viernes, 12 de diciembre de 2008

Aviso colocado en la TV

Como para empezar es un buen ejemplo, creo que es posible profundizar la línea y lograr una mayor protección del televidente, en especial del sector más vulnerable, los jóvenes. Este aviso está producido por la televisión española.

martes, 9 de diciembre de 2008

Televisión. Infancia y violencia

La violencia tiene un gran impacto en TV. Las investigaciones afirman que el 85% de los programas de ficción contiene violencia. Para hacernos una idea, un adolescente, antes de acabar este período evolutivo, habrá contemplado más de 13.000 muertes.

La contemplación de la violencia provoca violencia o al menos eso es lo que se supone, pero es difícil de demostrarlo empíricamente. Las variables que estarían implicadas en el impacto negativo de la violencia televisiva pueden ser las siguientes:

1. El contexto donde ocurre esa violencia. Si los contextos violentos que se nos ofrecen son similares a nuestro medio vital habitual, se podría dar un aumento de las actuaciones violentas por identificación con las mismas. La mayor parte de la violencia en TV ocurre en contextos interpersonales muy similares a nuestras propias vivencias.
2. La justificación de la violencia. La violencia gratuita tiende a aumentar el comportamiento violento, en la mayoría de las situaciones violentas que aparecen en la pequeña pantalla no se presenta como el último recurso sino más bien como el único. Los menores pueden acaba pensando que el ser violento es el único modo de ser.
3. El contenido de la justificación. Qué se nos puede decir con esa violencia. Los héroes violentos suelen erigirse en portadores de la verdad y la justicia, y dictaminan la bondad de los hechos por encima de los criterios éticamente aceptados por la sociedad.
4. La persona que percibe la violencia: Evidentemente la receptividad de la persona que está expuesta a las acciones violentas en la televisión depende de muchas variables, las principales podrían ser las siguientes:
▪ Grado de frustración con el que se encuentre el televidente (situación puntual que acentúa la contemplación de la violencia).
▪ Agresividad del perceptor (los más agresivos tienden a actuar de forma más violenta cuando ven violencia).
▪ En el caso de los niños hay que añadir la fragilidad de sus criterios éticos, que les hace aceptar las expresiones violentas sin discernir su idoneidad

La asunción de la violencia por parte de los más pequeños se puede explicar a través de distintos mecanismos psicológicos. Los más destacados podrían ser los siguientes:
IDENTIFICACIÓN con los personajes de los programas televisivos. Mecanismo de raíces psicodinámicas que nos habla de la adopción como propia de las características del héroe por parte del niño.
IMITACIÓN: Condicionamiento Vicario. La imitación de un modelo socialmente aceptable, el héroe, por parte del menor.
AGUDIZACIÓN: La violencia incrementaría el comportamiento violento de sujetos propensos a la misma. Actuaría como estímulo desencadenante en aquellos niños especialmente inquietos.
ANSIEDAD: El temor ante el entorno que se nos presenta como violento, conduce a respuestas defensivas que pueden producir respuestas de imitación, que en este caso serán respuestas violentas.
ASOCIACIÓN: Tiene que ver con el Condicionamiento Clásico. Se trata de asociar que ante situaciones de conflicto la única respuesta posible es la respuesta violenta. La repetición de este mecanismo va a generar otro proceso:
ACTIVACIÓN DEL INDIVIDUO: La repetición de respuestas violentas va a disminuir el umbral de sensibilidad del niño ante la misma y le va a facilitar emitir respuestas similares.
DESENSIBILIZACIÓN: Ley de la Habituación ante la repulsa de la violencia. La sucesiva exposición ante situaciones violentas produce que el niño cada vez sienta menos malestar ante las mismas. Esto podría explicar el silencio en los procesos de victimización entre iguales. Para un niño que está acostumbrado a aceptar las respuestas violentas no le va a suponer nada ver como maltratan a otro niño.

Pero el proceso de aceptación de la violencia televisiva y su traspolación a la vida real no sólo depende de variables individuales del niño. También la actitud familiar ante esta violencia influencia y facilita esa posible traspolación de la que hablamos. Entre las variables familiares implicadas en la repercusión de la violencia televisiva en los más pequeños estarían:
1. Comportamiento violento de los padres: un patrón de comportamiento violento por parte de algún progenitor o de ambos sumado a la contemplación de violencia en televisión puede aumentar las respuestas violentas en los niños, además de su justificación.
2. La contemplación de programas violentos por los padres: sobre todo cuando esta contemplación no es criticada, puede inducir a los menores a entender que si sus padres no condenan dicha violencia es que la misma es aceptable y, por tanto, ellos la pueden imitar con tranquilidad

Parece que hasta ahora estamos hablando sólo de series de ficción con personajes humanos, pero de la violencia tampoco se escapan los dibujos animados y las series de animación. En los dibujos animados las secuencias violentas son muy frecuentes. Los datos empíricos nos revelan datos sorprendentes:
El 40 % de las conductas violentas son ejecutadas por los protagonistas.
El 66% de las mismas son de carácter proactivo, no se producen como defensa ante nada.
El 75 % de las consecuencias de la violencia no aparecen o son mucho menores que en las de las de ficción reales.

La mayoría de las veces las conductas violentas están justificadas por un fin (amistad, justicia...)
No perdamos de vista que la abundancia de programas violentos a los que sometemos a los menores y la falta de respeto por parte de las cadenas televisivas en su compromiso de crear y cuidar franjas de contenido infantil no dejan de ser un maltrato institucional y social a la infancia. Sin embargo, que la violencia contemplada se plasme en la conducta personal dependerá, en buena parte, de la respuesta que den todos aquellos que tienen responsabilidades educativas sobre los niños: la familia, la escuela y los medios de comunicación.


Extraído de http://www.isftic.mepsyd.es/padres/videojuegos/television_infancia_violencia/

jueves, 27 de noviembre de 2008

Redes sociales, un nuevo riesgo en Internet

EXPERTOS DE TODO EL MUNDO DISCUTEN COMO COMBATIR LAS NUEVAS FORMAS DE LA PEDOFILIA EN LA WEB
Un congreso internacional en Río de Janeiro reúne a 3000 funcionarios y especialistas sobre explotación sexual infantil. Ayer debatieron sobre el peligro de Facebook, el perfil de los abusadores cibernéticos, el vacío penal para perseguirlos y cómo se capta a los niños.

Nota publicada el Jueves, 27 de Noviembre de 2008 en Página12 Por Mariana Carbajal

Desde bebés de apenas unos meses que están siendo abusados sexualmente hasta nenas de 12 o 14 años que tienen relaciones con dos o más adultos. Esas son algunas de las imágenes fotográficas horrorosas que circulan impunemente por Internet, de a miles, diariamente, y sobre las cuales se alertó ayer en esta ciudad, en la primera jornada del III Congreso Internacional contra la Explotación Sexual de Niñas, Niños y Adolescentes, que reúne a unos 3000 participantes y delegaciones oficiales de más de un centenar de gobiernos, incluido el argentino, para reforzar la lucha contra este flagelo.

Enfrentar las nuevas formas que adquieren la pedofilia y la prostitución infantil de la mano de la web es uno de los grandes desafíos, coinciden los especialistas. Según un informe que difundió Unicef al inicio de esta cumbre, en todo el mundo más de 150 millones de niñas y 73 millones de niños son explotados sexualmente.

El perfil de los delincuentes sexuales cibernéticos y los vacíos legales para perseguirlos, los riesgos de redes sociales como Facebook y las posibilidades que brindan para vender pornografía infantil a través de álbumes cerrados; las facilidades que ofrece el anonimato de un contacto on line para captar chicos y chicas para abuso sexual fueron algunos de los ejes de los debates del primer día.

El congreso fue inaugurado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y la primera dama, Marisa Leticia, en la noche del martes. El multitudinario evento tiene lugar en un inmenso centro de exposiciones, en el sur de la ciudad, en los alrededores del residencial barrio de Barra de Tijuca. Su objetivo es intercambiar experiencias en la lucha contra la explotación sexual de la infancia, examinar progresos y reforzar los compromisos ya asumidos por los países.

La primera cumbre fue en Suecia en 1996 y la segunda, en 2001, en Japón. Unicef es uno de sus promotores y organizadores. "La explotación sexual deja a los niños y niñas con cicatrices psicológicas y a veces físicas, y reduce sus esperanzas de llevar una vida digna", dijo la directora ejecutiva de Unicef, la norteamericana Ann M. Veneman. "Ningún país ni ninguna región es inmune y nadie es inocente. Los depredadores siguen utilizando nuevos instrumentos dirigidos a los niños, incluido el ciberespacio y la nueva generación de teléfonos celulares", alertó Veneman. Entre las participantes se encuentran la reina Silvia de Suecia y nueve primeras damas entre ellas, la hija de Raúl Castro, jefe de Estado de Cuba, y la hermana del presidente paraguayo Fernando Lugo, además de setenta ministros. La delegación argentina no incluye funcionarios de primera línea.

Los nuevos escenarios de las formas de explotación sexual infantil fue el tema convocante del primer panel de ayer, que estuvo moderado por la abogada de Nigeria Joy Ngozi Ezeilo, relatora especial de la ONU sobre Tráfico de Seres Humanos, en especial de mujeres y niños.

