lunes, 31 de diciembre de 2012

El contexto de visión

La televisión genera dificultades de diversas naturaleza, algunas de ellas ligadas al uso inadecuado, pero en algún caso podemos obtener elementos de valor ¿Qué aportes positivos puede obtener un niño de la televisión? ¿De qué dependen los probables aprendizajes? ¿Cuál debe ser el rol del adulto en todos los casos?


La visión de la TV no puede ser completamente comprendida al margen de su relación con el contexto sociológico inmediato del telespectador (características de la familia, status socioeconómico, etnia,...) o del comportamiento y experiencias del telespectador fuera de la situación de visión de la TV.

La comprensión de una historia de TV no es independiente de la sociología familiar y de la cultura más amplia. Salomon argumenta que la ganancia que se obtiene de ver la TV depende de la cantidad de «esfuerzo mental» invertido en el procesamiento cognitivo del programa, y que hasta cierto punto esta inversión está relacionada con los valores, la experiencia y la posesión de una cultura más amplia. Collins indica que la comprensión de los niños/as pequeños de las historias de TV está relacionada con su background socioeconómico y el sistema de valores familiar. Esos inputs, para la estructura del conocimiento general del niño/a, son algunas de las bases de la asimilación del niño/a del programa de TV, y dan cuenta de las diferencias en comprensión entre los niños/as pequeños.

Por otra parte, un grupo de descubrimientos relaciona la atención visual con el aspecto del entorno de visión y han demostrado que la atención visual es modificada por la presencia de co-telespectadores y por la disponibilidad de actividades alternativas (como los juguetes).

Mediación adulta
Una cuestión crítica respecto a cómo la TV puede ser efectiva en producir un aprendizaje activo en los/as niños/as tiene que ver con el rol de mediación y enseñanza adulta. A causa de su limitado desarrollo de esquemas, los preescolares para aprender son especialmente dependientes de la mediación de los adultos. Los padres indican características a las que pueden atender, reestructuran los estímulos complejos del medio, o describen los procesos en funcionamiento con un vocabulario fácilmente accesible a los/as niños/as, de este modo crean trozos de información manejables para ellos/as.

Por otra parte, los adultos como parte de un programa de TV son más efectivos en producir aprendizaje en los/as niños/as que secuencias idénticas con mínimo comentario verbal. La disponibilidad de «figuras-parentales» adultas en la TV o de voces en off de adultos, para las secuencias de acción visual, pueden también ser efectivas en producir aprendizaje en los/as niños/as preescolares.



Extraído de
Revista Complutense de Educación
1998, vol. 9. ni 2:41-77
El mundo de la televisión
Diana García Corona
Profesora Departamento MIDE. Facultad de Educación
Universidad Complutense de Madrid
Ana Isabel Martín Ramos
Licenciada en Ciencias de la Educación



domingo, 23 de diciembre de 2012

El niño y la televisión

La televisión es omnipresente en todas las familias ¿Se trata de un electrodoméstico más? ¿Qué efecto produce en los niños? ¿Cómo analizarlo? ¿Qué pasa con las publicidades?




En la sociedad actual el medio televisivo ocupa un lugar y un tiempo privilegiado en la vida del hombre y, sobre todo de los niños; de hecho, la televisión se ha ido introduciendo poco a poco en el entorno doméstico y ha conseguido, gracias a sus tácticas persuasivas de transmitir sus contenidos, entretener y moldear la mente de los individuos y, en concreto, la de los niños más pequeños. Su poder subjetivo real emerge en gran parte de su enraizamiento en la vida individual, personal y colectiva.



Schorb y Theunert en una investigación titulada ¿Qué miras y qué piensas? plantean la necesidad de investigar sobre los efectos de la televisión tomando como referente, no los contenidos, sino el pensamiento generado de los niños y su expresión multiforme. Es por cierto el modelo que hemos aplicado al incentivar a los niños para que dibujaran los juguetes que habían visto anunciados y los juguetes reales, después de su compra. La agresividad publicitaria urge lograr que todo consumidor, sea adulto o niño se convierta en un receptor competente y lúcido de sus mensajes en lugar de blanco pasivo e indefenso de sus objetivos comerciales. En consecuencia las investigaciones por parte de los sectores relacionados con la publicidad y la televisión se han multiplicado en los últimos tiempos, si bien no siempre en la línea de poner sus resultados al servicio de un cambio en la programación, especialmente la infantil, y la adecuación y calidad de sus programas.



Por lo que, en el contexto familiar es donde se desarrolla la mayor interacción entre el niño y el televisor. El niño, al regresar de la escuela pasa muchas horas sentado frente al televisor y este factor es debido a que los padres y familiares que conviven con el niño pasan por alto que la televisión es un medio que fácilmente crea adicción en el niño. Su problema con frecuencia es que no saben lo que harían con los niños si no existiera la televisión como forma de aparcamiento de sus propios hijos.



En efecto, son muchos los niños que, tras regresar de la escuela al hogar, lo primero que hacen es encender el televisor y permanecer un buen número de horas junto a él, debido a que, son muchos los padres que permiten a los hijos permanecer ante el televisor hasta altas horas de la noche o viendo programas absolutamente desaconsejables para un niño de corta edad.



De hecho, en multitud de ocasiones, este medio es utilizado en el hogar con el fin de cumplir variadas funciones como son: compañía, premio, entretenimiento para no interrumpir las actividades de los familiares, sustituta del diálogo entre padres e hijos, compañera motivadora para que los niños se levanten pronto por las mañanas (como puede comprobarse en los esquemas expuestos acerca del consumo televisivo infantil antes de ir al colegio). Por lo que, la televisión juega un papel fundamental en el núcleo familiar, condicionando de este modo, el comportamiento y la interacción entre padres, hijos y familiares.


Tal es el grado de persuasión que toda esta información televisiva genera en la mente de los niños que, desde que se levantan todas las mañanas, independientemente de que deban asistir a sus respectivos centros educativos, como los días en que no deben acudir a tales centros, en concreto fines de semana y festivos, se hallan sentados frente al televisor, impasibles, recibiendo constantemente toda variedad de mensajes que transmite el medio televisivo. Esta franja horaria también se mantiene los fines de semana; así la mayoría de las cadenas de televisión emiten programación infantil en un horario comprendido desde las seis hasta las once o doce del mediodía.


Centrándonos en el mensaje dirigido al telespectador infantil, en el caso español desde el punto de vista de la programación, existen en la actualidad diferentes vías de acceso al público infantil.

Estos horarios suelen ser los siguientes:

Primera hora de la mañana en días laborables. En este período, muchos niños consumen espacios televisivos antes de ir al colegio. Entre las 7 y las 9:30 h., de la mañana, alrededor del90 por ciento de la audiencia está formada por niños. Casi todas las cadenas ubican en esta banda productos destinados a esta audiencia.



Mediodía en días laborables. La gran mayoría de los niños españoles mantiene el hábito de comer a mediodía en casa. Este período suele ser aprovechado por los programadores para ubicar entre las 13:30 y las 15:00 h., otra banda infantil.



Tardes en días laborables. Esta banda horaria, habitualmente ubicada entre las 17:30 y las 20:00 h. La mayor parte de las cadenas se disputa, en este bloque, los más importantes patrocinios infantiles, especialmente productivos en ciertas épocas del año como la correspondiente a la campaña de Navidad.


Mañanas de fin de semana. Los fines de semana y los festivos suelen considerarse días en que la presencia de público infantil es dominante, en particular en las bandas horarias comprendidas entre las 6 y las 12 h., del mediodía.



