jueves, 16 de octubre de 2014

Influencia de la televisión en las emociones


En este post transcribo párrafos de un trabajo de investigación que si bien fue realizado en el contexto español, puede aplicarse a toda Hispanoamérica, cambiando algunos nombres propios. El fenómeno del “reality show” ha alcanzado niveles planetarios, con ellos, entre otros fenómenos, vinieron “actores de usar y tirar”, ¿Existe preocupación en los hogares por la influencia que puedan tener este tipo de programas sobre los menores? ¿Es saludable que los niños pasen tanto tiempo frente a las pantallas viendo este tipo de programas? ¿Qué significa “telerrealidad”?
  


Últimamente hemos visto que la televisión ha ido degradando su imagen en gran medida, haciendo desaparecer los pocos programas culturales existentes o restándole importancia a asuntos de mayor importancia.

Se ha señalado y con razón que si el siglo pasado se caracterizó por la revolución industrial, el siglo XX ofreció como mayor característica la revolución en el terreno de las comunicaciones. Los datos más recientes revelan que cada ciudadano español ve la televisión 208 minutos al día, es decir, una media de 3 horas y media cada jornada (52 días enteros al año). En los últimos tiempos han surgido con audiencias millonarias los llamados “reality shows” o programas de telerrealidad como “Gran Hermano”, “El
Bus”, “Supervivientes”, “Operación Triunfo”, “Confianza Ciega”, etc. Algunos de estos espacios se han impuesto, en términos de audiencia, sobre otras opciones televisivas tradicionales como las películas, las series de ficción o los espacios infantiles, y se han convertido en los programas más vistos con seguimientos millonarios (las dos ediciones anteriores de Gran Hermano finalizaron con más de 9 millones de espectadores cada una, y Operación Triunfo lleva camino de batir todos los registros).

Con las cifras de la audiencia como testigo, muchas cadenas buscan el “cotilleo” y han acabado imponiendo un nuevo orden en el universo rosa, con reglas más “sucias” y una nómina de personajes que son pura picaresca, actores de usar y tirar en programas hechos a su medida que mucha gente considera “basura” pero que otra mucha consume en raciones diarias.

No hay más que hacer zapping, a cualquier franja horaria, para que uno se empache con un contundente menú de piques, revolcones, rupturas, denuncias, querellas, insultos y demás exquisiteces. Todo ello, salpicado por los comentarios de un grupo de tertulianos desbocados, y servido entre tandas de anuncios, aplausos y abucheos del público.

Las cadenas de televisión siguen apostando fuerte por estos contenidos, pero como la tele quema todo lo que toca, han tenido que inventar nuevos formatos, un circo con nuevos números que pasa por el uso de la cámara oculta de los concursos y de los “cutrefamosos” bajo el ojo de las cámaras.

Pero la comunicación de la información universal a través de los medios contemporáneos exige una fundamentación ética por parte de los que la dirigen y una colocación de los medios al servicio de la educación sana, de la verdad, de la socialización constructiva y de la armonía recíproca entre los hombres. Esto es especialmente importante en cuanto se refiere a la información suministrada a los niños, los cuales constituyen la mayor audiencia, dispuesta a ser amenizada, distraída y alimentada mentalmente.

A pesar de la constante y creciente introducción (o mejor dicho, intrusión) de la televisión, en la mayoría de los hogares, se observa una negligencia o despreocupación por la influencia que ejerce sobre las mentes en desarrollo y aun sobre la estructura de la familia, que día a día y lentamente es avasallada por el crimen y la banalidad, por el culto a la estupidez y lo superfluo, que están sustituyendo los valores más nobles y positivos de la vida.

Una o como mucho dos horas al día delante de la tele, ese es el tiempo máximo que aconseja la Academia Americana de Pediatría para los niños en edad escolar. En nuestro país, según Sofres, la empresa que estima las audiencias televisivas, la media de permanencia diaria frente al televisor de los españoles mayores de cuatro años es de 220 minutos, o lo que es lo mismo, 3 horas y 40 minutos. Esto significa que muchos niños pasan delante de la tele bastante más tiempo de lo que realmente es saludable para ellos. La explicación es simple; les encanta. Dibujos animados, series, concursos, programas musicales, anuncios publicitarios, deportes... La mayoría conoce la programación mucho mejor que sus propios padres. Y realmente, frente a la crisis de valores que atraviesa nuestra programación, hay pocos programas destacables que tal vez con un estilo sano transmitan cultura y entretenimiento divertido.

Teniendo en cuenta la importancia de todos los datos mencionados anteriormente, lo que más me preocupa es que esta nueva programación televisiva no solo influye en los adultos sino también en los niños.

Por estas razones, creo que es importante la necesidad de analizar lo que la gente opina al respecto y ver cuales son los efectos que realmente produce la televisión en nuestra sociedad.

La telerealidad
Los datos más recientes afirman que cada ciudadano español ve la televisión un total de 3 horas y 40 minutos cada día, lo cual es totalmente desmesurado. Con la llegada de los nuevos valores sociales, se están implantando en nuestros televisores los llamados “reality shows” o programas de telerrealidad, que se han impuesto contundentemente sobre otras opciones televisivas como pueden ser las películas, las series o los documentales. Estos nuevos programas de telerrealidad (como son “Gran Hermano”, “Operación Triunfo”, “El Bus”, “Confianza Ciega”, “Pop Stars”...) están obteniendo audiencias millonarias inimaginables, están batiendo récords.

Teniendo en cuenta los grandes índices de audiencia de los diversos programas que se están poniendo de actualidad en los últimos tiempos, la llamada “tele basura”, no es de extrañar que llegados a este punto nos encontremos en medio de un interesante debate sobre la calidad de estos programas. Hay desde quien los encuadra en la sección de lo absolutamente deleznable hasta quien cree que se está gestando un nuevo concepto de democracia digital, sin olvidar los intelectuales y pensadores, que han comenzado ya a interesarse por el impresionante efecto social conseguido por alguno de estos espacios.

En este sentido el filósofo Gustavo Bueno defiende a la televisión y a los espacios de telerrealidad cuando reflejan sin interferencias aspectos de la vida cotidiana de las personas, los entiende como “estudios sociológicos”, y defiende a “Gran Hermano” porque es más fiel a la realidad de la sociedad de la que surge y porque permite a los espectadores apreciar en los concursantes valores como la amistad, la generosidad o contravalores como la envidia o el machismo. Sin embargo, en contraposición de estas ideas, se encuentra el Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, Román Guber, que opina que “Gran Hermano es un pacto interesado (por los premios y la popularidad) entre el exhibicionismo rentabilizable de unos cuantos y la voracidad mirona del publico, que convierte las pantallas domesticas en agujeros de cerraduras”. Guber atribuye esta situación al gobierno implacable del sistema televisivo por parte de un espiral sensacionalista que, en función de la progresiva permisividad social, anuncia un porvenir poco o nada edificante.