La filipina Amigan Abueva, directora ejecutiva de la Red Internacional contra la Prostitución, Pornografía y la Trata de Niños, Niñas y Adolescentes (Ecpat), alertó sobre los chicos que son traficados para el comercio sexual. "No son los más pobres los que están en mayor riesgo, son los que tienen capacidad de tener algún tipo de documentación para viajar", indicó.

Los desafíos que plantea Internet fue el eje de la exposición de la irlandesa Ethel Quayle, una reconocida experta mundial sobre la explotación sexual y la pornografía en la web. "Sabemos muy poco de los chicos que son víctimas. Poco más de mil, cuyas fotos circulan en Internet, han sido identificados en todo el mundo", apuntó. Esa tarea la llevó adelante el Centro Nacional de Niños Desaparecidos y Explotados de Estados Unidos (Ncmec): hasta septiembre de 2008 ese organismo informó que había logrado identificar a 1660 menores, mediante imágenes distribuidas y no distribuidas de pornografía infantil: 73 por ciento eran mujeres y 27 por ciento varones; 6 por ciento infantes o deambuladores, 49 por ciento prepúberes y 45 por ciento adolescentes.

Redes sociales como Facebook pueden facilitar el comercio de pornografía infantil a través de álbumes cerrados "como si fueran las fotos de las últimas vacaciones que se comparten con amigos": aquí, en Brasil, se descubrió que en Orkut "el más popular de esos sitios, con 27 millones de usuarios" se vendían contraseñas para acceder a books con imágenes abusivas de chicos y chicas y esa investigación policial derivó en un reciente acuerdo entre el Ministerio Público brasileño con Google "después de una áspera disputa", para facilitar las denuncias y la persecución a los delincuentes sexuales.

Otro tema de preocupación, que quedó en evidencia ayer, son los escasos filtros que ofrece la web en la captación de víctimas de abuso sexual. "La preparación on line, para un abuso sexual, a diferencia de la realizada fuera de Internet, ocurre con más rapidez y puede ser anónima", alertó Quayle, psicóloga clínica y directora del Proyecto para Combatir las Redes de Pedofilia en Europa (Copine, por sus siglas en inglés), de la Universidad de Edimburgo. Los chicos, dijo, confían más rápidamente en "su amigo" on line y tienden a ser menos inhibidos en lo que comunican, y los pedófilos no se ven restringidos por el tiempo en la accesibilidad, como cuando están en el mundo real. "En general buscan averiguar lo máximo posible que puedan sobre su víctima potencial, establecen el riesgo y la probabilidad de que el niño cuente el hecho, averiguan datos sobre sus redes sociales, pueden dar información falsa sobre ellos mismos, y si es seguro, forman una relación con el niño o lo controlan para poder encontrarse con él fuera de Internet", describió Quayle en un informe que hizo especialmente para el Congreso, a pedido de Ecpat.

Según este documento, sobre la base de distintas investigaciones se llegó a determinar el perfil de los pedófilos cibernéticos, que explotan sexualmente a nenas y nenes o coleccionan imágenes de abuso sexual infantil: son en su mayoría blancos, de apariencia occidental, de un amplio rango de edad: algunos saben mucho de computación, mientras que otros tienen destrezas básicas. "Algunos tienen una historia de abuso, mientras que para otros es la primera demostración de interés sexual en niños o es la primera vez que llaman la atención de las agencias de aplicación de la ley", explica el estudio. "Hay casos de fotos de niños que son utilizadas sin que ellos sepan y eso también es explotación sexual infantil", advirtió la experta irlandesa. Otro tema que está generando debate en algunos países desarrollados, acotó, son las imágenes virtuales de abuso sexual infantil, es decir, los dibujos o comics sexualmente explícitos, una industria muy desarrollada en Japón. En muchos de esos comics se representa a niñas escolares o adultos que parecen chicos siendo violados o involucrados en actividades sadomasoquistas.

Actualmente en el Reino Unido se discute la criminalización de su producción, tenencia y distribución. Quienes están en contra sostienen que prohibirlos significaría afectar la libertad de expresión y podría llevar a que quienes los consumen se vuelquen a cometer delitos sexuales más graves. Para Quayle, no hay duda: Son crímenes en relación no con un niño en particular, sino con todos los niños.

martes, 25 de noviembre de 2008

Televisión en Iberoamérica

En la encuesta, llevada a cabo por la Fundación Telefónica, en lo que a televisión respecta, surgen los datos que transcribo a continuación. Cabe destacar el grado de penetración del medio, y la “impunidad” con que se mueve.
Posesión
• La televisión sigue siendo la pantalla dominante en los hogares iberoamericanos. Únicamente el 1% de los encuestados declara no poseer televisión.
• El 48% de los encuestados declara tener contratados los servicios de televisión por cable.
• Las encuestas realizadas a los niños de 6 a 9 años confirman la primacía de la televisión en los hogares. El 41% de los casos declara que en su casa hay más de tres televisores. El 31% afirma tener dos receptores y el 23% un solo aparato.

Uso
• La televisión es la pantalla que más presencia y notoriedad tiene. No sólo está presente en la gran mayoría de las casas (98%), sino que además, lo habitual es que haya al menos dos televisiones por hogar (72%).
• La emergencia de nuevas pantallas reduce la preocupación por la adicción hacia las tecnologías. Aun así, uno de cada cuatro jóvenes (26%) reconoce que entre su grupo de amigos y conocidos hay alguien que está siempre viendo la televisión.
• La televisión sigue siendo una de las actividades habituales de los menores iberoamericanos, aunque comienzan a apuntar hacia soportes más interactivos.

Acceso
• El lugar habitual de consumo de televisión, para el 49% de los más pequeños, es el propio dormitorio. Le siguen, como ubicaciones más comunes, el dormitorio de los padres con el 47% y el salón o cuarto de estar con el 45% de los casos.
• Esta pauta se acentúa con la edad. El 57% de los encuestados de 10 a 18 años declara tener televisor en su cuarto, aunque el salón es la opción más elegida, con el 62% de los casos. Parece probable que influya que el 53% de los padres de estos niños tenga televisión en su habitación.

Tiempo
• La televisión es la pantalla que acompaña siempre a los jóvenes; el 42% la enciende nada más llegar a casa. En todos los países de la muestra esta actitud es más habitual en chicas que en chicos.
• De los adolescentes de 10 a 18 años que han realizado la encuesta, casi la mitad (el 40%) confirma que entre semana suele ver más de dos horas diarias de televisión. Es llamativa la variación que existe entre las chicas (42%) y los chicos
(37%). Porcentaje que aumenta ligeramente el fin de semana, siendo un 45% el que afirma ver más de dos horas diarias la televisión el sábado o el domingo.

Desplazamiento de actividades
• La televisión como opción de ocio es importante para el 13% de los niños de 6 a 9 años, que la eligen como «actividad que les gustaría hacer ahora».
• En el caso de los adolescentes la importancia crece hasta el 23%, convirtiéndose en la opción más elegida en el grupo de 10 a 18 años.
• El 39% de los jóvenes dice hacer la tarea mientras ve la televisión, un 31% en el caso de los encuestados masculinos, y asciende hasta un 45% en el caso de las chicas.

Compañía
• Uno de cada dos jóvenes de 10 a 18 años declara que «le gusta más ver la tele acompañado que solo». Aun así, un 60% de los encuestados declara que suele ver la televisión solo.
• Estos datos definen a una generación que tiende a estar con otros y que usan los medios también con esa finalidad social.

Consumo de contenidos
• En lo que se refiere a los contenidos, la penetración de la televisión por cable supone el 48% de los casos.
• En la competencia entre pantallas, la televisión sólo gana entre las chicas cuando se la empareja con los videojuegos y entre los chicos adolescentes al enfrentarla al celular.
• La competencia más clara de la televisión es Internet. Las encuestas revelan que existe una clara preferencia por la Red en detrimento de la televisión.
• Cuando compite con el celular, los jóvenes de 10 a 18 años inclinan la balanza hacia la televisión, aunque con diferencias menores que en el caso de los videojuegos.

Mediación educativa
• En algunos casos existen normas sobre los contenidos televisivos aptos para los menores. Los chicos son quienes se muestran más proclives a transgredir la norma: un 18% declara hacerlo así frente al 14% de la media global.
• El 55% de los jóvenes de 10 a 18 años encuestados asegura que son ellos mismos quienes eligen qué programa mirar, porcentaje que disminuye en el caso de los padres, con un 43%.

Fuente
Coincidiendo con el Día Universal de la Infancia, se presentó el libro del Programa Generaciones Interactivas: La Generación Interactiva en Iberoamérica. Niños y adolescentes ante las pantallas (Ariel, Barcelona, 2008, 345 pp).
El informe, producido por el Grupo Generaciones Interactivas en Iberoamérica (Telefónica, Fundación Telefónica, Educared y la Universidad de Navarra) cubre el uso de internet, móviles, videojuegos y televisión entre niños y adolescentes en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela. El texto puede descargarse gratuitamente en http://www.ecuaderno.com/2008/11/20/la-generacion-interactiva-en-iberoamerica/

sábado, 22 de noviembre de 2008

La televisión y la familia

La televisión es uno de los recursos de comunicación audiovisual más poderosos. Hace del mundo una aldea global. Tenemos la posibilidad de estar asomados a una pantalla que de inmediato nos presenta lo que acontece en cualquier punto del planeta.