Para los niños con edades comprendidas entre los 6, 7 y 8 años, la televisión constituye una parte importante de sus actividades diarias. Los niños, continuamente están recibiendo mensajes, no sólo destinados a ellos, sino que también muestran gran interés por la programación destinada al telespectador adulto y por la publicidad en general, ya sea destinada a ellos o a los adultos.


Según Díaz:
Los niños españoles dedican al año más horas a ver la televisión que a ir a clase: cada uno de ellos ve, a lo largo del año, un total de 937 horas, esto es, 37 más que las que pasa en el colegio".


En muchos hogares, la televisión forma parte del lenguaje cotidiano y contribuye, directamente, a construir la realidad que el niño desarrolla en el tiempo y bajo ciertas condiciones sociales. Este proceso de construcción social de la realidad es fruto de la interacción y supone plantear una cierta noción de competencia, que se define en el niño como una forma de conocimiento mediático.





Extraído de
LAURA PERLADO EKMAN y MARÍA LUISA SEVILLANO GARCÍA.
La influencia de la televisión en los niños. Enseñanza, 21, 2003, 163-178.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Influencias de la televisión en los niños

Publico a continuación las conclusiones de un trabajo de investigación, publicado en una revista especializada española, sobre la influencia de la televisión en los niños ¿Estimula la indiferencia ante la violencia? ¿Pretende suplir la necesaria comunicación familiar? ¿Interioriza valores? ¿Crea confusión entre la realidad y la fantasía? ¿Conduce al consumismo?  ¿Qué peligros acarrea su uso indiscriminado?




La televisión disminuye la sensibilidad y hace que los niños sean más indiferentes hacia la violencia. Con frecuencia, cuando los padres no están disponibles para los hijos, el niño busca, en el mundo mágico que le ofrece la televisión, llenar el vacío afectivo y la soledad que siente en su propio entorno.



La televisión se transforma en una especie de madre o amiga que suple el cariño y la comunicación que le falta; esto genera que la mayoría de los niños pasen muchas veces un gran número de horas sentados frente al televisor cuando los padres o familiares o bien están ausentes, o bien a pesar de estar en el hogar, no puedan dedicar a sus hijos la atención que requieren.



El niño, dado que tiene una mente plástica y muy receptora con todo lo que acontece a su alrededor, trata de asumir e interiorizar inconscientemente todos los valores, roles, normas, actitudes y deseos que el mensaje televisivo le ofrece continuamente. La mayoría de los alumnos tienen muy asumidas las actitudes negativas de los personajes televisivos que, cuando se sitúan delante de la pantalla del televisor, ven la violencia, peleas, agresividad, malas contestaciones, etc., como normales.



La imagen que transmiten los programas de televisión sobre personajes famosos, simpáticos, se transforma en deseable, admirable, imitable. Los niños los transforman en sus favoritos, no distinguiendo la realidad de los mismos de la ficción, tampoco aprecian la bondad de sus conductas y comportamientos, sino que en función de la apreciación global del personaje favorito, sus acciones les sugieren imitación y grandeza o rechazo.



La publicidad sobre juguetes ejerce tal fuerza en el niño que analizada la relación existente entre los anunciados en programas vistos por ellos y los existentes en sus casas se establece una relación muy alta de coincidencia. La imagen que de los mismos tienen, propiciada por el anuncio correspondiente, y expresada en forma de dibujo es muy superior a la percibida en la realidad una vez que disponen del juguete deseado. No se corresponden los atributos de tamaño, belleza, utilidades.





Extraído de
LAURA PERLADO EKMAN y MARÍA LUISA SEVILLANO GARCÍA.
La influencia de la televisión en los niños.
Enseñanza, 21, 2003, 163-178.

lunes, 3 de diciembre de 2012

La televisión como contexto de socialización temprana para la infancia


¿Es la televisión una “Escuela para niños”? ¿Fue creada para educar? ¿En este caso, puede ser el espectador conciente de los efectos? ¿Son los niños, meros receptores pasivos? ¿Qué influencia ejerce la violencia de la tv? ¿En qué medida influyen sobre la progresiva desaparición de la infancia? ¿Qué rol debe asumir la familia?



Sin duda, la elección de la infancia como población a estudiar en relación a la influencia televisiva, podría venir justificada desde diferentes ámbitos y por distintos motivos. Sin embargo, haciendo referencia al aspecto educativo y a la evolución psicológica de los sujetos, nos parece interesante destacar las aportaciones que al respecto hacen Vasta, Haith y Miller. Así, estos autores plantean la importancia de estudiar la infancia fundamentalmente por cinco razones: es un período de desarrollo rápido; las influencias que se producen en este período son a largo plazo; permite realizar intuiciones sobre los procesos adultos complejos; por las aplicaciones de las políticas sociales; porque resulta un tema interesante.



Sobre todo, nuestro interés se centra en las tres primeras razones que proporcionan estos autores, ya que consideramos necesario atender a la infancia por ser el futuro de nuestra sociedad, por ser un período que indiscutiblemente repercutirá en el futuro de los propios sujetos que ahora son objeto de estudio, y sobre todo, por ser una población que necesita de nuestra intervención educativa para su pleno desarrollo.



En la misma línea, hemos de considerar que “vivimos en una época de cambios drásticos y trascendentales […] en las propias experiencias vitales de los niños” (Buckimgham). Y, son precisamente parte de estos cambios los que responden al pronto contacto de los niños con el mundo de la televisión, un mundo que permite a su vez ponerles en contacto con otros que de no ser así probablemente no conocerían tan temprano. Podemos afirmar que la televisión es hoy una nueva escuela de los niños, una escuela atractiva y divertida a la que asisten a diario). Una escuela bien diferente a aquella en que han de ser responsables y esforzarse para aprender, donde no todo les viene dado.



Paralelamente, la infancia es un periodo especialmente susceptible a la influencia de la televisión en los términos que aquí planteamos, pues pese a considerar a los niños seres activos, no podemos olvidar que desde su todavía poco desarrollada capacidad crítica y ausencia de juicio propio, van “absorbiendo” lo que van viendo, sin poder discriminar de entre toda esa gran cantidad de información que reciben. En este sentido, estamos de acuerdo con Sander cuando afirma que “niños y jóvenes saben mucho más del mundo de los adultos, los conocen gracias a la televisión y a los medios de comunicación, incluso antes de ser capaces de experimentarlos por si mismos”.



Los niños se encuentran expuestos constantemente a diferentes modelos que resultan ser para ellos significativos, con los que parcial o totalmente tienden a identificarse. Sin embargo, estos modelos, habitualmente, no han sido creados pensando en formar, a veces ni siquiera en informar, sino buscando divertir. Así, tanto a través de los padres, como de la escuela, como del grupo de iguales, como ahora de los medios de comunicación van recibiendo de su entorno valores, actitudes, modos de conducta, etc., que irán contribuyendo a su proceso de construcción y consolidación de su propia identidad personal dentro de un contexto social concreto.



Más allá de su valor de diversión o evasión, los medios de comunicación (y concretamente la televisión), cumplen una función socializadora de la que el espectador no suele ser consciente. Es por ello que suelen ser más eficaces desde el punto de vista socializador por cuanto actúan de manera inadvertida. Sin duda, la televisión transmite contenidos que pueden ser “peligrosos” desde el punto de vista educativo, pero al mismo tiempo también proporciona a los niños la posibilidad de conocer desde bien temprano aspectos que de otro modo no conocerían, pues proporciona “conocimiento acerca de diversos aspectos del mundo con el que no tienen un contacto directo” (Halloran).



