lunes, 4 de mayo de 2015

Los niños pasan mucho más de lo aconsejado frente a las pantallas

La presencia de las pantallas en los menores es más cada vez más activa, la cantidad creciente de tiempo frente a celulares, tabletas, TV y computadoras entraña nuevos riesgos  ¿Cuáles son? ¿Qué se considera “consumo saludable”?


Un informe norteamericano advierte riesgos en el creciente tiempo de exposición a celulares, tablets, TV y computadoras.

“Dieta” digital en la primera infancia
Dos horas diarias de exposición frente a cualquier tipo de pantalla –TV, videojuegos, tablets, PC y celulares– es el tiempo que recomienda la Academia Americana de Pediatría (AAP, de los Estados Unidos) para niños y adolescentes. Pero este número parece muy limitado si a la tradicional TV le sumamos el resto de las pantallas que llegaron para quedarse en el universo lúdico infantil: videojuegos, DVD portátil, juegos on line, tablets y celulares.

En el estudio de la AAP “Chicos, Adolescentes y los Medios”, presentado la semana pasada en su conferencia anual en Orlando, se recomienda, además, que los menores de dos años no deberían tener acceso a ningún tipo de dispositivos.

Los principales riesgos señalados por la institución médica están relacionados a problemas de sedentarismo, atención y comportamiento. Algunas cifras del informe alarman. Se señala allí que los chicos de ocho a 10 años pasan casi ocho horas por día con distintos dispositivos y más del 75% de los de 12 a 17 tiene un teléfono celular desde donde acceden a juegos. El tiempo de exposición se duplicó en los últimos cinco años.

Local. En la Argentina, las cifras son muy similares. Ariel Melamud, pediatra, coordinador del equipo de informática de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), cree que las dos horas recomendadas por la AAP distan mucho del consumo multimedial real. “Los chicos usan la PC, los videojuegos y ven TV, muchas veces, en simultáneo. Si pensamos en dos horas, significa sólo algunos minutos por dispositivo.

Si sumamos el tiempo que los chicos pasan ahora con cada aparato, o con todos a la vez, la cuenta arroja cerca de seis horas, y eso no es malo de por sí”, explica. Para el especialista no es lo mismo si el niño consume contenidos educativos o juega en línea con compañeros que si está encerrado solo. “No debemos considerar el uso de los dispositivos desde la mirada de nuestra generación. Los chicos los resuelven con una plasticidad cerebral distinta. Hay un cambio evolutivo que debemos seguir, pero también nivelar con actividad física y descanso”, completa.

Roxana Morduchowicz, directora del programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación de la Nación, en su libro “Los adolescentes del siglo XXI, los consumos culturales en un mundo de pantallas”, sostiene que en un año, en promedio, los chicos pasan más tiempo con la TV, Internet y teléfonos que con cualquier otra actividad, incluyendo la escuela. Su investigación abarcó a más de 1.200 jóvenes de 11 a 17 años en la Argentina, durante 2011. De acuerdo con el informe, ocho de cada diez chicos y chicas pasan entre cuatro y seis horas con los medios mencionados.

Consumo saludable. La recomendación de la AAP para padres es que ayuden a los chicos con una “dieta digital”, para que ellos aprendan a seleccionar de manera saludable lo que consumirán en los medios sociales. Melamud está de acuerdo en que debe existir una educación en el uso de los medios sociales y que hay que vigilar conductas raras o síntomas como dolor visual o muscular o cambios en el comportamiento.

Ambas instituciones recomiendan que los padres entiendan las tecnologías para discutir con los chicos su uso y armar un plan de uso de los dispositivos donde existan espacios como las comidas, el descanso, conversaciones familiares, libres de toda tecnología.




Por Maria Besuschio
Fuente
Diario Perfil Buenos Aires

jueves, 9 de abril de 2015

Violencia en tv y sus repercusiones en los más pequeños



La televisión necesita de la violencia, su presencia es fácilmente advertida en programas de distinto tipo, se busca conmover al espectador ¿Qué efectos provoca en los niños? ¿Se ve la violencia como algo natural? ¿Es aceptada como una manera de resolver conflictos?


Nuestro medio social en la actualidad se presenta violento, si tenemos en cuenta que la televisión es parte de ese medio y que de él recibe los temas y a él lo devuelve en forma de influencia sobre los telespectadores. Podríamos decir que en parte la responsabilidad es el ambiente en donde se desenvuelve ese medio.

Gerbner y Gross, en un articulo titulado La Violencia Prolifera, demostraron que durante el año 1989 ocurrió violencia en el 73% del total de programación de los Estados Unidos y en casi todas las caricaturas infantiles. Para ello usaron como medidas factores tales como: el porcentaje de programas de contenido violento, el número de episodios violentos por programas y el porcentaje de personajes principales implicados en actos de violencia.

