lunes, 22 de abril de 2013

El sedentarismo y la televisión provocan más sobrepeso que las grasas, según demuestra un estudio.

La televisión no es "neutral", incide en nuestras costumbres, actitudes y pensamiento. Muchos problemas de nuestros días tienen origen en ella, por los hábitos que genera ¿Qué sucede con la obesidad infantil? ¿Y con el sedentarismo?
 
 

La prevalencia de obesidad en España es del 11,5% para los varones y del 15,2% para las mujeres. La influencia del sedentarismo y las horas de ocio en el sillón y frente al televisor tienen una influencia decisiva en la ganancia de peso, por encima de la disminución de la ingesta de grasas en la dieta diaria. En un estudio realizado por endocrinólogos de la Universidad de Navarra y publicada en la revista Medicina Clínica se hace hincapié en que a pesar de haber disminuido la ingestión de grasas entre la población española, en los últimos años se ha incrementado el porcentaje medio de obesidad.

 

Se ha comprobado en este estudio que quienes dedican más tiempo a dormir la siesta son los que ven más la televisión y a menudo son también quienes tienen más costumbre de picar mucho entre horas. La prevalencia de obesidad en España es del 11,5% para los varones y del 15,2% para las mujeres, con una tendencia muy marcada a aumentar tanto en España como en el resto de los países desarrollados.

 

Los especialistas piensan que la ingesta de grasa no tiene por qué ser el principal factor que determina la creciente prevalencia de la obesidad, sino que otros componentes dietéticos diferentes como el estilo de vida, la genética y otros pueden ser los factores principales de una enfermedad que la OMS denomina la epidemia del siglo XXI.

 

En EEUU se conoce como 'paradoja americana' al hecho de que a pesar de que la ingestión de grasa ha disminuido de forma considerable en la dieta de los estadounidenses, el porcentaje de obesidad y sobrepeso ha aumentado. Esta característica, que puede exportarse al resto de los países europeos, ha llevado a determinar que «no existen evidencias definitivas para afirmar que el peso corporal disminuya en respuesta a un descenso en la ingesta de grasas».

 

Buscar respuestas al por qué hay cada vez un mayor número de personas que engordan hasta el punto de que los kilos de más se convierten en un importante problema de salud con incremento de diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares es una incógnita sin respuesta. El especialista en nutrición y medicina familiar y comunitaria, Juan José Bilbao, dijo recientemente que las medidas dietéticas disminuyen la obesidad cuando no se ha pasado determinado nivel de sobrepeso, pero advirtió de que una vez rebasado es muy difícil ya perder los kilos de más. Como ejemplo para superar esa barrera, indicó que lo harían una mujer con una talla de 165 centímetros y más de 80 kilos y un hombre que mida 170 y pese más de 93 kilos.

 

Los niños ven en televisión una media de cinco anuncios de comida a la hora

En la mayoría de los casos, se publicitan alimentos dulces y comida rápida. Los niños entre 3 y 12 años ven en televisión durante el horario infantil una media de cinco anuncios de comida a la hora. Además, estos anuncios publicitan en su mayoría alimentos dulces y comida rápida. Son datos de un estudio realizado por 13 grupos de investigadores en 11 países distintos y publicado en "American Journal of Public Health". Los autores recuerdan que hay una relación probada entre los anuncios de comida y las decisiones sobre los alimentos que realizan los niños.

 

Los investigadores estudiaron los anuncios de comida durante los periodos en los que los niños veían más la televisión, que se situaron entre las 19:00 y las 22:00 horas durante la semana y entre las 07:00 y las 10:00 horas durante los fines de semana. Descubrieron así que el 18% de los anuncios en este horario eran de alimentos y que los niños veían una media de cinco de estos anuncios a la hora. En su mayoría, esta publicidad promocionaba comida rápida, alcohol, chocolate y caramelos.

 

En el caso de Suecia, uno de los países analizados, esta media sube hasta los seis anuncios de comida por hora. De hecho, los niños suecos se exponen a una enorme cantidad de anuncios durante su horario de televisión, una media que puede superar los 50 por semana. Estos menores ven unos 100 minutos de televisión diarios. Así lo han demostrado los investigadores de la Universidad de Goteburgo, tras analizar casi 200 horas de programación de los canales más populares entre los niños en Suecia y clasificar los anuncios que se emitieron entre las 06:00 y las 22:00 horas en dos días de la semana y dos días del fin de semana.

