo. Si encima se atiborran de chucherías delante de la pantalla, el camino hacia la temida obesidad está servido.

En algunos casos, la tele puede incluso crear adicción. Son niños que la enchufan nada más levantarse por la mañana o en cuanto llegan de la escuela. Dejan de hacer los deberes por una serie o por cualquier otra cosa, y cuando alguien apaga el aparato ponen el grito en el cielo o se muestran muy irritables. La vida que ven a través de la televisión les satisface más que su propia situación, y así eluden sus problemas de la peor forma.

Además de los aspectos negativos ya citados anteriormente, existen otros muchos que a menudo suelen pasar desapercibidos o no se les llega a dar tanta importancia. A continuación muestro una pequeña lista de algunos de ellos, como pueden ser:

·      La televisión desplaza los tipos activos de recreación; Disminuye el tiempo dedicado a jugar con otros niños. Disponen de menos tiempo para usar su imaginación y para pensar. También la TV, les deja menos tiempo para los deportes, la música, el arte, etc.
·      La televisión disminuye el tiempo disponible para la conversación y el intercambio de opiniones; Reduce las interacciones sociales con la familia y las amistades.
·      La televisión reprime la inclinación a la lectura.
·      Pasar demasiado tiempo viendo la televisión (más de 4 horas al día) decididamente disminuye el rendimiento escolar; El exceso de televisión interfiere en el estudio, la lectura y el tiempo para pensar. Si los niños no duermen lo suficiente porque están viendo la televisión, al día siguiente no estarán lo suficientemente atentos para poder aprender bien.
·      La televisión reduce la voluntad para hacer ejercicios.
·      La publicidad en la televisión fomenta la demanda de posesiones materiales; Los niños presionan a sus padres para que les compren los juguetes que ven anunciados. La televisión presenta el materialismo casi como un estilo de vida.(Marco.2003 ).

Efectos positivos de la televisión en los niños
La televisión no solo tiene efectos negativos en la formación de los niños; sino que también es un invento fabuloso que nos permite, además de buenos ratos de entretenimiento, un conocimiento que, sin su existencia, sería imposible. No hay porque eliminarla o discriminarla por completo. Bien empleada, puede aportar a nuestros hijos muchas cosas buenas, ya que les permite conocer el mundo, aprender geografía y costumbres de otros pueblos, aficionarse a las manualidades, el bricolaje, la cocina...

Lo importante es estudiar la oferta y hacer mucho “zapping”, teniendo en cuenta que, muchísimas veces, los valores con un valor educativo importante no están incluidos en la parrilla infantil, sino en el horario escolar.

Les divierte ver programas como “Pasapalabra”, un programa ideal para toda la familia; “El Conciertazo”, un espacio donde enseñan música clásica de manera amena y divertida; “Waku Waku”, en el que se puede aprender bastante de animales y ecología;
... Y seguramente se pueden mencionar otros muchos, solo hace falta buscar bien en las programaciones de las diferentes cadenas de televisión.

También hay películas que merecen la pena; y que fomentan la educación y la imaginación de los más pequeños de una manera sana. El problema es que la mayoría de ellas no se retransmiten a una hora adecuada; sino que las echan cuando los niños están en el colegio o de madrugada; ante estas situaciones, se pueden grabar y ser vistas luego por toda la familia.

Precisamente, ver la televisión con ellos y comentar los contenidos que aparecen en ella, es una regla de oro en el uso de la pequeña pantalla: Así sacan mejor provecho de los buenos programas, se contrarrestan los efectos nocivos de los que no lo son, se fomenta su espíritu crítico y, lo mejor, se llega a pasar un rato estupendo en familia. Por ello los padres pueden y deben ayudar a sus hijos a tener experiencias positivas con la televisión, de esta manera su deber es:

·      Mirar los programas con los hijos.
·      Escoger programas apropiados para el nivel de desarrollo del niño.
·      Poner limites a la cantidad de tiempo que pasan ante la televisión (tanto a diario como por semana)
·      Apagar el televisor durante las horas de las comidas y del tiempo de estudio.
·      Apagar los programas que no les parezcan apropiados para la edad de su hijo.
·      No usar la televisión como distracción o como “niñera” en los niños de edad preescolar.
·      Enseñarles a elegir los programas con discernimiento; enseñarles a consultar la guía de programación para elegir los programas más adecuados.
·      Estimular a los hijos para ver programas educativos o que enseñen los valores humanos.
·      Prohibir los programas violentos.
·      Discutir los anuncios publicitarios con sus hijos, ayudarles a identificar cuales exageran y cuales no.
·      Hablar sobre la programación que ven, explicándoles las diferencias entre la realidad y la ficción.



Extraído de:
LA INFLUENCIA DE LA NUEVA TELEVISIÓN EN LAS EMOCIONES Y EN LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS
Revista Internacional de Psicología
Dr. Serafín Aldea Muñoz
Director Departamento de Psicología Universidad de Soria

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Google+

Busca en mis blogs