De hecho, a partir de la realidad televisiva, se han ido desarrollando distintas aportaciones que vienen a corroborar la influencia de este medio en el proceso de socialización. Ciertamente, estas aportaciones han cobrado diferentes tintes, ya sea en sentido positivo o negativo. Incluso, ha habido autores que han planteado la exposición a la televisión como algo totalmente negativo, “como una pérdida de tiempo”. Si bien, a priori, este planteamiento puede resultar demasiado extremista, hemos considerado necesario tomar esta aportación pues en numerosas ocasiones se olvida la necesidad de profundizar más en el papel que desempeñan los propios sujetos en la producción, adquisición, procesamiento y utilización de la información que les llega desde los medios de comunicación planteando de manera indiscriminada la programación en función más de los intereses de los medios que de los telespectadores. Mientras, otros autores afirman que la televisión presenta una visión fragmentada de la realidad, proporcionando experiencias correspondientes al plano simbólico pero no efectivas para la vida real.



Desde nuestra perspectiva, consideramos la relación entre el espectador, su contexto social y la televisión parte de un proceso muy complejo. Los niños no son individuos pasivos sino mentes que entienden, seleccionan y utilizan información. La televisión es parte de sus vidas cotidianas y la forma en que la utilizan no está necesariamente moldeada por los contenidos televisivos, sino por el uso y la comprensión individual. Los niños interpretan los contenidos y negocian sus significados de acuerdo a su edad, habilidad e influencias socializadoras. Es por ello que consideramos necesario adoptar una perspectiva que llegue mucho más allá de la mera transmisión de contenidos por parte de la televisión, para plantear cómo los niños interaccionan con dichos contenidos, cómo sus preferencias son diversas, cuáles son sus intereses en el visionado y cuáles son las consecuencias de la exposición al medio.



Sin duda, han sido muchos y muy diversos los estudios que han tratado de ir vislumbrando la influencia que ejercen los medios de comunicación sobre la infancia. Estos estudios han sido abordados desde diferentes perspectivas y han ido dando lugar a posturas, en ocasiones incluso enfrentadas, en relación a la repercusión de los medios. En este sentido, Del Moral plantea la existencia de tres versiones a la hora de considerar la influencia que ejerce la televisión, sobre todo en cuanto a la violencia que transmiten sus contenidos: 1) Algunos estudiosos del tema cuestionan la influencia de la televisión, afirmando que no afecta a quienes se exponen a sus contenidos (en el caso que nos ocupa, niños y adolescentes), pues en realidad las verdaderas causas de la violencia hemos de buscarlas en el propio contexto socio-cultural de los niños; 2) Hay autores que afirman que la televisión y los contenidos violentos que a través de ella se muestran, sí que afectan peligrosa y nocivamente a los telespectadores, pues la televisión transmite muchos contenidos agresivos que conducen a la asunción de comportamientos del mismo talante por parte de los telespectadores; 3) En tercer lugar, un sector más moderado defiende que la influencia de la violencia televisiva viene sobre todo marcada por el sistema de valores de cada persona.



Sin duda, pretender aferrarse a una de estas posturas podría llegar a ser negativo desde el punto de vista educativo, pues sólo tendríamos una visión parcial del tema. Es por ello que nuestro propósito en este trabajo no ha sido adoptar una postura totalmente pesimista desde la que pretendamos negar la televisión. Antes bien, somos conscientes de la evidente influencia de la televisión tanto en sentido positivo como negativo. Es decir, a través de la televisión los niños entran en contacto con un mundo (en ocasiones irreal) que les transmite información, les permite conocer valores, actitudes, comportamientos, normas que posiblemente les ayuden en su desarrollo social, pero también contactan con aspectos que pueden llegar a ser nocivos si no acontece una intervención educativa por parte del resto de agencias que participan en dicho proceso.



En este sentido, desde principios de los años 90 viene planteándose una cuestión de suma importancia relativa a la progresiva desaparición de la infancia como tal, a la excesivamente pronta incorporación de los niños y niñas a la vida adulta, a la pérdida de etapas de gran calidad educativa y lúdica. Y es precisamente en este contexto donde los medios de comunicación (sobre todo la televisión) desarrollan una labor protagonista en la transmisión de modelos y estilos de vida para la infancia radicalmente diferentes a los que anteriormente eran habituales. En palabras de McQuail, “los medios de comunicación desempeñan un papel en la temprana socialización de los niños y en la socialización a largo plazo de los adultos”. Los mass media ofrecen de forma constante modelos de vida y de comportamiento antes de que ocurra la auténtica experiencia. De este modo, los niños encuentran en los medios (y sobre todo en la televisión) lecciones sobre la vida y las conectan con su propia experiencia, pudiendo pesar mucho esto en la conformación de las expectativas y aspiraciones de los propios niños.



Por otra parte, Tedesco señala cómo incluso el rol de la familia se ha visto aminorado en pro del protagonismo adquirido por otros contextos socializadores. La televisión ofrece información, caminos que llevan a la infancia a descubrir “secretos” en otras épocas guardados hasta bien entrada la adolescencia. Postman postula que es precisamente la televisión la que va desvelando esos secretos, sobre todo, en lo que respecta a la sexualidad, la violencia y la competencia de los adultos para dirigir el mundo. En este contexto, el autor destaca el insustituible papel de la familia como agencia mediadora en el proceso, no sólo por los mensajes que en su seno se transmite a los niños sino, fundamentalmente, por las barreras y límites que establece. Barreras que, al mismo tiempo, la televisión trata de eliminar, pues a través de ella se ofrecen, de forma indiscriminada, imágenes de ficción pero también del mundo real.



En un mismo orden de cosas, Garbarino y Fernández-Villanueva, inciden en cómo los niños aprenden modelos agresivos a través de los medios desde edades bien tempranas. Así, estos niños ven cómo los personajes (cada vez con mayores visos de realidad) logran lo que desean haciendo uso de la violencia, de modo que ésta parece no sólo funcional sino también la clave del éxito en la vida adulta. Estos autores alertan del peligro que esto encierra y de la necesidad de actuar desde las instancias educativas implicadas. Sin duda, el medio televisivo también contribuye a afianzar las connotaciones que se asocian al “yo” actual, al propio de la sociedad en que nos ha tocado vivir. Como afirma Cushman, se trata de un “yo” competitivo, más individualista, subjetivo, volcado en su interior y, por ende, más aislado de los demás. En este sentido, Rosengren también vincula la reducción actual de la etapa infantil a la influencia de los medios de comunicación. Este autor plantea que, particularmente la televisión, se constituye en agente de socialización de gran importancia, contribuyendo a crear la percepción de los niños de la realidad cultural en la que viven.



En palabras de De Bofarull “la inocencia de un niño que debe descubrir la vida y su realidad de un modo paulatino, en consonancia con su desarrollo psicoevolutivo, con su capacidad de entender y elaborar las cosas que surgen ante él, ha quedado tocada”. Sin duda, a través de la televisión, a los niños se les descubre un mundo ajeno que pronto dejará de serlo. Un mundo marcado más por las formas de ser y de hacer adultas que por las propias de la infancia. Así, Meyrowitz argumenta que los niños son socializados dentro de las reglas de los adultos a una edad más temprana de lo que era habitual hace años, debido a la influencia de la televisión. En un mismo orden de cosas, Heath y Bryant plantean que una prolongada exposición a los contenidos televisivos enseña a los receptores el mundo, próximo y lejano, e indica el comportamiento que se considera adecuado en el mismo. Por lo que respecta al tipo de contenido televisivo que consumen niños y adolescentes, así como a la finalidad con que lo hacen, Van Evra argumenta que los efectos socializadores de la televisión en los niños son mayores cuando el objetivo de verla es la diversión y cuando se percibe el contenido como real, atribuyendo dichos efectos a una carencia de pensamiento o juicio crítico durante la recepción. De este modo, Hartley llama nuestra atención sobre la importancia del uso que hagamos del medio televisivo, partiendo de la convicción de que no es un artefacto nefasto en sí, sino que todo depende de la orientación, actividades, reflexiones, etc., que construyamos o no en torno a ella y en relación a los más pequeños. Para muchos parece claro que “los efectos de la televisión son diferentes en cada niño, dependiendo de su temperamento, necesidades, creencias y valores ya existentes, y de su ambiente social” (Lucas).