Detrás de estos espacios, como puede suponerse, existen también grandes intereses económicos. Y no solo de las propias cadenas de televisión, que juegan millones de euros en cada apuesta televisiva en plena recesión de la inversión publicitaria. También hay que destacar el impresionante crecimiento de los ingresos de las compañías telefónicas como consecuencia de los mensajes enviados a los concursos de TV. Se ha calculado que en los días finales de la ultima edición de “Gran Hermano” se enviaron más de un millón de mensajes. Cifras que ampliamente fueron superadas por “Operación Triunfo” en este año que, en momentos de máxima audiencia, consiguió superar los 1000 mensajes por minuto. De hecho, en los últimos meses, se han creado más de 40 empresas especializadas en servicios interactivos (concursos, sorteos, chats, etc.). Por estos conceptos, el pasado año se facturaron 120 millones de euros (20.000 millones de las antiguas pesetas) y este año se espera triplicar la cifra en función de los más de 10.000 millones de mensajes cortos enviados desde los 30 millones de móviles existentes en España. De cada mensaje corto (SMS) enviado a un concurso televisivo (cuyo precio oscila entre los 0,3 y 0,9 euros sin IVA), la operadora del móvil se lleva aproximadamente la mitad y el resto se lo reparten el proveedor del servicio y el programa que organiza el concurso. Y todo ello, sin olvidar la repercusión que tendrá en el mercado musical el fenómeno “Operación Triunfo”, ya que varios de sus concursantes han vencido ya decenas de miles de copias de sus discos y su caché por actuación, cercanos a los 60.000 euros en el caso de Rosa López (ganadora de la primera edición), se sitúa a la altura de los cantantes más consolidados, para sorpresa de éstos y preocupación de sus compañías de discos, que temen un autentico terremoto de consecuencias imprevisibles en la industria musical.

Está claro que el fenómeno acaba de asomar y que los programas de telerrealidad van a ocupar los espacios centrales de la programación de las cadenas de televisión en los próximos tiempos. Tele 5 dio la campanada con “Gran Hermano” en la primavera del año 2000 y TVE contraatacó de manera espectacular con “Operación Triunfo”, pero esto solo fue el principio ya que les fueron siguiendo otros muchos (de los cuales algunos han fracasado); “Confianza Ciega”, “Supervivientes”, “El Bus”, “Pop Stars”, etc.

La interactividad de estos concursos, la posibilidad de votar para premiar o castigar a los concursantes, se revela como el factor más novedoso para el espectador en la medida que le otorga el papel de dueño del futuro de los diferentes protagonistas.

Descalificar un programa de televisión únicamente porque sea seguido por millones de personas no parece ser un argumento muy consistente teniendo en cuenta que las sociedades modernas se diferencian de las demás, precisamente, por estar gobernadas según los criterios de la mayoría. Aunque eso no significa que la mayoría siempre tenga que tener razón...



Extraído de:
LA INFLUENCIA DE LA NUEVA TELEVISIÓN EN LAS EMOCIONES Y EN LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS
Revista Internacional de Psicología
Dr. Serafín Aldea Muñoz
Director Departamento de Psicología Universidad de Soria

domingo, 28 de septiembre de 2014

La caracterización del consumo y uso de la televisión por parte de los niños menores de tres años


¿Tiene algún beneficio educativo el uso de la televisión en niños menores de tres años? ¿En qué medida están presentes las pantallas en niños de esas edades? ¿El uso de la televisión afecta la interacción con los padres? ¿Se considera preocupante el tiempo destinado a la televisión?


En líneas generales los estudios ubicados en esta tendencia persiguen dos objetivos. Por un lado, describir o caracterizar el acceso y uso que hacen los niños en su hogar de los medios de comunicación y, en especial, de la televisión. Por el otro, pretenden identificar y analizar los factores o variables sociodemográficas que influyen en la relación de los niños con estos medios, dentro de los que se destaca la pantalla televisiva.

Las investigaciones centradas en el primer objetivo se refieren al acceso como la presencia y posesión de los distintos medios de comunicación en el hogar, aunque se reconoce que aun no estando presentes en el espacio doméstico, los niños pueden acceder a ellos a través de otras vías (préstamos o visitas a lugares específicos). La noción de uso alude “a la cantidad de tiempo empleada consumiendo activamente un medio de comunicación”.

En estos trabajos ha predominado la utilización de técnicas de tipo cuantitativo como las encuestas, con cobertura nacional o regional, y que han sido hechas personalmente o a través de llamadas telefónicas. En menor proporción se ha recurrido a estrategias mixtas en las que se combinan o complementan técnicas cuantitativas y cualitativas.

De los anteriores trabajos sobresalen tres resultados que tienden a ser consistentes:
1. La saturación de imágenes y sonidos a los que están expuestos los niños menores de tres años en el hogar.
2. El lugar destacado que ocupa la televisión con respecto a los otros medios de comunicación en la vida de estos niños.
3. El incremento sensible en el tiempo del consumo televisivo durante estas edades.

Para ilustrar estos resultados se presentan algunas cifras de estudios llevados a cabo en Estados Unidos. El 99% de los niños menores de 6 años vive en un hogar donde hay televisor, el 50% tiene 3 o más televisores y el 36% tiene un televisor en su cuarto. El 65% vive en un hogar donde el televisor está prendido casi la mitad del tiempo y el 36% en uno donde siempre o casi siempre está prendido. Para Vandewater et al., uno de cada cinco niños entre 0 y 2 años y más de la tercera parte entre 3 y 6 años tiene televisor en su cuarto.

En el estudio de Certain y Kahn se establece que 17% de los niños entre 0 y 11 meses, el 48% de 12 a 23 meses, y el 41% de 24 a 35 meses ve más de dos horas diarias de televisión. Rideout, Vandewater y Wartella encuentran que en un día normal, el 68% de los niños menores de 2 años usa las pantallas (59% ve televisión, 42% ve videos o DVD, el 5% usa computador y el 3% juega videojuegos). Ellos están más de dos horas diarias frente a las pantallas. El 74% empezó a ver televisión antes de los dos años. En el 2006, Rideout y Hamel señalaban que el 79% de los niños menores de dos años había visto televisión y el 65% videos o DVD. El 43% de los niños de estas edades veía televisión todos los días y el 17% varios días a la semana. El 18% veía videos o DVD todos los días y el 61% varias veces en la semana. En un día normal el 61% veía en promedio 1:19 minutos de televisión, videos o DVD. El 35% veía programas educativos para niños, el 40% una mezcla entre programas educativos y de entretenimiento para niños y el 20% programas para niños y adultos.

