sábado, 5 de octubre de 2013

La escuela como mediadora entre la televisión y los alumnos


Mediar significa en este caso “reflexionar” ¿Pueden los efectos de la televisión ser modificados? ¿Podemos en la escuela resignificar los mensajes televisivos? ¿Cómo intervenir el discurso mediático?
 


Si dentro de la escuela, los docentes realizaran ejercicios con los alumnos referentes a la televisión, aunados a la reflexión y al análisis, podríamos decir que estaría jugando un papel mediador entre la televisión y los estudiantes. Esto es muy importante, ya que los medios de comunicación, y en especial la televisión, van a estar presentes durante toda su vida y no sólo en el tiempo que asisten a la escuela. Por tanto hacer que nuestros estudiantes sean críticos y reflexivos ante los medios, implica darles herramientas que utilizaran en el futuro.

Hay varias investigaciones que muestran que los efectos de un programa de televisión pueden ser modificados cuando sus contenidos son discutidos dentro del salón de clases. Los docentes pueden actuar como mediadores entre la televisión y sus alumnos, al discutir los programas, al hacer que piensen y reflexionen sobre su contenido. De esta manera podrán mitigar su influencia y canalizar constructivamente esa exposición televisiva que enfrentan.

Por ello, resulta importante conocer qué hacen los estudiantes con los modelos y propuestas que les presenta la televisión, qué elementos toman en cuenta, cuáles desechan, así como cuáles les sirven como factores de socialización y reflexión. Así podríamos determinar cómo les está influenciando este poderoso medio de comunicación, que incluso, deja huellas en sus sueños y fantasías. Esto último se podría corroborar si se les pregunta a los alumnos cómo quisieran ser de grandes, cuál es su casa ideal, cómo es su ropa preferida, cuál es el tipo de vida que consideran atractiva, qué profesión les gustaría tener, qué objetos les gustaría comprar, etcétera.

Se ha podido comprobar que los contenidos que envía este medio pueden ser utilizados en el aula como material educativo, como punto de partida para dialogar en el grupo, para aprender con él, para dialogar y reflexionar. Al platicar con los alumnos y realizar actividades relacionadas con su contenido, al dibujar, al realizar actividades reflexivas y analíticas, es posible fomentar la capacidad que tienen los alumnos de pensar, razonar, imaginar y crear.

Se trata de crear mecanismos para explorar y fomentar las capacidades creativas y expresivas del grupo, promoviendo actividades que permitan su explotación.

Ver televisión, sin abusar de ella, no es negativo, pero es importante que este medio de comunicación sea un aliado de la escuela, y por ende, del docente, en su función formativa y educativa en los estudiantes. Por ello es importante enseñarles a ser críticos y reflexivos. Se trata que sean capaces de analizar y reflexionar sobre los contenidos televisivos que ven.

Al introducir esto al salón de clases, se realizan múltiples ejercicios de resignificación colectiva de mensajes; una práctica que permite otorgar nuevos significados al tomar distancia de los mensajes, al diferenciar lo que se nos está imponiendo desde grupos que manejan la televisión, como cultura.


¿Cómo intervenir el discurso mediático?
Es común que los docentes hablemos de la fuerte influencia de la televisión en nuestros alumnos, y la veamos en los estereotipos del hablar, del vestir y del conducirse; en el empobrecimiento de la actitud reflexiva, en la hiper excitación, en las conductas agresivas. Preocupaciones que son compartidas con los padres y la comunidad.

La creciente cantidad de horas que muchos chicos permanecen delante de un televisor no tiene una explicación única. En algunos casos ese chico queda solo porque los adultos han debido incrementar sus horas de trabajo fuera de la casa para poder seguir manteniendo su nivel de vida, en otros queda solo, dado que los adultos están absorbidos por las preocupaciones y el deterioro del desempleo. También incide la sensación de inseguridad que genera la calle con el consecuente abandono de aquello de "salir a jugar a la calle". Finalmente, y no es menor, muchos son hijos de padres que ya se han criado con una fuerte presencia de la televisión en sus vidas. Sean unas u otras las causas, ciertamente, es estrecho el margen que tiene la escuela para evitar esta exposición de los alumnos frente al televisor.

La conciencia de esta limitación no significa, sin embargo, que deba resignar sus posibilidades de intervención en la situación, abandonándose a una pasiva aceptación de algo que la supera, y, por lo tanto, a una ausencia del tema en las aulas. Tal intervención tampoco puede plantearse en términos de una campaña demoniaca contra "la" televisión, a diferencia de una realidad donde los medios, y en particular el televisivo, son hoy un dato insoslayable en la cotidianeidad de los chicos y también de los adultos.

Sí, en cambio, es posible y necesario intervenir pedagógicamente sobre el discurso mediático, dándole al alumno elementos para desentrañar las operaciones a través de las cuales ese discurso —que lo interpela tan fuertemente— vehiculiza sus intencionalidades y produce sus efectos.

"Alfabetizar" en una visión crítica de este discurso plantea por lo menos dos grandes desafíos, que la propuesta didáctica que aquí se presenta intenta abordar.

En primer lugar, el hecho de que el fenómeno de la comunicación mediática es en extremo complejo ya que abarca desde sus repercusiones en el aparato psíquico y en la subjetividad del receptor; hasta la conformación de los valores culturales de toda una sociedad. Pasando por las a veces imperceptibles transformaciones que en la vida de las personas va generando el desarrollo tecnológico de la comunicación, y la fuerte direccionalidad, hacia su estrecha funcionalidad, con las reconversiones sociales que motoriza la reestructuración de la economía mundial. Tal complejidad, indudablemente, no puede ser trabajada por los alumnos sino muy progresivamente, pero es necesario comenzar a hacerlo desde las primeras etapas de su escolaridad. De ahí que esta propuesta se haya centrado en algunas de las operaciones básicas del discurso mediático.

En segundo lugar, la posibilidad de que el alumno pueda efectivamente posicionarse no ingenuamente frente al discurso, radica, no tanto en la incorporación de una serie de conceptos a la manera de una "teoría crítica", sino en un accionar sistemático de intervención también crítica sobre situaciones discursivas concretas.

De ahí que la propuesta esté organizada como una secuencia de actividades que desentrañan ciertas operaciones tal como se dan en un programa televisivo concreto. Este concepto de "intervención crítica" también operó en el propio proceso de elaboración de la propuesta.

Niveles de análisis.
Colocar la mirada en un aspecto y no en la totalidad del discurso es una tarea eminentemente didáctica. Los elementos aparecen enhebrados y su desmembramiento es una forma de resaltar un aspecto por sobre otro para un análisis más profundo. El discurso televisivo tiene una gramática al igual que cualquier otro tipo de discurso. En primer término al detenerse en "lo que dice" específicamente a partir del texto se está realizando un análisis semántico, remitido al contenido.

Otro aspecto es el modo en el que el discurso está presentado y organizado, dado que "cómo dice" implica otra forma de decir. Es el aspecto sintáctico, en el que queda abarcada la puesta en escena, el encadenado de las escenas, la articulación con las propagandas, etc.

Finalmente existe una intencionalidad: análisis pragmático, que está en función del destinatario. En el qué dice y en el cómo lo dice se intenta constituir la subjetividad de aquel a quien está dirigida.

Postura (Por qué enseñar), respecto del contenido. El discurso mediático hegemónico construye un tipo de subjetividad: la del consumidor. Respecto a la organización de las actividades, desmontar aquellas operaciones que construye un televidente reflexivo.


Extraído de
TELEVISIÓN Y EDUCACIÓN
Berta Patricia Legorreta Cortés
Campus Texcoco

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