jueves, 25 de junio de 2015

El niño y la televisión


La televisión en muchos casos es la única compañía del niño y a veces se convierte en una especie de niñera, lo cual es muy preocupante, en momentos de establecer pautas de conducta ¿Qué riesgo acecha a los niños, al tener esta cuidadora?


Es evidente, que la TV es una fuente efectiva para la creación y formación de actitudes en los niños, ya que desde temprana edad, son sometidos a su influencia sin poseer otro tipo de información.

Según la teoría de socialización comunitaria de Erickson, es entre los 2 y 6 años cuando se perfilan los sentimientos preferenciales hacia la madre, padre, familiares y otras personas significativas; A través de este proceso el niño adquiere habilidades y formas de comportarse en la sociedad. Es a partir de los 4 a 5 años de edad, que se establecen los hábitos permanentes y las características emocionales, jugando un papel decisivo la imitación y la identificación. Con esto, se refiere a pautas de conducta y actitudes de las personas que los rodean, esto llega a ocurrir incluso de manera inconsciente.

Los niños recurren a la televisión para satisfacer sus necesidades de distracción, reducir las tensiones y como medio para obtener información. Además de las motivaciones personales, podríamos agregar un factor situacional externo al niño; la ve porque se la impone el medio, no le queda otro remedio. Le es ofrecida en el ambiente del hogar y se le refuerza la conducta de contemplación por los padres. En muchos casos es la única compañía del niño y a veces se convierte en una especie de niñera.

Ver la televisión es incluso la actividad líder del niño, gastan más tiempo viendo la TV que haciendo cualquier otra actividad que no sea dormir. En promedios, los niños ven de 22 a 25 horas semanales de televisión. En general, se puede decir que durante el transcurso del año, los niños pasan más tiempo frente al televisor, que en la escuela. Es la TV, más que cualquier otro medio, la que proporciona una base común de información en las primeras fases de socialización del niño.

Los niños son excelentes imitadores, incluso durante los primeros meses de vida. Aprenden a comer, vestirse, utilizar el sanitario e interactúan con los demás. Ellos no son especialmente selectivos en lo que imitan, por lo que a muchos padres se les recomienda que cuiden su vocabulario cuando sus pequeños dicen una mala palabra en un momento de frustración. Aunque la imitación no es el único mecanismo de aprendizaje que tienen los niños, es el primero y sienta las bases de aprendizaje futuro. Como los niños imitan permanentemente a la gente que los rodea, es lógico que también imiten a las personas que ven en la televisión o en el cine.

Esto no es un problema que afecte solo a los niños, sino que a menudo también influye en los adolescentes. A lo largo de la vida imitamos a los demás para aprender cosas nuevas y reforzar nuestra identidad con un grupo particular. Con cierta frecuencia se oyen historias acerca de niños que terminan trágicamente, al imitar algún personaje que han visto en los medios de comunicación. Por ejemplo: un niño de cinco años que le prendió fuego a su casa y causó la muerte de su hermana de dos años, después de haber antisociales; un grupo de adolescentes que causó un accidente al imitar la escena de una película en la que varios jóvenes demuestran su valor acostándose sobre una autopista; un niño de trece años que se disparó en la cabeza mientras estaba jugando a la ruleta rusa que había visto en una película. Todas estas historias son trágicas pero afortunadamente no se presentan muy a menudo.

La mayor parte de los niños no imitan tan fácilmente, solamente escogen algunas imágenes, actitudes y valores. Cuando se sienten frustrados, algunos niños lloran en un rincón, otros dan patadas y golpes, y otros toman con calma su frustración.

Si tenemos en cuenta la composición de los programas, debemos aceptar que la actual enseñanza incipiente se refiere a las formas del crimen y a la ilegalidad, a la corrupción destructiva, a la exagerada valoración de los bienes materiales con relación a los valores intelectuales y culturales.

Estudios de la Universidad de Stanford han demostrado que un niño medio de los EE.UU. ha presenciado, entre los 5 y los 14 años, veinte mil crímenes violentos que han alimentado su aparato mental. Otro estudio demostró que la TV ocupa el segundo lugar en el tiempo del niño, después de la escuela, tomando como promedio cuatro horas diarias de su atención en días laborables. Se ha investigado igualmente que la mayor parte de las series duran alrededor de una hora y durante la mayor parte de la trama, los criminales realizan sus fechorías con éxito, hasta que son castigados sólo en el momento final. Puesto que la mayor parte de los niños menores de 8 años no sostienen la atención más allá de media hora, aprenden en la película los procedimientos criminales sin que lleguen a aprender la moraleja final. Además, a esa edad el niño no distingue bien entre realidad y fantasía, entonces todas esas escenas pueden almacenarse en la memoria como si hubiesen sido hechos reales. El crimen y la violencia se tornan así en vivencias “normales” en la cotidianidad del niño.



Extraído de:
LA INFLUENCIA DE LA NUEVA TELEVISIÓN EN LAS EMOCIONES Y EN LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS
Revista Internacional de Psicología
Dr. Serafín Aldea Muñoz
Director Departamento de Psicología Universidad de Soria

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