Zimmerman, Christakis y Meltzoff encuentran que a los tres meses el 40% de los niños ve regularmente televisión, DVD o videos. A los 24 meses la proporción se incrementa hasta 90%, y la edad promedio en la que los niños empiezan a ver la televisión es a los 9 meses.

Los datos ofrecidos por el Consejo Nacional de Televisión de Chile son altamente significativos y pueden ser cercanos al contexto colombiano. En ese trabajo se plantea que casi la mitad de la población entre 0 y 2 años ve televisión cotidianamente. En el estudio se hizo una diferencia por edades: los que tienen entre 6 y 18 meses y los que están entre 18 y 24 meses, y se notó que cuanta más edad, mayor el tiempo dedicado a ver la televisión, lo cual se ratifica al comparar estos datos con los de los niños entre 2 y 5 años. Según el estudio chileno, los que más ven televisión son los niños entre 19 y 23 meses, en promedio 2,86 horas al día, de las cuales casi 1 hora lo hacen solos. Los niños de 7 a 18 meses ven menos de dos horas y casi siempre acompañados.

A pesar de las diferencias en algunos porcentajes, todos estos estudios coinciden en remarcar la fuerte presencia de las pantallas en edades cada vez más tempranas.
Como se puede notar una de las preguntas exploradas por estos trabajos gira en torno a cuánto tiempo ven televisión los niños menores de tres años. Tal como lo plantean Wartella y Robb, este es un problema que ha acompañado históricamente los análisis sobre la relación de los niños con los medios de comunicación y que tiene sus raíces hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando se empezó a estudiar y valorar la idea del tiempo de los niños, junto con varios procesos como la institucionalización de la educación pública y la legislación para vigilar su salud y bienestar. El uso adecuado del denominado tiempo libre se convirtió en un parámetro importante para determinar un apropiado desarrollo. La llegada de los medios de comunicación y su incorporación progresiva en el tiempo libre, desde ese entonces y hasta ahora ha generado continuas polémicas acerca de la posibilidad de que estos medios desplacen actividades significativas para el desarrollo infantil, como el juego, la interacción con sus padres o el ejercicio físico. En el caso de los niños menores de 3 años, la preocupación es constante y el debate se ha intensificado con las advertencias sobre las posibles repercusiones negativas de la sobreestimulación de imágenes y sonidos en el proceso de maduración cerebral. A ese respecto, las declaraciones de la Academia Americana de Pediatría han sido enfáticas: los niños menores de dos años no deben ver televisión y los que sobrepasan estas edades solo pueden hacerlo como máximo dos horas diarias.
La declaración más reciente de la Asociación Americana de Pediatría (2011) señala tres aspectos:
1. No hay evidencia sobre los beneficios educativos o en el desarrollo, que puedan aportar los medios dirigidos a los niños menores de 2 años.
2. Hay potenciales efectos adversos en la salud y desarrollo de los niños menores de 2 años por el uso de los medios.
3. Hay efectos adversos por el uso de los medios por parte de los padres de los niños menores de dos años, porque afecta su interacción con ellos.

En esta declaración se citan resultados de investigaciones para apoyar las medidas y recomendaciones propuestas a los pediatras, padres y a la industria.


El debate sobre el uso adecuado del tiempo por parte de los niños, el desarrollo del cerebro y las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría están en el trasfondo de las investigaciones ubicadas en esta tendencia.
Sin embargo, uno de los principales obstáculos en estos estudios es precisamente la medición del tiempo en el que los niños están expuestos a los medios. ¿Cómo determinar con precisión cuánto tiempo están los niños frente a una pantalla, si la televisión está prendida todo el día?
¿Cómo monitorear esos tiempos, cómo medirlos y registrarlos? ¿Cómo medir el tiempo de consumo de cada medio si en ocasiones estos se usan de manera simultánea?
¿Corresponden los reportes de los padres con el tiempo que efectivamente los niños están frente a las pantallas?

Tradicionalmente, señalan Vandewater y Lee, para medir el tiempo de consumo de los medios se han utilizado técnicas como: estimaciones globales del tiempo, los diarios temporales, los diarios de medios, método de muestreo de experiencias, video u observación directa y sistemas electrónicos de monitoreo y desde luego las encuestas respondidas por los padres. Pero cada vez y ante la complejidad del fenómeno se revela la necesidad de asumir enfoques metodológicos diversos y triangular datos provenientes de diferentes fuentes o registros. En este caso, en los estudios revisados, la información la proveen los padres, así que la medida del tiempo en la que los niños menores de tres años ven televisión puede ser indicadora de lo que los adultos consideran como ver televisión y quizá otros contactos con la pantalla puedan pasar inadvertidos. Mientras estos estudios siguen su curso, los debates sobre la medición del tiempo los acompañan.

Con respecto a las investigaciones ubicadas en el segundo objetivo, su interés principal es examinar los factores o variables sociodemográficas (edad, sexo, estrato económico, nivel educativo, entre otros) que pueden incidir o estar asociados con el nivel de consumo de televisión de los niños.

Estos trabajos contienen análisis estadísticos de distinto orden, como los de regresiones o de covarianza, a partir de los datos que han sido arrojados por encuestas nacionales previamente aplicadas. A continuación se mencionan los principales resultados de cada uno de los estudios a los que se hace referencia.

En el trabajo de Certain y Kahn se señala que al parecer existe una relación no significativa entre el ingreso económico y el tiempo de consumo de la televisión de los niños; no hay marcadas discrepancias entre el tiempo en el que niños de hogares con diferentes ingresos ven televisión. Es probable que las diferencias estén dadas por el contenido. Por el contrario, el nivel educativo de los padres parece incidir de manera más notoria en el tiempo de consumo y en el contenido. En hogares con padres o madres de bajos niveles de escolaridad los niños veían más televisión, y en hogares con padres y madres de un nivel educativo moderadamente superior, los niños tendían a ver más videos y menos televisión. La edad de los niños funciona como un predictor importante del nivel de uso de cada uno de los medios de comunicación, y este se va incrementando progresivamente durante los primeros cuatro años de vida de los niños y luego puede declinar un poco. Finalmente, otro hallazgo significativo es que los niños de hogares con padres desempleados veían más televisión que los que trabajan a tiempo parcial y los de hogares con padres pensionados mucho más que los desempleados.