 

"Aunque Suecia se ve como un país progresista porque aprobó una legislación que limita los anuncios en televisión dirigidos a la infancia, este sector se expone aún a muchos anuncios de comida", explicó Hillevi Prell, investigadora del Departamento de Alimentación y Nutrición y Ciencias del Deporte de la Universidad de Goteburgo. Para la profesora de este departamento Christina Berg, "dado que los niños más mayores pasan mucho más tiempo ante la televisión y esa alta proporción de anuncios son de productos calóricos, debería mirarse con atención que se publicita menos la comida saludable".

 

 

Fuente
Revista Consumer

 

viernes, 12 de abril de 2013

La televisión en el punto de mira

La televisión es parte de nuestra vida, llegó para quedarse, es casi imposible negarla, pero debemos ser conscientes de los peligros, y presentar límites ¿Cuáles? ¿Qué significa "uso racional"? ¿Es un electrodoméstico más? ¿Qué hacer? El siguiente artículo opina sobre el tema.



Ni buena ni mala: todo es cuestión de medida
¿A quién no le agradaría tener siempre a mano a un amigo ocurrente, variadísimo en los temas que aborda, frecuentemente espectacular y a menudo ingenioso, muy entretenido, que nunca se enfada, nos narra con lujo de detalles acontecimientos que ocurren en todos los lugares del mundo, no exige atención alguna, y, por si fuera poco, apenas consume ni plantea exigencias, y del que, para más comodidad, se puede prescindir en cualquier momento sin problema alguno?.

Efectivamente, no hay seres humanos que reúnan tantas cualidades, pero todos tenemos en nuestros hogares un aparato, inerte pero a la vez muy vivo, que cumple algunas de esas características y prestaciones: la tan denostada televisión. Está ahí, es una más entre nosotros. Pertenece a la familia casi como cualquiera de sus miembros y ocupa el mejor lugar de la casa.

La vida en común de mucha gente sería hoy, reconozcámoslo, muy distinta sin la TV. Sociólogos, filósofos, psicólogos, pedagogos y periodistas han reflexionado sobre la influencia de la TV en la conformación de las creencias, la cultura, los gustos, los hábitos de consumo, la percepción del sexo y la violencia, el uso del tiempo de ocio, las preferencias políticas, ... de cada uno de nosotros.

Nuestro cometido, en esta sección, es tan sencillo como modesto: proponer sugerencias para aprovechar la interminable programación televisiva y para que no esta perjudique la comunicación cotidiana entre los miembros de la familia. Porque el hogar, lejos de ser el ámbito natural de reunión familiar que antaño fue, puede convertirse en un espacio físico en que cada miembro de la familia consume, separadamente, su propia ración de TV.

Seamos realistas: está y seguirá ahí. Partamos de que hoy no es posible obviar la TV y de que no conviene centrarnos exclusivamente en la crítica negativa a sus contenidos. No sería realista ni inteligente: va a seguir estando ahí, y ofreciendo emisiones de interés para todos.

Lo más sabio es seleccionar de entre la amplia oferta de contenidos, preguntarme qué quiero ver, qué me interesa en cada momento. Hemos de elegir conscientemente lo que quiero. Y desechar lo que no me interesa o no me convence por la razón que sea. Ser yo quien pone el rumbo a mi tiempo de ocio. Y, por ende, quien decide qué quiero ver en la TV, y si deseo verla. Casi todos decimos preferir informativos, documentales y debates sobre temas de interés social. Pero, mayoritariamente, vemos deportes, cine muy comercial, programas "rosa" o de testimonios íntimos de gente de la calle, entrevistas con personajes extravagantes, humor de risa enlatada, shows o concursos con música y chicas atractivas y telefilmes intranscendentes y estereotipados hasta la saciedad. Así que no nos quejemos tanto. En el "debe" de la TV podemos apuntar muchos efectos perniciosos, además del citado de frenar la comunicación familiar, pero destaquemos la pérdida de la capacidad de conmovernos ante la desgracia ajena.

Todo forma parte del mismo espectáculo: después de las imágenes de un terremoto con centenares de muertes, viene un spot de refrescos de cola con felices adolescentes que antecede a un programa de chistes que a su vez precede a otro de "imágenes de impacto" en el que se trivializa con temas tan serios como la seguridad y el sentido del ridículo.

Supone un gran esfuerzo para el televidente discernir entre lo real y el mero espectáculo, interpretar cada contenido, ya que todo se impregna del mismo estilo, convirtiéndose en un único magma, en un mensaje continuo cuyo objetivo coyuntural es que no cambiemos de canal y cuyos fines últimos, por su trascendencia, dejaremos para otra ocasión.