Las posibilidades educativas que tiene son espectaculares, la fuerza comunicadora de la imagen al presentarnos de manera tan intuitiva fenómenos, acontecimientos, procesos... hace que su potencial educador y formativo sea enorme en sí mismo, pero todas las posibilidades educativas que pueda tener, en la práctica depende del uso que se le quiera dar.

Produce tristeza que un medio tan poderoso como la televisión se utilice para fines tan pobres como los que vemos con tanta frecuencia en los canales, donde las audiencias es el criterio más importante para mantener o quitar un programa, al margen de la validez formativa y técnica que tenga programa.

Ante esta "invasión de la imagen" los padres necesitamos tener unos criterios respecto al uso de la televisión en la casa
El uso de la televisión:
1º.-Conviene limitar el tiempo que los hijos están delante de la pequeña pantalla, por tanto es necesario seleccionar lo que se quiere ver, teniendo una información previa del contenido de los programas. Fijar una norma cuanto antes, si se quiere que la TV juegue sólo un pequeño papel en la vida de los niños.
2º.- Planificar el horario de ver la TV. Sólo se ha de conectar el televisor cuando haya un programa concreto que se desee ver. No es adecuado conectar el televisor a cualquier hora y tenerlo como música de fondo. Si los padres ven televisión indiscriminadamente lo mismo harán sus hijos.
3º.- Proporcionar al niño alternativas para distraerse. No utilizar el televisor como si fuera la niñera, excepto ocasionalmente. Mejor es que el niño practique otras actividades agradables que le mantienen entretenido y ocupado.
4º.- Negociar con el niño el tiempo que se va a ver la televisión. Coloque el plan de sesiones cerca del televisor. El niño debe saber que habrá una penalización si se incumplen los horarios, como puede ser la pérdida de los acuerdos respecto a la televisión que se verá al día siguiente.
5º.- Ver la televisión juntos. Siempre que sea posible los padres deberían ver la TV junto a sus hijos y, de este modo, hablar de lo que están viendo. Así se potencian los efectos positivos de la TV y se disminuyen los negativos. Si el niño ve y discute los programas con un adulto que le da explicaciones de lo que ve en la pantalla, estará más protegido
6.- Ver la TV de manera crítica ante los mensajes que aparecen. Esto se irá consiguiendo si se les enseña a distinguir lo real de lo ficticio, los hechos de las opiniones, lo moralmente correcto de lo incorrecto. Estas distinciones se aprenden en la medida que se crea en la familia la costumbre de comentarlos.
7.- Hablar de lo que se está viendo. ¿Es una historia real o una fantasía?, ¿Es algo peligroso o algo bueno?, ¿Qué piensas de los personajes?, ¿Qué sientes viendo este programa? Anime a inventar nuevos finales.
8.- Discutir las noticias. El hecho de discutir el contenido de las noticias ayudará a que el niño entienda con más facilidad lo que está ocurriendo en el mundo.
9.- Hablar de la publicidad. Enseñe a contemplar los anuncios con ojo crítico y que así entienda que el objetivo es vender algo. ¿Parece un juguete tan bueno en la tienda como en la pantalla?, ¿Qué consiguen los vendedores repitiendo muchas veces un anuncio?...
10.- Cambiar los hábitos televisivos en el hogar. Cuando el niño se ve que es teleadicto y ve más la TV de lo que los padres quisieran, es necesario provocar cambios ¿Cómo? Alternar la TV con otras actividades: "¿Quieres ver tu programa favorito a las 8.30? ¿Qué te gustaría hacer hasta entonces?". Los padres pueden sugerir juegos de mesa, la lectura de un libro, escuchar música, pasear, repasar ejercicios escolares...
11.- Utilizar la televisión como recompensa. Cuando un niño disfruta con la TV, el hecho de verla es un reforzador natural de otros comportamientos. Se puede utilizar la TV como reforzador para conductas que se pueden mejorar.

Efectos que produce la permanencia excesiva ante la pantalla de TV:
▪ Trastornos del sueño. Ver programas violentos, excitantes o ruidosos a la hora de acostarse, altera el ritmo biológico del sueño. Priva del número suficiente y recomendable de horas de sueño que ha de tener un niño.
▪ Consumismo. Incita a los niños a comprar todo lo que aparece en la pantalla. Carecen de un sentido crítico para saber si conviene comprar o no lo que tan frecuentemente aparece anunciado en las pantallas. Véase la correlación existente entre anuncios de juguetes y venta de los mismos.
▪ Falta de desarrollo social. Por estar excesivo en contacto con la pantalla produce una carencia de contacto social, lo que ocasiona un déficit de relaciones con los demás sociales, y una falta de habilidades sociales.
▪ Pasividad. Lo propio de la TV es incitar a la pasividad intelectual en cuanto el espectador no se expresa, no habla, asume acríticamente lo que aparece. Genera un perfil muy típico entre los niños que permanecen muchas horas frente al televisor, caracterizado por abulia en la voluntad y déficit en la atención y concentración.
▪ Tendencia a confundir lo imaginativo con la realidad. Los niños tienen una imaginación muy desarrollada en este periodo evolutivo, les puede faltar el suficiente espíritu crítico para saber distinguir lo que es producto de la imaginación de lo que tiene un fundamento en la realidad entre lo que aparece en las pantallas.
▪ Más tolerancia a la violencia y a las conductas delictivas. El acostumbramiento por frecuencia en aparición en las pantallas de conductas delictivas y violentas hace que se dé una permisividad mayor hacia este tipo de conductas por parte de los espectadores.
▪ Falta de iniciativa y creatividad. La permanencia frente al televisor merma la iniciativa para buscar otras formas más enriquecedoras para aprovechar el tiempo de ocio. De igual manera no estimula la creatividad en los niños como lo hace los juegos.


Extraído de http://www.isftic.mepsyd.es/padres/videojuegos/television_y_familia/

lunes, 17 de noviembre de 2008

Por medio de los medios

Reproduzco a continuación unos fragmentos de la nota que José Pablo Feinmann publicara en un diario argentino el 16/11/08. En ella contextualiza el problema de los medios y en particular la televisión, al caso concreto de un país en un momento determinado. En los post anteriores reproduje críticas al rol de la televisión en general, sin tener en cuenta un caso concreto, pero en este caso vale la pena ya que está bien escrito.

Nuestra película es The Truman Show, de 1998, dirigida por Peter Weir. Aquí la tesis de la manipulación mediática es llevada al extremo. A un tipo que se llama Truman le crean su mundo, su vida, su entorno desde que nace en un enorme set televisivo que se venderá como un show al resto del país. Toda la vida de Truman está armada, diseñada, conducida por Harris, un genio de la televisión que demuestra con esto que puede, por medio de la omnipresente pantalla, dominar todo, crear la realidad. Es una metáfora sobre la posible libertad del ser humano en un mundo dominado por los medios de comunicación que crean una realidad que somete a quienes se proponga someter. La película de Weir es optimista. Al final, Truman abre una puerta que le permitirá salir del decorado. Es la puerta hacia su libertad. No se ve nada más allá de ella. Sólo oscuridad. La incertidumbre total. Harris le dice que se quede, que él lo protegerá, que habrá de cuidarlo. Pero Truman elige ser libre y elige, con ello, el riesgo, la incertidumbre, el peligro. Truman abre la puerta y entra en ese callejón oscuro, lleno de riesgos gigantescos. Sobre todo los de averiguar quién es, qué quiere, qué piensa. Para evitar estas cosas es que la gente ve la tele. Para no ser libres. Para ser manipulados. Para que les digan en qué creer, a quiénes odiar, a quiénes no odiar, qué consumir, qué comer, qué ropa ponerse, qué ideas tener y, muy especialmente, qué ideas no tener. Aquí, a este ente pasivo, que se devora lo que la tele le da y deja que su subjetividad sea creada, moldeada desde ella, los tycoons de los medios le dicen “la gilada”. ¿Es libre “la gilada”? Alguien dirá que no puede haber algo menos libre que “la gilada”, ya que vive esclava de lo que los medios hacen de ella. Sin embargo, durante estos días hubo ciertos dramáticos sacudones en el programa de Tinelli. No caminó lo de la lluvia. Esa lluvia que caía sobre los cuerpos exponiendo sus transparencias a la mirada golosa y patética e impotente de “la gilada”, ¡no funcionó! No dio el rating esperado. A la gente le gusta más lo del caño. “Hay que volver al caño”, pareciera que se ha resuelto. Entonces, ¿cómo que la gente no es libre? Claro que sí, claro que es libre. Siempre puede elegir entre la mierda y la basura.
(...)
ARTÍCULO COMPLETO EN:
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-115115-2008-11-16.html

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Avisos a colocar en la TV

En los últimos años, en diversos países, se obligó a las tabacaleras a colocar en los atados de cigarrillos, diversas advertencias sobre los riesgos de fumar, sobre los perjuicios del hábito. Me pregunto entonces, ante los masivos perjuicios causados por el uso de la TV, ¿No será oportuno hacer lo mismo?. Suena descabellado, ¡Ataque a la libertad de expresión! dirán algunos, otros en silencio usarán su enorme fuerza para influir en las decisiones, pero ellos son solo permisionarios de un servicio público que nos pertenece a todos, y debería ser usado para el bien común.