La investigación de Vandewater et al. permite establecer que los niños menores de dos años con televisor en su cuarto veían cuatro veces más televisión que aquellos que no lo tenían y los hijos de padres con una percepción positiva de la televisión y su rol educativo tenían el doble de posibilidades de estar por fuera de los lineamientos de la Academia Americana de Pediatría. Los niños entre 3 y 4 años que habitaban un hogar donde el televisor estaba prendido todo el tiempo tenían una probabilidad mayor de ver más de dos horas diarias.

Lee, Bartholic y Vandewater encuentran que en los hogares donde los padres imponen límites al tiempo de consumo televisivo los niños ven menos televisión. En cambio, los niños de hogares con un número reducido de adultos, de familias conflictivas o de hogares ubicados en vecindarios percibidos por los padres como inseguros veían más televisión y esto podría predecir mayor tiempo de exposición en el futuro. En este estudio se plantea que existe una relación positiva del consumo de televisión y de lectura en los primeros años; cuanto más se vea televisión o cuanto más se les lea a los niños, mayor probabilidad hay de que vean televisión o de que lean cinco años más tarde. Sin embargo, la relación entre la televisión y la lectura es negativa, cuanto más tiempo estén frente al televisor a edades tempranas, existen menos posibilidades de que la lectura ocupe luego un lugar importante. Para estos autores, la lectura puede ser fácilmente desplazada por la televisión y los hábitos tanto de ver televisión y como de leer se forjan desde estos primeros años. De igual forma, establecieron que los niños que veían mucha televisión tenían mayor probabilidad de ser luego usuarios asiduos de los computadores y posteriormente jugadores de videojuegos.

En el estudio hecho en Grecia por Kourlaba et al. se halló que una tercera parte de los niños veía más de dos horas diarias y que el incremento del consumo de televisión de los niños entre 3 y 5 años estaba relacionado con la cantidad de tiempo que los padres veían televisión y el lugar de residencia de estos. En cambio, para los niños entre 1 y 2 años el tiempo que ellos estaban frente al televisor se relacionaba con el nivel educativo de la madre y el lugar de residencia, sin embargo, remarcan que uno de los factores que tiene una influencia más alta en la cantidad de tiempo que los niños pasan frente al televisor es el tiempo que los padres emplean para verla.

En síntesis, se observa en esta tendencia una preocupación por el tiempo de consumo de la televisión y los factores sociodemográficos que pueden incidir en él. En líneas generales, se coincide en que la relación de los niños con los medios de comunicación inicia desde muy temprano, que sus espacios domésticos están habitados de manera constante por imágenes y sonidos provenientes de los medios, y que la percepción de los padres frente a lo mediático, así como su nivel educativo desempeñan un papel importante en las regulaciones sobre el tiempo que los niños pasan frente a las pantallas.
Uno de los principales desafíos de estos estudios es medir el tiempo de consumo de los distintos medios porque ellos pueden estar presentes de manera simultánea. En el caso de la televisión, ella puede estar encendida todo el tiempo con programación de distinto tipo, actuando como un telón de fondo que proyecta imágenes y sonidos mientras discurre la vida de los niños menores de tres años.

Además es necesario tener en cuenta, que el consumo de medios no se restringe al hogar. Los niños de estas edades pueden habitar y transitar por diferentes espacios donde la presencia de lo mediático puede resultar relevante, como en algunas guarderías, hogares comunitarios y jardines infantiles, entre otros.



Extraído de
Los niños menores de tres años y la televisión
Perspectivas de investigación y debate (1999-2010)
Adriana Rodríguez Sánchez

jueves, 21 de agosto de 2014

Los niños menores de tres años y la televisión


Presento a continuación  las conclusiones y algunas ideas para próximas investigaciones, de un trabajo sobre los niños menores de tres años y la televisión ¿Qué papel cumple la televisión en la vida del niño? ¿Existen productos audiovisuales que sean verdaderamente educativos?  


Se desprenden algunas ideas, preguntas y consideraciones sobre la relación entre los niños menores de tres años y la televisión:

1. De acuerdo con las investigaciones hechas principalmente en Estados Unidos, se ha establecido que la presencia de la televisión y de otros medios electrónicos es central en la vida cotidiana de los niños, y que el número de horas que pasan frente a la pantalla tiende a incrementarse con el tiempo, con la edad y si tienen televisor en su cuarto. A esto se suma el crecimiento de una industria audiovisual dirigida especialmente a ellos. ¿Pero qué ocurre en nuestro contexto específico? ¿Cómo es la presencia de la televisión y de las pantallas en general (videojuegos, computadores, juguetes electrónicos, entre otros) en la vida de los niños menores de tres años, en un país latinoamericano? Si se tiene en cuenta que una parte importante de los niños en nuestro país vive en condiciones de pobreza, ¿cómo reciben los mensajes televisivos estos niños en situación de vulnerabilidad?, ¿qué tipo de programas ven?, ¿cuánto tiempo están ellos frente a las imágenes? Hay algunos datos preliminares, sin embargo aún desconocemos varios aspectos. La relación de los niños menores de tres años con los medios de comunicación parece pasar inadvertida para distintas instancias y la investigación sobre el tema no avanza, o por lo menos no lo hace al ritmo progresivo de la industria y el mercado audiovisual dirigido a ellos.

2. Aunque buena parte de los videos y programas de televisión dirigidos a niños menores de tres años señalan que persiguen fines educativos, no se ha logrado establecer con claridad que este tipo de productos pueda cumplir con estos propósitos: al respecto hay bastante polémica. Por el contrario, uno de los temas sobre el que existe bastante consenso es el rol que la interacción con los padres u otros agentes educativos tiene en los procesos de aprendizaje de los niños. Más que los productos audiovisuales en sí mismos es la interacción con los agentes educativos lo que marca la diferencia, de tal forma que uno de los desafíos de este tipo de productos es estimular o potenciar la interacción entre los agentes educativos y los niños.

3. Una de las preocupaciones centrales de las investigaciones mencionadas ha sido el tiempo que el niño permanece frente a las imágenes mediáticas, sin embargo, es necesario considerar también el tipo de contenido que observan. Al parecer existe alguna evidencia empírica en la que se señala que cuando los niños mayores de tres años ven programas televisivos con contenido educativo tienden a presentar a largo plazo mejor desempeño académico y comportamientos pro sociales, lo que no ocurre cuando ven solo programas de entretenimiento con contenidos violentos. ¿Qué tipo de programas de televisión, videos, DVD y videojuegos, ven los niños menores de tres años? ¿A qué tipo de contenidos tienen acceso?