Extraído de
CÁNOVAS LEONHARDT, Paz y SAHUQUILLO MATEO, Piedad (2008). La influencia del medio televisivo en el proceso de socialización de la infancia. En SÁNCHEZ PERIS, Francesc J. (Coord.) Videojuegos: una herramienta educativa del “homo digitalis”. Revista Electrónica Teoría de la Educación: Educación y Cultura
En la Sociedad de la Información. Vol. 9, nº 3. Universidad de Salamanca
www.usal.es/~teoriaeducacion/rev_numero_09_03/n9_03_leonhardt_sauquillo.pdf


lunes, 26 de noviembre de 2012

Conversión y convergencia de pantallas


¿Qué elemento modela las conductas y comportamientos adolescentes? ¿Cuánto se usa las pantallas para ver y para jugar? ¿En qué consiste la transformación de los medios audiovisuales?  ¿Podemos pensar en un rol más activo?



Con la irrupción de la tecnología en nuestros hogares, las paredes de la casa se han convertido en múltiples pantallas, que vemos o miramos como espectadores, e interaccionamos como usuarios. Hasta los catorce años, aproximadamente, la convivencia con las pantallas son la prioridad máxima en el ocio de nuestros jóvenes, luego será salir de casa, aunque la interacción entre ellos con los móviles y el Messenger prolonga el rito de convivencia en el grupo de amigos y fuera del espacio doméstico. Los padres han dejado de ser el referente principal de los hijos adolescentes, porque lo son los modelos musicales, artísticos y deportivos que aparecen y protagonizan los diferentes relatos audiovisuales y multimedia. Los referentes que proponen e imponen las pantallas nutren el escenario conversacional y de relaciones de que ejercita el grupo de iguales adolescente. El descentramiento de la familia, como modelador de conductas y comportamientos, se ha desplazado al grupo de pares, que socializa sus hábitos y costumbres en torno al producto mediático.     



Si bien la televisión sigue siendo el medio con el que más tiempo comparten los menores su tiempo de ocio, las tendencias de los últimos años indican una migración del entretenimiento a las nuevas pantallas (Internet, telefonía móvil, videojuegos). El “placer del jugador” le está quitando terreno al “placer del espectador”. Así lo confirman los datos de audiencia de T.N. Sofres de la última década. Mientras que en 1995, los niños entre 4 y 12 años, consumieron una media de 160 minutos al día o, lo que es lo mismo, dos horas y cuarenta minutos; en el 2005, el promedio decreció a 142 minutos, lo que supone una reducción de 18 minutos en diez años15. Y lo mismo ocurre en el caso de los jóvenes de 13 a 24 años (pasando de 161 a 143 minutos diarios).



En esta misma tendencia indica UTECA (Unión de Televisiones Comerciales Asociadas) que en 2000 los jóvenes de 13 a 24 años dedicaban 153 minutos diarios a la televisión, y en 2006, 144 minutos. Los más pequeños, de 4 a 12 años, también rebajaban su dedicación televisiva de 154 a 141 minutos. En el resto de los segmentos de edad, la tendencia que se produce es la inversa, incrementándose año tras año el consumo televisivo. Esto significa que la principal migración de la televisión a las nuevas pantallas se produce en el sector de la población infantil, adolescente y joven.



Por tanto, los canales tradicionales están sufriendo un desplazamiento por los nuevos servicios interactivos desde Internet. Sin embargo, las voces apocalípticas que señalan el fin del canal anterior en aras del siguiente no es una certeza. La emergencia de una tecnología alienta unas profecías sin cumplimiento: ocurrió con la aparición del cine respecto a la fotografía, con la televisión respecto al cine, y ahora con Internet, respecto a la televisión. Lo que sí es una certeza, es la revolución que se está produciendo en la recepción de canales y sus audiencias. El aumento de canales, cable y TDT (Televisión Digital Terrestre), la oferta de emisoras temáticas, el acceso a las plataformas de satélite, Internet, ya han creado una fragmentación de audiencias, que día a día aumente y se diversifica.



Se ha pasado, casi de un modo inconsciente, pero imparable, de la televisión que el niño veía en el cuarto de estar/salón comedor (cuarto de ver), y del ordenador o videoconsola con la que el “niño” de la casa jugaba, a tener una vivienda caracterizada por los cuartos de ver y jugar (poblada de televisores y videoconsolas). De una vivienda totémica, un televisor en el centro de la casa, a una vivienda virtualizada. El bar, la iglesia, la plaza, la calle y el parque están en el ágora virtual de Internet, más cómodo, más rápido, más inmediato.



Inma Tubella dirige el estudio “La comunicación como factor de cambio en la sociedad de la información: Internet en el contexto audiovisual de Catalunya” en el que indica cómo el sector audiovisual distintivo del siglo XX pasa por un proceso de transformación crítico debido a la incorporación de las TIC en la vida diaria de la gente. Esta investigación “traza el cambio de marco en curso centrándose en prácticas sociales e individuales en relación con el uso y el consumo de tecnología y medios de comunicación, principalmente Internet y la televisión, y su relación con la gestión del tiempo y los diferentes niveles de entradas en los procesos de comunicación. Por consiguiente, identifica el hogar como uno de los principales escenarios en los que las prácticas de comunicación tradicionales y nuevas coexisten y se ajustan gradualmente: en un contexto en que las agendas están altamente estructuradas y la televisión ocupa la mayor parte del tiempo libre, la multiplicación de aparatos y, sobre todo, pantallas, y la demanda creciente y relacionada de participación activa en los procesos de comunicación relacionados con la tecnología desafían los horarios y hábitos diarios tradicionales”.



No es ninguna novedad afirmar que los cambios tecnológicos están produciendo una importante transformación de los medios audiovisuales tradicionales, particularmente de la televisión, y están generando nuevos medios y servicios electrónicos audiovisuales, informáticos y telemáticos. Como indica Cebrián, “está naciendo un nuevo paradigma de la comunicación, un nuevo modelo que tiene como eje las comunicaciones digitales interactivas en las que se modifica el modelo de los medios tradicionales y alumbra un modelo totalmente nuevo”. La televisión está experimentando significativos cambios que afectan a los modelos de comunicación, en los que se pasa de las comunicaciones lineales (básicamente unidireccionales) a las interactivas, en las que emisor y receptor alternan sus funciones. También se producen cambios culturales, con el paso de una cultura escrita e impresa a otra audiovisual y multimedia. Señala este autor que “sólo en las generaciones recientes, nacidas después de la integración social de la televisión y de los computadores, se aprecia un cambio claro hacia la asimilación como parte de su personalidad de la cultura audiovisual, la cultura de impactos sensoriales y de lógicas narrativas icónicas, más que racionales”. En efecto, aunque son varias las décadas de cultura audiovisual, el cambio de mentalidad en los agentes institucionales y educativos, es deficiente.



