viernes, 17 de agosto de 2012

Televisión y educación

La televisión no es un electrodoméstico más, influye, nos moldea, y por ello debemos reflexionar sobre ella ¿Influye en el desarrollo del coeficiente intelectual? ¿Cómo abordar sus efectos desde la escuela?


 Entendiendo la educación en sentido amplio, no sólo como transmisión de conocimientos y saberes, sino como formación integral del individuo, los/as profesionales de la docencia y la pedagogía sabemos que esto no se logra exclusivamente con lo que sistemáticamente se programa a tal fin, sino que todo lo que el niño/a vive, percibe u observa influye en su formación, a veces incluso con mayor fuerza que aquello que la escuela propone.



Las experiencias del niño/a en su familia, con su grupo de iguales, a través de los medios puede reforzar y ayudar lo aprendido dentro del marco la educación formal o, por el contrario, entrar en contradicción con lo que en ella se enseña. La institución educativa no puede ser una isla que deja fuera de su ámbito toda esta influencia externa, en muchos aspectos precisamente porque para cumplir sus objetivos necesita neutralizada, pero en otros porque es poseedora de un potencial educativo que no puede desaprovecharse.



La televisión (TV) es, sin lugar a dudas, el medio que mayor influencia ejerce en niños/as y jóvenes. El efecto que suscita es evidente si se toma en cuenta el número de horas diarias que dedican a esta actividad. Según datos de Sofres, A.M., en un estudio realizado entre el 8 de enero y 19 de marzo de 1996, el tiempo medio de visionado de TV por día es de 2h 39m en la franja de 4 a 12 años; de 2h. 46m en la de 13 a 24 años., de lo que puede deducirse que un tercio del tiempo libre está dedicado a ver TV. A los 3 años los niños/as ven un promedio de dos horas y media de TV por día (Huston y otros, 1983).

En algún sentido la escuela no ha sabido, hasta el momento, adaptarse a la nueva mentalidad que surge de la cultura audiovisual, preparando a los sujetos para asimilar críticamente sus contenidos e integrando como recursos educativos procesos mentales diferentes (perceptivos, intuitivos, inductivos, que introducen cambios rápidos de perspectiva y punto de vista con soporte de lenguaje icónico, etc.) que se derivan de la utilización del medio televisivo (audio-visual) con los derivados de la cultura escrita y racional (conceptualización. abstracción, deducción, reflexión, crítica etc.). La cultura, el medio en que la infancia/juventud está inmerso, es hoy cada día más audiovisual (con la riqueza y las limitaciones que ello impone); en tanto la escuela continúa anclada exclusivamente en la cultura proveniente del lenguaje escrito. Ello hace que a menos que se comprendan, expliquen y empleen los recursos audiovisuales en y desde el sistema formal de enseñanza, los sujetos están siendo sometidos a una mayor influencia por parte de los medios. Esta sólo puede ser neutralizada o aprovechada en tanto los/as espectadores/as puedan ser críticos respecto lo que ven. Se ha comprobado que cuanto menor es el conocimiento de los códigos mayor es la influencia que el medio ejerce sobre los televidentes. La denominación de «nuevos analfabetos» empleada en relación a aquellos que no pueden utilizar los nuevos sistemas informáticos y de comunicación podría aplicarse también a aquellos cuyo desconocimiento de los códigos audio-visuales los hace más vulnerables y manipulables.


Desde los inicios de la TV numerosos estudios se interesaron por investigar la relación entre ésta y distintos factores vinculados a la educación (CI., rendimiento escolar, habilidades cognitivas, nivel e interés por la lectura etc,) En tanto los primeros estudios encontraron que existía una correlación negativa entre C.I. y horas de ver TV investigaciones más recientes comprobaron que ver más TV se relacionaba positivamente con una mayor inteligencia en niños/as de hasta once años pero que esta relación se revertía en los años siguientes. Este hecho podría interpretarse resaltando los efectos educativos de la TV en los niños/as pequeños como un medio de ofrecerles experiencias vicarias que de otra forma no tendrían y de estimularlos; en tanto a mayor edad se necesitan otros estímulos más complejos, no solamente visuales, sino que impliquen un mayor análisis racional y/o una experiencia directa.


También podemos entender que el nivel de los contenidos presentados por la TV responde al nivel de inteligencia de los niños/as hasta once años pero que a partir de esa edad los más inteligentes superan ese nivel y dejan de interesarse por la TV, en tanto que los niños/as con menor CI se mantienen en este nivel y por ello continúan interesados. No podemos olvidar que existe una relación comprobada entre nivel sociocultural-económico y los hábitos de ver TV, siendo las personas de nivel más bajo quienes más TV ven. Los/as niños/as provenientes de familias de bajo nivel socio-economico- cultural son aquellos en que se detecta una mayor adicción así como una concordancia de lo que observan en TV con su propia visión de la realidad. La correlación negativa encontrada en algunos estudios entre rendimiento escolar y ver mucha TV puede deberse en parte a que el acostumbramiento a medios audiovisuales puede dificultar la concentración necesaria para la lectura, base del aprendizaje escolar.