Actualmente, el tema de la violencia en televisión ha generado gran preocupación, debido a que estimula la conducta agresiva de los niños, los cuales pasan muchas horas frente al televisor viendo programas infantiles (tales como los Power Rangers o Dragon Ball Z), o para adultos, siendo los primeros mucho más agresivos. Entre los actos violentos que son vistos por los niños están; asesinatos, guerras, puñetazos, golpizas, cuchilladas, patadas, accidentes violentos y destrucción de propiedades, entre otros. Los niños que ven violencia en la pantalla se comportan más agresivos sin importar su localización geográfica, su sexo, su nivel económico o si tienen problemas emocionales. Este efecto es interdependiente, es decir, los niños agresivos eligen programas violentos y aquellos que ven estos programas, son más agresivos. La televisión fomenta la conducta agresiva de dos modos, o imitan el modelo que observaron y llegan a aceptar la agresión como conducta apropiada.

La imitación es el primer mecanismo de aprendizaje que tienen los niños y éstos no son especialmente selectivos en lo que imitan, y lo hacen tanto con modelos reales como con personas en la televisión o dibujos animados. Los niños no imitan tan fácilmente lo que ven, lo que aprenden en los medios es más que imitación, ya que, de la gran cantidad de conductas, imágenes, actitudes y valores a los cuales están expuestos, eligen solo algunos.

El niño, después de observar episodios violentos, puede que actúe violentamente pero esto no significa que no haya aprendido una solución agresiva. A medida que son mayores, la conducta agresiva refleja más estilo interpersonal que cada uno está desarrollando. Hay variables importantes en la eficacia de un mensaje de los medios de comunicación.

Cuando hablamos de violencia en TV debemos tener en cuenta dos aspectos importantes: por un lado, la “violencia real” como un reflejo del medio social que se difunde a través de noticieros y reportajes de noticias, y por otro, la “violencia ficticia o representada” que es la que con mayor frecuencia llega al público a través de casi toda la programación.

La “violencia real” afecta mayormente a la gente que la “violencia irreal”. En un estudio se comprobó que los niños después de ver un episodio de violencia real eran más violentos que los que vieron un episodio ficticio. A diferentes edades, los niños consideran reales cosas muy diferentes, los niños pequeños consideran como “real” todo aquello que puede ocurrir, pero comprenden a muy temprana edad que los dibujos animados son menos reales, según algunos investigadores la violencia en la televisión produce menos efectos negativos si aparece en dibujos animados donde es castigada, las consecuencias negativas sean claras y el malhechor sea una persona completamente mala. Aunque los niños sepan que los dibujos animados no son reales, el ver frecuentes episodios de violencia en éstos igual aumenta la agresividad.

Los programas de televisión en los horarios de mayor audiencia muestran alrededor de cinco escenas violentas por hora, y los dibujos animados veintitrés por hora. Se ha descubierto que las personas que ven mucha televisión son más temerosas e inseguras, esto ocurre tanto en adultos como en niños. En general se nos presenta una idea equivoca y pesimista del mundo, lo cual afecta más a los niños ya que tienen menos fuentes de información.

Uno de los aspectos que más preocupa, sobre todo a los padres, es que los niños se estén volviendo insensibles ante la violencia, ya que ésta parece endurecer a los niños, quienes al ver un acto violento, tienden a reaccionar con indiferencia. Estudios han demostrado que ver con frecuencia episodios violentos disminuye reacciones emocionales y también el interés por ayudar a otras personas. Cuanta más violencia veamos y cuanto menos perturbe, mas probabilidades tenemos de hacernos tolerantes a la violencia en la vida real. La desensibilizacion a la violencia se opone al sano desarrollo y es posible que esta reducción de la ansiedad sea lo que facilita el comportamiento agresivo. Por otra parte, investigadores han concluido que los niños que ven violencia en los medios de comunicación, tienen mas probabilidad de considerar las peleas como un mecanismo normal para solucionar los conflictos.

Los psiquiatras de niños y adolescentes que han estudiado los efectos de la violencia, han encontrado que sus pacientes pueden tener una serie de comportamientos, como son:

·      Imitar la violencia que observan en televisión.
·      Identificarse con ciertos tipos, caracteres, victimas y/o victimarios.
·      Tornarse “inmunes” al horror de la violencia.
·      Gradualmente aceptar la violencia como manera de resolver problemas.

