domingo, 7 de febrero de 2010

Escuela y televisión

Ya entrado el siglo XXI, todos somos conocedores que, junto a los agentes educadores tradicionales como son la familia y escuela, debemos añadir un tercero: la televisión. Este último actúa de forma independiente a los demás y, desgraciadamente, cada día cobra más fuerza siendo su influencia más dominante.

Si empleamos términos estadísticos, podemos decir que escuela y televisión se muestran inversamente proporcionales. Mientras que la primera se esfuerza por intentar a través de sus múltiples propuestas, fomentar y desarrollar personas que garanticen el futuro progreso de nuestra sociedad; la televisión persigue otros horizontes totalmente apartados de los fines educativos.


Lejos ha quedado el día en las que las cadenas televisivas pactaron el código de autorregulación con el Ministerio de Educación. Ahora, la competencia y lucha continúa por alzarse con la copa del "share" parece justificarlo todo. Los más afectados: el público infantil y juvenil.


Haciendo un análisis general, llegamos a la siguiente conclusión: a pesar de que la televisión presenta alguna ventaja como, por ejemplo, nos proporciona información inmediata a través de imagen y sonido, posee más aspectos negativos que positivos. Es necesario poner de manifiesto que se trata de un instrumento cuyos efectos dependen del modo en que se utilice y, generalmente, siempre al servicio de intereses políticos y económicos. Tomando esta premisa, cualquier contenido o información que ofrece será susceptible de ser distorsionada. Por ello, debemos en un primer momento tomar conciencia de esta realidad manipulativa a la que estamos siendo sometidos para, en segundo lugar, poder formar y educar a los más pequeños a la hora de enfrentarse a este medio.


Diversos estudios indican que los niños y niñas dedican tres o cuatro horas al día a permanecer sentados delante del televisor. Sin embargo, estos resultados no parecen llamar demasiado la atención al Ministerio de Educación. Como decíamos, escuela y televisión son dos rivales cuyos objetivos son totalmente diferentes. La Administración es la que se deberá encargar de frenar la victoria del adversario a través de propuestas serias que logren dotar a nuestros alumnos y alumnas de las herramientas y recursos necesarios para conseguir una buena educación televisiva. Iniciativas con respaldo social y económico para que no queden en una simple declaración de intenciones. La escuela, dotada de los medios pertinentes, será la responsable de acabar con la influencia hegemónica que parece poseer el medio televisivo. Por su parte, la Administración deberá fomentar programas educativos y actualizar los existentes para formar espectadores con sentido crítico, autónomo y creativo; capaces de desenmascarar la influencia que ejerce sobre nosotros a través de una seducción vacía de valores.


La triste realidad es que la mayoría de los docentes no ha recibido una alfabetización audiovisual en su formación (hace pocos años que ha empezado a introducirse en los planes de estudio). Este hecho trae consecuencias negativas y los poderes políticos y económicos se siguen aprovechando. Por lo tanto, la escuela debe reaccionar y recuperar la perspectiva crítica frente a esta realidad si, conseguir una completa educación de calidad, es tal y como continuamente afirman su objetivo prioritario.


Autor

JAVIER MOLERA BOTELLA

Fuente

http://www.diarioinformacion.com/opinion/


 

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