Sin embargo Gadberry encontró una correlación positiva entre ver dibujos animados, programas educativos y noticias y rendimiento escolar en niños/as de primer grado, en tanto que corroboró una correlación negativa entre el rendimiento y el visionado de programas de aventuras y entre rendimiento y ver muchas horas de TV. No puede, por tanto atribuirse una influencia simplemente negativa al hecho de ver TV sino que es importante qué se ve, cómo se ve y durante cuánto tiempo. En este aspecto es importante la actitud de la familia, a quien corresponde la tarea de supervisar lo que los niños/as ven, reforzando con su opinión aquello que consideran educativo o criticando lo que consideren negativo. Los padres de niños/as más dotados/as son más conscientes de los efectos educativos del medio televisivo y tienden menos a premiar o castigar a sus hijos/as usando la TV como reforzador.



Se ha comprobado también que cuando la TV permanece encendida habitualmente en el hogar los niños/as incrementan el porcentaje de tiempo que pasan ante la pantalla del 6% al 67% entre los 3-4 años y al 70% entre los 5-6 años.



A pesar de toda la literatura que parece apoyar la idea de los efectos destructivos de la TV sobre la infancia interesa superar los mitos ya que el conjunto de la investigación sobre el tema nos llevan a aceptar que los/as niños/as son espectadores/as más selectivos y críticos de lo que a menudo se ha considerado, controlan la TV mucho más de lo que ésta los/as controla a ellos/as: «La TV no es un monstuo de un solo ojo (...) que ejerce una influencia maligna sobre los pequeños telespectadores. Es un canal a través del cual entretenimiento y aprendizaje puede ser obtenidos y experimentados y cada día que pasa está cada vez más bajo el control del telespectador» (Gunter y Mc. Aller)



Los modelos de análisis contemporáneos caracterizan al niño/a como un procesador activo del medio, que atiende selectivamente, busca contenido comprensible y retiene información sobre lo visto. La investigación en ámbitos relevantes, tales como la sociología cognitiva, la comunicación interpersonal y, particularmente la psicología social cognitiva, ofrece ideas de gran interés para los investigadores interesados en los efectos que la televisión tiene sobre los/as niños/as. La psicología social cognitiva se basa en la asunción de que las personas afectan activamente su entorno (del cual la TV es una parte importante) a través de sus percepciones personales y socialmente compartidas.


 
Por tanto, el peso educativo de la TV no puede atribuirse sólo al tiempo de visionado o al contenido vehiculado sino que fundamentalmente es la interacción entre el medio y el espectador en un contexto dado lo que ejerce la acción más profunda. El verdadero mensaje de un medio viene dado por los cambios que éste produce en el entorno que se inserta, el medio es el mensaje. (McLuhan) Si pensamos que toda invención puede ser entendida como una prolongación de alguna facultad humana que, al ser asumida social y personalmente provoca en los individuos transformaciones que afectan su manera de pensar, de percibir y de actuar.  <...La TV tiene éxito porque se dirige a unos esquemas mentales, a unas capacidades cognitivas, a unas estructuras perceptivas y a unas sensibilidades existentes previamente en el individuo. Pero al mismo tiempo la TV potencia y modifica estos esquemas, estructuras, capacidades y sensibilidades.» (Ferrés). La TV abre un nuevo mundo a la percepción y comprensión del medio por parte de los sujetos (habituándolos a una hiperestimulación sensorial, ofreciendo una visión fragmentada de la realidad y modificando los procesos mentales), constituyendo una fuente importante en el aprendizaje social, influyendo en el modelaje de actitudes y la transmisión de valores, lo cual se revierte a su vez en cambios en el comportamiento.



La atención y la comprensión son las dos principales categorías cognitivas empleadas por los/as niños/as que ven la TV. estudiadas por la investigación. Estas operaciones constituyen dos facetas de una secuencia continua de actividades cognitivas que deben ser conceptualizadas en relación una con la otra. Atención y comprensión interactúan sugiriendo una variedad de formas de ver TV donde el montaje y las características formales de la producción televisiva pueden influir de distinta forma.



Por una parte, un espectador puede aplicar estrategias diferentes de visión dependiendo de sus motivos para ver TV. Así, para comprender la influencia televisiva, debemos realizar una síntesis de los procesos cognitivos con los procesos motivacionales implicados en el aprendizaje, así como incluir un cuidadoso análisis de los motivos, objetivos y satisfacciones alcanzadas y las operaciones cognitivas empleadas (Huston y Wright).



Por otra, la comprensión de lo que la TV ofrece se desarrolla no sólo como consecuencia dcl crecimiento de destrezas cognitivas y la ampliación del conocimiento del mundo, sino como consecuencia del aprendizaje de las formas y formatos que constituyen las características del medio.

Uno de los riesgos de la escuela al intentar una aproximación a la comprensión del medio es intentarlo de una forma exclusivamente racional y analítica, dejando de lado las sensaciones y emociones. La efectividad del mensaje televisivo está dada precisamente por el encuentro entre el espectador y el emisor, cada uno con su ideología, valores, emociones, sensibilidad, sentimientos. No se trata de realizar simplemente un análisis del medio, la verdadera educación debe llevar a una comprensión afectivo-intelectual, lo cual supone acercarse a los propios sentimientos y valores, entender las limitaciones y los condicionantes socio-culturales (desde esta perspectiva enseñar a ver TV puede ser un medio para la orientación personal de los alumnos, incluida como un recurso, dentro de los planes de acción tutorial).









Extraído de
Revista Complutense de Educación
1998, vol. 9. ni 2:41-77
El mundo de la televisión
Diana García Corona
Profesora Departamento MIDE. Facultad de Educación
Universidad Complutense de Madrid
Ana Isabel Martín Ramos
Licenciada en Ciencias de la Educación





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