lunes, 26 de noviembre de 2012

Conversión y convergencia de pantallas


¿Qué elemento modela las conductas y comportamientos adolescentes? ¿Cuánto se usa las pantallas para ver y para jugar? ¿En qué consiste la transformación de los medios audiovisuales?  ¿Podemos pensar en un rol más activo?



Con la irrupción de la tecnología en nuestros hogares, las paredes de la casa se han convertido en múltiples pantallas, que vemos o miramos como espectadores, e interaccionamos como usuarios. Hasta los catorce años, aproximadamente, la convivencia con las pantallas son la prioridad máxima en el ocio de nuestros jóvenes, luego será salir de casa, aunque la interacción entre ellos con los móviles y el Messenger prolonga el rito de convivencia en el grupo de amigos y fuera del espacio doméstico. Los padres han dejado de ser el referente principal de los hijos adolescentes, porque lo son los modelos musicales, artísticos y deportivos que aparecen y protagonizan los diferentes relatos audiovisuales y multimedia. Los referentes que proponen e imponen las pantallas nutren el escenario conversacional y de relaciones de que ejercita el grupo de iguales adolescente. El descentramiento de la familia, como modelador de conductas y comportamientos, se ha desplazado al grupo de pares, que socializa sus hábitos y costumbres en torno al producto mediático.     



Si bien la televisión sigue siendo el medio con el que más tiempo comparten los menores su tiempo de ocio, las tendencias de los últimos años indican una migración del entretenimiento a las nuevas pantallas (Internet, telefonía móvil, videojuegos). El “placer del jugador” le está quitando terreno al “placer del espectador”. Así lo confirman los datos de audiencia de T.N. Sofres de la última década. Mientras que en 1995, los niños entre 4 y 12 años, consumieron una media de 160 minutos al día o, lo que es lo mismo, dos horas y cuarenta minutos; en el 2005, el promedio decreció a 142 minutos, lo que supone una reducción de 18 minutos en diez años15. Y lo mismo ocurre en el caso de los jóvenes de 13 a 24 años (pasando de 161 a 143 minutos diarios).



En esta misma tendencia indica UTECA (Unión de Televisiones Comerciales Asociadas) que en 2000 los jóvenes de 13 a 24 años dedicaban 153 minutos diarios a la televisión, y en 2006, 144 minutos. Los más pequeños, de 4 a 12 años, también rebajaban su dedicación televisiva de 154 a 141 minutos. En el resto de los segmentos de edad, la tendencia que se produce es la inversa, incrementándose año tras año el consumo televisivo. Esto significa que la principal migración de la televisión a las nuevas pantallas se produce en el sector de la población infantil, adolescente y joven.



Por tanto, los canales tradicionales están sufriendo un desplazamiento por los nuevos servicios interactivos desde Internet. Sin embargo, las voces apocalípticas que señalan el fin del canal anterior en aras del siguiente no es una certeza. La emergencia de una tecnología alienta unas profecías sin cumplimiento: ocurrió con la aparición del cine respecto a la fotografía, con la televisión respecto al cine, y ahora con Internet, respecto a la televisión. Lo que sí es una certeza, es la revolución que se está produciendo en la recepción de canales y sus audiencias. El aumento de canales, cable y TDT (Televisión Digital Terrestre), la oferta de emisoras temáticas, el acceso a las plataformas de satélite, Internet, ya han creado una fragmentación de audiencias, que día a día aumente y se diversifica.



Se ha pasado, casi de un modo inconsciente, pero imparable, de la televisión que el niño veía en el cuarto de estar/salón comedor (cuarto de ver), y del ordenador o videoconsola con la que el “niño” de la casa jugaba, a tener una vivienda caracterizada por los cuartos de ver y jugar (poblada de televisores y videoconsolas). De una vivienda totémica, un televisor en el centro de la casa, a una vivienda virtualizada. El bar, la iglesia, la plaza, la calle y el parque están en el ágora virtual de Internet, más cómodo, más rápido, más inmediato.



Inma Tubella dirige el estudio “La comunicación como factor de cambio en la sociedad de la información: Internet en el contexto audiovisual de Catalunya” en el que indica cómo el sector audiovisual distintivo del siglo XX pasa por un proceso de transformación crítico debido a la incorporación de las TIC en la vida diaria de la gente. Esta investigación “traza el cambio de marco en curso centrándose en prácticas sociales e individuales en relación con el uso y el consumo de tecnología y medios de comunicación, principalmente Internet y la televisión, y su relación con la gestión del tiempo y los diferentes niveles de entradas en los procesos de comunicación. Por consiguiente, identifica el hogar como uno de los principales escenarios en los que las prácticas de comunicación tradicionales y nuevas coexisten y se ajustan gradualmente: en un contexto en que las agendas están altamente estructuradas y la televisión ocupa la mayor parte del tiempo libre, la multiplicación de aparatos y, sobre todo, pantallas, y la demanda creciente y relacionada de participación activa en los procesos de comunicación relacionados con la tecnología desafían los horarios y hábitos diarios tradicionales”.