Sugiero que entre la programación de los medios televisivos se inserten carteles como los siguientes, y si Ud. tiene alguna otra sugerencia, por favor coméntela.

viernes, 8 de agosto de 2008

La televisión atenta contra el rendimiento escolar

Siempre se ha sabido en las escuelas, que el hecho de mirar mucho tiempo la televisión está en contra del rendimiento escolar, pero desde hace algún tiempo se cuenta con evidencias científicas que nos permiten afirmarlo con mayor seguridad.

Una de las conclusiones más fuertes está referida al hecho de mirar televisión antes de los tres años, lo que se relaciona con peores resultados cognitivos a los seis y siete años.

Por otra parte resulta evidente que los niños que pasan buena parte de su tiempo frente a la “caja boba”, dedican menos tiempo a otras actividades como juegos que estimulan su creatividad, o a relacionarse con otros niños y adultos. Puede ser también que el contenido mismo les sea perjudicial, tal como los incesantes cambios de pantallas o las propagandas televisivas.


Además está claro que la TV no estimula su capacidad de razonar, y que apunta a su emotividad, con el claro fin de dejarlo cautivo.


Mucho se habló además de la violencia, que permanentemente reina en la pantalla, hasta resulta ser el recurso más usado por los dibujitos animados.


Ahora bien, siempre se ha hablado de “exceso”, y ¿Puede haber un uso equilibrado de la TV?, antes de hacer alguna referencia al respecto, queda otro aspecto por considerar ¡El aparato de televisión en el cuarto del joven o niño!


Con respecto a esto último, existen coincidencias en todos los estudios que apuntan a una correlación negativa entre la tenencia de un aparato en el cuarto y el rendimiento escolar, lo que resulta claro, ante la imposibilidad de controlar qué ven los menores no el tiempo que utilizan, llegando a detectarse casos de insomnio.


Retomando el caso de un uso controlado, y la existencia de programas adecuados a la edad, que estén orientados al desarrollo de los niños y jóvenes, tal como pueden ser algunos programas educativos, no existen estudios que afirmen que sean positivos, pero seguramente en dosis homeopáticas, es posible que ayuden al desarrollo juvenil.


Además de la reconocida forma de operar de la televisión con su constante apelación a los sentimiento y su obstrucción a la capacidad de razonamiento, particularmente en los jóvenes y niños en edad escolar les quita tiempo para sus tareas, y muchas veces resulta ser una compañía perniciosa que no permite concentrarse adecuadamente, tanto en los momentos de estudio como luego en el aula.


Llega entonces el momento de los límites, que se deberían dar en dos dimensiones, por un lado en la familia, con el ejercicio de las funciones de control parental, y por otro lado debería haber leyes (como sucede con las marquillas de los cigarrillos), en donde se adviertan sobre las consecuencias de mirar mucha televisión

miércoles, 30 de julio de 2008

Televisión familia y educación

En torno al Ministerio de Educación y Cultura (España), se organizó un foro sobre la televisión y la educación. En este post transcribo las conclusiones sobre este tema tan importante, y para más detalles, pueden acudir a http://www.rtve.es/oficial/iortv/aprende/index.html


Mesa de expertos: Padres, Educadores y Usuarios
En el foro de expertos relacionados con la educación, los usuarios y los padres, se pusieron sobre la mesa, entre otros, los siguientes aspectos para el debate.


* Es responsabilidad de los padres controlar el consumo televisivo de sus hijos, tanto en lo relativo al tiempo como a los contenidos. Para ello es preciso que conozcan la programación, sus características, y que sean capaces de generar actitudes críticas ante determinados programas potencialmente poco recomendables para los niños.
* También desde la escuela debe superarse el tradicional divorcio entre educación y televisión, tendiendo puentes que permitan aprovechar los contenidos televisivos y utilizarlos dentro de los planes formativos.
* Resulta conveniente que Instituciones y televisiones colaboren en este esfuerzo colectivo. Las primeras regulando la programación infantil y elaborando programas de formación audiovisual dirigidos a padres y docentes, y las segundas respetando los horarios restringidos y produciendo espacios infantiles de calidad adecuados para distintas edades y debidamente señalizados.

Los expertos consultados propusieron las siguientes líneas argumentales:
En un mundo como el actual, en el que la tecnología aporta multitud de nuevas posibilidades de ocio y aprendizaje, conviene hacer una relectura del concepto tradicional de educación que debería englobar aspectos más complejos de los que hasta ahora se planteaban. Y educar, en este momento, implica también enseñar a utilizar adecuadamente los medios que la sociedad pone a disposición de los niños y jóvenes para su formación o entretenimiento.


Padres y educadores deben tomar conciencia de esta nueva realidad, e incluir entre sus valores formativos la educación televisiva. Hay que educar a los niños para que aprendan a ver televisión, lo que también implica tal vez ahí radique el misterio el que aprendan a dibujar, y a leer, y a jugar con sus amigos.


Resulta innegable que la televisión posee un inmenso potencial para la formación, la información y el conocimiento de la sociedad sin olvidar el simple y sano entretenimiento, pero también es cierto que desde la pequeña pantalla se pueden promover una serie de modelos y estereotipos a veces poco adecuados. En ocasiones, estos modelos pueden provocar en el niño importantes contradicciones al enfrentar los valores que se defienden en la familia o en la escuela con los que se muestran en los espacios televisivos.Este divorcio de realidades crea héroes nacidos a espaldas de la sociedad, pero que en determinados programas encuentran acomodo y reconocimiento.Por eso es importante que los niños aprendan a ver de manera crítica la televisión, y son los padres y los educadores quienes deben señalar aquellos valores y modelos que sean positivos y contrarrestar en lo posible los negativos.


En este sentido, sería preciso crear una conciencia crítica respecto a los programas de baja calidad. Y que personas de credibilidad ayudaran a generar un estado de opinión que acabara contagiando a los anunciantes, llevándoles a invertir -como ocurre en otros países- en los espacios de mayor prestigio social.Pero la actitud ante la televisión no debe ser exclusivamente vacunadora. La televisión puede ser un importante puente de comunicación entre padres e hijos y de socialización en el entorno escolar. Y conviene aprender a servirnos de estos aspectos positivos y utilizarlos para el desarrollo del niño.Aprovechemos la televisión, sus posibilidades, para el diálogo y convirtamos sus contenidos en un lugar de encuentro del entorno familiar o escolar.El que haya televisiones en los cuartos de los niños, sobre todo hasta ciertas edades, impide este consumo tutelado del que estamos hablando y permite que los niños puedan ver programas inconvenientes a espaldas de sus padres.


Otro aspecto importante, más allá de la cautela ante determinados espacios, es el número de horas que los niños y adultos dedican al consumo de la televisión. Madre, canguro, compañera incansable (y pasiva) de juegos, la televisión se ha convertido en dueña y gestora de nuestro tiempo, imponiendo horarios y ritmos familiares en función de sus emisiones.Hay otra reflexión, por tanto, que debe girar en torno al hecho mismo de cómo vemos la televisión. Nadie en casa enciende caprichosamente el microondas o pone la lavadora si no hay ropa que lavar. Sin embargo, se asume como razonable un consumo mecánico de la televisión que se conecta muchas veces por costumbre, sólo para buscar contenidos con el mando a distancia en ocasiones simples fragmentos de contenidos de forma compulsiva.Sería necesario que los niños aprendieran a ver un programa de televisión y no a ver qué ponen en televisión.Son los padres los que, en primer lugar, tienen que asumir la responsabilidad de plantear alternativas a este consumo acrítico. Alternativas que pueden encontrarse, muchas veces, en la propia televisión buscando los programas más apropiados para la edad y gustos de los niños, y alternativas que deben buscarse también fuera de la televisión; es importante aprender a hacer otras cosas e idear otras maneras de divertirse capaces de competir con los fuertes extremos emocionales que muestra la televisión.


Para que los padres puedan ejercer el necesario control sobre el tiempo y los contenidos televisivos que ven sus hijos, es imprescindible, en primer lugar, que cobren conciencia del problema, tal vez del propio problema respecto de la televisión. Pero, también, que conozcan y sepan valorar críticamente los programas, lo que implicaría no sólo información sino una cierta formación en lectura de contenidos audiovisuales.Se pide por tanto a los padres tiempo para estudiar la programación y actitudes críticas. Se les recomienda que acompañen a sus hijos ante el televisor, que comenten con ellos los programas, que decidan para qué edades son más apropiados... Un objetivo en muchas ocasiones irrealizable si se tiene en cuenta que -sobre todo en las grandes ciudades- los horarios laborales que se complican aún más con largos desplazamientos, cuidadoras que pasan largos periodos con los niños, pisos pequeños, imposibilidad de que los niños puedan jugar en la calle, etc.


Los padres necesitan herramientas que les permitan conocer la televisión y aprender a usarla, pero también colaboración y apoyo en esta labor. De ahí que sea imprescindible que los programadores pongan sumo cuidado a la hora de programar en aquellos horarios restringidos en los que pueda haber niños delante de la televisión.Sería conveniente que existiera un espacio protegido en el que los padres puedan confiar, sabiendo de antemano que en él no van a emitirse contenidos inconvenientes para sus hijos.