De manera que la exposición extensa a programas de televisión que contengan violencia causa mayor agresividad en los niños. En ocasiones, al ver tan solo un programa violento puede aumentar la agresividad. Los niños que ven espectáculos en los que la violencia es presentada de forma muy realista, repetida, o sin ser castigada, tiene mayor probabilidad de imitar lo que ven. El impacto de la violencia en la televisión puede reflejarse en la conducta del niño inmediatamente o manifestarse más tarde en su desarrollo. Los jóvenes pueden afectarse aún cuando en la atmósfera familiar no haya tendencia hacia la violencia. Esto no quiere decir que la violencia que se ve en televisión es la única causa de conducta violenta o agresiva, pero no hay duda de que es un factor significativo.





Extraído de:
LA INFLUENCIA DE LA NUEVA TELEVISIÓN EN LAS EMOCIONES Y EN LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS
Revista Internacional de Psicología
Dr. Serafín Aldea Muñoz
Director Departamento de Psicología Universidad de Soria

domingo, 22 de marzo de 2015

Quiénes son los dueños de la comunicación


¿Los medios de comunicación son simplemente intermediarios? ¿Qué intereses los mueven? Esta publicación reflexiona al respecto, y plantea una pregunta ¿Debe la escuela permanecer indiferente a este fenómeno?

Cuando hablamos de globalización, se piensa en un conjunto de relaciones económicas, políticas y sociales que han modificado sustancialmente a la estructura mundial.
Donde más claramente se nota estos cambios son en los medios masivos de comunicación, a partir de los avances tecnológicos y de las modificaciones políticas y económicas operadas en el nivel mundial.

La globalización en lo comunicacional se revela como una tendencia hacia el establecimiento de una cultura global. Mensajes masivos, uniformes, estandarizados son recibidos en el mismo momento por personas diferentes, en distintos lugares del mundo. Esto provoca que la función originaria de la comunicación social, la de transmitirlos mensajes generados por miembros de una comunidad, se pervierta. Hoy los mensajes son generados y manipulados en un lugar ajeno, por personas ajenas y con intereses ajenos a la comunidad que los recibe. Esto se evidencia aún más en los países periféricos, como es el caso de la Argentina.

En relación con este tema se está produciendo un vertiginoso proceso de centralización y monopolización de los medios de comunicación, han pasado de tener un rol estratégico, convirtiéndose en el área al que apuntan las mayores inversiones económicas.

Para resguardar nuestra identidad social y cultural dentro de un mundo globalizado, es necesario comprender y utilizar los avances tecnológicos, de acuerdo a nuestros propios intereses.

Otro tema ligado a este es la creciente influencia de los medios en la sociedad, en la política y en las instituciones.

Los medios están cumpliendo funciones que deberían ejercerlas instituciones. Las crisis de las representaciones políticas y sociales, el repliegue del estado han llevado a que la gente encuentre en ellos un canal válido para expresar sus inquietudes y necesidades.

Muchas veces es a través de los medios que se instalan los temas de la agenda política, pero estos surgen, a veces, desde el poder, otras de la comunidad que recurren a ellos para realizar sus reclamos y otras, incluso, surgen de los propios medios por motivos empresariales.

El circuito mediático está conformado por las empresas, los medios y el público. Las empresas generan mensajes, pero reciben presiones del poder económico y del poder político; el público recibe esos mensajes ya manipulados, pero genera, al mismo tiempo, demandas a través del consumo. Y, por último, los medios a través de los cuales se transmiten estos mensajes tampoco son neutros.

Es notorio que existe un proceso de monopolización, mediante el cual grandes empresas están absorbiendo a los pequeños medios. Los medios masivos de comunicación tienen cada vez mayor poder y tienen una influencia creciente en la vida política nacional.

En la Argentina se advierte que grandes capitales transnacionales asociados a empresarios argentinos han comprado y siguen comprando canales de televisión, ondas de radio, diarios y revistas. La llamada "industria de la cultura", esto es, la explotación comercial de los recursos de la comunicación, se convirtió en una de las más atractivas inversiones de capital y, consecuentemente, grandes corporaciones multinacionales pasaron a ser propietarias de redes de comunicación y de empresas que fabrican equipamiento para las mismas.

Por un lado la concentración mediática provoca una merma en las programaciones locales, en detrimento de la difusión de la cultura y las tradiciones de cada comunidad. Por el otro, el avance de la centralización ha puesto en riesgo numerosas fuentes de trabajo de técnicos, empleados y profesionales de los medios de esos poblaciones.
Los medios masivos de comunicación son parte constitutiva de la vida política y su influencia crece junto a la vida democrática; es por ello que se necesita una legislación con normas claras para no dejar a los medios a los avatares de las reglas del mercado. El resultado del proceso de centralización y concentración monopólica ha dejado reducido a dos corporaciones como únicos propietarios de la mayoría de las empresas que operan los medios masivos de comunicación. La opinión pública, la vida democrática, dependen de la mediación que realizan estas corporaciones en el procesamiento de la reproducción de la información y los valores culturales de la sociedad.