4. Las investigaciones revisadas han generado hallazgos interesantes en áreas como el consumo, el aprendizaje y la atención, pero se requiere también indagar y analizar las condiciones económicas, sociales y políticas ligadas con la expansión de los productos audiovisuales dirigidos a niños menores de tres años y su incorporación en la vida cotidiana. La irrupción y saturación de imágenes en el hogar debe interpretarse a la luz de dinámicas sociales amplias, de las lógicas del mercado, de decisiones de orden político y de las condiciones en las que viven las familias de estos niños.

5. Las investigaciones reseñadas han ido tomando distancia progresivamente de modelos reactivos de recepción televisiva en los que se consideraba que los sujetos eran seducidos o atrapados por las características formales de los medios, y cada vez avanzan hacia concepciones de sujetos activos, que procesan información, que orientan sus acciones y las de los otros dependiendo de determinados intereses o motivaciones. El reconocimiento de los niños desde su nacimiento como sujetos partícipes de su aprendizaje puede impactar la producción de mensajes acordes con sus capacidades, necesidades y desarrollo.

6. A pesar de los logros de los estudios mencionados, sus resultados tienen algunos límites. Una parte se llevó a cabo en laboratorios y en estos espacios no se logra captar del todo las condiciones habituales en las que un niño y sus padres ven la televisión. En ocasiones es difícil extrapolar o generalizar los resultados de algunos de los experimentos, por el tipo de población que participó en ellos o porque el contenido televisivo comercial no fue considerado en las pruebas. Sin embargo, estos trabajos han ido revelando la complejidad de una práctica cotidiana aparentemente simple como es la de ver televisión. Otro de los límites es que se centran en el hogar, y si bien es cierto que el contacto de los niños con la televisión tiende a iniciarse en casa, ellos también asisten a otros espacios, como guarderías, jardines infantiles y hogares comunitarios, donde los medios de comunicación también pueden estar presentes, por lo que se hace necesario examinar también lo que ocurre en estos lugares.

7. De las investigaciones analizadas surgen varias preguntas abiertas, de las cuales se formula aquí una: ¿Cuáles son las consecuencias a largo plazo en los niños de una exposición tan temprana a los medios de comunicación y en especial a la televisión? Al respecto hay evidencia cruzada. Por ejemplo, en el trabajo de Pagani, llevado a cabo en Canadá, se encontró que había una relación negativa entre una exposición temprana a la televisión, los logros académicos y hábitos saludables. Luego de hacer un seguimiento a los reportes de padres sobre el tiempo de televisión que veían sus niños con edades que oscilaban entre 29 y 53 meses y comparar los registros escolares de estos en primaria, así como otros indicadores, se señaló por ejemplo, que por cada hora adicional vista a los 29 meses, se notaba un descenso del 6% en el desempeño en matemáticas y de 13% de actividad física. En las conclusiones de este estudio se indica que hay riesgos a largo plazo por una exposición temprana a la televisión. En contraste, los resultados de la investigación de Schmidt, adelantada en Estados Unidos, manifestaba que no se observaba que el tiempo de ver televisión ocasionara ni beneficios ni detrimento de las habilidades cognitivas y del lenguaje de los niños de tres años.

8. El diseño de los productos audiovisuales para estas edades implica tener en cuenta los hitos de desarrollo de estos niños, sus procesos cognitivos, la manera como procesan información de la pantalla, y desde luego su contexto.

9. Aun en los trabajos analizados no se ha podido establecer con claridad el tipo de competencias, habilidades o conocimientos que puedan ser “enseñados” a los niños a través de la pantalla: ¿Qué pueden aprender los niños de la televisión? ¿Qué se les puede enseñar a través de los medios a los infantes de estas edades? Estas son preguntas que desafían varias instancias: académicas, políticas y desde luego a los productores audiovisuales. Para responderlas es necesario seguir adelantando investigaciones sobre esta área, seguir planteándose interrogantes y considerando los contextos específicos donde los niños menores de tres años crecen en un país latinoamericano.


Extraído de:
LA INFLUENCIA DE LA NUEVA TELEVISIÓN EN LAS EMOCIONES Y EN LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS
Revista Internacional de Psicología
Dr. Serafín Aldea Muñoz
Director Departamento de Psicología Universidad de Soria

jueves, 19 de junio de 2014

Reflexiones conclusiones y recomendaciones sobre la publicidad en Televisión


Publico a continuación, las conclusiones de un trabajo de investigación sobre la publicidad en la televisión y su rol potenciador de desigualdades de género.
 


Las principales conclusiones que podemos extraer de la investigación realizada en relación a los objetivos planteados son las siguientes:

La publicidad es una herramienta muy importante en nuestras vidas capaz de estimular el consumo, y a su vez, actúa como trasmisor de valores y actitudes sociales.

En pleno siglo XXI siguen existiendo numerosos anuncios que promueven un discurso sexista, en los que la mujer se convierte en la protagonista de una “realidad ficticia”. Realidad, porque de alguna manera influye en la vida cotidiana de las personas y ficticia ya que no representa a una mujer actual y real.

La publicidad atribuye roles que mantienen al hombre en una posición superior respecto a la de la mujer. Ellos gozan del poder de decisión, mientras que ellas, son vistas como simple objeto de consumo. La publicidad no es por tanto, un espejo de los modos de vivir, de actuar y de pensar. El principal mensaje es el de que consumir es lo mejor, por lo que no hay que olvidar que detrás de los anuncios hay un único fin: vender.

Desde la publicidad se sigue potenciando la desigualdad, a pesar de la legislación vigente y de la existencia de organismos que luchan por erradicarla.

Las campañas actuales reflejan el retraso que sufrimos en cuanto a la publicidad, puesto que la sociedad evoluciona pero la discriminación y el machismo siguen vigentes en los anuncios. El papel de la mujer se sigue encasillando en roles tradicionales, como el de ama de casa y cuidado de los niños. También se trata a la mujer como mero objeto sexual y se las representa a través de modelos extremadamente delgadas que no reflejan la realidad. Esto contribuye a potenciar una imagen estereotipada de ella.

En cuanto a la publicidad infantil, decir que consideramos tiene alto contenido sexista; dependiendo de si el público es infantil femenino o masculino se anunciarán juguetes diferenciadores. Esto significa que desde que nacemos se nos establecen una serie de comportamientos y maneras de actuar.

Opinamos que la publicidad tiene una gran responsabilidad en la sociedad. El origen de la violencia contra las mujeres está en el pensamiento de que cumplen un papel subordinado con respecto al hombre, lo que las convierte en un mero objeto para éste.

La vinculación de la mujer con cualidades de carácter físico, o su utilización como objeto de consumo, son características que se han repetido durante los últimos años en la publicidad española. Este aspecto supone un freno para la consecución de la igualdad de género.

