sábado, 9 de julio de 2011

LA CORRUPCIÓN DE LA PALABRA. LA CORRUPCIÓN DE LA IMAGEN

Si hay algo que caracteriza las sociedades actuales es la circulación de información, que no lo hace inocentemente. Entonces ¿Qué sucede en ese tránsito? El artículo siguiente analiza los cambios en la información y los intereses que la producen.


LA CORRUPCIÓN DE LA PALABRA. LA CORRUPCIÓN DE LA IMAGEN
Ese es el contexto general que va a condicionar la información en televisión y desde luego la información internacional. Pero volvamos a los dos elementos sustanciales de la información audiovisual: palabra e imagen. La palabra y la imagen también pueden pervertirse, corromperse. Se corrompen cuando no reflejan la realidad de la que se ocupan. Y se corrompen cuando una suplanta a la otra. La palabra se corrompe en eufemismo, cuando bajo un uso aséptico quiere enmascarar una realidad molesta, injusta o dramática. La palabra se pervierte cuando a las víctimas por mucho que involuntarias de unos bombardeos se las degrada a la categoría de daños colaterales. La palabra se corrompe cuando niega a la imagen; cuando, por ejemplo, se nos dice ante las imágenes de los muertos originados por un bombardeo que se está pendiente de una investigación para determinar si el ataque ha ocasionado víctimas civiles. Y la imagen se corrompe cuando suplanta a la palabra y descontextualiza el acontecimiento. La imagen se pervierte cuando se regodea en el dolor ajeno y cae en eso que hemos llamado la fascinación por el mal.

Palabra e imagen no son valores absolutos. Ambas son modos de hacer partícipe a los hombres de los acontecimientos relevantes para su vida personal y colectiva. Lo importante es el mensaje que se quiere transmitir y a su servicio deberán estar palabra e imagen. Palabra e imagen que deben relacionarse equilibradamente.

EL RELATO AUDIOVISUAL
El dominio de la palabra es uno de los factores que nos convierte en seres humanos. El lenguaje escrito tiene algunos miles de años. El lenguaje audiovisual no supera el siglo. No dominamos todavía todas sus facultades expresivas. Porque el hecho de que muchos jóvenes se expresen mejor con imágenes que con palabras —el homo videns de Sartori— no indica otra cosa sino que no hemos sabido integrar en un mismo lenguaje nuestra palabra (escrita y leída) con nuestra capacidad de captar y reproducir la realidad mediante imágenes electrónicas.

El relato audiovisual tiene dos discursos: el de la palabra y el de la imagen. Ambos tienen sus reglas, su propia sintaxis, que debe ser respetada. Son discursos paralelos que se entrelazan y deben reforzarse mutuamente y no neutralizarse. El informador debe saber escribir con respeto a la gramática y a la claridad conceptual y debe saber tratar las imágenes respetando su propio gramática.

El informador debe ser modesto. El núcleo de su esfuerzo debe residir en captar las imágenes y los testimonios personales que explican el acontecimiento. Luego, su palabra debe acompañar a esas imágenes y sonidos, apuntarlas, explicarlas cuando sea preciso, contextualizarlas siempre. Nunca debe reiterar lo que la imagen dice al espectador con claridad meridiana. Su lenguaje debe ser sobrio. Debe respetar los sonidos que dan realidad a las imágenes y las declaraciones que dan testimonio personal. Pero debe esforzarse por desenmarañar con sus palabras lo que el ojo de la cámara no puede explicar: las causas, las consecuencias, la razón del porqué ese hecho afecta a nuestras vidas.

Y trabajar para sintetizar datos de una manera organizada y compresible (no hay nada menos televisivo que la lectura de un parte médico), permitiendo a los protagonistas expresar sus opiniones y reservándonos las nuestras. Siempre un consejo: antes de escribir la primera línea han de visionarse las imágenes, tanto si son ajenas, como si han sido rodados por nosotros. No fiarse de lo que se cree haber visto: cerciorase de que esa imagen con la que se quiere arrancar la información realmente existe en los términos en que creemos recordarla.