La libertad y la igualdad de oportunidades a la difusión debe estar protegida de la voracidad del mercado, que en su lógica dineraria lleva a la crematística como valor supremo y a la exclusión de aquellas opciones que no participen del mismo.



Extraído de
Los medios
Autor: Verónica Cecilia Pralong

domingo, 15 de marzo de 2015

La televisión y la sociedad


La televisión no es un elemento “neutral” que se limita a “mostrar la realidad”, tiene una poderosa influencia en la sociedad, y debe ser objeto de preocupación en la escuela.

Desde comienzos de los años ´60 la utilización de la TV en el ámbito instructivo se ha extendido considerablemente en países de elevado nivel cultural (Suecia), como en otros con grandes retrasos culturales (los del tercer mundo), donde se llegó a confiar en la TV como instrumento decisivo para la culturización.

Se dice que la TV constituye una ventana abierta al mundo, cuya realidad podemos contemplar desde la comodidad de nuestros hogares.

Existen ciertos programas de TV, que ofrecen formas estereotipadas de reacción típicas.
Pudiera darse una cierta tendencia a imitar los modelos presentados por TV y esto constituiría de alguna manera una limitación de nuestra libertad. El mayor riesgo de influencia lo corren los niños y los ignorantes, las personas que por falta de experiencia, no han adoptado aún una postura personal definida ante los problemas claves de la existencia, o aquellas personas en las que la falta de cultura, determina una carencia de decisión personal fácilmente influenciable por los programas de TV.

Los medios masivos de comunicación son también instrumentos de poder. Con ellos se trata de embotar las mentes y proveerlas de eslóganes. En vez de estimular con ellos la liberación de las personas, se estimula el condicionamiento para la estreches mental y la esclavitud. Con los medios sensacionalistas se está dando vida a una imagen estrecha y cavernaria.

Es conocida por todos la influencia que tiene la televisión en la vida de las personas y la cantidad de tiempo libre que se le dedica.

Algunos de los investigadores afirman que esa influencia es muy grande en el caso de los chicos y jóvenes, en especial en la formación de su identidad. Las imágenes tienen cada vez más poder de convicción, es decir, es muy fácil creer que lo que se ve en televisión es verdad. Por eso, sostienen los investigadores, los chicos muchas veces aceptan fácilmente, los modelos de juventud o niñez que se presentan en la pantalla. Los programas y las publicidades tratan de convencer sobre cómo son los chicos y jóvenes (o cómo deben ser), lo bueno que es hacer tal cosa, o qué bien se van a sentir sicompran esto o aquello.

Aceptar los mensajes tal cual son sin ningún cuestionamiento acerca de qué pensamos, de lo que vemos o escuchamos, hace muy difícil la formación de la personalidad y del criterio propio de cada uno.

Los medios masivos de comunicación suelen ser vehículos de transculturación. Empiezan introduciéndose en una sociedad como objetos curiosos y terminan siendo una necesidad. El régimen industrial con que operan estos medios les hacen acuñar signos y símbolos estandarizados y fomentan el consumo pasivo de estos por la masa.
Impunidad o libertad de expresión

El auge de los medios de comunicación ha hecho posible el acortamiento de las distancias, manteniéndonos vinculados al resto del mundo. No obstante producen un degradamiento en la sociedad.

Actualmente los medios se han convertido en "jueces de la verdad", son ellos quienes deciden y dictan modas, consumos, modelos de vida. Establecen qué es lo correcto y qué es lo incorrecto, y deciden cuales son los hechos importantes y trascendentes del mundo.

Para evitar esta situación es indispensable un cambio de conciencia, hay que tener una responsabilidad social sobre los mensajes que provienen de los medios.

Vivimos en un clima en donde todo vale y esta premisa justifica cualquier proceder o comportamiento. El sentido de libertad ha desbordado a la razón hasta muy peligrosos extremos. El derecho a expresarse públicamente no es ilimitado y así lo confirman las leyes que castigan a quienes difaman al prójimo. Pero esta legítima defensa de la vida real, no rige para los medios. Ellos actúan bajo el lema prohibido prohibir y se permiten difundir acciones y conductas contrarias a todo orden.

Como dice María Ester Perea de Martínez, en su libro "Conocer nuestro tiempo", los medios pueden ser artífices de una positiva renovación de la sociedad y abrir a la juventud mejores horizontes; pero todos estamos obligados a exigir que los mismos sean más responsables e impedir que los grandes financieros subsidien lo que vaya en contra de la moral. Una equivocada interpretación de la libertad de expresión, puede poner en peligro verdades esenciales. Ahora, no se puede aceptar que en nombre de una libertad de expresión, se llegue a estimular conductas que la misma Constitución y el Derecho desaprueban o condenan.