No se puede negar la gran influencia y el poder que posee la publicidad en la sociedad. Por ello, sería importante tratar de utilizarla a favor de las personas con un discurso igualitario. Y yendo más allá, se debería promover dicha igualdad con una imagen de la mujer real, desde las plataformas sociales, niveles políticos, administrativos e institucionales. La unión de las fuerzas sociales con los poderes públicos es la clave para la consecución de una publicidad veraz, real y de calidad.

Sabemos que hay legislación y normativas que se encargan de regular la publicidad sexista, pero no termina de funcionar, por lo que lo también sería importante que las personas responsables de realizar este tipo de publicidad reflexionaran, detenidamente, antes de crear anuncios que perjudiquen a la mujer y que fomenten la desigualdad, ya que no es la realidad.

Pensamos que la única solución para forzar que la imagen de la mujer se adecue a su verdadero papel en la sociedad actual, radica en un profundo cambio de valores y actitudes sociales, y tiene que seguir siendo potenciada mediante una normativa correcta.

Por último, ofrecemos este estudio para que sirva como base en futuras investigaciones que profundicen en este tema que tiene gran importancia en nuestras vidas, para poder lograr una sociedad sin la diferencia de género.



Extraído de:
TRABAJO DE FIN DE GRADO
Autora: Laura María Rodríguez
Directora: María Sánchez Hernández
Grado en Publicidad y Relaciones Públicas

lunes, 26 de mayo de 2014

Política, tele y calidad educativa


Dice el autor de la nota “Porque la calidad educativa es un asunto de extrema complejidad y muy difícil solución para un país como el nuestro…” pero ante esta complejidad nos devela la incidencia de la televisión y complicidad ante la situación que nos toca vivir


Autor: Mempo Giardinelli
Cuando se escuchan o leen afirmaciones condenatorias de la educación argentina, y periodistas y políticos opositores repiten la reiterada cantilena acerca de la pésima calidad educativa argentina, la sociedad está asistiendo, sin saberlo, a otro perfecto doble mensaje confundidor.

Es inevitable preguntarse a qué tipo de calidad educativa aspirarán esos mismos políticos y periodistas que –infatigables y mentirosos, y algunos negadores de sus oscuros pasados– trajinan los estudios televisivos y las páginas editoriales de los todavía llamados grandes diarios monologando y coincidiendo entre ellos mismos acerca de un problema nacional gravísimo que en efecto existe –la calidad educativa en la Argentina viene en tobogán descendente desde hace más de 30 años– pero al que ellos, desde su ignorancia y repitiendo clichés, apenas y solamente frivolizan y confunden.

Puede entenderse en aquellos empleados del establishment televisivo y de Clarín y La Nación que, como sus patrones, están al servicio de intereses económicos antinacionales. Pero cuesta mucho más entender a dirigentes y legisladores que son gente grande y de apariencia seria, que aceptan y repiten todo lo que dicen o escriben aquéllos.

Porque la calidad educativa es un asunto de extrema complejidad y muy difícil solución para un país como el nuestro, en el que se degradó sistemáticamente a la docencia durante dos décadas y media (1976 a 2002); se arruinó un sistema que dio buenos resultados durante un largo siglo y, entre otras calamidades, acabó con el respeto a la autoridad del saber y el conocimiento, además de que eliminó todo sano criterio sancionatorio.

Resulta lamentable comprobar cómo periodistas, políticos, funcionarios y hasta dizque “estrellas” de variopintos firmamentos mediáticos, en realidad banalizan y bastardean el problema de la calidad educativa. Desde sus falsas preocupaciones al respecto, repiten lugares comunes y frases hechas, algunos invocan acríticamente las pruebas PISA y todos se pasean por los programas televisivos más condenables.

Así se confunde al pueblo argentino respecto de conceptos como “educación” “cultura”, “artistas”, “entretenimiento” o “humor”, y son muchas las propuestas embrutecedoras, algunas hasta extremos inesperados. Allí se invita a esos políticos dizque preocupados por la calidad educativa –sobre todo en períodos preelectorales– para que concedan entrevistas y se muestren sonrientes en medio del grotesco mediático con que se engaña día a día y sobre todo noche a noche a la ciudadanía. Y ellos y ellas van.

No sostengo que el Sr. Marcelo Tinelli sea el único responsable de esto, pero sí que le cabe una enorme responsabilidad. En sus programas, desde hace años, se hace culto de la vulgaridad, la banalidad y el mal gusto. Se incita a personas para que ofrezcan cuerpo y dignidad a cambio de efímeras fama y dinero, lo cual en otros ámbitos suele tener el nombre de corrupción y/o prostitución. Pero a eso periodistas y políticos de oposición no lo ven, no lo denuncian y, peor aún, lo aceptan sonrientes. Incluidos los y las neofiscales republicanos que van alegremente a comer con la Sra. Legrand o se prestan a las noches de TN en las que ahora es moda condenar la mala calidad del sistema educacional argentino.

Así resultan cómplices de la ya añeja cruzada de los poderes concentrados que trabajan desde los medios para convencer al pueblo argentino de que es importante todo aquello que no tiene ninguna importancia. Y de que tiene valor todo lo que carece absolutamente de valor.

Por su parte, admirable en su imaginación y audacia, el Sr. Tinelli parece capaz de todo. Y no sólo por sus negocios o aficiones deportivas, que son asuntos de él, sino porque el extraordinario crecimiento de su influencia está basado en consignas degradantes, en una misoginia constante, en la insistencia de que las mujeres sólo se destacan si bailan semidesnudas, y en una práctica de chabacanería, machismo y ordinariez pocas veces vista. Y todo ello con otro doble discurso habitual en sus programas: el de que “ayudan” a instituciones benéficas o carenciadas.

Obvio es decir que muchísimos ciudadanos no vemos esos programas, pero no podemos evitar, haciendo zapping, toparnos con vulgaridades, groserías y mal gusto. E igualmente obvio es que no se ve calidad educativa alguna en la media general de la televisión argentina a la que tan afectos son, y tan complacientes, los dirigentes, legisladores y militantes de la oposición que son capaces de ir a todo tipo de programas a hablar, justamente, de la mala calidad educativa argentina, a la que se refieren como si solamente fuese la perversa invención de un gobierno.

Es penoso comprobar además que, por necesidad o por cholulos, ellos y ellas esperan ser invitados. Y ha de ser por eso que no se conoce ni una sola presentación pública, de funcionario o legislador –¡y de ningún juez!– que alguna vez haya llamado la atención o propuesto límites a tanta mediocridad y desmesura, y tanto despropósito educativo en esos programas.