Respecto de la programación infantil, los expertos consultados opinan que parece recomendable que los responsables de la programación realicen un esfuerzo por producir y programar espacios de calidad, adecuados para distintas edades, y que estos programas estuvieran debidamente señalizados.Los padres necesitan información que les oriente respecto a las características de los programas y las edades a los que están dirigidos. Algo que ya ocurre, por ejemplo, con los juguetes o los libros, para poder seleccionar los más adecuados para sus hijos.Pero no sólo los padres, maestros y profesionales tienen responsabilidad sobre lo que ven los niños en televisión. También es importante que las Instituciones colaboren en esta tarea, regulando los horarios y contenidos infantiles.


Asimismo, resultaría positivo que los poderes públicos promovieran la formación audiovisual en los colegios y la elaboración de programas educativos.El apoyo a los padres podría prestarse de una manera directa a través de revistas o guías en las que se analizaran con criterio los programas y que sirvieran para orientar a los padres.Sería necesaria, igualmente, la formación de los padres en lectura de imágenes audiovisuales dentro de un proyecto más amplio de apoyo familiar en medios de comunicación.


Y se pide también la existencia de un Consejo Audiovisual, un órgano independiente en el que los agentes sociales pudieran valorar críticamente la programación televisiva.En todo caso, y en lo que tiene que ver con soluciones y propuestas concretas, se llegó a la conclusión de que haríamos un mejor uso de la televisión si se pusieran en marcha o se llevaran a cabo, desde los distintos ámbitos escuela, instituciones, familia, profesionales, las siguientes sugerencias:


Es bueno ver la televisión con nuestros hijos, potenciando los valores positivos.


No se puede controlar el tiempo ni los contenidos que ven los niños si tienen aparatos de televisión en su cuarto que facilitan un consumo privado, y por tanto incontrolado.


La televisión no debe utilizarse nunca como premio o castigo y no debe restar tiempo al diálogo familiar.
Padres y educadores deben aprovechar el potencial innegable de los programas televisivos para tratar con sus hijos determinados temas o situaciones conflictivas que aparecen en los programas.


Sería aconsejable la recuperación de una franja de programación infantil en cadenas. Y que se respetaran los horarios protegidos, de modo que no se emitieran contenidos potencialmente perniciosos para los niños.


Los padres deben ser críticos viendo la televisión; los modelos son importantes para los más pequeños y cabe preguntarse respecto a cómo van a ser los niños selectivos en su consumo si ven a sus padres que no lo son.


Desde los poderes públicos debe ejercerse un control sobre lo que se emite por la pequeña pantalla en los horarios de protección.


Se deberían evitar especialmente todos aquellos programas que atenten contra valores elementales.
Aprender a ver la televisión es aprender también a apagar la televisión. La televisión es una importante fuente de ocio y entretenimiento pero no la única: hay libros, amigos, juegos...


La escuela debe enseñar a ver televisión, analizando lo que no gusta de la televisión y aprovechando lo positivo.
Veremos mejor la televisión si aprendemos a hacer nuestra propia programación, viendo únicamente aquello que interesa. En televisión se emiten todo tipo de programas y hay que ser capaces de encontrar los más indicados.
Los niños tienen que dormir. Descansar es muy importante para su desarrollo, y la televisión no debe interferir en los horarios de sueño de los más pequeños.


Un consumo abusivo e incontrolado de televisión puede afectar negativamente a los resultados académicos.
Los padres necesitan el apoyo de las instituciones -revistas, argumentos, formación- a la hora de dotarse de herramientas y conocimientos que les faciliten un mayor conocimiento del hecho televisivo.


Los padres, finalmente, deben tomar conciencia de su responsabilidad, pero también de su capacidad de movilización: hay que prestigiar socialmente los programas de calidad, y generar un contexto crítico respecto a otros contenidos que no respondan a ese marchamo de calidad.

sábado, 7 de junio de 2008

La televisión y los niños

Los Niños y la Televisión
El mirar televisión es uno de los pasatiempos más importantes y de mayor influencia en la vida de niños y adolescentes. Los niños en los Estados Unidos miran la televisión durante un promedio de tres a cuatro horas al día. Para el momento en que se gradúan de la escuela secundaria habrán pasado más tiempo mirando televisión que en el salón de clase. Mientras la televisión puede entretener, informar y acompañar a los niños, también puede influenciarlos de manera indeseable.

El tiempo que se pasa frente al televisor es tiempo que se le resta a actividades importantes, tales como la lectura, el trabajo escolar, el juego, la interacción con la familia y el desarrollo social. Los niños también pueden aprender cosas en la televisión que son inapropiadas o incorrectas. Muchas veces no saben diferenciar entre la fantasía presentada en la televisión y la realidad. Están bajo la influencia de miles de anuncios comerciales que ven al año, muchos de los cuales son de bebidas alcohólicas, comidas malsanas (caramelos y cereales cubiertos de azúcar), comidas de preparación rápida y juguetes. Los niños que miran demasiada televisión están en mayor riesgo de:
  • Sacar malas notas en la escuela.
  • Leer menos libros.
  • Hacer menos ejercicio.
  • Estar en sobrepeso.

La violencia, la sexualidad, los estereotipos de raza y de género y el abuso de drogas y alcohol son temas comunes en los programas de televisión. Los jóvenes impresionables pueden asumir que lo que se ve en televisión es lo normal, es seguro y es aceptable. Por consecuencia, la televisión también expone a los niños a tipos de comportamiento y acititudes que pueden ser abrumadores y difíciles de comprender.

Los padres pueden ayudar a sus hijos a tener experiencias positivas con la televisión. Los padres deben de:

  • Mirar los programas con los hijos.
  • Escoger programas apropiados para el nivel de desarrollo del niño.
  • Poner límites a la cantidad de tiempo que pasan ante la televisión (a diario y por semana).
  • Apagar la televisión durante la horas delas comidas y del tiempo de estudio.
  • Apagar los programas que no les parezcanapropiados para su niño.

Además, los padres pueden hacer lo siguiente: no permitir a los niños mirar televisión por horas de corrido; al contrario, deben de seleccionar programas específicos para los niños. Seleccionen programas que sean adecuados para el nivel de desarrollo de su niño. Los programas de niños en la televisión pública son apropiados, pero las novelas, las comedias para adultos y los programas de conversación de adultos no lo son.

Establezcan ciertos períodos cuando el televisor esté apagado. Las horas de estudio deben dedicarse al aprendizaje, no son para sentarse frente a la televisión mientras tratan de hacer la tarea. Las horas de las comidas son tiempo para conversar con otros miembros de la familia y no para mirar la televisión.


Estimule discusiones con sus hijos sobre lo que están viendo cuando están mirando un programa juntos.

Señaleles el comportamiento positivo como la cooperación, la amistad y el interés por otros. Mientras están mirando, hágale conexiones con la historia, libros, lugares de interés y eventos personales. Hableles de sus valores personales y familiares y cómo se relacionan con lo que están viendo en el programa. Pidale a los niños que comparen lo que están viendo con eventos reales. Dejeles saber las verdaderas consecuencias de la violencia. Discuta con ellos el papel de la publicidad y su influencia en lo que se compra. Estimule a su niño para que se envuelva en pasatiempos, deportes y con amigos de su misma edad. Con la orientación apropiada, su hijo puede aprender a usar la televisión de una manera saludable y positiva.


Fuente:American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP).

"Homo Videns", La sociedad teledirigida

A continuación resalto algunas frases extraídas del libro de Sartori, que nos permite reflexionar sobre el tema;

PREFACIO
Citando a Baudrillard: "La información, en lugar de transformar la masa en energía, produce todavía más masa". Es cierto que la televisión, a diferencia de los instrumentos de comunicación que la han precedido (hasta la radio), destruye más saber y más entendimiento del que transmite. .

PREFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN ITALIANA
En esta nueva edición he profundizado aún más en el punto central de mi discurso: el hecho de que la televisión modifica radicalmente y empobrece el aparato cognoscitivo del homo sapiens.