La Iglesia enfatiza la responsabilidad de los medios para contribuir al auténtico e íntegro desarrollo de las personas y alentar el bienestar de la sociedad. "La información suministrada por los medios está al servicio del bien común. La sociedad tiene el derecho a la información basada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad".
Corresponde al estado defender y asegurar la verdad y justa libertad. Promulgando leyes y velando por su aplicación, los poderes públicos se asegurarán de que el mal uso de los medios no llegue a causar graves peligros para las costumbres públicas y el progreso de la sociedad. Nada puede justificar recurrir a falsas informaciones para manipular la opinión pública mediante los mass-media.


Extraído de
Los medios
Autor: Verónica Cecilia Pralong

miércoles, 11 de febrero de 2015

Seis cuestiones para entender la hegemonía mediática

¿Quién tiene la capacidad de establecer sentidos? ¿Qué intereses hay detrás de los medios? ¿Son imparciales? ¿Qué valores sustentan? ¿Libertad de expresión o de empresa?


1. El sistema mediático contemporáneo demuestra capacidad de fijar sentidos e ideologías, seleccionando lo que debe ser visto, leído y oído por el conjunto del público. Por más que existan por parte de lectores, oyentes y telespectadores expectativas y respuestas diferenciadas a los contenidos recibidos, son los grupos privados de comunicación que prescriben orientaciones, enfoques y énfasis en los informativos; cuáles son los actores sociales que merecen ser incluidos o marginalizados; cuáles las agendas y pautas que deben ser destacadas o ignoradas.

Los medios difunden juicios de valor y sentencias sobre hechos y acontecimientos, como si estuvieran autorizados a funcionar como una especie de tribunal, sin ninguna legitimidad para eso. Su intención, asumida pero no declarada, es diseminar contenidos, ideas y principios que ayuden a organizar y unificar la opinión pública en torno a determinadas visiones de mundo (casi siempre conservadoras y sintonizadas con el estatus quo).

Los medios eligen los actores sociales, articulistas, analistas, comentaristas y columnistas que deben ser prestigiados en sus vehículos y programaciones. En la mayor parte de los casos, como observa Pierre Bourdieu, estos portavoces nada no hacen más que reforzar el trabajo de los “think tanks” neoliberales en favor de la mercantilización general de la vida y la desregulación de las economías y los mercados. En efecto, los “intelectuales mediáticos” o “especialistas” dicen todo aquello que sirve a los intereses de clases e instituciones dominantes, combatiendo y descalificando ideas progresistas y alternativas transformadoras.

Los grupos mediáticos mantienen también acuerdos y relaciones de interdependencia con poderes económicos y políticos, en busca de presupuestos de publicidad, patrocinios, financiaciones, exenciones fiscales, participaciones accionarias, apoyos en campañas electorales, concesiones de canales de radiodifusión, etc. No son neutros y exentos, como quieren hacer creer; son parciales, toman partido, favorecen los intereses mercantiles, defienden posiciones políticas, combaten ideológicamente a los opositores.

2. Los medios se apropian de diferentes léxicos para intentar colocar dentro de sí todos los léxicos, a servicio de sus objetivos particulares. Palabras que pertenecían tradicionalmente al léxico de la izquierda fueron resignificadas durante la hegemonía del neoliberalismo en las décadas de 1980, 1990 y parte de 2000. Cito, de inmediato, dos palabras: reforma e inclusión. De la noche a la mañana, pasaron a ser incorporadas a los discursos dominantes y mediáticos, en sintonía con el ideario privatista. Se trata de indiscutible apropiación del repertorio progresista, que siempre asoció reformas al imaginario de la emancipación social. Las apropiaciones tienen el propósito de redefinir sentidos y significados, a partir de ópticas interpretativas propias.

3. Al celebrar los valores del mercado y del consumismo, el sistema mediático subordina la existencia al mantra de la rentabilidad. La glorificación del mercado consiste en presentarlo como el ámbito más adecuado para traducir anhelos, como si sólo él pudiera convertirse en instancia de organización societaria. Un discurso que no hace más que realzar y profundizar la visión, claramente autoritaria, de que el mercado es la única esfera capaz de regular, por sí misma, la vida contemporánea. Los proyectos mercadológicos y los énfasis editoriales pueden variar, menos en un punto: las corporaciones operan, consensualmente, para reproducir el orden del consumo y conservar hegemonías instituidas.

4. Los discursos mediáticos están comprometidos con el control selectivo de las informaciones, de la opinión y de los juicios de valor que circulan socialmente. Eso se manifiesta en las manipulaciones de los noticieros y la interdicción de los puntos de vista antagónicos, afectando la comprensión de las circunstancias en que ciertos hechos acontecen (generalmente los que son contrarios a la lógica económica o a las concepciones políticas dominantes).

