domingo, 2 de septiembre de 2012

Las teorías sobre los efectos de la violencia en la televisión

¿Qué efectos produce la televisión en los aprendizajes de niños y jóvenes? ¿Cuáles son las corrientes teóricas? ¿En qué difieren?


Como se puede deducir del análisis de las investigaciones llevadas a cabo acerca del procesamiento cognitivo de la TV por los niños/as, lo que sabemos sobre la atención a y comprensión que éstos tienen de lo que ven en la TV ha cambiado considerablemente en los últimos años.

En el pasado, hubo una teoría dominante de la visión de TV, que consideraba la atención y la comprensión, especialmente la del pequeño telespectador, como «reactiva» y controlada por el aparato de TV.

Posteriormente, otros autores han presentado una alternativa; la atención visual está activamente bajo el control del telespectador, incluso del pequeño telespectador, y está en los esfuerzos del mismo para comprender el programa de TV y desplegar la atención eficientemente entre la TV y otros aspectos. La investigación reciente entiende cómo la atención y la comprensión puede combinar procesos activos y reactivos.

La teoría reactiva
Existe una teoría implícita que constituye la base de casi todas las más tempranas concepciones de la naturaleza de la visión de la TV. De acuerdo con esta teoría, la atención visual a la TV es fundamentalmente reactiva y pasivamente controlada por características no significativas superficiales del medio. En general, los/as telespectadores/as más jóvenes son vistos como los/as más reactivos/as y posiblemente controlados/as por ella.

La teoría reactiva sostiene que la TV mantiene la atención gracias a ciertas características formales «salientes» (características visuales: movimientos, cortes, zooms; y algunas características auditivas, como efectos de sonido). Una vez que la atención ha sido capturada se inician procesos más o menos automáticos de comprensión y retención. Se considera que la información retenida está en un nivel relativamente bajo ya que aplicar de la atención a una estimulación nueva puede interferir con nuestra habilidad para almacenar.

Por tanto, la dirección de influencia va desde la TV al telespectador en tanto se minimiza la influencia de las intenciones del telespectador, sus estrategias y experiencias. Lesser señala que un niño puede estar muy atento a un programa de TV de una manera involuntaria. Por ejemplo, puede prestar atención principalmente a causa de la novedad y lo atractivo de lo presentado, más que a causa de algún esfuerzo en la atención deliberada. Esta aceptación de una forma involuntaria de atención puede quizás ser la base para su visión de TV. Formas más voluntarias, estratégicas de atención caracterizan la visión de los niños/as más mayores y adultos. La TV es vista como poseedora de una influencia excepcionalmente poderosa ya que el niño/a actúa reactivamente en su presencia.

Los niños/as son ineficientes en seleccionar, dividir y mantener la atención. Existen diferencias de edad en el patrón de procesamiento de TV, particularmente con respecto a la relación entre ver y escuchar la TV. Mander sugiere que, como la atención es controlada por las escenas cambiantes, el conocimiento es pasivo: «ningún conocimiento, ni discernimiento, ni nos damos cuenta de la experiencia que uno está teniendo» así  “el telespectador es poco más que un recipiente de recepción”.

La aceptación de la teoría reactiva ha dado forma a nociones sobre los efectos cognitivos de la TV en los niños/as, estrategias para la producción de TV educacional y de entretenimiento, y el uso de la TV en marcos educacionales.

La teoría activa
En los últimos años existe un crecimiento en el número de estudios que examinan no sólo cómo la TV afecta a los niños/as, sino también qué efectos tienen las capacidades de los niños/as (el conocimiento, el sexo, o el status socioeconómico) en la forma en que ésta les afecta. Crecientemente más investigaciones siguen la hipótesis de Schramm, Lyle, y Parker para acentuar lo que los niños/as traen al medio.

Ciertos autores han llegado a concebir la visión de la TV como una transacción cognitiva activa entre el pequeño telespectador, la TV y el entorno de visión. Estos autores ofrecen una explicación teórica de cómo esa transacción se aplica a la atención y comprensión.

El telespectador, a través de la experiencia con la TV así como de la experiencia con el mundo general, desarrolla expectativas acerca del flujo temporal y conceptual de los programas de TV. La atención visual al contenido televisivo es conducida en gran parte por esos esquemas de expectativas.