LA PRIMACÍA DE LA IMAGEN HOMO SAP1ENS
Lo que hace único al homo sapiens es su capacidad simbólica; lo que indujo a Ernst Cassirer a definir al hombre como un «animal simbólico». … Así pues, la expresión animal symbolicum comprende todas las formas de la vida cultural del hombre. Y la capacidad simbólica de los seres humanos se despliega en el lenguaje, en la capacidad de comunicar mediante una articulación de sonidos y signos «significantes», provistos de significado. Actualmente, hablamos de lenguajes en plural, por tanto, de lenguajes cuyo significante no es la palabra: por ejemplo, el lenguaje del cine, de las artes figurativas, de las emociones, etcétera. Pero éstas son acepciones metafóricas, pues el lenguaje esencial que de verdad caracteriza e instituye al hombre como animal simbólico es “lenguaje-palabra”, el lenguaje de nuestra habla.
El lenguaje no es sólo un instrumento del comunicar, sino también del pensar Y el pensar no necesita del ver…
La radio es el primer gran difusor de comunicaciones; pero un difusor que no menoscaba la naturaleza simbólica del hombre. Ya que, como la radio «habla», difunde siempre cosas dichas con palabras. De modo que libros, periódicos, teléfono, radio son todos ellos —en concordancia— elementos portadores de comunicación lingüística… La televisión —como su propio nombre indica— es «ver desde lejos» (tele), es decir, llevar ante los ojos de un público de espectadores cosas que puedan ver en cualquier sitio, desde cualquier lugar y distancia. Y en la televisión el hecho de ver prevalece sobre el hecho de hablar, en el sentido de que la voz del medio, o de un hablante, es secundaria, está en función de la imagen, comenta la imagen. Y, como consecuencia, el telespectador es más un animal vidente que un animal simbólico.
…es la televisión la que modifica primero, y fundamentalmente, la naturaleza misma de la comunicación, pues la traslada del contexto de la palabra (impresa o radiotransmitida) al contexto de la imagen.
La imagen se ve y eso es suficiente; y para verla basta con poseer el sentido de la vista, basta con no ser ciegos. La imagen no se ve en chino, árabe o inglés; como ya he dicho, se ve y es suficiente.
…La televisión no es un anexo; es sobre todo una sustitución que modifica sustancialmente la relación entre entender y ver. Hasta hoy día, el mundo, los acontecimientos del mundo, se nos relataban (por escrito); actualmente se nos muestran, y el relato (su explicación) está prácticamente sólo en función de las imágenes que aparecen en la pantalla.
… podemos deducir que la televisión está produciendo una permutación, una metamorfosis, que revierte en la naturaleza misma del homo sapiens.
Por encima de todo, la verdad es que la televisión es la primera escuela del niño (la escuela divertida que precede a la escuela aburrida); y el niño es un animal simbólico que recibe su imprint, su impronta educacional, en imágenes de un mundo centrado en el hecho de ver.
Pero se trata siempre de un adulto sordo de por vida a los estímulos de la lectura y del saber transmitidos por la cultura escrita.

5. EL EMPOBRECIMIENTO DE LA CAPACIDAD DE ENTENDER
…en síntesis, todo el saber del homo sapiens se desarrolla en la esfera de un mundus intelligibilis (de conceptos y de concepciones mentales) que no es en modo alguno el mundus sensibilis, el mundo percibido por nuestros sentidos. Y la cuestión es ésta: la televisión invierte la evolución de lo sensible en inteligible y lo convierte en el ictu oculi, en un regreso al puro y simple acto de ver. La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender.

LA OPINIÓN TELEDIRIGIDA VÍDEOPOLÍT1CA
Actualmente, el pueblo soberano “opina” sobre todo en función de cómo la televisión le induce a opinar. Yen el hecho de conducir la opinión, el poder de la imagen se coloca en el centro de todos los procesos de la política contemporánea.

LA FORMACIÓN DE LA OPINIÓN
… cuando la opinión pública se plasmaba fundamentalmente en los periódicos, el equilibrio entre opinión autónoma y opiniones heterónomas (heterodirigidas) estaba garantizado por la existencia de una prensa libre y múltiple, que representaba a muchas voces. La aparición de la radio no alteró sustancialmente te equilibrio. El problema surgió con la televisión, en la medida en que el acto de ver suplantó al acto de discurrir.
Pero la fuerza arrolladora de la imagen rompe el sistema de reequilibros y retroacciones múltiples que habían instituido progresivamente, durante casi dos siglos, los estados de opinión difusos, y que, desde el siglo XVIII en adelante, fueron denominados «opinión pública». La televisión es explosiva porque destrona a los llamados líderes intermedios de opinión, y porque se lleva por delante la multiplicidad de «autoridades cognitivas» que establecen de forma diferente, para cada uno de nosotros, en quién debemos creer, quién es digno de crédito y quién no lo es. Con la televisión, la autoridad es la visión en sí misma, es la autoridad de la imagen. No importa que la imagen pueda engañar aún más que las palabras, como veremos más adelante. Lo esencial es que el ojo cree en lo que ve; y, por tanto, la autoridad cognitiva en la que más se cree es lo que se ve.
Y es falso que la televisión se limite a reflejar los cambios que se están produciendo en la sociedad y en su cultura. En realidad, la televisión refleja los cambios que promueve e inspira a largo plazo.

MENOS INFORMACIÓN
Se puede estar informado de acontecimientos, pero también del saber. Aun así debemos puntualizar que información no es conocimiento, no es saber en el significado eurístico del término. Por sí misma, la información no lleva a comprender las cosas: se puede estar informadísimo de muchas cuestiones, y a pesar de ello no comprenderlas. Es correcto, pues, decir que la información da solamente nociones. Lo cual no es negativo. También el llamado saber nocional contribuye a la formación del homo sapiens. Pero si el saber nocional no es de despreciar, tampoco debemos sobrevalorarlo. Acumular nociones, repito, no significa entenderlas.
Los noticiarios de nuestra televisión actual emplean 20 minutos de su media hora de duración en saturarnos de trivialidades y de noticias que sólo existen porque se deciden y se inventan
La obligación de “mostrar” genera el deseo o la exigencia de «mostrarse». Esto produce el pseudo-acontecimiento, el hecho que acontece sólo porque hay una cámara que lo está rodando, y que, de otro modo, no tendría lugar.
En suma, lo visible nos aprisiona en lo visible. Para el hombre que puede ver (y ya está), lo que no ve no existe. La amputación es inmensa, y empeora a causa del porqué y del cómo la televisión elige ese detalle visible, entre otros cien o mil acontecimientos igualmente dignos de conmiseración.
A fuerza de subinformar, y a la vez de destacar y exagerar las noticias locales, terminamos por “perder de vista” el mundo y casi ya no interesarnos por él.

MÁS DESINFORMACIÓN
Telesio Malaspina lo resume claramente: A la televisión le encanta dar la palabra a la gente de la calle, o similares. El resultado es que se presenta como verdadero lo que con frecuencia no es verdad [...J. Las opiniones más facciosas y necias [...] adquieren la densidad de una corriente de pensamiento [...]. Poco a poco la televisión crea la convicción de que cualquiera que tenga algo que decir, o algo por lo que quejarse, tiene derecho a ser escuchado. Inmediatamente. Y con vistosos signos de aprobación [por parte de los entrevistadores] [...]. El uso y el abuso de la gente en directo hacen creer que ahora ya puede tomarse cualquier decisión en un momento por aclamación popular. (1995, pág. 24).
El resultado de ello es una formidable selección a la inversa. Destacan los charlatanes, los pensadores mediocres, los que buscan la novedad a toda costa, y quedan en la sombra las personas serias, las que de verdad piensan.

6. TAMBIÉN LA IMAGEN MIENTE
No hay duda de que los noticiarios de la televisión ofrecen al espectador la sensación de que lo que ve es verdad, que los hechos vistos por él suceden tal y como él los ve. Y, sin embargo, no es así. La televisión puede mentir y falsear la verdad, exactamente igual que cualquier otro instrumento de comunicación. La diferencia es que la «fuerza de la veracidad» inherente a la imagen hace la mentira más eficaz y, por tanto, más peligrosa.
Una fotografía miente si es el resultado de un fotomontaje. Y la televisión de los acontecimientos, cuando llega al espectador, es toda ella un fotomontaje.
La verdad es que para falsear un acontecimiento narrado por medio de imágenes son suficientes unas tijeras.
Yo lo interpretaría así: el vídeo-dependiente tiene menos sentido crítico que quien es aún un animal simbólico adiestrado en la utilización de los símbolos abstractos. Al perder la capacidad de abstracción perdemos también la capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso.

Y LA DEMOCRACIA? LA POLÍTICA VÍDEO-PLASMADA
La televisión favorece —voluntaria o involuntariamente— la emotivización de la política, es decir, una política dirigida y reducida a episodios emocionales.

4. EL DEMOS DEBILITADO El mundo en imágenes que nos ofrece el vídeo-ver desactiva nuestra capacidad de abstracción y, con ella, nuestra capacidad de comprender los problemas y afrontarlos racionalmente.
De modo que la visión de conjunto es ésta: mientras la realidad se complica y las complejidades aumentan vertiginosamente, las mentes se simplifican y nosotros estamos cuidando —como ya he dicho— a un vídeo-niño que no crece, un adulto que se configura para toda la vida como un niño recurrente.
La televisión crea una «multitud solitaria» incluso entre las paredes domésticas. Lo que nos espera es una soledad electrónica: el televisor que reduce al mínimo las interacciones domésticas, y luego Internet que las transfiere y transforma en interacciones entre personas lejanas, por medio de la máquina.
REGNUMHOMÍNIS Y HOMBRES BESTIAS
En la edad digital nuestro quehacer se reduce a pulsar botones de un teclado. Así vivimos encerrados sin ningún contacto auténtico con la realidad, con el mundo real. La «hiper mediatización» (es la tesis de Gehlen, 1990) nos priva de experiencias nuestras, experiencias de primera mano y nos deja a merced de experiencias de segunda mano. Lo cual tiene graves consecuencias. Pues cada uno de nosotros sólo comprende de verdad las cosas sobre las que tiene una experiencia directa, una experiencia personal. No hay libro, ni discurso, ni representación que pueda hacer las veces de nuestro propio error. Para aprender a nadar hay que tirarse al agua.
El hombre del postpensamiento, incapaz de una reflexión abstracta y analítica, que cada vez balbucea más ante la demostración lógica y la deducción racional, pero a la vez fortalecido en el sentido del ver (el hombre ocular) y en el fantasear (mundos virtuales
Se le parece también en la credulidad y en la superstición. El progreso de la ciencia —se de la Ilustración en adelante— liberaría al hombre de creencias irracionales. No obstante, la tecnología, a medida que avanza, está produciendo un hombre incluso más crédulo e «inocentón» que el hombre medieval.
Entonces, no es paradójico que el país que dispone de una mayor ciencia tecnológica, Estados Unidos, sea también el país de mayor credulidad y que más abraza cultos de poca monta