Los medios masivos buscan reducir al mínimo el espacio de circulación de ideas contestatarias – por más que estas continúen manifestándose y resistiendo. La meta es neutralizar análisis críticos y expresiones de disenso. Un ejemplo de lo que acabo de decir son los enfoques tendenciosos sobre las reivindicaciones de movimientos sociales y comunitarios. Son frecuentemente subestimadas, cuando no ignoradas, en los principales periódicos y telediarios, bajo el argumento falaz de que son iniciativas “radicales”, “populistas”, etc. La vida de las comunidades subalternas y pobres está disminuida o ausente en los noticieros.

5. El sistema mediático rechaza cualquier modificación legal que ponga en riesgo su autonomía y sus ganancias. A cualquier movimiento para la regulación de la radiodifusión bajo concesión pública, reacciona con violentos editoriales y artículos que presentan los gobernantes que se solidarizan con la causa de la democratización de la comunicación como “dictadores” que quieren sufocar la “libertad de expresión”. Es una grosera mistificación. Lo que hay, en verdad, es el bloqueo del debate sobre la función y los límites de la actuación social de los medios. Las grandes empresas del sector no tienen ninguna autoridad moral y ética para hablar en “libertad de expresión”, pues niegan diariamente la diversidad informativa y cultural con el control selectivo de la información y la opinión. Se confunden intereses empresariales y políticos con lo que sería, supuestamente, la función de informar y entretener. Todo eso acentúa la ilegítima pretensión de los medios hegemónicos de definir reglas unilateralmente, inclusive las de naturaleza deontológica, para colocarse por encima de las instituciones y los poderes constituidos, ejerciendo no la libertad de expresión, sino la libertad de empresa.

6. Los conglomerados detienen la propiedad de la mayoría de los medios de difusión, la infraestructura tecnológica y las bases logísticas, lo que les confiere dominio de los procesos de producción material e inmaterial. La digitalización favoreció la multiplicación de bienes y servicios de infoentretenimiento; atrajo players internacionales para negocios en todos los continentes; intensificó transmisiones y flujos en tiempo real; y agravó la concentración en sectores complementarios (prensa, radio, televisión, internet, audiovisual, editorial, telecomunicaciones, publicidad, marketing, cine, juegos electrónicos, móviles, plataformas digitales, etc.).

Todo eso hace sobresalir nuevas formas de plusvalía en la economía digital: la tecnología que posibilita sinergias y convergencias; el reparto y la distribución de contenidos generados en las mismas matrices productivas y plataformas; la racionalidad de costes y la planificación de inversiones.

Se origina de ahí un sistema multimediático con flexibilidad operacional y productiva, que incluye amplia variedad de iniciativas y servicios digitales, flujos veloces, espacios de visibilidad, esquemas globales de distribución, campañas publicitarias mundializadas y técnicas sofisticadas de conocimiento de los mercados. La finalidad es garantizar el mayor dominio posible sobre las cadenas de fabricación, procesamiento, comercialización y distribución de los productos y servicios, incrementando la rentabilidad y los dividendos monopólicos.




Autor

- Dênis de Moraes es investigador senior del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) y de la Fundación Carlos Chagas Filho de Amparo a la Investigación del Estado de Río de Janeiro (FAPERJ), de Brasil. Autor, entre otros libros, de Medios, poder y contrapoder, con Ignacio Ramonet y Pascual Serrano (Biblos, 2013), La cruzada de los medios en América Latina (Paidós, 2011) y Mutaciones de lo visible: comunicación y procesos culturales en la era digital (Paidós, 2010).

jueves, 5 de febrero de 2015

¿Cuál es la concepción de cuerpo transmitida actualmente por los medios?

La lógica empresarial ha invadido el modo en que se concibe el cuerpo, y el dinero se transformó en un elemento regulador ¿En que sentido podemos decir que el cuerpo se convierte en un objeto?

En la actualidad, los medios masivos de comunicación, el mundo del mercado y de las nuevas tecnologías están presentes prácticamente en la totalidad de los ámbitos sociales influyendo notablemente en el modo en que es concebido el cuerpo. De esta manera, discursos provenientes de dispositivos como la televisión, Internet y la publicidad, contribuyen a la formación de inéditos modelos corporales. Parece ser que cierta lógica empresarial impregna todos los sectores de esta cultura. Se redefinen constantemente los valores. La ética muchas veces se deja a un lado, y todo lo que es posible realizar se efectúa, más allá de que sea o no deseable, en pos de beneficios económicos ¿Los fines justifican los medios? El dinero se transforma en regulador de gran parte de las prácticas.