La teoría activa intenta dar cuenta de los comienzos y finales de la atención visual como una función de las características individuales del telespectador, la forma y el contenido del programa de TV, y la naturaleza del entorno de visión. Puesto que la atención visual es guiada por el esquema de comprensión, la teoría activa pone el control de la visión directamente en el telespectador más que en la TV. El telespectador no responde de forma refleja a las características salientes sin significado de un medio, sino que basado en su experiencia con el medio, familiaridad con el programa, nivel de desarrollo cognitivo, y conocimiento del inundo general, el telespectador aplica estrategias apropiadas al programa y entorno de visión. Las variaciones de atención visual a la TV tienen una base racional y representa una interacción continua entre el contenido conceptual del programa y la comprensión del telespectador de ese contenido.

La teoría activa no implica que cualquier contenido de TV sea «bueno» o «malo» sólo en función de quien lo percibe y no contradice, por tanto, los descubrimientos que indican que algunos tipos de programación pueden llevar a un comportamiento antisocial. La teoría activa únicamente sugiere que el telespectador no incorpora pasivamente el contenido de una manera uniforme, sino que aplica su propia experiencia y comprensión a ese contenido.

Los esfuerzos para dar cuenta del impacto de la TV debe considerar que el telespectador trae a la TV al menos tanto como ésta trae al telespectador.

La cuestión de qué es lo que un niño/a trae a la TV tiene al menos dos enfoques:
— Un primer enfoque percibe al niño/a como un respondedor activo a las demandas del medio. El medio activa diferencialmente o provoca (hace funcionar) las respuestas cognitivas o emocionales de los niños/as con capacidades y tendencias cognitivas particulares. La naturaleza exacta de esas respuestas depende de los atributos del medio y de los del niño/a.

— Un segundo enfoque es más fenomenológico y sigue más directamente una perspectiva de psicología social. El niño/a es percibido no sólo como un respondedor, sino también como un determinador potencial de la experiencia de TV. El niño/a no siempre responde a los atributos «reales» del medio sino que aplica a este sus percepciones y atribuciones a menudo compartidas culturalmente que afecta al tipo de experiencias con las que se encuentra. Así, lo que el niño/a trae a la pantalla es tomado para establecer los límites a qué y a cómo la TV elicita de él o de ella; y, lo que el niño/a trae a la pantalla —en términos de percepciones y expectativas— influye en cómo el medio va a ser experienciado. En este último caso el medio, como percibido, será la parte que ~

Hacia una síntesis
Ambas perspectivas, reactiva y activa, son complementarias. Desde una perspectiva, aprendemos que los niños/as de diferentes edades pueden aprender de la pantalla, ante qué cosas responden y de que forma reaccionan ante determinados elementos. Por ejemplo, los niños/as más pequeños atienden a características salientes pero no particularmente informativas y los más mayores atienden a características menos salientes y más informativas. Desde la otra perspectiva, aprendemos qué percepciones y expectaciones adquieren los niños/as desde su medio ambiente, y cómo las aplican a la pantalla.

Salomon argumentaba que la visión de TV puede, para el telespectador experimentado, ser una actividad cognitiva altamente sobreaprendida, de tal forma que ésta consume pocos recursos mentales. Para el adulto y el niño/a mayor, la visión llega a ser automática. Así, Salomon vio que
los niños/as más pequeños son activos cognitivamente en la visión de TV ya que éstos pueden estar aún aprendiendo cómo decodificar el montaje de TV, pero el telespectador mayor adopta una estrategia de visión que excluye procesamiento profundo del contenido. Contrariamente a la creencia popular, la actividad cognitiva puede ser más grande en los telespectadores más jóvenes, declinando con el desarrollo cognitivo, y la experiencia de visión.

Una segunda síntesis proviene de Wright y Huston, quienes expusieron una teoría de la visión de TV que muestra que las características formales salientes de la TV tales como movimiento pueden servir para aumentar el aprendizaje. Calvert y otros muestran que aquellos niños/as cuya atención es la más influida por las características formales son también quienes muestran la mayor comprensión.

Una explicación, coincidente con la teoría activa, es que el contenido llevado a través del «movimiento» es explícito, concreto y visual. La comprensión de tal contenido debería beneficiarse de la atención visual y así las diferencias individuales en la atención y la comprensión podrían ser una consecuencia de niveles diferentes de destreza de visión de TV. Una explicación más reactiva, sin embargo, es que la característica formal elicita un «reflejo de orientación» hacia la TV y que el reflejo momentáneamente incrementa la actividad de procesamiento de información del telespectador.


Extraído de
Revista Complutense de Educación
1998, vol. 9. ni 2:41-77
El mundo de la televisión
Diana García Corona
Profesora Departamento MIDE. Facultad de Educación
Universidad Complutense de Madrid
Ana Isabel Martín Ramos
Licenciada en Ciencias de la Educación


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