Los dos discursos tienen su propio ritmo, que debe sincoparse. Imagen y palabra no pueden ir cada una por su lado. Cuando el periodista se enfrenta con una información debe de hacer primero un ejercicio honrado para esclarecerse a si mismo y una vez que sabe lo que tiene que decir estructurar la información para que todos sus elementos sirvan a ese mensaje. Los dos discursos deben avanzar en paralelo. El relato audiovisual tiene que tener su propio estructura al servicio del mensaje y en función de los elementos con que se cuente. A falta de otra estructura mejor, la clásica de planteamiento, nudo y desenlace, es una buena referencia.

En los reportajes y documentales prima el aspecto testimonial: predominan las imágenes y testimonios, el comentario del informador queda en un segundo plano. En cambio, en la información diaria es más importante la palabra del informador, porque se trata de sintetizar en un espacio muy breve de tiempo y hacer comprensible para el espectador un acontecimiento normalmente muy complejo.

Existen dos diferentes técnicas de montaje: prioridad a la palabra o prioridad a la imagen. La primera técnica se basa en ajustar la imagen en función del comentario del informador. La segunda en editar primero la imagen y ajustar luego un texto. La prioridad al texto es una técnica más adecuada a la información breve de los telediarios; la prioridad a la imagen es el modo más normal de editar documentales y reportajes. Como en todo, no hay regla absolutas. En la medida de que la información de telediario tenga ese aspecto más testimonial, de reportaje, con un poco más de tiempo será más lógico editar dando prioridad a la imagen.

El informador debe conocer las técnicas de montaje y por supuesto las reglas del lenguaje audiovisual. Todavía muchos periodistas, algunos recién salidos de las facultades, acuden a la cabina de montaje con un texto, confiando en que la profesionalidad y veteranía del montador dé vida a la información. Con la implantación de los sistemas de edición digital el periodista ha de ejecutar por si mismo la edición, lo que supone todo un reto.

En la información diaria, sobre todo en la información internacional, tiene gran importancia la presencia del informador en el lugar de los hechos. Con su aparición en imagen nos da testimonio personal o nos ofrece algún elemento de análisis personal con el que firma su trabajo. En la información internacional el género por excelencia es la crónica, que sin convertir la información en opinión toma un tono personal, desde la misma selección de las imágenes, una redacción más libre y la mencionada aparición del informador.

EL PAPEL DE LOS CONDUCTORES
Este recorrido por las relaciones entre palabra e imagen no estaría completo sin una referencia al papel de los llamados conductores o presentadores en estudio. Aquí la palabra, y la palabra en primera persona, asume todo el protagonismo. Su papel es dar continuidad al informativo, introducir los temas, permitir que el cerebro del espectador se prepare para la siguiente información, para que se adapte al siguiente torbellino de imágenes... Y sobre todo aportar la credibilidad periodística con la que se supone que cuenta el conductor. Lograr que no exista discordancia entre los mensajes del conductor y las informaciones que presenta no es tarea fácil, porque de modo comprensible los conductores tienden a simplificar y hacer cercanos a la audiencia sus presentaciones, lo que puede redundar en un falseamiento de la información. Existe, además, un formato híbrido. El conductor comienza presentando la información y es cubierto por las imágenes. En la mayoría de estos casos termina por predominar la palabra sobre la imagen, salvo que —como decimos nosotros— se dejen correr esas imágenes, predominando el sonido ambiente en las pausas del presentador, cuyo comentario se limita, entonces, a puntuar las imágenes.



Extraído de
Palabra e imagen en la información internacional
Rafael DÍAZ ARIAS
Documentación de las Ciencias de la Información
2001, número 24, 269-281

1 comentario:

Anónimo dijo...

Resented any suggestion of insult aimed at his crippled friend.

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