La irrupción de la convergencia entre las telecomunicaciones, el audiovisual y la informática debe estar muy atenta a la llamada “brecha digital”. El 65% por ciento de la población mundial no ha hecho nunca una llamada telefónica, una tercera parte de la humanidad no tiene acceso a la electricidad, y en 2001 Internet sólo llegaba a 500 millones de usuarios en el mundo20. En esta línea, Matterlat plantea, que la comunicación sigue siendo la clave del nuevo orden internacional. Ahora bien, ¿qué tipo de cambios sustanciales ofrece la denominada revolución digital? Matilla expone con los siguientes rasgos, la transición de la televisión analógica a la digital:



Así como la televisión analógica convencional obliga al consumo de determinados contenidos dentro de unos programas que están integrados en una programación “para todos”, y siempre siguiendo una linealidad, la televisión digital permite acceder a varios recursos (no sólo de visionado) simultáneos. Los medios audiovisuales tradicionales, también la televisión analógica, establecen una cadena de producción, distribución y exhibición del producto. La nueva cadena digital revisará los contenidos, expuestos a un tratamiento que operan las plataformas de producción multisoporte.



Asimismo, esta nueva cadena de producción, incluye sistemas de distribución multicanal como la Televisión Digital Terrestre (TDT), modalidades asociadas a Internet, satélite, cable. Se trata de un conjunto de sistemas que componen un paquete global de servicios, cuyo último destinatario es el usuario.



Desde esta descripción Matilla se pregunta por los nuevos retos de la televisión digital y el papel activo y participativo que puede desempeñar la ciudadanía ante esta revolución, ya presente. En concreto, se cuestiona si “la interactividad se reducirá a la rentabilidad que genere transacciones comerciales. Dentro de un concepto amplio de televisión como servicio público y, más específicamente, de televisión para la educación, nos interesará investigar en las muy variadas potencialidades que nos permitan pensar nuevamente en los conceptos de interactividad, convergencia y personalización...



La idea principal seguirá siendo cómo pensar esa televisión para la educación desde un replanteamiento global del servicio público”. Esta nueva televisión pública deberá atender a la calidad de su programación, que como indica Martínez (2005),”la calidad de un programa de televisión depende más de la creatividad y de la intencionalidad de su autor y de la disposición del canal que lo emite que de los avances tecnológicos que utilicemos. Podemos tener una tecnología extraordinaria, y a la vez unas ideas y una disposición tan lamentable como algunas de las que ahora conocemos. Con la TDT habrá nuevas posibilidades creativas, pero me temo que los programas basura que tanto nos gustan seguirán existiendo en la nueva televisión. Lo más positivo de la nueva fórmula, repito, está en que facilita la existencia de un telespectador más activo, que puede seleccionar mejor lo que quiere ver y a la vez podrá participar en la programación”.



Los medios han convertido el consumo audiovisual en un “potito ficticio”, en el que las relaciones humanas, los conflictos bélicos, los dramas familiares, se transforman en espectáculo con apariencia de realidad. Lo complejo, la contradicción, son tratados como papilla intelectual, para que el espectador sienta, pero no comprenda; se emocione, pero no reflexione; quede impactado, pero no se movilice.



Los jóvenes, nacidos con Internet, ya denominados como generación “onoff” dispuestos en cualquier momento y en cualquier sitio a la conexión y desconexión, están familiarizados con estos entornos tecnológicos, en los que la virtualidad son un componente esencial en sus relaciones, comunicaciones y convivencia. Pero no podemos entender por jóvenes sólo a los “conectados”, expone Trejo que en la “Declaración de Principios de la Cumbre de Ginebra”, se ofrecen los siguientes datos “menos del 3% de los africanos tienen acceso a algún servicio de telecomunicación. En los países más pobres del mundo Internet llega a menos del 1% de la población. Sólo el 1% de los habitantes del planeta disfruta de enlaces de alta velocidad para Internet. Los 400.000 habitantes de Luxemburgo comparten más ancho de banda de Internet que los 760 millones que hay en África”.





Extraído de
Consumos y mediaciones de familias y pantallas
Nuevos modelos y propuestas de convivencia
José Antonio Gabelas Barroso y Carmen Marta Lazo
Programa Pantallas Sanas
Diseñado por la Dirección General de Salud Pública del Gobierno de Aragón




viernes, 16 de noviembre de 2012

Influencia del medio televisivo en el niño de 6 a 8 años

¿Qué sucede con la influencia de la televisión en los niños? ¿Termina cuando se apaga el aparato? ¿Permite la evolución cognitiva, establecer adecuadas defensas?  ¿Por qué debe preocuparnos los contenidos televisivos? ¿Qué provocan las propagandas? ¿Es un receptor pasivo?



Al hablar de la influencia que ejerce el medio televisivo en los niños, cabe señalar que la actividad del niño receptor frente a la televisión trasciende del momento de estar frente a la pantalla. Esto es, no concluye al acabar un programa o al apagar el televisor. La construcción de asociaciones y la producción de significados a partir de los mensajes de la programación se extienden a otras situaciones de la vida del niño.



El niño no solamente es un receptor de la televisión; es un hijo de familia, un alumno en el salón de clase y un compañero de juego de otros niños. En todas estas situaciones y ante diferentes agentes sociales, el niño trae, intercambia, produce y reproduce distintas significaciones.



Frente al televisor el niño está además físicamente activo. Su actividad física varía, desde comer, jugar con los objetos a su alcance, hacer la tarea, hasta platicar con las personas que le rodean. Así mientras el niño atiende a la pantalla, está simultáneamente envuelto en varias acciones que demandan su atención y en múltiples procesos de comunicación. En cuanto receptor activo de la televisión, el niño es un aprendiz, constante. Aprende de todos los tipos de programas, tanto de los infantiles como de aquellos que están dirigidos al telespectador adulto.



En muchos hogares, la televisión forma parte del lenguaje cotidiano y contribuye, directamente, a construir la realidad que el niño desarrolla en el tiempo y bajo ciertas condiciones sociales. Este proceso de construcción social de la realidad es fruto de la interacción y supone plantear una cierta noción de competencia, que se define en el niño como una forma de conocimiento mediático. Como señala Bartolomé Crespo: ''Los niños aprenden la realidad televisiva de distinta manera que los adultos ya que están muy influenciados por su estado de evolución cognitiva". Orozco  señala que:



En el proceso de televidencia la audiencia no asume necesariamente un papel de receptor pasivo. La actividad de la audiencia se lleva a cabo de distintas maneras. Mentalmente, los miembros de la audiencia frente al televisor se "enrolan" en una secuencia interactiva que implica diversos grados de involucramiento y procesamiento del contenido televisivo. Esta secuencia arranca con la atención, pasa por la comprensión, la selección, la valoración de lo percibido, su almacenamiento e integración con informaciones anteriores y, finalmente, se realiza una apropiación y una producción de sentido.



El hecho de que la televisión se introduzca en los hogares y pase a formar parte importante del entorno cotidiano de las familias se derivan efectos de carácter sociocultural que han sido sintetizados por Román Gubern:

l.             El carácter gratuito del espectáculo como generador de una audiencia poco selectiva, masiva y heterogénea.

2.            El carácter familiar de la televisión como mecanismo restrictivo de las informaciones o espectáculos difundidos por este medio.

3.            La utilización del televisor como centro en torno al cual se organiza la vida familiar.

4.            Su carácter hogareño y gratuito como determinantes del hecho de que la televisión se haya convertido en el medio dominante en la ocupación del tiempo de ocio.