Un uso racional.
Los medios de comunicación están para que hagamos un uso racional de ellos, para extraer en cada momento aquello que va a contribuir a nuestro bienestar, que enriquezca nuestros conocimientos o nos entretenga satisfactoriamente, conforme a nuestros criterios de exigencia. Y también sirven para la evasión después de una jornada de trabajo o estudio, dejando que imágenes y sonidos nos envuelvan y trasladen a un mundo diferente de nuestra cotidianeidad, a menudo cargada de cansancio, monotonía, preocupaciones y tensiones. Pero La TV es también una compañía tirana, porque resulta muy absorbente.

En algunos hogares, aunque el televisor está encendido todo el día apenas suscita la atención de nadie. Pero lo común es que limite, y a veces impida, la comunicación entre los miembros de la familia. Y, si surge el diálogo mientras vemos la TV, la conversación difícilmente prosperará. Se reducirá a monosílabos o se aplazará hasta mejor momento, que será nunca. No en vano hemos metido la TV en nuestras casas por duplicado y hasta por triplicado: en el salón, la cocina y en algunos dormitorios.

Tendremos que estar "ojo avizor" para que sus renovados recursos, que atraen y retienen al espectador con tanto éxito, no nos reduzcan a la pasividad o la indiferencia de un consumidor acrítico y sin opinión, que todo lo digiere.

Qué hacemos con la TV
Consenso en el consumo, en lo que queremos ver. Al menos en la mayoría de las ocasiones, estemos reunidos en una misma sala todos los miembros de la familia.
Diálogo sobre lo que pensamos y sentimos ante lo que estamos viendo en la TV, de forma que se potencie el conocimiento de la actualidad y el manejo en las discrepancias entre los miembros de la familia.

Mantener la atención crítica ante lo que vemos, y replantearnos los modelos de hombre y mujer, de niños, jóvenes y ancianos que se nos proponen, los valores y el estilo de vida que parece pretenderse que interioricemos. Desde la no-consciencia, es imposible ejercer la libertad de ser uno mismo.

Acompañemos a niños y adolescentes en sus horas de TV, propiciemos que desarrollen su capacidad crítica y sus propios criterios. Estemos informados de los programas que ven.

No neguemos por sistema a nuestros hijos el uso de la TV, ni impongamos restricciones muy severas. No por ello vamos a aumentar su afición a los libros o al deporte. La TV forma parte de su vida. Ofrezcámosles planes atractivos, para que comprueben que se pueden hacer cosas distintas (y más divertidas) que ver la TV.

Busquemos todos los días un momento de diálogo con nuestra pareja (si la tenemos) sin la TV delante. La coincidencia en la hora de irse a la cama es importante. La TV no debe ser obstáculo para la afectividad comunicativo- sensual de la pareja.

Dediquemos un tiempo a la tertulia familiar de la noche (o mediodía), cuando coinciden todos los miembros de la familia, con la TV apagada.. Evitemos que esté encendida la TV en nuestras comidas, cenas o tertulias.

La TV conecta con nuestras frustraciones, y las identifica, especialmente en niños y jóvenes, cuando los artículos y el modo de vida auspiciados por la pantalla, difieren de nuestros valores o quedan fuera del alcance de nuestros bolsillos. Aprovechemos estas ocasiones: son pedagógicas, por contraste, como preparación para la vida adulta.

La TV no es buena ni mala en sí misma. El uso que hagamos de ella lo convertirá en conveniente o no. Ejerzamos conscientemente nuestra libertad de elección. No la convirtamos en sustituta de los encuentros con nuestros amigos, de los paseos o el deporte ni de tantas otras cosas que podemos y sabemos hacer, y que nos deparan más satisfacción que ver la TV, aunque resulten menos cómodas que sentarse a ver la TV.

Fuente
Revista Consumer

martes, 2 de abril de 2013

La televisión y los videojuegos


Los aparatos electrónicos están en el centro de nuestras vidas, por lo tanto. La influencia que ejercen en los menores, merece nuestra atención ¿Qué riesgos corremos? ¿Qué podemos hacer? El siguiente artículo opina al respecto.

La televisión y los videojuegos: moderación para evitar problemas de concentración
Pasar más de dos horas al día delante del televisor o de la consola aumenta un 67% el riesgo de sufrir problemas de concentración en niños y adolescentes. La televisión y los videojuegos consiguen entretener a los niños durante horas. Logran que se diviertan y, en algunos casos, aprendan. A pesar de cumplir con todas las funciones por las que fueron creados, los videojuegos y la televisión no han dejado de reunir criticas desde los más diversos sectores. Un estudio reciente empeora el escenario: los jóvenes y los adolescentes, además de los más pequeños, son también víctimas. No obstante, depende de cómo se use.