No es ninguna novedad afirmar que los cambios tecnológicos están produciendo una importante transformación de los medios audiovisuales tradicionales, particularmente de la televisión, y están generando nuevos medios y servicios electrónicos audiovisuales, informáticos y telemáticos. Como indica Cebrián, “está naciendo un nuevo paradigma de la comunicación, un nuevo modelo que tiene como eje las comunicaciones digitales interactivas en las que se modifica el modelo de los medios tradicionales y alumbra un modelo totalmente nuevo”. La televisión está experimentando significativos cambios que afectan a los modelos de comunicación, en los que se pasa de las comunicaciones lineales (básicamente unidireccionales) a las interactivas, en las que emisor y receptor alternan sus funciones. También se producen cambios culturales, con el paso de una cultura escrita e impresa a otra audiovisual y multimedia. Señala este autor que “sólo en las generaciones recientes, nacidas después de la integración social de la televisión y de los computadores, se aprecia un cambio claro hacia la asimilación como parte de su personalidad de la cultura audiovisual, la cultura de impactos sensoriales y de lógicas narrativas icónicas, más que racionales”. En efecto, aunque son varias las décadas de cultura audiovisual, el cambio de mentalidad en los agentes institucionales y educativos, es deficiente.



La irrupción de la convergencia entre las telecomunicaciones, el audiovisual y la informática debe estar muy atenta a la llamada “brecha digital”. El 65% por ciento de la población mundial no ha hecho nunca una llamada telefónica, una tercera parte de la humanidad no tiene acceso a la electricidad, y en 2001 Internet sólo llegaba a 500 millones de usuarios en el mundo20. En esta línea, Matterlat plantea, que la comunicación sigue siendo la clave del nuevo orden internacional. Ahora bien, ¿qué tipo de cambios sustanciales ofrece la denominada revolución digital? Matilla expone con los siguientes rasgos, la transición de la televisión analógica a la digital:



Así como la televisión analógica convencional obliga al consumo de determinados contenidos dentro de unos programas que están integrados en una programación “para todos”, y siempre siguiendo una linealidad, la televisión digital permite acceder a varios recursos (no sólo de visionado) simultáneos. Los medios audiovisuales tradicionales, también la televisión analógica, establecen una cadena de producción, distribución y exhibición del producto. La nueva cadena digital revisará los contenidos, expuestos a un tratamiento que operan las plataformas de producción multisoporte.



Asimismo, esta nueva cadena de producción, incluye sistemas de distribución multicanal como la Televisión Digital Terrestre (TDT), modalidades asociadas a Internet, satélite, cable. Se trata de un conjunto de sistemas que componen un paquete global de servicios, cuyo último destinatario es el usuario.



Desde esta descripción Matilla se pregunta por los nuevos retos de la televisión digital y el papel activo y participativo que puede desempeñar la ciudadanía ante esta revolución, ya presente. En concreto, se cuestiona si “la interactividad se reducirá a la rentabilidad que genere transacciones comerciales. Dentro de un concepto amplio de televisión como servicio público y, más específicamente, de televisión para la educación, nos interesará investigar en las muy variadas potencialidades que nos permitan pensar nuevamente en los conceptos de interactividad, convergencia y personalización...



La idea principal seguirá siendo cómo pensar esa televisión para la educación desde un replanteamiento global del servicio público”. Esta nueva televisión pública deberá atender a la calidad de su programación, que como indica Martínez (2005),”la calidad de un programa de televisión depende más de la creatividad y de la intencionalidad de su autor y de la disposición del canal que lo emite que de los avances tecnológicos que utilicemos. Podemos tener una tecnología extraordinaria, y a la vez unas ideas y una disposición tan lamentable como algunas de las que ahora conocemos. Con la TDT habrá nuevas posibilidades creativas, pero me temo que los programas basura que tanto nos gustan seguirán existiendo en la nueva televisión. Lo más positivo de la nueva fórmula, repito, está en que facilita la existencia de un telespectador más activo, que puede seleccionar mejor lo que quiere ver y a la vez podrá participar en la programación”.



Los medios han convertido el consumo audiovisual en un “potito ficticio”, en el que las relaciones humanas, los conflictos bélicos, los dramas familiares, se transforman en espectáculo con apariencia de realidad. Lo complejo, la contradicción, son tratados como papilla intelectual, para que el espectador sienta, pero no comprenda; se emocione, pero no reflexione; quede impactado, pero no se movilice.



Los jóvenes, nacidos con Internet, ya denominados como generación “onoff” dispuestos en cualquier momento y en cualquier sitio a la conexión y desconexión, están familiarizados con estos entornos tecnológicos, en los que la virtualidad son un componente esencial en sus relaciones, comunicaciones y convivencia. Pero no podemos entender por jóvenes sólo a los “conectados”, expone Trejo que en la “Declaración de Principios de la Cumbre de Ginebra”, se ofrecen los siguientes datos “menos del 3% de los africanos tienen acceso a algún servicio de telecomunicación. En los países más pobres del mundo Internet llega a menos del 1% de la población. Sólo el 1% de los habitantes del planeta disfruta de enlaces de alta velocidad para Internet. Los 400.000 habitantes de Luxemburgo comparten más ancho de banda de Internet que los 760 millones que hay en África”.





Extraído de
Consumos y mediaciones de familias y pantallas
Nuevos modelos y propuestas de convivencia
José Antonio Gabelas Barroso y Carmen Marta Lazo
Programa Pantallas Sanas
Diseñado por la Dirección General de Salud Pública del Gobierno de Aragón




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