5.            Su fomento del sedentarismo doméstico.

6.            Su fuerte poder de adicción.



De lo señalado anteriormente, cabe señalar que el tema de la televisión es motivo de preocupación por diferentes razones:



                     Por el dirigismo que ostenta en numerosos aspectos, ya sean éticos, morales, sociales, económicos o incluso ideológicos.

                     Porque contribuye a crear falsas necesidades y fomenta el consumismo, sobre todo en los más jóvenes.

                     Por el sensacionalismo y frivolidad con que se tratan muchos temas considerados relevantes.

                     Y porque, en cierta medida, distorsiona la convivencia familiar si no se sabe utilizar adecuadamente.



La familia está unida en torno a la televisión durante sus horas de ocio, pero esta unión es casi exclusivamente física, ya que la televisión disminuye o anula la comunicación entre sus diferentes miembros.

Por lo que, en los últimos años estamos asistiendo a un alarmante incremento del fenómeno de «abuso televisivo, y cabe señalar que la dependencia de la pequeña pantalla, resulta mucho más peligrosa en el caso de los niños, puesto que los más pequeños suelen mirar la televisión en una actitud pasiva que favorece su vinculación con la imagen, en una etapa de la vida en la que hay una inmadurez en el desarrollo intelectual y afectivo.



Como refiere Palmer :
Si uno observa a los niños, advierte que son básicamente manipuladores del aparato. Disfrutan encendiéndolo y jugando con él, demuestran confianza y una habilidad notable para manejarlo y encontrar los programas que les interesan, pero rara vez lo apagan. La televisión es el foco de los juegos, del entretenimiento y la actividad.



Palmer destaca la importancia de la televisión en la vida del niño, precisa­ mente como mediadora de la realidad y la ilusión y como un recurso esencial de sus actividades.

Ander-Egg señala que:
La televisión es considerada como el medio de mayor incidencia dentro del proceso de socialización. No cabe duda de que los niños aprenden de la televisión: ésta suministra información, presenta modelos de conducta, transmite formas de ser, ofrece valores e ideales, promueve gustos, modas y costumbres.



Refiriéndonos a la influencia que ejerce la televisión en los niños, como conclusiones más significativas cabe destacar las realizadas por Ander-Egg y otros, que, después de haber estudiado este problema en diversos países, señalan cuatro aspectos en los que la televisión influye fuertemente en la configuración de la personalidad de los niños.

Según Ander-Egg, la televisión hace a los niños:

                  Más pasivos.

                  Menos comunicativos.

                  Menos sensibles.

                  Más consumistas.



Por lo que, la televisión es un medio que ejerce una fuerte atracción en la mente del niño. Aprende de todos los tipos de programas, tanto de los infantiles como de aquellos que están dirigidos al telespectador adulto. De la televisión el niño aprende información, conceptos, actitudes, conductas, valores y significados, y muchas veces aprende más de que lo que no se busca que aprenda, que de aquello que se le quiere enseñar.



Otro factor que hay que destacar es, como se acaba de aludir, el consumismo que genera la televisión. En efecto, como señala Ander-Egg:

Los niños no son sólo tratados «Como futuros consumidores, sino también como acicates para incitar u obligar a sus padres a entrar en los salones de venta'', y para comprar determinados productos, especialmente «Cosas, que, según la televisión, hacen felices a los niños. El niño no sólo asedia constantemente a su padre con sus ansias insaciables de consumir esto o aquello, porque lo anuncia la tele, sino que llega al extremo realmente enfermizo de decir simplemente: «Papá, cómprame algo". Es el consumidor perfecto, interesado ya no por determinado producto, sino por el hecho de consumir en sí mismo.





Extraído de
LAURA PERLADO EKMAN y MARÍA LUISA SEVILLANO GARCÍA.
La influencia de la televisión en los niños. Enseñanza, 21, 2003, 163-178.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Consumos multipantallas

Vivimos en un mundo invadido por las pantallas ¿Qué actitud tomar frente a ellas? ¿Qué significa en este caso un “consumo responsable”? ¿Cómo afrontar el flujo informativo? ¿Cuál es la importancia de la “disponibilidad de tiempo”? ¿Y del diálogo? ¿Qué sucede en la infancia, en la adolescencia?



Los padres y madres son una pieza clave en el seguimiento que sus hijos destinan al consumo multipantallas. El referente que los más pequeños tengan supone un aliciente para tender a unos modelos de consumo más o menos permisivos, restrictivos o equilibrados. No sólo son importantes los parámetros temporales que los progenitores o tutores concedan a sus hijos. Sólo el hecho de dejarles ver, jugar, utilizar o navegar menos o más horas no significa que sus usos sean más saludables. El factor principal gravita en la forma en la que se les orienta. Un consumo compartido, con las pautas necesarias para saber discriminar aquellos contenidos que no resultan aptos para su edad, la respuesta respecto a aquello que no llegan a comprender o el diálogo abierto de las interpretaciones que cada uno otorga a los mensajes; y también la planificación de tiempos para vivir con variedad, autonomía e inteligencia el ocio, sirven para enriquecer el uso que el niño o joven hace de cada pantalla.



La relación unidireccional “sujeto-pantalla” pasa a adquirir un nuevo estrato en el que las dimensiones y perspectivas que aporte el padre o madre pueden ayudarle a encontrar otras esferas de significado. Los flujos de información que le ofrezca una presencia adulta no tienen un mero valor de control con connotaciones negativas, por el simple hecho de “no dejar ver o hacer”. Aquello que podría entenderse por las mentes en formación como una intromisión a su voluntad de elegir, puede convertirse en el aliciente de que sus padres se preocupen por aquello que les gusta y quieran compartir esos tiempos y espacios de consumo y conversación.



El sano conocimiento de los gustos, intereses y motivaciones por parte de los padres será un motor en la guía hacia la construcción de sus hijos. Fomentar la autonomía, el criterio propio frente o en consonancia con los del resto, es decir la asertividad; el saber argumentar matices por los que la opinión en ciertos aspectos no sea mimética a la de su grupo, depende en gran medida del aprendizaje que reciba de sus padres, así como de los modelos de consumos que se establezcan en la dinámica familiar. El hecho de prestar atención a los productos que gustan a los hijos supone un punto de partida “sine qua non” para enrolarse en la irrenunciable función paterna de formación. El respeto será pieza clave para empatizar con seres que pertenecen una generación distinta y que entienden la realidad bajo unos parámetros que una mente adulta comprende y acepta, en ocasiones, de otra manera.



Las nuevas estructuras sociales, sus modelos económicos, de producción y consumo, afectan a la manera en la que los padres se integran en el uso y consumo que sus hijos hacen de las pantallas. La disponibilidad de tiempo es uno de los “handicaps” más sobresalientes, esto unido a la falta de recursos por parte de los padres para manejar estrategias y procedimientos de intervención y negociación debido a sus escasas habilidades, conocimiento o preparación, suponen un obstáculo para que su mediación sea constructiva, derivando en normativas erróneas, enfrentamientos innecesarios, permisividad u omisiones.