Según Sibilia si bien en la era de la digitalización muchas veces se sospecha de lo material por ser perecedero e imperfecto, al mismo tiempo, se ofrece una inmensa variedad de productos y servicios capaces de modificar a gusto los contornos, volúmenes, tonalidades y relieves de los cuerpos en tanto existe una devoción por las buenas formas, la estética, y el bienestar corporal.

En lo relativo al espectáculo deportivo, circulan diversas representaciones sobre el cuerpo. Ariel Scher, periodista que teoriza sobre esta cuestión, distingue dos lógicas dominantes: la lógica de la “alta competición”, en la que todo o casi todo es posible con y en el cuerpo de un deportista con tal de alcanzar resultados; y la lógica de la prensa deportiva, que generalmente funciona para contar los resultados, sin revisar cuál es la construcción individual y colectiva de los actores de ese show, cuál es el proceso que modela a los generadores de los resultados, cuál es el sentido de que los cuerpos se preparen o dejen de prepararse para hacer deporte . “Y en ese contexto, dentro del espectáculo deportivo, se mueven y se dejan mover los cuerpos de los deportistas, que son protoplasma con talento, pero sobre todo con precio. Los cuerpos de los deportistas: mercancías muy famosas, bastante famosas o con posibilidades de volverse famosas porque la fama es, y fuertemente, otro valor de mercado.”. Así, es común encontrarse con frases como “tal jugador es de tal equipo”, o “tal deportista fue pagado por un club tanto dinero”. En este sentido, se puede hablar de una “matematización” y objetalización permanente del cuerpo humano y de sus capacidades.

Por otro lado, cambia la manera que tienen los sujetos de relacionarse consigo mismos y con los demás. Hay una proliferación de modos de comunicación, como las redes sociales y la telefonía celular, que generan novedosas formas de interactuar, donde el cuerpo pierde su centralidad. “Los intercambios sociales tradicionales se caracterizaron por un soporte subjetivo en el cuerpo mientras que en la contemporaneidad la virtualidad posibilita la ausencia del mismo en las relaciones”. (Benito, K., Zambrini).

En síntesis, de lo desarrollado hasta aquí se delimita entonces que, actualmente, habría dos tendencias: por un lado, se objetaliza al cuerpo (ya sea desde la estética y la belleza transmitiendo modelos ideales, o desde el rendimiento y las ganancias que éste puede producir) transformándolo de esta manera, en una mercancía más. Por otro, se sustrae al cuerpo de los intercambios sociales en tanto ya no es necesaria su presencia para establecer relaciones personales. A partir de ambas tendencias es posible recortar, entonces, lo impersonal3  como característica de la época ya que los modelos transmitidos son iguales para todos, como si fueran los únicos posibles; y las palabras que se utilizan en las comunicaciones virtuales, no pertenecen a ningún cuerpo en particular (dejándose de lado el lenguaje corporal).



Extraído de:
Kopelovich, P. (2013) Propuestas desde la Educación Física frente a la concepción de cuerpo imperante en los Medios Masivos de Comunicación: Desafíos actuales para la escuela [en línea]. 10mo Congreso Argentino de Educación Física y Ciencias, 9 al 13 de septiembre de 2013, La Plata. En Memoria Académica. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.3311/ev.3311.pdf

domingo, 11 de enero de 2015

La recepción por parte de los alumnos de la imagen de cuerpo dada por los medios


¿Los niños y adolescentes son simples objetos pasivos frente a las imposiciones de los medios? ¿Cómo disminuir los riesgos de alienación y dependencia? ¿Qué importancia tiene el “aprendizaje significativo”?

Ahora  bien,  ¿cómo  reciben  los  alumnos  estas  ideas  acerca  del  cuerpo,  que subyacen a los mensajes transmitidos por los Medios?

Según Magdalena Albero, A., los niños y adolescentes no son pasivos frente a lo que los rodea, sino que entienden, seleccionan y utilizan la información presente en su contexto y que, por algún motivo, consideran relevante. Así, por ejemplo, en el caso de la televisión, “es parte de la vida cotidiana del niño y la forma en que la utilizan no está necesariamente modelada por los propios contenidos televisivos, sino por el uso y la comprensión individual de esos contenidos”.

Ahora bien, la forma de realizar esta selección y utilización de la información debe ser aprendida. En este sentido, es la intervención de agentes externos a la televisión la que permite “filtrar” y analizar críticamente los mensajes mediáticos, evitando “el rol  de  meros  espectadores  para  pasar  a  ser  actores  que  decidan  sobre  sus preferencias y que sean `impermeables´ a los entramados de consumo que propone el mercado como única forma de acceder al `prestigio social´ y, principalmente, a la felicidad” (Duek). Al respecto, la familia y la escuela pueden considerarse como agentes principales en este aprendizaje.