De esa calidad educativa no se habla. Ni una palabra. Aunque es ésa la peor, pésima educación que entra de contrabando todos los días en cientos de miles de hogares argentinos, buscando confundir y atontar a millones de familias con sexismo barato y la ideología más reaccionaria y retrógrada.

domingo, 27 de abril de 2014

Publicidad sexista. El papel de la mujer en publicidad.


La influencia de la televisión para fijar sentidos es indudable, compite ventajosamente con la escuela. Uno de los instrumentos usados es la utilización de estereotipos ¿Cuáles son las características de la mujer? ¿Qué diferencia existe en los modelos masculinos y femeninos?

Entendemos por estereotipo: “Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable” (RAE, 2001).

Los estereotipos se basan en ideas preconcebidas que distorsionan la realidad porque seleccionan o hacen énfasis en unos atributos en detrimento de otros; a partir de unos pocos rasgos, nos hacemos una idea de los individuos y establecemos unas expectativas de comportamiento.

Existen los estereotipos de género que se nos inculcan cuando nacemos, si nace una niña, generalmente el color de la ropa que se le compra será en tonos rosas, se le compraran muñecas y peluches […] Si nace un niño, los colores que se le asocian son los azules y verdes, y tendrán juguetes como coches y rompecabezas. Esto constituye un elemento crucial que diferencia al hombre de la mujer desde el momento que se llega al mundo y que tendrá lugar a lo largo de toda la vida.

Los medios de comunicación desempeñan un papel muy importante en la utilización de los estereotipos. Tal y como señala Santiso en su estudio “Las mujeres en publicidad: análisis, legislación y aportaciones para un cambio”:

La persistencia de estereotipos sexistas se debe en gran parte a la proyección a través de los medios de comunicación de imágenes negativas y degradantes de la figura de las mujeres, en las que se aprecia una clara separación entre los papeles de hombres y mujeres como trabajadores o cuidadoras, activos o a cargo, productivos o no reproductivas, que dificulta la participación paritaria de mujeres y hombres en la vida familiar y social.

La publicidad utiliza una gran cantidad de estereotipos que influyen en los consumidores. Estamos expuestos a muchos anuncios emitidos en los distintos medios de comunicación, pero en concreto en televisión, nuestra capacidad de razonamiento disminuye ya que nuestro cerebro procesa la información tal cual la recibimos sin plantearnos lo que es correcto y lo que no. La publicidad nos convence a través de los estereotipos sobre lo ideal o no para nosotros.

Los estereotipos de la mujer más difundidos en publicidad
La imagen de mujer ideal, es una de las que ha tenido y tiene más impacto en la sociedad femenina. Muchas mujeres se sienten mal con su cuerpo debido a la mujer perfecta que presentan los anuncios. La publicidad muestra una mujer feliz deseada, complaciente, inteligente, servicial y físicamente delgada y guapa.

Las mujeres adultas aparecen como amas de casa, trabajadoras y encargadas de los hijos. Un ejemplo de ello son los spots de detergentes en los que se refleja una mujer ama de casa y dependiente del marido.

Por otro lado, las mujeres jóvenes representan objetos sexuales. Este estereotipo es utilizado a menudo por los anuncios de bebidas alcohólicas que presentan la imagen de una mujer joven, bella, delgada, seductora y con poca inteligencia.

Otro estereotipo típico es el de la mujer consumidora que compra por comprar. Los vendedores de productos de belleza son los que más utilizan esta imagen.

-          La mujer ideal (bella).
La belleza de la mujer viene dada por la imagen del cuerpo perfecto con las medidas establecidas por la sociedad que se difunden en los medios de comunicación. Veremos más adelante ejemplos de anuncios en los que las protagonistas son excesivamente delgadas. La representación de esta mujer como la mujer ideal causa serios problemas psicológicos y físicos en la sociedad.

-          Mujer ama de casa.
La publicidad sexista refuerza el tópico de la mujer encargada del mundo doméstico. Mujeres dedicadas a las tareas del hogar y a satisfacer las necesidades de su marido y sus hijos.

Únicamente en los anuncios que intentan transmitir que es fácil realizar ciertas tareas son en los que aparecen personajes masculinos, pero aún así insinúa que es tarea de mujer.

-          Mujer objeto sexual.
Este estereotipo se utiliza relacionándolo con todo tipo de objetos. En publicidad se asocia mujer-sexo y mujer-erotismo cuando el producto sirve para prometer algún tipo de gratificación sexual para el varón, o de poder de seducción para la mujer.

Según Del Moral “La presencia femenina sirve como reclamo para vender todo tipo de productos, viéndose reducida en gran cantidad de ocasiones a un mero objeto sexual”.

Estos rasgos negativos que se le asignan a la mujer son trasmitidos diariamente a través de la televisión y no representan en absoluto lo que es el género femenino. Lamentablemente, la mayoría de la población femenina, acepta esta imagen como la imagen que deben proyectar. Por ello, los medios de comunicación se convierten en los responsables de una gran inseguridad e inconformidad en la mujer que ve que no tiene nada que ver con lo que trasmiten.

Los estereotipos que se presentan de la mujer influyen en la opinión de los hombres. Fomentan el machismo y la desigualdad de género situando a la mujer en una posición subordinada respecto al género masculino. De esta manera, los hombres se ven con el poder suficiente para exigirles a las mujeres que sean como en los anuncios, es decir, que desempeñen el papel de ama de casa, belle, delgada y seductora.

En la siguiente tabla podemos comparar los diferentes estereotipos que se le asignan a cada género en publicidad Muñoz Muñoz:

ESTEREOTIPOS MASCULINOS     ESTEREOTIPOS FEMENINOS
Estabilidad emocional                       Inestabilidad emocional
Autocontrol                Falta de control
Dinamismo                 Pasividad
Agresividad                Estabilidad emocional
Tendencia al dominio                        Sumisión
Afirmación del yo                  Dependencia
Cualidades y aptitudes intelectuales             Poco desarrollo intelectual
Aspecto afectivo poco definido                    Aspecto afectivo muy marcado
Racionalidad              Irracionalidad
Franqueza                   Frivolidad
Valentía                      Miedo
Amor al riesgo                       Debilidad
Eficiencia                   Incoherencia
Objetividad                Subjetividad
Espacio público y profesional                       Espacio doméstico y familiar

Tras analizar la información de la tabla anterior, podemos apreciar, claramente, la desigualdad de género que representan los estereotipos en publicidad. En la mayoría de los casos perjudicando socialmente a la mujer.

Estos estereotipos han variado a medida que ha ido evolucionando la sociedad pero lamentablemente siguen estando presentes en muchos de los mensajes publicitarios que recibimos hoy en día.