RACIONALIDAD Y POSTPENSAMIENTO
… la tesis de fondo del libro es que un hombre que pierde la capacidad de abstracción es eo ipso incapaz de racionalidad y es, por tanto, un animal simbólico que ya no tiene capacidad para sostener y menos aún para alimentar el mundo construido por el homo sapiens.
La televisión premia promueve la extravagancia, el absurdo y la insensatez. De este modo refuerza y multiplica al homo insipiens.
La ignorancia casi se ha convertido en una virtud, como si se restableciera a un ser primigenio incontaminado e incorrupto; y con el mismo criterio, la incongruencia y el apocamiento mental se interpretan como una «sensibilidad superior», …, que nos libera …, de la aridez de la racionalidad.
Pero aunque no desespero, tampoco quiero ocultar que el regreso de la incapacidad de pensar (el postpensamiento) al pensamiento es todo cuesta arriba. Y este regreso no tendrá lugar si no sabemos defender a ultranza la lectura, el libro y, en una palabra, la cultura escrita.
Y debemos reaccionar con la escuela y en la escuela. La costumbre consiste en llenar las aulas de televisores y procesad ores. Y deberíamos, en cambio, vetarlos (permitiéndoles solamente el adiestramiento técnico, como se haría con un curso de dactilografía). En la escuela los pobres niños se tienen que «divertir». Pero de este modo no se les enseña ni siquiera a escribir y la lectura se va quedando cada vez más al margen. Y así, la escuela consolida al vídeo-niño en lugar de darle una alternativa.
Sucede lo mismo con los periódicos: imitan y siguen a la televisión, aligerándose de contenidos serios, exagerando y voceando sucesos emotivos, aumentando el «color» o confeccionando noticias breves, como en los telediarios.
Los periódicos harían mejor si dedicaran cada día una página a las necedades, a la fatuidad, la trivialidad, a los errores y disparates que se han oído en la televisión el día antes. El público se divertiría y leería los periódicos para «vengarse» de la televisión, y tal vez de este modo la televisión mejoraría Y a quien me dice que estas acciones son retrógradas, le respondo: ¿y si por el contrario fueran vanguardistas?
APENDICE
Y si el vídeo-niño se autorealiza como un video-dependiente (primer recorrido), entonces el vídeo dependiente se traduce posteriormente (segundo recorrido) en un mal ciudadano que perjudica a la ciudad democrática y al bien colectivo.

viernes, 6 de junio de 2008

Sartori, "Homo Videns, la sociedad teledirigida"


En este libro, publicado en 1997, el conocido cientista político Giovanni Sartori, autor de importantes obras que constituyen clásicos en su especialidad, aborda el papel que están desempeñando los multimedios y la televisión en especial en el público, así como también las características de la opinión pública en las democracias representativas de hoy, fuertemente dirigidas por el mundo de las imágenes y de los sondeos de opinión.


A diferencia de otras obras teóricas del autor como “la Política” o “teoría de la democracia”, ésta es una reflexión de los tiempos aguda, crítica, pesimista, diríamos casi apocalíptica. Sin embargo, es un libro que cumple con el papel de alertar, de llamar la atención a todas aquellas personas involucradas en procesos educativos, tanto a nivel familiar como institucional respecto de la influencia de la televisión en el plano individual, político y cultural. De fácil y rápida lectura, no es por ello una obra superficial. Invita a reflexionar en el mundo que estamos viviendo y ayuda a darse cuenta de los eventuales peligros a que podrían llevarnos los multimedia y muy particularmente la televisión, cuando se erige como el único factor de socialización de la persona desde su niñez.


La tesis central de Sartori es que la televisión y el video (imagen) modifican radicalmente y empobrecen el aparato cognoscitivo del “homo sapiens”, a tal punto que anula su pensamiento y lo hace incapaz de articular ideas claras y diferentes, hasta llegar a fabricar lo que él denomina un “proletariado intelectual”, sin ninguna consistencia. La cultura audiovisual es inculta y por lo tanto, no es cultura, afirma Sartori. Del “homo sapiens”, producto de la cultura escrita, se ha pasado al “homo videns”, producto de la imagen. Es más, el autor afirma que la televisión en la época actual no sería solo un instrumento, sino que es una “paideia”, un medio que genera un nuevo “ántropos”, esto es, un nuevo tipo de ser humano. Nos parece tan radical esta afirmación, porque equivale a imaginarnos que el hombre está expuesto a un sólo tipo de influencia (la televisión) en el mundo moderno, dejando de lado otros factores de socialización. La formación de la opinión pública es un proceso complejo, dinámico en el cual intervienen elementos que entran y salen de un embudo o túnel de la causalidad, según lo explican los autores Miller, Stokes y Coverse. Lo fundamental es la motivación y el interés que presenten las personas por cualquier tema, no sólo el político. Recordemos que en “la teoría de la democracia” Sartori nos plantea que el mundo construido por Orwell es una pesadilla “pero no un imposible”, puesto que “el sistema totalitario unicentrico de fabricación de la opinión es ya una realidad plena”[1]... ¿Se trata pues de un individuo aislado que al actuar se transforma en una masa homogénea, con una mente empequeñecida que cae a veces en el conflicto? Al menos es a lo que apunta en el capítulo 3 de la obra titulado “la aldea global”. Estaríamos aún en plena vigencia de la sociedad de masas al modo como la describe Ortega y Gasset, en donde no caben los conceptos de personas unidas en grupo, en comunión con otras, compartiendo y debatiendo temas controvertidos que son de su interés. Se anula la noción de persona y de público y con ello, la posibilidad de existencia de una auténtica opinión pública.


Sartori arremete decididamente en contra de la televisión, ya que ella sería la primera escuela del niño, formado en la imagen y después, transformado en un hombre que no lee, cuya capacidad de abstracción y de entender se ha visto empobrecida. Esta afirmación nos parece particularmente grave, puesto que aunque Sartori no lo dice explícitamente, debemos reconocer que en la época actual hay dos instituciones socializadoras en crisis: la familia, como primera formadora de hábitos, valores y actitudes y la segunda en importancia cronológica: la educación, las que deben ir en estrecha consonancia al menos en los primeros años de formación de la persona. Nuestro país no parece tan alejado de esta situación, al conocer los resultados del último informe de la Organización para el Desarrollo y la Cooperación en el que se señala que el 80% de los chilenos entre 16 y 65 años no tiene nivel de lectura mínimo para funcionar en el mundo de hoy, porque no comprenden lo que leen[2].


Si la familia y la educación están en crisis y si la persona desde pequeña está expuesta a un solo factor de socialización, la solución pasa por mejorar los dos primeros elementos y la calidad de la televisión. Es necesario que entendamos que el problema de fondo no está en que los medios de comunicación o los otros elementos de socialización sean buenos o malos en si. En lo que se refiere a los medios de comunicación en particular, “el uso que la gente hace de ellos puede producir efectos positivo o negativos”... y ellos “no son fuerzas ciegas de la naturaleza fuera del control del hombre”. Es más, “la gente elige usar los medios de comunicación social con fines buenos o malos, de un modo bueno o malo”[3]. Se trata de opciones que el hombre hace. Nos parece que este es el punto central que Sartori no aborda al menos en este libro: una visión esperanzadora del hombre, que tiene siempre abierta la posibilidad de escoger el bien.


En esta obra Sartori se concentra solamente en los efectos cognoscitivos que la televisión produciría en el hombre. Se olvida que no basta la información para que exista una correcta opinión pública que sirva de contrapeso real a otros poderes de la sociedad. El “homo videns” sólo podría resurgir como una persona si a la dimensión cognoscitiva se le agrega la dimensión ética-formativa. No concebimos una opinión pública que no esté conformada por personas con una correcta información y conocimiento, sino también y lo que es más importante, con un reconocimiento de la Verdad, lo que le permitirá distinguir el error, la falsedad, despejar dudas e incertidumbres, evitar los estereotipos, la desinformación y opinar sobre aquello que es contingencia, objeto de opinión y no sobre aquello que no lo es: la Verdad. Si bien la ”doxa difiere del conocimiento científico, no por ello debemos relegarla como lo hiciera Platón al lugar de saber intermedio, sino que debemos elevarla, como lo hiciera Aristóteles, dotándola de una dimensión ética. Si bien Sartori aborda el tema de la Verdad en “la teoría de la democracia”, lo hace con un cierto escepticismo al referirse al problema de la autonomía de la opinión pública: ”en el fondo todo gira alrededor de la creencia valorativa en la verdad-en el valor de la verdad. Pero vivimos ahora en un mundo repleto de persuasores ideológicos para quienes la “causa” tiene prioridad sobre la verdad”[4].