Esta consideración, remite a lo planteado desde el ámbito educativo académico por Juan Carlos Tedesco, quien señala que la función de la escuela en relación a la cultura tiene que ver con la formación del “núcleo estable”, de los marcos de referencia, que permitirán afrontar las modificaciones permanentes a las cuales somete la producción cultural del nuevo capitalismo. A su vez, plantea que estos marcos de referencia son tanto culturales como cognitivos. “Desde el punto de vista cultural, las informaciones y las opciones de conductas son procesadas a través de una serie de operaciones de identificación, de reconocimiento, de diferenciación, de adhesión o de rechazo, que suponen la existencia de un núcleo cultural básico, desde el cual es posible elegir y responder a los mensajes culturales. Desde el punto de vista cognitivo sucede algo similar: el acceso a las informaciones provoca procesos  de  comparación,  asociación,  transferencia,  etc.,  que   depende   del desarrollo intelectual del sujeto.”. El autor señala que cuando este núcleo cultural y cognitivo no está constituido o lo está muy débilmente, aumentan los riesgos de alienación y de dependencia, en tanto los medios de comunicación no han sido concebidos para formar este núcleo.
En este sentido, lo que puede hacer la escuela -lejos de desconocer o negar la influencia relativa al cuerpo que reciben los alumnos desde los Medios- es contribuir a la construcción de herramientas para que éstos puedan actuar reflexivamente e identificar los mecanismos de representación, estereotipación y selección presentes en los programas y medios que consumen habitualmente. Pero, ¿por qué la escuela debería tener en cuenta lo que los alumnos saben, piensan hacen y reciben acerca del cuerpo, por fuera de la institución?

Contexto educativo y aprendizaje significativo
Con respecto a la consideración de cada contexto, Gloria Edelstein, al argumentar a favor de abandonar el concepto de “método” (universal modo de enseñanza propuesto por Comenio) para adoptar el de “construcción metodológica”, la caracteriza como: “construcción (…) de carácter singular, que se genera en relación con un objeto de estudio particular y con sujetos particulares”.

En relación a su carácter singular subraya que la construcción metodológica se conforma en el marco de situaciones o ámbitos particulares. Es decir, se construye en relación con el contexto no sólo áulico e institucional, sino también social y cultural. Es por esto que la planificación, en el sentido de la construcción metodológica, no puede desconsiderar el contexto: tiene que ser situacional.  Y, según lo desarrollado previamente, la situación actual está marcado por la fuerte presencia de los Medios con cierta idea sobre el cuerpo que lo objetaliza, lo trata como una mercancía y lo separa de la persona (lo que más arriba se nombró como “impersonal”).

Desde esta perspectiva, se evidencia además la importancia del “aprendizaje significativo” a partir de la articulación entre los conocimientos previos de los alumnos y los que se quieren construir. Esto es, al considerar la influencia del contexto en el que se encuentran los alumnos, es posible partir del interés y la fascinación que les generan los medios masivos, para desarrollar contenidos que pueden o no estar directamente relacionados. Esto supone además, y fundamentalmente, que al tener en cuenta la concepción de cuerpo que traen los alumnos y articularla con otra concepción posible, se propiciaría un verdadero aprendizaje.

Surge ahora la pregunta acerca de la relación entre la Educación Física y el contexto actual en general y la concepción de cuerpo trasmitida por los Medios en particular. Valter Bracht, plantea como hipótesis la existencia de un defasaje (o momento de transición) al interior de la Educación Física entre el sub-universo simbólico de legitimación  de  la  Educación  Física,  todavía  moderno,  acuñado  a  partir  de  los presupuestos  epistemológicos  de  la  ciencia  tradicional  (moderna), y  el  universo simbólico de la alta modernidad. Profundiza esta cuestión al decir que dicha ciencia era de carácter mecanicista e implicaba, en consecuencia, una visión del cuerpo afín (o sea, mecánica). Esto conlleva la necesidad de construcción de otros conceptos (o la resignificación de los antiguos), a partir de un nuevo “paisaje cognitivo” o del paisaje epistemológico propio de principios del siglo XXI, en el cual la ciencia se presenta apenas como una de las posibilidades de conocer..




Extraído de:
Kopelovich, P. (2013) Propuestas desde la Educación Física frente a la concepción de cuerpo imperante en los Medios Masivos de Comunicación: Desafíos actuales para la escuela [en línea]. 10mo Congreso Argentino de Educación Física y Ciencias, 9 al 13 de septiembre de 2013, La Plata. En Memoria Académica. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.3311/ev.3311.pdf

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