En la investigación que presentamos, tratamos de dilucidar si son tales los límites, cuáles son las formas en las que los padres intervienen, si les preocupa o no el consumo que hacen sus hijos, si participan con ellos en los diferentes visionados, juegos y usos, si existen pautas de orientación y consumo, si les advierten de los perjuicios que hay detrás de las pantallas y potencian los beneficios, si conocen los consumos y usos audiovisuales que sus hijos tienen y disfrutan, cuáles son sus gustos y preferencias …



En la infancia, esta interacción niños-familia, es más sencilla en su planificación (distribución de tiempos para ver la televisión, jugar a la videoconsola, utilizar Internet), y más sencilla en sus mediaciones (conversar con los hijos sobre los programas, usos y consumos de pantallas que arrastran el interés de los vástagos y son motivo para el diálogo, la discriminación y el análisis).



Es en la adolescencia cuando el control y seguimiento de los gustos y preferencias de sus hijos, así como el tiempo que dedican a cada pantalla es más complejo y difícil. La migración que se produce de la pantalla doméstica (televisión), a la pantalla global (internet) complica el seguimiento de los gustos, gratificaciones y consumos del adolescente. Estos otorgan una especial importancia a su grupo de iguales (amigos o compañeros), dejarse llevar por lo que éstos proponen resulta muy tentador y alentador, usos y visionados prohibidos en la propia casa se convierten en objeto del deseo, consumo e interacción en las conversaciones y comentarios, dentro de las casas de los amigos o lugares públicos como los ciber.



El contexto de la mediaciones se produce en un conjunto de recepciones mediáticas, de complejo proceso, en el que no sólo intervienen los engranajes sociales y mecanismos cognitivos y emocionales del niño o joven receptor, sino también un proceso de “distanciamiento”, que estos sujetos receptores aceptan o rechazan, soportan o negocian, y al mismo tiempo definen. Como indica Elizalde, “el distanciamiento es una categoría construida sobre la base de datos cualitativos y compuesta con varias dimensiones; las dimensiones marcan el modo en que los receptores –niños, jóvenes, adultos establecen relaciones de más o menos implicación (emocional, cognoscitiva, social), con todos los medios en general y con cada uno en particular”. Esto es, el distanciamiento es un factor primordial de la recepción y de las mediaciones que genera unas relaciones sociales con los medios, y establece un pautado social entre los miembros que conforman la estructura familiar. Este factor permite comprender el propio consumo de pantallas pues contiene la historia de los sujetos receptores; de sus contextos (familiares, sociales y culturales); su naturaleza receptiva (en su atención, interpretación, reinterpretación y valoración); así como las estructuras industriales de los medios y sus mecanismos de producción, distribución y exhibición.



Las modas que instauran los medios y nuevas tecnologías se contagian de manera viral a partir de que los grupos de escolares las acepten como propias. Por este motivo, es interesante que los padres conozcan los motivos por los que sus hijos entran en la espiral de necesidad de pertenencia a un grupo para no sentirse aislados o desplazados. Cuando los esquemas adultos que le proponen sus padres y los que le plantean sus amigos son distintos, los chicos pueden caer en un conflicto intentando adivinar a cuáles se acogen, decantándose generalmente por aquellos que le ofrecen sus iguales en edad. Esta situación de conflicto no sólo afecta a los menores, también a los padres. Sin embargo, crecer no es fácil, ni cómodo, tampoco para los hijos. Entre los diferentes factores que afectan al conflictivo crecimiento de los niños y jóvenes, también hay que tener en cuenta la inmersión en la fenomenología de las pantallas.










Extraído de
Consumos y mediaciones de familias y pantallas
Nuevos modelos y propuestas de convivencia
José Antonio Gabelas Barroso y Carmen Marta Lazo
Programa Pantallas Sanas
Diseñado por la Dirección General de Salud Pública del Gobierno de Aragón

lunes, 15 de octubre de 2012

Evite que su hijo se vuelva adicto a la televisión

El televisor no es un electrodoméstico más, ejerce una influencia que no podemos pasar por alto, y en muchos casos es una fuente de adicción ¿Qué roles cumple? ¿Qué efecto produce en los niños? ¿Existen límites? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué pautas son necesarias?

 

 

La televisión ejerce una fuerte influencia sobre los niños. Por eso, los padres deben fijar pautas para que la vean adecuadamente.

Algunos la tienen como principal medio de entretención. Otros, simplemente la ven como un electrodoméstico más y hay quienes la llaman “la caja tonta”. Sin embargo, es una realidad que la televisión se ha convertido en un ‘miembro’ más de la familia.
 

De ese modo, se ha vuelto niñera, compañera y hasta profesora de los niños, pues comparten con ella durante varias horas del día, hipnotizados por el derroche de colores, figuras y emociones. En ese sentido, hay un debate sobre si es adecuado que los pequeños vean televisión desde edades tempranas, fundamentado en que puede ser contraproducente para su desarrollo.

 
Por ejemplo, la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomienda que los niños menores de 2 años no vean televisión, porque ese tipo de conducta agrava las alarmantes tasas de obesidad infantil, entre otras cosas.

 
Al respecto, el neuropediatra Álvaro Izquierdo afirma que “la televisión no es mala, debe saber usarse”. Por eso, no es recomendable que se aísle a los niños de ella, sino, por el contrario, se vea de una manera dirigida para que los contenidos sean los adecuados y no perjudiquen su comportamiento. Actualmente, muchos programas son educativos y enseñan aspectos como los colores, las figuras y los idiomas. Además, existen colecciones en DVD que ayudan a aprender con ejercicios interactivos. “La ventaja de esto es que no es un maestro que repite una y otra vez en una clase magistral.

Esta es una forma más didáctica con sonidos, imágenes y juegos”, opina Izquierdo.

No obstante, este tipo de recursos deben darse en el momento apropiado, pues algunos padres presentan, a edades muy tempranas, estos programas a sus hijos con la intención de volverlos más inteligentes, sin tener en cuenta que un niño no va a aprender a tocar un instrumento musical con verlo en la televisión, y no es lo mismo armar un rompecabezas en video que con las manos.

 
Precisamente, parte del desarrollo del niño es la estimulación de la motricidad. Por eso, es importante que aprenda a agarrar las cosas con la mano, juegue con objetos o gatee antes de empezar a ver televisión. “No tiene sentido que se sienten frente al televisor antes del año de edad. Los colores los puede aprender con juguetes, pelotas, papeles, etc”, agrega el neuropediatra.

 
‘Esponjas’ receptoras
Los niños entre los 0 y 4 años aprenden rápidamente, sobre todo por medio de la imitación. Lo que ven y oyen lo ‘absorben’ fácilmente. Por eso, se debe tener cuidado con el tipo de programas que observan a diario.

 
Hay espacios ‘infantiles’ agresivos y violentos que incitan ese tipo de conductas en los menores, y ellos, sin saberlo, creen que son normales y permitidas. Según Germán Casas, psiquiatra infantil, “hay una serie de elementos en los medios de comunicación que han generado problemas en los niños, como la violencia y el sexo. Además, últimamente se han difundido conceptos de belleza corporal y delgadez, aumentando los trastornos alimentarios, como la anorexia infantil”.

 

Por ello, los padres deben dedicar tiempo a ver televisión con sus hijos para seleccionar el tipo de contenidos adecuados, más si se tiene en cuenta el déficit de programación infantil. “Aquí se piensa en comercializar y no en educar, y antes de las 5 de la tarde hay programas incorrectos para niños. No hay buena regulación con respecto a esto”, opina Izquierdo. Precisamente, la Comisión Nacional de Televisión (CNTV) establece que la franja infantil es de 4 a 5 de la tarde, de lunes a viernes, y de 8 a 10 de la mañana, los sábados. Así mismo, la familiar es de 6 de la mañana a 9:30 de la noche, todos los días.
 