Extraído de:
TRABAJO DE FIN DE GRADO
Autora: Laura María Rodríguez
Directora: María Sánchez Hernández
Grado en Publicidad y Relaciones Públicas

jueves, 13 de marzo de 2014

¿Qué es sexismo? Publicidad sexista


Es evidente el poder que ejerce la televisión, en especial para fijar el sentido de los términos, de fijar lo que conocemos como “sentido común”. Esto tiene mucha importancia a la hora de establecer relaciones entre personas ¿En qué consiste el sexismo? ¿Cómo se hace presente en la publicidad televisiva? ¿Qué sucede con la infancia? Es importante para la escuela toda reflexión sobre el tema.

La Real Academia Española (2001), contempla las siguientes acepciones:
1. Atención preponderante al sexo en cualquier aspecto de la vida.
2. Discriminación de personas de un sexo por considerarlo inferior al otro.

Siguiendo a la RAE, el sexismo está presente en diversas formas, una de ellas, es el machismo, que es la actitud de prepotencia de los varones respecto a las mujeres. El machismo es causa de diversos factores que forman parte de la sociedad.

En primer lugar, las leyes discriminatorias hacia la mujer como el distinto tratamiento hacia el adulterio en algunas culturas, la necesidad del permiso del hombre para realizar operaciones económicas o la negación del derecho a voto y otros derechos civiles.

En segundo lugar, fomentan la continuidad del machismo la educación recibida del colegio y de la familia. También influye la discriminación en el ámbito religioso. Un aspecto que ha tenido gran importancia, y que hasta hace, relativamente poco tiempo, no se ha comenzado a tratar, ha sido la discriminación de la mujer en el trabajo y por desgracia sigue existiendo.

Profundizaremos en este estudio sobre la relación de los medios de comunicación y la publicidad sexista.

Publicidad sexista
Es publicidad sexista “aquella que representa a las mujeres de forma indigna, bien utilizando particular y directamente su cuerpo como un objeto que no tiene una relación directa con el producto que se pretende promocionar o bien utilizando su imagen para asociarla a comportamientos asignados tradicionalmente a la mujer de forma discriminatoria", Muñoz-Muñoz.

Según el Programa ARCE, Agrupación de Centros Educativos, las características que presenta un anuncio sexista son las siguientes:

1. Anuncios que hacen uso de un lenguaje en el que las mujeres no aparecen explícitas y pasan a ser invisibles bajo el falso género masculino.
2. Mensajes que excluye e incluso a veces agreden a las mujeres. Eslóganes como “es cosa de hombres”.
3. Anuncios en los que se presenta a la mujer como dependiente del hombre y son ellos los que toman las decisiones.
4. Transmiten la idea de que las mujeres no trabajan y son mantenidas por el género masculino.
5. Identifican a las mujeres como amas de casa y madres únicamente.
6. Se refleja la idea de que las tareas domésticas son exclusivas para el género femenino y que la realización de estas da la satisfacción y el reconocimiento social.

Estas características ocultas en la publicidad sexista deberían ser eliminadas, incorporando como requisito imprescindible la igualdad entre mujeres y hombres. Esto contribuirá a erradicar la desigualdad y la violencia de género.

-          Publicidad sexista infantil

Los niños son un target para las marcas que se anuncian por televisión ya que se trata de un tipo de público muy influenciable que además, no suele consumir otro tipo de medios. Están expuestos a una multitud de mensajes recogiendo maneras de actuar y pautas de conducta a modo de imitación.

Por ello, hay que tener un control especial con lo que se emite por televisión teniendo en cuenta las horas a las que los niños suelen consumir dicho medio de comunicación.

En cuanto a la publicidad dirigida a este público infantil, hay una gran cantidad de anuncios con contenido sexista. Hace años en mayor medida, pero sigue existiendo esa diferenciación de sexos.

Normalmente, los juguetes que están dirigidos a niñas, están relacionados con productos de limpieza, labores del hogar y el cuidado a otras personas. Mientras que los anuncios dirigidos a los niños tratan de juguetes de tipo masculino, como coches, construcciones y juegos de aventura.

Bradway realizó una de las primeras investigaciones sobre publicidad infantil en Estados Unidos. A continuación vemos algunos datos de interés obtenidos tras su investigación:

-          En 1987, el 39% de los personajes publicitarios eran niñas, alcanzando un mayor grado de protagonismo en 1996 con un 41%, pero siempre en un grado inferior a la presencia de los niños, estabilizada en un 59% de los anuncios.

-          Las niñas eran mostradas como unas personas pasivas, sin habilidades destacables y preocupadas por su aspecto físico, representadas siempre en una situación de permanente subordinación.

-          Por otro lado, los niños se mostraban como personas muy activas, creativas y competitivas. En el año 1992 el 81% de los anuncios utilizaban voces de niños, mientras que las voces de niñas aparecían preferentemente en los anuncios de muñecos y de productos para los animales domésticos. Una publicidad totalmente estereotipada estableciendo roles desde la infancia.

También es importante para este tema uno de los estudios analizados en la Guía de intervención ante la publicidad sexista llevado a cabo por García Leyva:

La investigación muestra cómo la publicidad de juguetes, presenta a los niños y las niñas como personajes protagonistas en idénticas proporciones, en un equitativo porcentaje del 30% para ambos sexos.

Los protagonistas de la publicidad de juguetes, según este mismo estudio, tanto masculinos como femeninos, son elegidos con un aspecto físico normal-delgado y no suele ser relevante su atractivo personal. Todos los personajes aparecen vestidos en la totalidad de los anuncios, carentes de cualquier atractivo sexual, lo cual es lógico, correctamente ético y socialmente obligado al tratarse de protagonistas infantiles. Sin embargo, en un 16,3% de los casos, el protagonista masculino presenta algunos rasgos de insinuación física, con una incidencia menor, las protagonistas femeninas, en el 14,3% de los casos.

En cuanto a los roles de los personajes de la publicidad de juguetes, las niñas representan un papel muy servil en el 28,6% de las ocasiones; el papel de madre en el 14,3%; y de tipo profesional y de niña seductora con similares porcentajes. Los niños, por su parte, adoptan el papel de profesional, en un 42,9% de los casos, pero sólo en un 14,3% de los anuncios tienen actitudes serviles.

Viendo los porcentajes del estudio podemos observar la imagen estereotipada que se aplica en la publicidad de juguetes. La igualdad de género es un tema sumamente importante, como para que ya desde tan pequeños los medios de comunicación nos empiecen a inculcar valores diferenciadores.



Extraído de:
TRABAJO DE FIN DE GRADO
Autora: Laura María Rodríguez
Directora: María Sánchez Hernández
Grado en Publicidad y Relaciones Públicas

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