Los videojuegos se asocian a un mayor riesgo de problemas de atención tanto en menores como en adolescentes y jóvenes. Así concluye un estudio que asegura ser el primero con suficiente evidencia científica y con un gran número de participantes. Hasta ahora, se había investigado la probabilidad de sufrir problemas de concentración por culpa de ver demasiada televisión que se manifiestan en la escuela con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), aunque sólo uno había contado con la participación de jóvenes de 16 años.

No obstante, según Edward Swing, investigador principal del trabajo publicado en la revista "Pediatrics", pocos son los estudios que habían evaluado esta misma capacidad de desconcentración por parte de los videojuegos. El gran número de participantes se debe a dos muestras, una de 1.323 menores de 6 a 12 años de 10 colegios distintos, y otra de 210 universitarios de entre 18 y 32 años. Todos los participantes notificaron el tiempo dedicado a la televisión y a los videojuegos los fines de semana (para los menores, los informadores fueron los padres) durante 13 meses de seguimiento. Los problemas de concentración se evaluaron mediante cuestionarios. En el caso de los alumnos de menos edad fueron respondidos por sus profesores, mientras que los universitarios rellenaron ellos mismos este tipo de prueba.

Los resultados constatan que quienes invertían más de dos horas al día delante de la televisión o viendo videojuegos registraban un 67% más de riesgo de padecer problemas de atención. Los resultados son parecidos tanto por grupos de edad como por el tipo de tecnología más usada, bien sea la televisión, bien sean los videojuegos.

Los investigadores afirman que son muchos los motivos que acompañan al desarrollo de problemas de atención y concentración, más allá de las horas de exposición ante las pantallas. La educación recibida de los padres, las actividades al aire libre y la manera en la que pasan las horas con la televisión y los videojuegos (solos o acompañados, entre otros), pueden ser aspectos también importantes. Sea como sea, desde la American Academy of Pediatrics se recomiendan limitar a dos horas diarias la exposición a las pantallas.

La otra cara de la moneda
La mala fama acompaña a la televisión desde que se cruzó el límite y se pasó de lo recomendable a lo abusivo. Sedentarismo que lleva a la obesidad, alteración de la conducta al visualizar imágenes violentas?... En la revista "Pediatrics" se publicó en 2004 un estudio de la Universidad de Washington con una sentencia contundente: cada hora delante de la pantalla es un riesgo adicional para que el niño desarrolle problemas de atención. Y los videojuegos, más contemporáneos, han seguido un camino parecido. También se han asociado a sedentarismo y a conductas violentas y, ahora, a falta de atención.

Pero la televisión ha demostrado ser también un valor educativo en sí mismo, tanto por la emisión de programas educativos como por la capacidad de visionarla de modo crítico, al lado de los progenitores, dejando de lado su función de "canguro". Y, de nuevo, los videojuegos muestran una sinergia importante con ella. En los últimos años los videojuegos han resultado ser un posible recurso educativo en el colegio.

Sin ir más lejos, un grupo de investigadores de la Universidad de Huelva ha publicado un trabajo en el que destaca la utilidad de los videojuegos para la enseñanza de las ciencias sociales. Con estos recursos no sólo mejora el proceso de enseñanza, sino la predisposición de los alumnos a acceder a la información por aprender. Los mismos investigadores han definido a los videojuegos como "laboratorios para experimentos sociales".

Debido a la influencia de estas tecnologías en el desarrollo cognitivo del individuo, es importante que los adultos conozcan tanto los prejuicios como los beneficios que de ellas se pueden extraer para sacar el máximo provecho. Es importante conocer el contenido de los videojuegos y de los programas de televisión con el fin de adaptarlos a la edad de los hijos y asegurarse de que no sean sexistas, violentos o racistas; fomentar la participación tanto delante del televisor como en los videojuegos, con partidas de más de un jugador; limitar el tiempo diario de dedicación; diversificar programas y juegos; y, sobre todo, involucrarse durante el videojuego o el programa televisivo.

Una investigación reciente llevada a cabo por la Fundación Alimentum, entidad sin ánimo de lucro que estudia el ejercicio de niños y adolescentes en el ámbito escolar, muestra que el 40% de los 1.515 progenitores madrileños encuestados cree que los juegos de su infancia eran más saludables que las fórmulas de entretenimiento actual. Estas mismas personas creen que la reducción del ejercicio físico se debe sobre todo al ocio pasivo, como los videojuegos o la televisión.

Si bien el 98% remarcan la importancia de que sus descendientes practiquen ejercicio a diario, apenas la mitad afirma que sus hijos dediquen más de una hora al día de deporte.


Autora
Por NURIA LLAVINA RUBIO
En Revista Consumer
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