Lo anterior podría encontrar explicación en la época en que el autor escribiera su libro, antes de la caída del muro de Berlín. Quizás ahora Sartori ha sustituido las ideologías por el poder total que le concede a la televisión, no ya como un mero instrumento, sino como un elemento que EN SI Y POR SI MISMO PROMUEVE E INSPIRA LOS CAMBIOS EN LA SOCIEDAD, al modo como se concebían los efectos de los medios en su primera fase, en la que se les atribuía un gran poder, fruto de la experiencia vivida en la segunda guerra mundial, en donde la opinión pública estaba totalmente manipulada y controlada por el estado. Lo cierto es que las democracias modernas son un tanto más complejas, vivimos lo que Robert Dahl denomina una “poliarquía”, esto es, han surgido una multiplicidad de actores que compiten entre si e influyen en la sociedad.


Coincidimos con Sartori cuando al abordar el tema de la formación de la opinión pública afirma que las opiniones son ciegas y débiles por la influencia de la televisión y de la sondeodependencia, para referirse al poder que han tomado las encuestas de opinión. Como se sabe, éstas son un mero instrumento empírico para medir opiniones en un momento dado, y constituyen meras probabilidades, tendencias o aproximaciones a la verdad, y por lo tanto, pueden equivocarse. Falta un mayor espíritu crítico en la sociedad para saber interpretarlas y sin duda, la televisión no ayuda mucho a ello.


Concretamente en lo que se refiere a la influencia de la televisión en la política, concordamos con el autor en el sentido que ella la personaliza, la hace más emotiva, “rompe el equilibrio entre pasión y racionalidad”, homogeniza y hasta promueve el conflicto. El resultado final es que el pueblo se debilita, no decide la solución de los temas. A resolver, sino que se limita a elegir quién decidirá. Con mucha propiedad, Sartori advierte que a un incremento del “demopoder”, debería corresponder un incremento del “demosaber”. De otra forma, la democracia se convierte en un sistema de gobierno en que son los más incompetentes los que deciden.


El demos debilitado de Sartori lo está no sólo en su capacidad de entender, sino también en su pérdida del sentido de comunidad. La televisión crea una “multitud solitaria” y lo que nos espera es una “soledad electrónica”. Nuevamente se pierde la noción de persona y de público. Lo que prima en Sartori es esa visión pesimista de la multitud, presa de sus emociones, incapaz de pensar por si sola, expuesta a una sola influencia y determinada por ella, sin libertad. Si esto es así, la opinión pública no sólo como concepto, sino también como realidad se vería amenazada, y con ello la existencia de una verdadera democracia participativa. Estaríamos frente a lo que se podría denominar el ”totalitarismo de la imagen”.


En síntesis, si bien el autor llama la atención sobre algunos fenómenos que se están dando en la sociedad moderna en el nivel individual y de la sociedad, nos deja la sensación que el hombre ha perdido su libertad, porque se olvidó del ”logos” y puso énfasis en el instrumento o más bien dicho, está determinado por éste, lo que deja pocas esperanzas. Creemos que en este libro Sartori expone un pensamiento extremo, en el que se le atribuye un poder casi total a la televisión y al poder de la imagen. Ello es útil sin embargo, en la medida que nos lleva a reflexionar sobre el uso que el hombre pudiera estar haciendo de los medios de comunicación, en particular de la televisión. Sartori nos lleva a una pregunta fundamental: ¿es que el hombre ha perdido su libertad? O más bien dicho, ¿la ha entregado al instrumento creado por él? Nuestra visión es y debe ser siempre esperanzadora. El hombre debe ser cada día más persona y menos individuo aislado, servirse del progreso y de la tecnología como instrumentos del bien, sin erigirlos como dioses, ni olvidar que “está llamado a vivir en comunión con Dios a través de su prójimo”[5]; que los medios de comunicación son meros instrumentos que no sustituyen personas ni políticas, por lo tanto tienen un valor relativo y deben ser puestos al servicio del bien de la persona; que la opinión pública arranca del individuo libre y que para ello es esencial distinguirla de la Verdad, para ser verdaderamente “doxa” formada, con una dimensión ética; que debemos imperiosamente reforzar otros factores formadores de opinión pública que son relevantes: la familia y la educación. La primera, como formadora de hábitos, valores y creencias y como dice Rafael Alvira, como modelo para las sociedades intermedias y para la “res publica”; que la dimensión cognoscitiva no es la única ni quizás la más importante de la opinión pública. Lo que queremos decir es que ella no basta. A ella es preciso agregar su dimensión sicológica pero también la dimensión ética. La principal limitación del libro que estamos comentando radica en que se centra sólo en los efectos cognoscitivos que la televisión estaría provocando en las personas y en la política, olvidándose Sartori de los valores, condición indispensable para la formación de una recta opinión pública.


[1] G. Sartori, “Teoría de la Democracia”, capítulo V, Ed. Rei, Buenos Aires, 1987.

[2] Diario El Mercurio, suplemento Artes y Letras, 2 de julio, 2000.

[3] “Etica en las comunicaciones sociales”. Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, en L’Osservatore Romano, 9 de junio, 2000.

[4] G. Sartori, obra citada.

[5] “Etica en las Comunicaciones Sociales”. Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales.


RESEÑA DEL LIBRO

Verónica Neghme Echeverría

Directora Centro de Documentación Universidad Gabriela Mistral
http://www.ugm.cl/institutos/ced/articulos/2004/J-VNE_Libro_Homo-Videns.html#_ftn1

viernes, 18 de abril de 2008

Siguiendo con Giovanni Sartori

Existen varios sitios en la red donde podemos profundizar la obra de Sartori, en especial “Homo Videns”, uno de ellos es http://www.monografias.com/trabajos12/pdaspec/pdaspec.shtml#HOMO. De donde estracto:

El autor de Teoría de la Democracia (Alianza, Madrid, 1988) y Elementos de Teoría Política (Alianza, Madrid, 1992), entre muchas otras obras y escritos, es tajante en sus convicciones. En su crítica al poder de la televisión y de la cibernética, niega las posibilidades de la información audiovisual como fuente de formación. Ésta anula la posibilidad de hacer abstracción de los conceptos aprehendidos y de configurar nuevas ideas, postulados y proyectos. Anula la capacidad de reflexión del ser humano. La cultura, por tanto, se vuelve superficial, con abundancia de imágenes pero escaso contenido. La sociedad, por tanto queda, a juicio del politólogo, en manos del poder audiovisual.

En http://www.esi2.us.es/~mbilbao/videns.htm encontramos una síntesis del libro, en la que destaca:

La ignorancia casi se ha convertido en una virtud, como si se restableciera a un ser primigenio incontaminado e incorrupto; y con el mismo criterio, la incongruencia y el apocamiento mental se interpretan como una "sensibilidad superior", como un esprit de finesse, que nos libera de de la mezquindad del esprit de géométrie, de la aridez de la racionalidad.

Un debate interesante en http://www.educ.ar/, portal educativo argentino, donde es posible participar, lo tenemos en http://portal.educ.ar/debates/educacionytic/inclusion-digital/homo-videns-homo-violens-del-alfabetismo-a-las-teletecnologias.php

En http://auladefilosofia.blogspot.com/2006/01/giovanni-sartori-homo-videns.html encontraremos un “post” valioso sobre el tema, del cual rescato:

Según Sartori el homo sapiens se distingue del resto de las especies por su habilidad simbólica. Esta nos capacita para el pensamiento abstracto y nos permite ir más allá de la inmediatez de la imagen. Sin embargo, en los últimos 50 años debido al influjo de la televisión se ha iniciado un retroceso evolutivo que terminará por convertirnos en descerebrados homo-videns, crédulos, estúpidos e incapaces de pensamiento crítico.

Un resumen del capítulo 2 del libro lo encontraremos en http://www.etcetera.com.mx/1998/272/sg0272.htm y afirma:
El mérito casi indiscutible de la televisión es que "informa". Por lo menos esto es lo que nos dicen. Pero aclaremos antes ese concepto. Informar es suministrar noticias, incluyendo las noticias sobre nociones. Se puede estar informado sobre acontecimientos pero también sobre el saber. Aún así, hay que precisar que información no es conocimiento, no es saber en el sentido heurístico de la palabra. Por sí misma la información no es comprensión: se puede estar muy informado sobre muchas cosas y, al mismo tiempo, no entenderlas. Es correcto, por tanto, afirmar que la información suministra sólo nociones. Lo cual no es en sí mismo un mal. Incluso el saber mediante nociones contribuye a la creación del homo sapiens. Pero si no se debe despreciar el saber nocional, tampoco hay que sobrevalorarlo. Acumular nociones no es siempre entenderlas.

Y por último les acerco la ficha bibliográfica de la obra;

Título: Homo videns : la sociedad teledirigida
ISBN: 950-511-429-XAutores: Sartori, GiovanniEditorial: TaurusTema: Ciencia Política, Medios de comunicación socialEdición: 1a. edTapa: RústicaPáginas: 160Idioma: Español
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