El problema radica en que los niños ven televisión durante gran parte del día y no tienen un filtro que les indique lo apropiado, y se someten a las preferencias de la empleada del servicio o un hermano adolescente. “Los programas recomendados son aquellos con contenidos lúdicos, recreativos e ilustrativos, de acuerdo con el desarrollo de los niños”, sostiene Casas.

 

Control remoto
La Academia Americana de Pediatría brinda una serie de consejos para que los padres aprendan a controlar la relación entre la televisión y los niños.

 
Ponga límites a la cantidad de tiempo que el niño pasa frente al televisor. Lo recomendable es una o dos horas diarias. Planifique con su hijo los programas que quiera ver y elíjalos. Conozca el contenido de los programas que ve su hijo y mantenga una supervisión constante. No le permita ver televisión durante las comidas. Es mejor fomentar la comunicación familiar. Saque el televisor del cuarto del niño. Incite a su hijo a leer, en vez de mirar televisión. Predique con el ejemplo y también reduzca sus horas frente al televisor. Entérese de los programas educativos que dan en los canales de televisión; así sabrá cuáles son los más adecuados para su hijo.
 

De tal palo…
Los padres deben incentivar al niño a realizar actividades lúdicas para alejarlo de la televisión, como la lectura y los deportes. Con ello, estimularán su desarrollo motor.

La mejor forma de hacerlo es dando ejemplo y para eso se deben evitar hábitos como ver televisión mientras se come o antes de dormir. Además, se aconseja sacar el televisor del cuarto de los pequeños.

 
Esencialmente, se debe eliminar la televisión de las actividades sociales de la familia y abrir espacios para actividades como la lectura.

 

 

 

Fuente
Elbebe.com

 

domingo, 14 de octubre de 2012

Características de la TV ¿Cómo la entienden los niños?

Muchas son las formas de caracterizar a la televisión, es importante comprender todo lo que la rodea, y los menores son los más afectados. En los siguientes párrafos se trata de verla desde el punto de vista de los niños ¿Cómo la entienden? ¿Qué significa para ellos?

 
 
Para comprender los efectos de la TV, debemos considerar algunas de sus características, como medio de contenido social. Los programas de TV ofrecen una cantidad de acciones, situaciones y sucesos sociales. Ellos son muy parecidos al mundo real en el que niños/as y adultos viven.

Una estrategia de investigación ha sido la clasificación de los programas de TV en agrupamientos basados en la audiencia objetivo, en la hora o día de la semana presentado, en el contenido general, o en las intenciones del productor. Varios estudios han usado clasificaciones tales como programas de niños/as, noticias, programas de sábado por la mañana, o programas educativos. Los análisis de contenido de esos agrupamientos han estado basados en personajes o sucesos, o, como discutieron Huston y Wright, sobre la aparición de varias características formales. Una investigación compara los programas del sábado por la mañana, programas educativos de día, y programas de TV de hora punta en una variedad de características formales.

La hipótesis de Dorr de que el niño/a pequeño representa a la TV como un aparato de personajes y sucesos no relacionados con contextos más amplios se corresponde con las conclusiones de Collins basadas en el análisis de la comprensión de los niños/as en edad escolar de los programas adultos de TV. Mientras los niños/as pequeños pueden recordar muchas acciones y sucesos individuales de un programa adulto de TV, «a menudo fallan en comprender las relaciones interescena». Por tanto, como un entendimiento conectado de los sucesos individuales y escenas de un programa de TV es necesario para un nivel adulto de comprensión, está implícito que tal comprensión es esencial para los juicios de la realidad de un programa de TV.

No sólo son los/as niños/as más pequeños/as quienes con menor probabilidad hacen inferencias relacionando las escenas relevantes, son también los/as que con mayor probabilidad proveen interpretaciones idiosincrásicas de los programas de TV basados en el limitado conocimiento del mundo con el cual interpretan los programas. Este conocimiento se supone que está fuertemente relacionado con el status socioeconómico familiar y otras características y valores. Una idea importante respecto a los procesos de comprensión de los niños/as procede de la observación de Collins de que los más pequeños aplican estereotipadamente su conocimiento de secuencias de sucesos comunes al interpretar un programa. Ellos, con menor probabilidad que los niños/as mayores, se dan cuenta de las desviaciones del programa de esas secuencias específicas del suceso.

La presentación del contenido de TV, a través de modos visuales y verbales, provee formas dobles para los/as niños/as de representar la información. Este sistema de símbolo visual y auditivo único explica parcialmente el atractivo y la comprensibilidad de la TV para los niños/as pequeños.

En cuanto a los conceptos emergentes de los géneros de TV, parece que los/as niños/as diferencian clases y subgrupos de programación que son marcados por la forma y por el contenido. Ellos/as amplían su conocimiento de un tipo o género determinado al aprender su clasificación, su veracidad, su propósito, su audiencia objetivo, sus formas y formatos y su contenido típico. Los/as niños/as pequeños/as reconocen y usan los indicadores de forma y contenido que diferencian los géneros y el status de realidad de la TV.

A menudo la incapacidad del niño/a de comprender los sucesos representados es atribuida a la utilización de las técnicas de cámara y las manipulaciones de edición, conocidas como «montaje», más en concreto las características formales de producción de las que se compone (atributos de los programas que resultan de las técnicas de producción visuales y auditivas).

La mayoría de los programas de TV de mayor audiencia incorporan una cantidad considerable de montaje. Dada la frecuencia de tales técnicas, su uso e interpretación debe ser central para el procesamiento del niño/a pequeño del contenido de la TV. Muchos cambios de escena y acción deben ser integradas a través de esas transformaciones perceptuales para lograr una representación unificada de la narrativa de TV.

Tal «literatura del film» es gradualmente adquirida. Los niños/as preescolares comprenden más información traída a través del montaje de la que había sido previamente estimada. Alguna comprensión sustancial del montaje está ya establecida en niños/as preescolares. La investigación de Smith, Anderson y Fiseher, sin embargo, indica comprensión sustancial del contenido llevado a través de técnicas cinemáticas en niños/as de 4 años de edad. Ya que los productores de TV aparentemente introducen características formales para vehicular el contenido, este aspecto de la forma de TV debe ser explorado a fondo.

Huston y Wright han dirigido la atención a la posible importancia de las características formales de la TV en influenciar la atención, comprensión, y la estimulación. Al igual que Anderson y Lorch, se han movido desde modelos simples donde «las características formales atraen la atención con la memoria consiguiente» a formulaciones más complejas donde «las características formales desempeñan funciones de señalización» importantes para las estrategias de atención y comprensión.

Anderson y Lorch remarcan que no ha habido demostraciones de que las características formales atraigan la atención independientemente del contenido asociado. Huston y Wright se dieron cuenta de que las características formales pueden tener múltiples funciones en la organización de la
atención, la adquisición de información y los aspectos afectivos producidos por la visión de TV. La investigación sobre el procesamiento de TV por los/as niños/as pequeños/as ha verificado que ciertas características formales afectan a la atención de los/as niños/as y retención del contenido televisado.

La comprensión por los/as niños/as del contenido de la TV depende en parte del aumento de su independencia respecto a las demandas sensoriales y su familiaridad creciente con las características de producción formales de la TV que sirven para estructurar sus mensajes y señalar su contenido importante y merecedor de atención (Wright y Huston).


Extraído de
Revista Complutense de Educación
1998, vol. 9. ni 2:41-77
El mundo de la televisión
Diana García Corona
Profesora Departamento MIDE. Facultad de Educación
Universidad Complutense de Madrid
Ana Isabel Martín Ramos
Licenciada en Ciencias de la Educación



 
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